Caso único en la historia: Un Papa que abdica cinco meses después de haber sido elegido. Se llamaba Pietro Angeleri, y aunque era un monje benedictino llevaba ya mucho tiempo como superior de un grupo de solitarios en los Abruzzos, donde había fundado una orden de eremitas llamados celestinos en su honor. Vivía en Monte Morrone aureolado de fama de santidad, y en el momento de su elección contaba ochenta años.
A la muerte del Papa Nicolás IV, el cónclave no se ponía de acuerdo en designar nuevo pontífice. Se consideró como solución de compromiso designar al bueno de Pietro, que lleno de zozobra, aceptó obedientemente siendo consagrado obispo de Roma como Celestino V. Dicen que sus primeras decisiones fueron desastrosas, convirtiéndose en un juguete de la política de Carlos II de Anjou. El Papa, consciente de su incapacidad y añorando su antigua vida de ermitaño, abdicó quizá siguiendo el consejo de cardenal Gaetani, quien le sucedería a los pocos días con el nombre de Bonifacio VIII.
Por temor a un cisma, el nuevo papa le hizo recluir en el castillo de Fumone («Lo único que quería en este mundo era una celda, y una celda me han dado»), y allí murió diez meses después. A veces, la Iglesia santifica el fracaso y, por ello canonizó, a San Celestino V con su deslucido papel.
Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.
San Juan de Cetina
Nacido en Cetina, cerca de Zaragoza, pasa sus primeros años en ambiente militar al servicio de un hombre de armas. Para darse a la oración, marcha posteriormente al retiro de San Ginés, no lejos de Cartagena, y allí permanece varios años. Hasta que decide regresar a la comarca de Monzón donde recibe el hábito franciscano y, años más tarde, la ordenación sacerdotal.
Destinado después a Barcelona, perfecciona allí sus estudios y la pastoral de su predicación. Chelva, en Valencia, será su campo fértil de apostolado y de ejemplar pobreza. Un día se difunde por la cristiandad la noticia de la muerte por Cristo de cuatro religiosos franciscano en aquella lejana Jerusalén ocupada por el Islam. Y Juan de Cetina en sus correrías apostólicas llega a Roma, decidido a impetrar de la Santa Sede la licencia para ejercitar su ministerio entre los musulmanes del reino moro de Granada, en donde encontrará el martirio el 19 de mayo de 1397.
Los Santos, noticia diaria. Valeriano Ordóñez, S.J.
San Pedro de Dueñas
Es asignado como compañero de San Juan de Cetina, en arriesgada misión para anunciar el Evangelio en Granada a los seguidores del Islam. Había nacido en Dueñas, tierra de Palencia.
Atraído primeramente por la corte, renuncia a todo por hacerse hermano franciscano. Lleno de juventud acompaña hasta Granada al veterano misionero aragonés. Pronto se deja sentir en la capital del reino moro de Granada, la irradiación evangélica de los franciscanos Juan de Cetina y Pedro de Dueñas.
Para impedirla, el rey sarraceno Mohamed manda encerrarlos en una mazmorra donde serían azotados y finalmente decapitados en la primavera de 1397. Sus cuerpos, recogidos por los cristianos, son trasladados posteriormente a la catedral de Vich.
Los Santos, noticia diaria. Valeriano Ordóñez, S.J.
