«Orar y trabajar» y atender a los pobres, cifró la vida de un humilde labrador de los campos madrileños, que debió de nacer en Madrid, quizás en la parroquia de San Andrés. Isidro era jornalero en los alrededores de aquella diminuta población del siglo XII; tal vez en Torrelaguna contrajo matrimonio con María Toribia, (Santa María de la Cabeza según la tradición), tuvo por hijo a San Illán y se cree que estuvo al servicio de Juan de Vargas. Un santo labriego de vida muy nebulosa, que conocemos a gracias a un texto del siglo XIII de Juan Diácono, que inspiraría a Lope de Vega una infinidad de versos con más fervor que sustancia histórica.
En su programa habitual entraba primero la misa y la oración, y después el trabajo. Fiel a aquel dicho que se hará tradicional entre las gentes del campo: «Por oír misa y dar cebada nunca se perdió jornada». Su piadosa leyenda se adorna con anécdotas y prodigios: hace brotar una fuente de un golpe de azada, da a un pobre la sopa que cocía en el fuego y la marmita se llena otra vez milagrosamente para que la familia no se quede con hambre… La familia, que en la fe popular reproduce a escala madrileña las virtudes de la Sagrada Familia de Belén y Nazaret, resulta un elemento importante en la historia de San Isidro, que se santifica conjuntamente con todos los suyos en un rasgo de santidad coral.
Pero el caso más célebre que se le atribuye es el de que al interrumpir a menudo su trabajo para rezar, un ángel se hacia cargo de la yunta de bueyes y seguía abriendo surcos en la tierra mientras él se entregaba a sus oraciones. El ángel es ese plus de ayuda práctica ni siquiera pedido por el santo, pero que se promete en el Evangelio como añadidura a los buscadores del Reino de Dios. San Isidro es patrón de todos los hombres del campo español.
Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol, y Los Santos, noticia diaria. Valeriano Ordóñez, S.J.
San Torcuato
En el recuerdo meridional de la Península Ibérica, San Torcuato encabeza los llamados «Siete Varones Apostólicos», obispos que prosiguieron con prontitud en España la misión evangelizadora de los dos grandes apóstoles de Roma, Pedro y Pablo.
De su labor se hizo eco San Gregorio VII en carta al rey Alfonso VI.
La fuerza de su predicación y de obras evangélicas quedará centrada en la Bética y en la jurisdicción cartagenense , al igual que sus nombres. Torcuato en Acci (Guadix); Tesifonte en Vergi; Segundo en Abula; Hesiquio en Carcasa; Indalecio en Urci (de Almería); Eufrasio en Illiturgis (Lituergo entre Andújar y Bailén); y Cecilio en Illiberis (Elvira, Granada).
Los Santos, noticia diaria. Valeriano Ordóñez, S.J.
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