25 de octubre. Cuarenta mártires de Inglaterra y Gales (siglos XVI y XVII).

En 1970 la Iglesia canonizó conjuntamente a todos estos católicos ingleses y galeses que perseveraron en su fecha hasta el martirio durante las persecuciones decretadas por diversos monarcas (sobre todo, la reina Isabel I) desde que Enrique VIII se separó de la obediencia de Roma. Ser católico era considerado como una traición a la Corona y estos súbditos desleales por el solo hecho de sus creencias tenían que morir en la horca. Y así murieron estos cuarenta mártires que representan a otros muchos ingleses fieles a Roma.

Entre ellos hay madres de familia como Margaret Clitherow, viudas como Anne Line, nobles como Philip Howard, conde de Surrey, oscuros seglares como el maestro galés Richard Gwyn, y sacerdotes como Cuthbert Mayne, John Payne, John Almond o John Kemble. Está luego una larga lista de religiosos entre los que figuran cartujos, agustinos, benedictinos y franciscanos, sin olvidar a los jesuitas, la orden más activa y arriesgada en la defensa y mantenimiento de lo que se llamaba oficialmente la antigua fe: Robert Southwell, Henry Walpole, Nicholas Owen, Thomas Garnet, Henry Morse y el más célebre de todos, Edmund Campion (1540-1581), cuya vida escribió Evelyn Waugh.

Como se ve, apellidos muy ingleses y galeses, una prodigiosa constelación de obstinados que no renuncian a su fe cuando el poder civil decide que ahora hay que dejar de creer en aquello y creer en esto otro porque así lo manda.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

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