De esta Santa no se sabe casi nada. Su devoción data tan sólo del siglo VI. Ni siquiera su patronazgo sobre los músicos tiene bases muy sólidas, ya que procede de un equívoco: «cantaba a Dios en su corazón», lo que hizo suponer que era cantante y que se acompañaba con música instrumental, y así se la representa por lo común con un órgano.
Según la tradición era una doncella patricia que se desposó con un joven pagano, Valeriano, a quien en su noche de bodas informó que había consagrado su virginidad a Dios; Valeriano y su hermano Tiburcio, ambos documentados como mártires en Roma, abrazaron la fe y murieron por ella, y algo después Cecilia fue condenada también a muerte por decapitación, aunque los tres primeros golpes del verdugo milagrosamente no cortaron su cabeza.
En el altar mayor de la iglesia de Santa Cecilia, en el Trastévere romano, junto a las reliquias de la mártir, puede admirarse la escultura de la santa, esculpida por el artista Stefano Maderno. La doncella muerta que parece dormir, tendida sobre el costado derecho ocultando modestamente el rostro, con las rodillas un poco dobladas por pudor. Tres dedos de una mano y uno en la otra indican su fe inquebrantable en Dios y en la Santísima Trinidad. Refiriéndose a los cuerpos gloriosos, dice San Agustín que serán «como música», y así podemos imaginar a Santa Cecilia, convertida en su propio himno y cantando la eterna alabanza del Señor.
Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

