Virila o Virilio es el más famoso de los abades de Leyre, el más importante de los centros monásticos de Navarra. Ya se le cita como abad en un documento del año 928. La tradición sitúa su nacimiento en el pueblo vecino de Tiermas, sus reliquias se veneran en la catedral de Pamplona y aún los viajeros pueden visitar la fuente de San Virila.
De él se cuenta que era un alma tan contemplativa que encontrándose en la sierra oyó el canto de un pajarillo, y aquellos trinos maravillosos le sumieron en tal éxtasis que permaneció allí en un místico ensueño, como escuchando al voz de un ángel que cantara la gloria divina, durante trescientos años. Pasados tres siglos, cuando volvió al monasterio quedó atónito: los monjes ya no llevaban el hábito negro de San Benito, sino el blanco de los cistercienses, porque en el curso de este tiempo había habido violentísimas y escandalosas luchas entre ambas órdenes por la posesión de Leyre. San Virila no se había enterado de nada, tres siglos habían pasado para él, como suele decirse en un vuelo , o mejor, en un trino.
La belleza que identificaba con Dios le permitió a Virila olvidarse del tiempo y sobrevolar la política, actitud según algunos poco recomendable (aunque en el Evangelio Cristo dice a María que ella ha elegido bien).
Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol
