Había sido mozo de labranza y pastor por las tierras de su Umbría natal, hasta que un día oyó la lectura de unas vidas de santos y entendió que él quería ser como ellos. Félix ingresó, así, como hermano lego en el convento de Capuchinos que había en Città Ducale en 1543.
Dos años más tarde es enviado a Roma y allí hace de limosnero hasta su muerte. Conocido por el «hermano Deogracias», porque era lo que decía al recibir una limosna, fue muy popular en la ciudad de los papas, barbudo, siempre sonriente y con su talego al hombro. Sentía predilección por los niños a quienes enseñaba el Catecismo con su proverbial sentido del humor, humildad y paciencia.
En el convento no había fraile más mortificado y con más horas dedicadas a rezar que él. Cuando su amigo Felipe Neri y el gran cardenal Carlos Borromeo pidieron consejo a aquel pobre lego acerca de la proyectada reforma del clero diocesano, San Félix recomendó solamente que los curas rezaran con devoción el oficio divino.
«Los ojos en la tierra, el espíritu en el cielo y en las manos el Rosario», como gustaba de repetir a San Félix de Cantalicio al mismo tiempo que recogía limosnas y daba gracias a Dios por todo y rezaba por todos.
La casa de los Santos. Un santo para ca día. Carlos Pujol.
San Juan I
El primer Papa Juan, muere fiel a Cristo el año 526 en Ravena. Había sido llamado con engaño a esta ciudad por Teodorico, el rey arriano de los ostrogodos. No cede a presiones políticas y suspicacia seniles y su resistencia sólo la venció la muerte. Lo mismo había ocurrido con los dos ilustres senadores Símaco y Boecio, poeta también este último y noble escritor a quienes Teodorico mandó decapitar, por lealtad al Papa San Juan I.
Refiere el historiador Procopio que, durante los tres años que sobrevivió Teodorico, «hasta en los peces que le servían a la mesa creía ver las miradas de las ilustres víctimas, reprochándole su crueldad».
San Venancio
Célebre mártir de los primeros siglos, cuyas reliquias se veneran en la ciudad italiana de Camerino.
Los Santos, noticia diaria. Valeriano Ordóñez, S.J.
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