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Cruz, luz

“Prepárese usted para ganar unas elecciones”, dijo Franco a Solís, la sonrisa del Régimen. Hoy disfrutamos de democracia gracias al Rey Juan Carlos I y Adolfo Suárez. Y de Monarquía porque lo quiso Franco, quien ya barruntaba lo que vendría después. Según Lenin, el progreso de Rusia llegaría por la revolución bolchevique y la electrificación del país. Como el gusano de seda acaba convirtiéndose en mariposa, los bolcheviques, al tocar poder, se transforman en burgueses, de Galapagar. Quieren dejar sin luz a la Monarquía porque este Reinado es una subida de alta tensión tras el cortocircuito del franquismo, que fundió los plomos de la II República. Esta resolvía los conflictos a base de plomo. “Tiros a la barriga”, clamaba Azaña cuando Casaviejas. Con plomo eliminaron a Calvo Sotelo, como los fascistas a Matteotti. La República se electrocutó a sí misma por los calambres del Frente Popular.

Franco, que llegó a imaginarse partidos y elecciones, nunca imaginó dos Reyes en España, fuera de la baraja. En el Madrid de los sesenta hubo un divertido bar de copas, propiedad de dos hermanos toreros, en el que eran habituales jugosas partidas de mus entre una pareja a la limón formada por los dueños y otra dinástica integrada por don Juan de Borbón y su hijo, a la sazón, el príncipe Juan Carlos. Al comenzar el lance, un diestro preguntaba al otro: “Maestro: ¿Llevas reyes?” “Más que hay en la mesa”, respondía rotundamente el compañero. Parecía seña de mus, pero era una verdad como un templo. El torero se apellidaba Vega de los Reyes y ninguno de los rivales ostentaba por entonces el título de monarca.

De tener dos reyes hemos pasado a solo uno. Es suficiente. Además, nuestra Monarquía es católica y da nombre al régimen del 78, que encuentra su razón de ser en la reconciliación de los españoles. El deseo de concordia y, al mismo tiempo, de perdón tiene su pétreo símbolo en la monumental Santa Cruz del Valle de los Caídos, en donde mora una orante comunidad benedictina, cuyos monjes elevan sus plegarias por la paz entre los españoles. De todo el recinto de Cuelgamuros, es precisamente la Cruz, no era Franco, lo que molesta a los bolcheviques. Y a la masonería. Tienen una perra con la Cruz que no pararán hasta echarla abajo. Y entonces nos quedaremos a oscuras.

Fray Justo Pérez Urbel, el que fuera primer abad de la Basílica del Valle de los Caídos, cuenta que al poco tiempo de la inauguración, visitaron el monumento unos ingleses que debían ser gente muy importante. La esposa del Caudillo acudía con ellos. Como era deseo de los visitantes subir a la Cruz, se habilitó el ascensor interior. Se inició la subida pero, de repente, el ascensor se detuvo, hecho frecuente. Dirigía la expedición el director del Patrimonio de la Basílica, quien ya estaba hecho a las circunstancias. Sereno y sin estridencias en busca del arreglo, gritó llamando al electricista de guardia que, casualmente, se llamaba Franco: “¡Franco, Franco Franco!”. Al tercer llamamiento, la máquina reanudó súbitamente la marcha. El abad pudo escuchar de boca de aquellos perplejos británicos: “Qué país más insólito España, que para que las cosas funcionen debe gritarse ¡Franco, Franco, Franco!”. Y es que la prosperidad y la paz de España fueron fruto del cristianismo más la electrificación del país.

Artículo publicado pro Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 30 de agosto de 2020. https://www.elimparcial.es/noticia/216266/cruz-luz.html

La toma de Madrid

Igual que Franco tomó Madrid, lo mismo pretende el Caudillo Sánchez. Con parte de guerra incluido porque va camino de la inmortalidad. Sus huestes aguardan en Cerro Garabitas a que aparezca él campeando a lomos de una tesis doctoral. Tan auténtica como un Comité científico asesorando al Ministro de Sanidad, que día tras día nos demuestra tener vacíos los aposentos de la cabeza. El doctorcito cum laude desprecia entrar en Barcelona o Valencia; tampoco en aquellas Comunidades Autónomas que, como Castilla La Mancha o Andalucía, padecen de tasas de contagios iguales o superiores a las de la capital. No. Nuestro Adonis suspira por Madrid. Y persigue doblegarlo como a una curva de cayetanos prevaliéndose de Comités de expertos ideológicos, todos ellos peritos en discordias y revanchas. Su terapia contra el virus sería azotarlo hasta que sangrara.

Quienes han fracasado en combatir la pandemia a lo ancho del territorio nacional, adoptando con impertinente retraso un revoltijo de medidas y contramedidas, propias de un mando político, y no científico, arrojando un saldo de 53.000 fallecidos, exigen ahora que en la Comunidad de Madrid se apliquen los métodos que ellos quieren. No velan por la salud, sino por el hundimiento de una región que es la locomotora de España. Para mayor desvergüenza, esbirros al servicio de su plan se aplican al desorden en las calles. Ya es lamentable que un presidente del Gobierno desempolve aquel traje de demagogo opositor que vistió contra Rajoy cuando lo del ébola para exhibirlo frente a una presidente regional. Y quizás, hasta de regional. Como él.


A los de Moncloa, algo les debe haber salido mal en sus maquinaciones e intrigas para que pisen el acelerador del enfrentamiento y la revolución tan a fondo. Negociar los Presupuestos con separatistas y terroristas, impedir al Rey asistir a un acto judicial en Barcelona, acercar presos etarras al País Vasco, preparar el indulto en favor de los golpistas, hasta cambiar al embajador en Venezuela. Todo en dos telediarios. Acciones todas ellas tendentes a dinamitar el régimen constitucional nacido de la Transición y cambiarlo por la “republiqueta” de Iglesias. Aderezado con frase lapidaria que, lejos de sonar a pronóstico deportivo, se revela como la reedición de una amenaza guerracivilista: “Ustedes no volverán al Consejo de Ministros”. No solo ese lenguaje de tipo achulado, también las mañas de estos gobernantes nos recuerdan a la peor tradición de soeces provocaciones propias de agitadores nazis y soviéticos encaramados en una tribuna. 

Ante la prensa, y tras la reunión en la sede de la presidencia de la Comunidad de Madrid, dijo Sánchez: “La voluntad del Gobierno es respetar el ámbito competencial de Madrid. Estamos aquí para apoyar, ayudar, no para tutelar ni evaluar ni mucho menos para suplantar a Madrid, que tiene sus facultades reconocidas en la ley”. En el Quijote, para indicar que una cosa es mentira, se decía que la afirmaba Turpín. Debía ser éste un personaje cortado por el mismo patrón que el Caudillo Sánchez. 

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 27 de septiembre de 2020. https://www.elimparcial.es/noticia/217200/opinion/la-toma-de-madrid.html

Parece mentira

“Todo lo que es mentira es vejez”, decía el humanista Ramón Pérez de Ayala. Padecemos un Gobierno que se nos cae de viejo. Menos de un año al frente de los designios públicos y ya muestra síntomas de senilidad. Es una patología que se repite siglo tras siglo: un vacuo inconsolable al mando, que desprecia con insolencia cualquier asidero ético o contrafuerte moral. Y ante él, nadie osa tomar la palabra, porque se cree ungido por los dioses y en poder de la razón. Y claro, la discrepancia ya no se tolera. Para la disidencia prepararán vagones de ganado. Y cuando solo cabe la ciega obediencia, la verdad se ausenta, batiéndose en retirada y la mentira lo invade y ocupa todo, primando la sospecha sobre lo que ofende o cuestiona la hegemonía del mando.

Se dinamitan las líneas divisorias entre la verdad y la mentira. La mentira pasa ahora por verdad y la verdad por mentira. Zozobran las inteligencias y naufragan los corazones. “Anhelamos la verdad porque en nosotros tan solo encontramos la felicidad”, expresaba Pascal. Lo mismo les sucede a los mentirosos, que parecen instalados en una confiada y alegre felicidad. Ficticia felicidad porque no puede ocultarse el inenarrable cúmulo de gestión en miseria, ruina y muerte. Se dedican a instituir el odio y el revanchismo como método de conducta y la modorra y la anestesia como estrategia de manipulación. Y para hallar la verdad, su verdad, crean un ente que pretende ser verdadero haciéndonos comulgar con las ruedas de molino de que el camino más corto entre dos puntos es la línea curva y no la recta. No hay mayor engaño que la realidad que este desgobierno está deconstruyendo día a día a golpe de derribo contra la concordia y la legalidad.

Estos aprendices trapisondistas han puesto la nada en movimiento. Y ya son los primeros de la nada. A su antojo, despegan la historia del álbum callejero. Reforman la escuela sabiendo que, en virtud de ello, se harán con la juventud, y quien es dueño de la juventud no tiene por qué temer el mañana. Con desprecio, tachan y damnifican a las víctimas, mientras con tozudez ensalzan y justifican a los verdugos. En este reino de la inmoralidad sobresale la férrea tutela sobre un inerme grupo parlamentario ya enajenado, porque ha renunciado a hacerse preguntas temeroso o inquieto por las respuestas.

Quien monta un tigre no puede descabalgar cuando se le antoja, dice un proverbio indio. El final de esta trayectoria de ruina y llanto es el abismo. El hundimiento se percibe con exactitud porque la mentira pesa más que la verdad. Porque la injusticia disfrazada de justicia mona se queda. Ese vacuo inconsolable camina torcidamente con sus complejos, su resentimiento y su pedantería. Nos inunda con su gris mediocridad. Y con la voz que no influye, sino que imita al tonto de toda boda castiza, nos grita. “Viva yo”. Parece mentira. Pero es verdad.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 15 de noviembre de 2020. https://www.elimparcial.es/noticia/218923/parece-mentira.html

Echarse al monte

“Pepe, ¿no nos encontraremos a nadie?” pregunta con miramientos la esposa al marido, ambos progresistas, al cruzar la verja del colegio privado y católico al que acuden a matricular a sus hijos. Algo de furtivo y, a la vez, teatral e hipócrita sobresale en el espíritu progresista que, en el fondo, anhela vivir como un tío rico y de derechas. De ahí, su propensión a cogerse “perras” a la hora de acostarse pensando en lo bien que viven los capitalistas.

Cuando llega el ansiado día en que alcanza a disfrutar de un nivel de vida propio de un burgués, el progresista donde dije digo, digo Diego. De puertas adentro no le preocupa rebajar su ideal de modelo de sociedad. Pero de puertas afuera, se apresura a condenar a la inmensa mayoría social con la mediocridad gris del igualitarismo, advirtiendo de la maldad que se esconde tras las sociedades libres. Con el progresismo en el poder, la libertad dura lo que las rosas: una mañana.

Indigente en aportar soluciones, el progresismo siempre está presto a inventar problemas allí donde no los hay. Con su petulancia ideológica, acostumbra a tirar el dinero ajeno, velando por su comodidad y seguridad por encima de la justicia, y por su bien privado por encima del bien común. En España, cada cierto tiempo el progresismo, con su partidismo miope, cicatero y trasnochado, sale de excursión por lo Cerros de Ubeda. Se echa al monte y pone el caserón patrio patas arriba levantando una polvareda de sectarismo, anticlericalismo y revanchismo. Otra vez fuera de sitio, otra vez fuera de sí. Ahora le ha dado por la matraca del hombre nuevo, que no tiene nada de nuevo, sino que supone un paso más hacia el pasado. Ya Napoleón exigía suprimir la tutela de la Iglesia sobre la enseñanza, para sustituirla por la intervención del Estado laico, nada neutral, tampoco imparcial, que pretendía imponer un dominio sutil pero brutal sobre la infancia y la juventud. Ese pretendido hombre nuevo fue proclamado por Fichte en su “Discurso a la nación alemana”, proyectado por los nazis con sus Hitlerjugend  e implantado por Mao Tse Tung a través de su revolución cultural, imitada por los dirigentes separatistas antiespañoles.

En todos los casos de estatificación de la enseñanza, el denominador común ha sido la anulación del derecho de los padres  a educar a sus hijos. Arrebatarles la autoridad para que sea detentada por el Estado, quebrando la figura del padre, de la familia y, por supuesto, de la Iglesia, que es a la vez, madre y familia. Otra vez el progresismo erigiendo la figura del Estado docente para modelar a nuestros hijos con el objetivo, no de enseñar, sino de adoctrinar. No de hacer ciudadanos más cultos o más sabios, sino, como decía Marcel Clèment, “rehacer la sociedad con millares de amnésicos borrando la memoria de la humanidad y destruyendo la herencia intelectual ”. Con todo, el peligro mayor es la indiferencia colectiva.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 22 de noviembre de 2020. https://www.elimparcial.es/noticia/219152/opinion/echarse-al-monte.html

Empresarios

Tocado, esperemos que no hundido, saldrá el sector empresarial de esta trágica pandemia. A las bajas producidas en sus filas por el letal virus, hay que sumar cuantiosas bajas en el Registro mercantil por la drástica paralización de la economía. Malas noticias para España al restar potencia a un extraordinario motor de creación de empleo y riqueza. Y pésimos augurios al hablar el irresponsable Iglesias de nacionalización de la actividad económica.

Históricamente, empresario y hombre de negocios nunca gozaron de buena prensa ante la izquierda. Desde su oprimida visión manchesteriana, el comunismo siempre los señaló para sentarlos en el banquillo de los acusados. En un libro escolar de la Rumanía comunista, bajo el epígrafe “Cómo trabajaban antes los obreros”, se proponía a los alumnos un ejercicio de redacción en el que desarrollar el siguiente esquema: Un obrero es aplastado por una viga que le cae encima. El patrono, mientras fuma un cigarro, dice: “¡Diablo! ¡Se fastidió la viga! Posiblemente haya crueles empresarios, igual que crueles ingenieros, médicos, abogados o funcionarios. La experiencia también demuestra que un comisario del pueblo (gerente estatal, eufemísticamente hablando), resultaba mil veces más duro que un patrono. Por no remontarnos a la cúspide de la terrorífica nomenclatura soviética sobre la que Nikita Kruschev contaba que cuando Stalin nos llamaba a su despacho no sabíamos si saldríamos de allí con vida.

El propietario particular, hoy autónomo, también fue perseguido por el comunismo, para quien la producción a pequeña escala engendraba burguesía y capitalismo. De ahí, su aversión hacia los pequeños negocios y su pretensión de exterminio del comercio minorista, ya que una economía planificada era, según sus disparatadas consignas, una forma superior de economía popular al estatificar industrias y comercio. Nuevamente, la práctica evidenció que el intervencionismo y la escasez son inseparables, mientras que la libertad es indicio claro de abundancia.

La socialdemocracia, en su versión más sectaria y de visión raquítica, tampoco considera a la iniciativa privada una fuente de progreso para la nación. Partidaria del dirigismo frente a la libertad económica, coexiste pero no convive armónicamente con los empresarios despreciando de modo obsesivo el principio básico para la prosperidad económica: es mejor aumentar la producción que distribuir la renta. El igualitarismo siempre ha sido la peor enfermedad socialdemócrata, a pesar de que un socialista como el francés Marcel Sembat dijera en 1914 que equiparar las fortunas por medio de impuestos equivaldría a intentar allanar el Mont Blanc con una apisonadora.

No resulta extraño que desde el Gobierno se insista puerilmente en una impertinente contraposición entre trabajadores y empresarios. Consecuencia de esa incoherencia de la vieja escuela progresista consistente en pedir unidad a todo una nación y promover nefastos antagonismos entre ideologías, clases y territorios. Cuando Sánchez invoca el Plan Marshall o los Pactos de La Moncloa, aún suponiendo que hable con la buena fe de un maestro de escuela, cabe preguntarse, no si sabe en qué consistieron aquellas iniciativas, sino si su vicepresidente Iglesias lo sabe.  

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 5 de abril de 2020. https://www.elimparcial.es/noticia/211808/empresarios.html

Café

El CAFÉ lo inventó la Falange como contraseña entre los suyos: Camarada Arriba Falange Española. Lo mismo el café es facha, salvo que sea Marcilla o Saimaza. El café se empleó como arma política contra Winston Churchill por Lady Astor, primera mujer en ocupar escaño en la Cámara de los Comunes, y que, saturada por el mordaz lenguaje del dirigente británico, espetó a éste: Si usted fuera mi marido, le echaría veneno en el café. Con su ágil dialéctica, Churchill respondió: Señora, si usted fuera mi esposa, me lo bebería. Hay marcas cafeteras que son caramelos envenenados y no se quieren ni regalás. Marcilla y Saimaza circulan malditas por redes sociales como sinónimos de Sodoma y Gomorra, Bonny and Clyde o Hitler y Stalin. Un torpe directivo del grupo cafetero, independentista catalán en el fuero interno de las opiniones personales, ha certificado que los españoles somos fascistas. Churchill dijo que los fascistas del futuro se llamarán a sí mismos antifascistas. Los cafés echan humo, las cafeteras silban como locomotoras y el pobre directivo parece un hombre solo, cortado y manchado que acabará tostado. A Marcilla y Saimaza les ha salido un grano y no precisamente de café en las ventas y tendrán que torearlo. Libertad de expresión y libre mercado.

Muchas ideas que han conformado la Europa actual se pensaron y repensaron en las terrazas y a través de los ventanales de los cafés. Vargas Llosa tiene escrito que Europa es ante todo un café donde se escribe poesía, conspira y filosofa. El café de París, el de Viena, el Gerbeaud de Budapest, el irlandés, el Gijón. Coincidiendo con el nacimiento de éste, el separatismo comenzó a ser en España una enfermedad nacional. Tras cien años, continúa siéndolo, agravada por convulsiones golpistas provocadas, quizás, por la cafeína. Hay personas que tienen muy mal beber, otras muy mal café y las hay también con muy mala leche. Que los españoles somos fachas no es novedad. Empezamos siéndolo con los reyes godos y nos ratificamos en ello bajo el reinado de los Reyes Católicos, que sellaron la unidad de España con el yugo y las flechas, otro invento falangista. Fuimos fachas con orgullo al echar a los franceses de nuestro suelo. Continuamos siéndolo durante la II República, que vino porque Alfonso XIII se fue. Nuestro fascismo se refinó con la democracia, traída gracias al Rey Juan Carlos, sucesor de Franco, Adolfo Suárez, que vistió camisa azul, y Miguel Primo de Rivera, sobrino del fundador de la Falange. Sí, toda España es un facherío tal, que una ardilla puede ir de Barcelona a Cádiz saltando de brazo alzado en brazo alzado. A los españoles nos encanta montar el Belén en Navidad, salir de procesión en Semana Santa, ir a los toros en la feria, colgar la enseña nacional en el balcón, animar a nuestra Selección en el Mundial o leer el Marca o el As mientras nos tomamos un café, pero no de Marcilla ni Saimaza. ¿Cómo no vamos a ser fachas?

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 8 de abril de 2018. https://www.elimparcial.es/noticia/188486/opinion/cafe.html

¿Navidad o vanidad?

Confundir la gimnasia con la magnesia es el riesgo que corre quien no tiene las cosas claras. En fechas tan entrañables como las que se avecinan, propicias siempre para comenzar de nuevo, algunos padecemos una especie de daltonismo auditivo que nos lleva a confundir la Navidad con la vanidad. Semejante extravío en los sentidos nos arrastra fatalmente a perder el sentido de la vida. Es entonces cuando nos ocupamos y preocupamos más de nosotros que de los demás. Es también cuando lentamente nos resbalamos pendiente abajo hacia un frío vacío quedando sepultados bajo la espantosa soledad de los desiertos de hielo. De nada sirve que rebose nuestra agenda de cansinos eventos de voy y vengo y a ver si nos vemos o llamamos ni que vayamos acompañados de una anónima multitud. Con semejante algarabía ni percibimos los signos ni escuchamos el silencio.

Quienes confundimos Navidad con vanidad encontramos dificultades para renunciar a nuestras egolatrías e idolatrías; para despojarnos de nuestro altivo yo y del oropel de lo superfluo. Nos resistimos a cancelar nuestros nefastos egoísmos y nuestras caprichosas frivolidades que avariciosamente acumulamos en abundancia. Nos cuesta un triunfo desembarazarnos de ese apego por lo material y por materiales que estrepitosamente se vienen abajo como castillos de naipes; de esas ataduras sociales, que cual dictaduras políticas, limitan la libertad y censuran la verdad. Sin saber cómo quitarnos los miedos y el desánimo y, sobre todo, sin aprender a controlar esos sentimientos tan desconcertantes de soberbia, envidia o ira que se nos adhieren al corazón y nos embolsan en callejones sin salida, terminamos reconociéndonos débiles, frágiles, vulnerables. ¿Alguien lo duda tras un año inolvidable? Bajémonos del pedestal, mejor dicho, no volvamos a él ni lo miremos, siquiera, con nostalgia. Allí solo descansan las estatuas.

Pero otra vez, como siempre, es tiempo de salvación. Intentarlo de nuevo, renovarse, convertirse, purificarse, empaparse en ese espíritu navideño pacífico, generoso y abierto hacia el otro. La Navidad lo es porque desde la intimidad del hogar familiar enlaza con la acción universal de interesarse por el bien del prójimo. Y mucho tiene la Navidad de acción salvadora y bienhechora. No despreciemos nuestro diminuto esfuerzo para luego transformar el mundo. Porque en nuestra filiación divina anida una poderosa fuerza transformadora. Con sencillez y humildad, sin artificios ni imposturas. Con espíritu sobrenatural. Con fe y confianza abriguemos la esperanza que no defrauda: Aquél que nació entre pañales y habitó entre nosotros. Navidad, no vanidad. Navidad Feliz.

Independenazis

Hitler vociferaba: los judíos arruinan Alemania. Chillan los independenazis: España nos roba. Aquél mandó incendiar el Reichstag. Estos han abatido al Parlament. El totalitarismo engaña para justificar su relato redentor y su barbarie. Acosar a alcaldes defensores de la ley revela esa insidiosa falta de respeto hacia el adversario político que impera en Cataluña desde hace años. Destrozar vehículos policiales evidencia esa loca prepotencia de quien se cree legitimado por una historia hecha a su medida. Atacar el comercio de quien disiente es un siniestro revival en versión estelada de la esvástica campeando durante La noche de los cristales rotos. Tras años adoctrinando en las escuelas mediante libros de texto que falsifican vergonzosamente los hechos hasta lo irrisorio, el secesionismo usa a sus Hitlerjugend para tomar la calle e, incluso, la Universidad, doctorándose los estudiantes como soldados políticos, tal y como se les exigía bajo el nacional socialismo. Y para cerrar un irresponsable círculo infernal, centenares de sacerdotes ansían una supuesta Iglesia catalana, emulando aquél Cristianismo alemán, títere del III Reich y preocupándose más por el territorio y la frontera que por salvar almas. ¿Y son estos quienes quieren dialogar? Claman democracia y avasallan a la oposición. Invocan la ley los mismos que la vulneran. Presumen de pacíficos cuando imponen una guerra de nervios. Inventan su derecho a decidir allí donde el ordenamiento no lo contempla. Y así revientan la legalidad. Una revolución consiste en alterar una Constitución a través de medios no previstos por ella.

Quien se sitúa fuera de la ley, delinque, y acaba convertido en delincuente y con probable destino en prisión; preso común, no político. Error conceptual inexplicable en un profesor universitario de Ciencias políticas, metido a demagogo populista. Pablo Iglesias debiera volver a la tarima docente a explicar a sus alumnos dos golpes de Estado contra la democracia española: el 23-F en el Congreso de los Diputados y el 8-S en el Parlament. Pero como el de todos los izquierdistas radicales, el drama de Iglesias es que está enfermo de sectarismo y demagogia. Y el aquejado más crónico es Rufián, tipo achulado que dispone de dos equipaciones cuando salta a la tribuna del Parlamento: la negra del fascismo y la parda nazi. Su crispación totalitaria siempre sintoniza con ambos colores. Esta turba no persigue la independencia de Cataluña, sino la destrucción de España, la quiebra de un Estado democrático y de Derecho.

Los catalanes están hoy en manos de agitadores más que de gobernantes. ¿Quién se ocupa de los problemas de la gente? ¿Dónde están las élites catalanas? ¿Dónde quedó aquél catalanismo inspirado y dirigido por Francesc Cambó que, rechazando al separatismo y al marxismo, pretendía influir en la dirección de la política española. ¿No se dan cuenta algunos que en Cataluña pero también en el resto de España los tontos y los malvados van aumentando y tornándose en amenaza? Es la libertad la que hace que, a pesar de pertenecer a orillas diferentes, muchas personas se encuentren más cerca que nunca. Entre demócratas no se va a la guerra. Sí cabe solución si previamente cabe concordia y sentido común. En Historia de un alemán, Sebastián Haffner afirma: Ni Austria ni Checoslovaquia, el primer territorio ocupado por los nazis fue Alemania. Y Alemania dejó de ser Alemania. Los independenazis pretenden que Cataluña deje de ser Cataluña.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 24 de septiembre de 2017. https://www.elimparcial.es/noticia/181801/opinion/independenazis.html

Inés

Inés Arrimadas, la Agustina de Aragón al catalánico modo, nos decepcionó abandonando aquél cañón de sufragios con el que había tumbado al independentismo en Cataluña para cruzar el Ebro y hacer política en Madrid. En la ribera del Manzanares aspiraba a tener más cañones. Y aunque hoy es la jefa, sin embargo su partido parece casi en retirada y, por ahora, solo dispone de una escopetilla de feria, que algún susto que otro puede aún dar.    

Con estruendo Inés ha cruzado el Rubicón para adentrarse en territorio progresista minado de opacidad, sofismas y engaños, exclamando como Julio César “alea jacta est. Sigamos adelante hacia donde nos llaman las señales de los dioses y la iniquidad de los enemigos”. Sin embargo, Inés no es Hernán Cortés quemando sus naves; y si no la tranquiliza un sólido plan B, podría regresar del lado opaco de la coalición volviendo en sí tras catorce días febriles y estupefacientes, que son, según los expertos, suficientes para saberse infectada por el virus ideológico propagado desde Moncloa. Solo un Gobierno con mayoría absoluta de fiar podría prescindir alegre y confiadamente de un plan B. De lo contrario, debiera disponer de plan B, C o D, de dimisión. 

Hay personas que quedan satisfechas por verse con fama aunque sea infame. El templo de Diana en Efeso fue incendiado por Eróstrato, solo porque quiso hacer su nombre inmortal. Los de Efeso para castigarle ordenaron que nadie lo nombrase como autor del suceso, pero Teopompo lo hizo. Así, este incendiario pasó a la posteridad, como siglos después pasaría Goering, que prendió fuego al Reichstag, arrastrando también en la Historia el nombre de Van der Lubbe. Porque a río revuelto, ganancia de demagogos sin escrúpulos que especulan con la ingenuidad y la estupidez de la masa. Famosos por curar más que por prevenir, curanderos que, según Reegan, luego se enfadan cuando aparece un médico con un tratamiento que funciona.   

“No soy un dictador, solo he simplificado la democracia”, dijo Hitler tras convertir la República de Weimar en el Tercer Reich. Partidario de plebiscitos y ultimatúms, acumuló tanto poder porque nadie le paró los pies a su debido tiempo. En 1938, ni Chamberlain ni Daladier quisieron prevenir en Munich. Sería un año más tarde, cuando Churchill y De Gaulle se vieron obligados a curar. Los primeros anhelaban la paz y tuvieron la guerra, luego ganada por los segundos. En 1958, De Gaulle daría a elegir entre él o el caos. Ante el caos del mando único, Inés ha preferido salvar vidas. Para más tarde salvar haciendas. Pero corremos el riesgo de que por salvar vidas y haciendas se nos hunda la libertad, y se nos ahogue la verdad. La gente está harta de oír siempre los mismos embustes sabiendo que la verdad no la van a escuchar. Ojalá que Inés vuelva para defender la libertad con aquel cañón con el que derrotó a la mentira y al totalitarismo. Porque nos hará falta.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 10 de mayo de 2020. https://www.elimparcial.es/noticia/212929/opinion/ines.html

El chalé y la chalesa

Gracias a la economía de libre mercado y la democracia, Pablo Iglesias e Irene Montero han pasado de vivir en una frágil tienda de campaña en Sol a un chalet de ensueño en Galapagar, nueva tierra prometida como lo fue Torrevieja para tantas parejas concursantes y concursantas del Un dos tres. La prosperidad de este matrimonio tan afortunado es la prosperidad de España. ¡Si Girón de Velasco y Pepe Solís levantaran la cabeza! ¡Ni un español sin pan ni un hogar sin lumbre! Su veloz progreso es el de tantos matrimonios de bien que, diciendo adiós a la dura y desagradable crisis económica, disfrutan de una merecida promoción social y se reencuentran con la hipoteca y el hipoteco accediendo a una espaciosa casa provista de piscina y piscino con que combatir el calor del verano y la calora de la verana. Atrás quedaron las impertinentes estrecheces económicas que impedían el florecimiento de las familias y el ensanchamiento de los hogares.

Iglesias confiesa que la adquisición de la maravillosa morada (y morado) no se ha hecho con fines especulativos. Ramón Espinar, el inmobiliario, ha agradecido lección tan impagable. Montero, esperanzada y jubilosa, dice iniciar un fascinante proyecto de vida y de familia. España entera desea fervorosamente que este joven y podélico matrimonio rebose de retoños y retoñas el nuevo hogar, infundiendo en aquéllos y aquéllas el sentido de la vida familiar y el cultivo de las virtudes hogareñas, y proporcionando a la madre patria fieles contribuyentes y esmerados cotizantes a las arcas públicas. En este negociado, Monedero prestará asesoramiento como fuente de cotización a la Seguridad Social. Los españoles esperan que con su instinto revolucionario y básico, Pablo e Irene logren dar un vuelco a nuestras raquíticas tasas de natalidad. Además de su conversión al capitalismo y a la democracia, la pareja y el parejo querrán que sus hijos reciban la clase de religión en lugar de instrucción sexual. Que los niños aprendan cómo fue creado el primer hombre, antes de saber a edad temprana la forma en que se hizo el segundo.

Los que llevaban el comité no sé cómo lo harían, pero yo me peleaba cada día con ellos reprochándoles que había un burgués y os habéis puesto siete. Testimonios como este, de un trabajador durante la guerra civil española, en el fragor de la revolución del movimiento obrero, definen ese rasgo tan habitual en los políticos de la izquierda: la incoherencia, ese arte de decir o hacer hoy una cosa y mañana la contraria. El peor enemigo de un comunista es la hemeroteca. Pablo Iglesias censuró en su día a un ministro del Gobierno de España por haberse comprado una vivienda de 600.000 euros y euras. Hoy él ya tiene por el mismo dinero una casa y un caso; un chalé y una chalesa. Donde había un burgués, ahora hay dos más. Y más niños. Y vio Dios que eso era bueno.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 20 de mayo de 2018.  https://www.elimparcial.es/noticia/189867/opinion/el-chale-y-la-chalesa.html

Fuente gráfica: El Español.