Archivo del Autor: @RaúlMayoral

La sombra

Han ensombrecido la vida pública con odio y mentira. Han apagado las luces de la concordia con el revanchismo. Han fundido los plomos de la economía con su ineficacia. Con su adoctrinamiento han averiado el ascensor social de la educación. Y con su sectarismo han ennegrecido el prestigio de las instituciones. Vinieron a dialogar y a regenerar, y cegados por la ideología han sucumbido ante la pandemia dejándonos a oscuras y llenando España de sombras.

Pierden elecciones no sabiendo digerir la derrota con un mínimo, no de elegancia, sino de decorosa humildad democrática. Conociendo su mentalidad demagógica, sabíamos que la diatriba más repetida en clave electoral contra sus rivales sería ultraderecha o fascismo. Eran los que liberarían Madrid de las garras fascistas. Su campaña, de gran vaciedad dialéctica, ha consistido únicamente en farsa e insulto. Ninguna aportación al debate político. Nula capacidad para construir. La misma campaña que la de los medios de comunicación a su servicio, que escriben al dictado y a quienes solo falta citar a Bielinsky, bolchevique de la primera hora: “Todo el mal está a la derecha, todo el bien está a la izquierda”. De ellos puede predicarse la descripción de Clemenceau sobre un farsante: “No dice verdades pero se defiende con ardor”.

Comenzaron y han terminado insultando y mintiendo. Aún siguen. “Organización criminal” llamó el Ministro del Interior a un partido democrático, olvidando que sus socios proetarras apuntalan al Gobierno. Como no caló aquello del fascismo, ni siquiera aderezado con balas, continuaron con descalificaciones. Y sin argumentos. Estigmatizaron a las tabernas como espacios de conspiración e insurrección. Será que sus adoradas herrikotabernas resultan oasis de armonía democrática. El mozo maletero de Delcy ha tachado a la Comunidad de Madrid como un régimen lo más parecido a una dictadura, porque un mismo partido lleva gobernando veintiséis años. No se acuerda de que el suyo permaneció en Andalucía más años que Franco, el de Mingorrubio, no el purgado en Madrid. Tampoco de Venezuela. Además, el Einstein de Podemos censura que obreros que ganan 900 euros voten a la derecha, si él, ganando bastante más mitad leguleyo mitad revoltoso, vota comunismo. Finalmente (no será la última), una tertuliana de la televisión pública, con esos aires vulgares de superioridad intelectual que aquejan a todo progre, desea que los votantes de Ayuso “sufran una enfermedad de diagnóstico tardío”. Pero ¿esto qué es?

Esta cuadrilla de malasombras solo conocen de la democracia su sombra. El único responsable de este demoledor y peligroso desvarío es quien manda. Todos sus engaños, sus deslealtades y sus traiciones se inspiran siempre en un maquiavélico interés personal por retener el poder actuando sin escrúpulos ni principios. Se fue Rajoy, se fue Rivera, ha huido Iglesias y volverán a echarlo del PSOE para que el partido pueda sobrevivir con sentido común y de Estado. Ya deambula convertido en una sombra, pero aún con esta sigue oscureciendo nuestra convivencia y prosperidad.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 9 de mayo de 2021. https://www.elimparcial.es/noticia/225412/la-sombra.html

Gracias, Dios mío

Berlín, 1948. Un soldado norteamericano hace guardia todas las noches en el puesto fronterizo entre la zona estadounidense y la rusa. Al otro lado de la valla cumple el mismo deber un soldado soviético con el cual el americano entabla relación amistosa. Todos los días, al avisarle el mando de que está a punto de finalizar su guardia y de su inminente relevo, el soldado norteamericano dice: “Sólo faltan cinco minutos, gracias Dios mío”. El ruso responde también diariamente: “Sí, solamente cinco minutos, gracias Stalin”. Una noche el americano preguntó a su compañero soviético ¿Qué vas a decir cuando muera Stalin? El ruso contestó con alivio filosófico: Entonces diré ¡Gracias Dios mío!

Se necesita algo más que el factor económico para aglutinar a los europeos. Lo cultural siempre será un factor más propicio para la cohesión humana que la pura economía o el mero mercado. Ya lo decía Jean Monnet: En la Unión Europea no unimos Estados, unimos hombres. Europa es unidad espiritual y cultural cuyo eje vertebrador es la creencia religiosa. En Occidente, hablar de religión es hablar de cristianismo, el pegamento entre sus pueblos. Pero hay épocas en que tiene lugar el eclipse de Dios. Ocurrió hace más de tres siglos con la Paz de Westfalia y hoy parece reproducirse el mismo error. Los dirigentes europeístas han decidido despojar a la cultura, y con ello al hombre europeo, del caudal religioso. La fe ya no es un patrimonio, sino es un estorbo y Dios está de salida.

Consecuencia de esta deriva es la democracia secularizada, un ordenamiento estrictamente laico de la vida pública que excluye la visión religiosa y certifica la incompatibilidad entre religión y democracia. Se impone así un laicismo agresivo con máscara de neutralidad que no es sino una vulgar nueva forma de totalitarismo. Al excluir la religión de la plaza pública ésta no se vacía, sino que se llena de sucedáneos, de religiones al revés. Y el laicismo es una religión al revés. Es la religión del Estado, una nueva religión política que pretende controlar las conciencias, imponer sus opciones haciéndolas pasar por verdades, decidir lo que ha de enseñarse en la escuela, tergiversar el significado de los hechos históricos del pasado y atribuir a los Parlamentos la facultad de pronunciarse sobre lo que es verdad o mentira, como si las leyes estuvieran por encima de la verdad.

La clarividente Angela Merkel sostiene que el problema de Europa no es que se construyen mezquitas, sino que se cierran iglesias. Diagnóstico certero que enlaza con el que hiciera San Juan Pablo II: La marginación de las religiones que han contribuido, y todavía contribuyen, a la cultura y al humanismo de los que Europa está legítimamente orgullosa son, al mismo tiempo, una injusticia y un error de perspectiva. Reconocer un hecho histórico innegable no significa en absoluto ignorar toda la exigencia moderna de una justa laicidad de los Estados y, por tanto, de Europa. Sin la Cruz, Europa dejará de ser Europa. Hasta un anónimo soldado soviético lo sabía.

Lecturas jurásicas (y IV) libertad o comunismo

En el Berlín ocupado por los aliados tras la II Guerra Mundial, dos soldados, uno de EEUU y otro de la URSS, discuten sobre democracia. El norteamericano da su definición de ésta: “La democracia significa que yo puedo ir a Washington y frente a la Casa Blanca gritar: Truman no es un buen presidente. Quiero un presidente mejor que Truman. Y no me ocurre nada”. El soldado soviético replica: “También nosotros tenemos democracia. Yo puedo ir a Moscú y frente al Kremlin gritar: Truman no es un buen presidente. Quiero un presidente mejor que Truman. Y no me ocurre nada”. Por encima de la anécdota, queda la categoría. Esa ignorancia voluntaria de los hechos, que le impide reconocerlos, es uno de los rasgos más acusados de la ideología comunista.

No hay forma más perfecta de sumisión que aquella que conserva la apariencia de libertad, advertía Jean-Jacques RousseauTiene que parecer democrático, pero todo debe quedar bajo nuestro control, solía decir quien fuera presidente de la Alemania Oriental, el comunista Walter Ulbricht. Y es que el vicio inconfesable del comunismo es una democracia sin libertad. Cuando un comunista reclama democracia y libertad es porque no tiene el poder. El comunismo demanda libertad como antesala indispensable de la tiranía que implantará cuando llegue al poder. Cuando a un comunista en el gobierno le reclaman libertad, pregunta ¿para qué? La libertad la desean solo para conquistar el poder.

En su obra Introducción a la filosofía política. Democracia y revolución, el polítólogo francés Raymond Aron estudió con detalle aquellos siniestros regímenes marxistas que fueron las democracias populares. Los rasgos característicos de las mismas eran la noción de que un partido, y solo uno, tiene el derecho de existir, lo que acarrea el monopolio ideológico por ese partido y la eliminación de los partidos rivales, en tanto que pretendan sustituir al que ocupe el poder. Un segundo elemento fue el sistema de propaganda para el control y uso de las masas. Un tercero era la reconstitución del orden social, mediante una jerarquía por razón de la función, del cargo y no de la persona.

En plena Guerra fría, el británico Ernest Bevin, político laborista, se jactaba de que “las izquierdas entienden a las izquierdas”, insinuando que los socialdemócratas en Inglaterra y Europa harían muy buenas migas con los comunistas. Los cándidos de entonces, como Bevin, no alcanzaban a comprender que los comunistas nunca quisieron mantener buenas relaciones ni con la socialdemocracia ni con la democracia; solamente pretendían ser los amos destruyendo a todo el que se pusiera en su camino. El comunismo jamás apoya la democracia, sino que se aprovecha de ella para alcanzar sus objetivos. Las elecciones le sirven pero solo como una ruta amplia mientras no puede escalar el monte por el atajo expeditivo de la revolución. Mientras tanto, rompen el juego de la convivencia democrática y desestabilizan la vida pública provocando disturbios y urdiendo bulos.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 2 de mayo de 2021. https://www.elimparcial.es/noticia/225113/lecturas-jursicas-y-iv:-libertad-o-comunismo.html

Lecturas jurásicas (III)

A su regreso de Moscú, el jefe de un koljós cuenta a los trabajadores de la explotación colectiva los enormes progresos urbanos de la capital soviética. “He visto, dice, grandes barrios con rascacielos modernísimos con todo confort habitados por obreros”. Uno de los campesinos le replica: “Pues yo no vi nada de eso cuando estuve el mes pasado en Moscú”. El jefe del koljós le responde severamente: “Debiste callejear menos y leer más los periódicos del Partido”.

El comunismo no solo fue un vasto sistema de represión y muerte, también un perverso modelo global de falsedad y manipulación. Disparates como los siguientes certifican el metódico y sistemático empleo de la mentira. El 28 de agosto de 1949 se cumplía en Alemania el bicentenario del nacimiento de Johann Wolfgang Goethe, que además había nacido en Weimar, ciudad de la Alemania del Este. El Partido Comunista, el Ministerio de Cultura e, incluso, la Stasi, la policía secreta del Estado, iniciaron una campaña casi desesperada para reivindicar que esa aristocrática figura de la Ilustración era una suerte de protocomunista. Planearon un elaborado festival para mostrar a Occidente que a los comunistas les importaba más la alta cultura que a los capitalistas. Un funcionario del Ministerio de Cultura llegó a decir en un discurso: “Si miráis en la obra de Goethe veréis que siempre trabajó en favor del materialismo dialéctico marxista sin darse cuenta de ello”. En 1952, el departamento de propaganda del Comité Central del Partido Comunista polaco entregó un panfleto a agitadores del Partido que contenía consignas como estas: “Los imperialistas americanos están reconstruyendo la Wehrmacht neonazi y preparándola para invadir Polonia, mientras que la URSS ayuda a los polacos a desarrollar tecnología, cultura y arte”.

El totalitarismo soviético hizo del cinismo su recurso supremo, hábilmente aprovechado en proporciones descomunales y sabiamente combinado con el momento oportuno de acuerdo con la mejor técnica comunista. El resultado: añagazas para embaucar a las masas, temerosas en su gran parte, y sobre todo, para controlar absolutamente el poder. En 1948 los comunistas de la Europa del Este abandonaron sus intentos de adquirir legitimidad a través de un proceso electoral y dejaron de tolerar cualquier forma de verdadera oposición. En todas partes se siguieron estos patrones: eliminación de los partidos derechistas o anticomunistas, destrucción de la izquierda no comunista y, después, eliminación de la oposición dentro del propio partido comunista. No por ello la política fue clausurada en las llamadas democracias populares. Sin embargo, la política se había convertido en algo que se desarrollaba, no entre varios partidos, sino en el seno de un único partido. Y así se mantendría hasta el derribo del muro de Berlín en 1989.

En su Diario fin de siglo, Jean François Revel nos advierte de que “todavía tenemos demasiado arraigadas, pese a la victoria de las democracias, las deformaciones intelectuales del totalitarismo. La democracia no habrá ganado del todo mientras mentir siga pareciendo un comportamiento natural, tanto en el ámbito de la política como del pensamiento.”

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 25 de abril de 2021. https://www.elimparcial.es/noticia/224819/opinion/lecturas-jurasicas-iii.html

Lecturas jurásicas (II)

¿Quién es Stalin? pregunta un inspector a un alumno durante un examen oficial en una escuela de algún lugar de la URSS. El niño, a quien de antemano le han ordenado decir las respuestas, contesta sin titubear: Stalin es mi padre¿Y quién es tu madre? prosigue preguntando el inspector. Mi madre es el Estado, responde el alumno. ¿Qué quieres ser de mayor? Ante esa pregunta el niño titubea y, en lugar de responder según el guion impuesto, ser un trabajador disciplinado y leal a la patria del proletariado, contesta valientemente: ¡Quiero ser huérfano!

Bajo la tiranía comunista es frecuente que las personas adopten lo que Hannah Arendt definió como una personalidad totalitaria: “el ser humano completamente aislado que, sin otros lazos sociales con la familia, los amigos o los simples conocidos, deriva su sensación de ocupar un lugar en el mundo únicamente a partir de su pertenencia a un movimiento, de su afiliación a un partido”.

Los planes bolcheviques en la Europa de la posguerra mundial fueron presentados nítidamente a la Komintern por su secretario general, camarada Dimitroff: “Para asegurar la Revolución comunista y la posición preeminente del proletariado, los niños en los que aún no han arraigado las progresivas ideologías del marxismo y del leninismo, deben ser alejados de todas aquellas influencias a las que están expuestos en el ambiente capitalista que hasta ahora les ha rodeado. Por este motivo, serán sometidos a una educación del Estado en los vastos territorios que ya han sido liberados desde la Revolución de Octubre. No llegarán a conocer todos aquellos nocivos conceptos e ideas que se les quería inculcar en la antigua Europa de la burguesía, y si ya los hubieran aprendido, volverán a olvidarlos”.

Tras una interrupción motivada por la ensordecedora y desenfrenada ovación del auditorio, el orador continuó con voz estentórea: “Además, las madres de esos niños y también aquellas mujeres que aún no son madres, serán alejadas de la dañina influencia del mundo de la ideología burguesa del Oeste de Europa, para darles ocasión de participar de la reconstrucción del socialismo en los territorios que siempre han constituido la patria del proletariado internacional. Allí formarán columnas de trabajo colectivas. Respecto a los hombres, éstos lucharán con el arma al brazo por la futura unión mundial de las Repúblicas Socialistas Soviéticas. Y esto tendrán que hacerlo incluso aquellos que todavía no se han percatado de que este es el único camino para la liberalización de la humanidad. Si uno de estos hombres intentara traicionar nuestra causa negándose a luchar contra el capitalismo mundial, nosotros sabremos hacer que sufra las consecuencias de tal locura”. Sonoros y prolongados aplausos.

¡Qué viejas resultan aquellas recientes palabras de la ministra de Educación, Celaá, afirmando que los hijos son del Estado! ¡Cómo inquietan a unos padres que vemos cómo el Estado pretende asumir el monopolio docente! Una clara usurpación de funciones estrictamente parentales, que entraña consecuencias letales por la intromisión ideológica que supone en espacios propios de la personalidad del individuo.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 18 de abril de 2021. https://www.elimparcial.es/noticia/224492/opinion/lecturas-jurasicas-ii.html

Lecturas jurásicas (I)

El “tyrannosaurus rex”, tenía las dimensiones de una locomotora, pero su cerebro no rebasaba el tamaño de un plátano. Carnívoro y de instinto carroñero, ha sido considerado como el mayor depredador. Aquél gigante desapareció de la Tierra, lo mismo que el comunismo. ¿O no? Igual que el tiranosaurio violentaba la convivencia de su ecosistema, la ideología comunista implica una subversión total de la sociedad utilizando a su conveniencia formas democráticas.

Por la Hungría de la Guerra Fría circulaba un chiste sobre la definición de comunismo: “una lucha incesante contra una serie de dificultades que jamás existirán en ningún otro sistema político”. En Mi siglo, el polaco Aleksander Wat, otro intelectual desengañado del edén comunista, certificaría la maldad y el sadismo del terrorífico régimen. Así menciona algunas de aquellas dificultades: “La pérdida de la libertad, la tiranía, el maltrato y el hambre habrían sido más fáciles de soportar sin la obligación de llamarlas libertad, justicia, el bien del pueblo. Las mentiras, por su propia naturaleza parcial y efímera, se revelan como tales cuando se enfrentan con los esfuerzos del lenguaje por descubrir la verdad. Pero aquí todos los medios de revelación habían sido confiscados de manera permanente por la policía”.

Es, precisamente, en aquella desgraciada Europa, llamada “del Este”, donde se implantaría cruel e implacablemente la barbarie del comunismo siguiendo el frío y tenebroso manual diseñado por los teóricos de La Komintern (Internacional Comunista), un organismo dedicado a derrocar los regímenes capitalistas según las directrices leninistas y que, como describiera el historiador Richard Pipes, constituyó entonces una declaración de guerra a todos los Gobiernos existentes. Con asombrosa nitidez describe Anne Applebaum en su libro Tras el telón de acero cómo los nuevos jefes de la Europa del Este crearon una sociedad comunista. Aún sabiendo que lo prioritario era la economía, sin embargo, durante los primeros meses tras la guerra y debido a la fuerte oposición popular, las prioridades fueron políticas: Estado policial, control férreo de la sociedad civil y sometimiento de los medios de comunicación. No hubo revolución económica, sino institucional, y tras ella el Estado se hizo paulatinamente con el control de la economía.

Según la visión marxista, una economía planificada es una forma superior de economía popular en la cual la industria era el futuro, por lo que ésta siempre interesó a los comunistas mucho más que los sectores atrasados como la agricultura, o irrelevantes como el comercio al por menor. El objetivo de la industrialización era también político: cuando todos fueran obreros de la industria, entonces todos apoyarían al comunismo. Mientras, la destrucción de la clase media privaría a la oposición de seguidores y aliados. Por ello, los líderes comunistas sentían aversión hacia los pequeños negocios. La producción a pequeña escala, decían, engendra burguesía y capitalismo. Aquellas economías comunistas crecieron después de la guerra porque empezaban de cero, pero pronto quedaron rezagadas con respecto a las de la Europa libre. Nunca lograron, si quiera, alcanzarlas.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 11 de abril de 2021. https://www.elimparcial.es/noticia/224171/opinion/lecturas-jurasicas-i.html

La Doctrina Socia de la Iglesia, ¿una tercera vía?

En etapas pasadas, incluso desde dentro de la propia familia cristiana, se ha llegado a insinuar que la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) podría erigirse en el mismo plano de igualdad que las dos grandes ideologías políticas más extendidas en el mundo: el liberalismo y el marxismo. En esta dinámica errónea y perversa de equiparar y hacer competir a la DSI con los postulados de Adam Smith y de Carlos Marx, se ha llegado a catalogar las enseñanzas sociales de la Iglesia ante la cambiante realidad histórica como una especie de tercera vía. Craso error.

La DSI es un instrumento de evangelización que forma parte esencial del mensaje cristiano, lo que permite considerarla como una consecuencia de la fe y como un modo de ser, el modo como los cristianos vivimos y actuamos en el mundo. Por ello, se trata de algo muy distinto a las ideologías, y en ningún caso presenta una esencia o naturaleza política, de forma que no puede ser considerada como una tercera vía entre la ideología liberal y la socialista. Así, lo sostiene Juan Pablo II en la Encíclica Sollicitudo rei socialis: “la Doctrina Social de la Iglesia no es una tercera vía, sino otro género de cosa, teología, y teología moral”. Posteriormente, en Centesimus annus, el Papa afirma: “la fe cristiana, que no es ideología, no pretende encuadrar en un rígido esquema la cambiante realidad sociopolítica; y reconoce que la vida humana se desarrolla en la historia en condiciones diversas y no perfectas”. Y añade: “La Iglesia respeta la autonomía legítima del orden democrático; pero no posee título alguno para expresar preferencias por una u otra solución institucional o constitucional”

Cosa muy diferente es, que al ser la DSI una enseñanza práctica para la vida, una norma rectora del comportamiento, que puede actuar como auténtico motor de impulso para la acción dotándose de una naturaleza operativa. De este modo, puede proporcionar soluciones justas a los problemas derivados de la cuestión social. Estas circunstancias han provocado que la DSI haya servido de fuente inspiradora para ciertas iniciativas ideológicas superadoras de las imperfecciones y excesos del capitalismo liberal y del socialismo marxista. Es el caso de la fórmula de síntesis política aplicada en la Alemania de Konrad Adenauer y de Ludwig Ehard, los artífices del milagro alemán. Dicha fórmula consistió en conjugar, con la habilidad propia de estos brillantes personajes, las ideas liberales con grandes dosis de sensibilidad social, es decir, liberalismo y humanismo, dando lugar a la economía social de mercado. El teórico más notable de esta corriente fue, sin duda, Muller-Armack, que retomó las tesis del pensador católico alemán Guillermo Röpke, quien también postuló un humanismo económico con un evidente influjo de la DSI, sustentada, por aquél entonces, por la Unión Cristianodemócrata del Canciller Adenauer.

En cuanto al fenómeno de la tercera vía, experimentó cierta vigor auspiciado por dos políticos europeos, Tony Blair y Gerhard Schröeder, que hicieron ondear su bandera, al mismo tiempo que arrojaban el lastre de la tradición socialista. Con ideas innovadoras intentaron diferenciar su política de “nuevo laborismo”, de “renovada izquierda progresista” y de “nuevo centro”, de los modelos propios de la vieja izquierda y de la nueva derecha. Postularon que su ideología era una unión de las tradiciones socialista y liberal, una fusión de la justicia social con la libertad individual en una economía de mercado. Insuflaron un nuevo aire a las apolilladas ideas laboristas y socialdemócratas con el fin de hacerlas más atractivas, sin embargo, las vistieron de ropajes tan propios del pensamiento liberal, que aunque el izquierdismo se vista de seda, liberalismo se queda. En todo caso, y para desilusión de Blair y Schröeder, el intelectual Ralph Dahrendorf en su obra Reflexiones sobre la Revolución en Europa afirmaba que “la tercera vía o vía intermedia, no existe, es una utopía porque, en teoría, pretende ser una mezcla de logros socialistas y oportunidades liberales”; el propio Dahrendorf se pregunta «Qué logros ha tenido el socialismo, su respuesta es contundente: ninguno. La tercera vía no puede contener ingredientes socialistas, ya que el socialismo y todas sus variantes han muerto».  

Por el contrario, lo que hoy goza de una enorme vitalidad y mantiene intacta su vigencia son los tres principios básicos sobre los que se asienta la DSI: la solidaridad, la subsidiariedad y el respeto a la dignidad humana.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el El Rotativo el 15 de octubre de 2005.

Manual de rescate

En la biblioteca del viejo castillo de Lebus se palpaba la honda preocupación impresa en aquellos cuatro rostros. Comprensible porque el enfermo presentaba síntomas graves. El americano fue el primero en hablar: “La economía no levanta cabeza y los confinamientos hacen la remontada imposible. La alarma se extiende entre los inversores. Hay razones para pensar que con el colapso económico en el horizonte China estará frotándose las manos. Otro Estado comprado a buen precio. Si ustedes, los europeos, no paran este disparate los daños serán irreversibles. Aunque ya no aspiramos a ser el gendarme del mundo, sin embargo nos preocupa la conexión de algunos dirigentes con tiranías como Irán y Venezuela; tanto nuestros agentes como los del Mossad llevan tiempo atentos”.

Seguidamente, tomó la palabra el representante de Francia. “El problema económico podría agravarse con el factor ideológico. El riesgo de un cambio de régimen con el socavamiento y desprestigio de instituciones básicas y con medidas de dudosa constitucionalidad, unido al peligro de desmembración del país pueden provocar una situación devastadora. Esto no se parece a aquella temeraria aventura de Grecia; allí se engendró solo resentimiento contra la Unión Europea, pero no se afiló el odio entre la propia ciudadanía ni entre los territorios, como está ocurriendo en España con ciertas políticas corrosivas y disolventes. Ni nosotros, ni la OTAN ni siquiera el mundo libre, pueden permitirse una España en los umbrales del totalitarismo que va resbalándose por una senda peligrosa hacia el precipicio de la división territorial, en caso de satisfacerse las ansias de los movimientos secesionistas”.

Con su habitual flema británica, el inglés replicó: “Dudo que los socialcomunistas permitan una Cataluña o un País Vasco independientes. ¿Es que ustedes no recuerdan la dictadura de Tito y su férreo control sobre aquel avispero de aspiraciones separatistas que era Yugoslavia? Además, ¿creen ustedes que los comunistas españoles van a permitir que decadentes burgueses de Pedralbes o estirados meapilas de Neguri controlen las zonas industriales y estratégicas de dichas regiones? Parecen aliados hoy. Mañana serían implacables enemigos”.

“Conoce usted muy bien a los españoles”, interrumpió el francés. “No. Conozco muy bien a los comunistas”, matizó el británico. “Y le diré más, me importa un bledo cómo organicen los españoles su casa; y hasta me resulta indiferente un Gobierno como el actual, presto al desquite guerracivilista y obsesionado con la revancha. No soy partidario de entrar en interioridades. Pero ya saben ustedes que nosotros, los británicos, forjamos imperios con criterios mercantiles. Consideramos la economía como la primera fuerza que mueve el mundo y siempre fue global. Con ese Gobierno socialcomunista tenemos, sin duda, un problema económico, no ideológico. ¿Es que no hay personas serias y de recto juicio en la izquierda española? Todos los pueblos han conocido a su vez, éxitos y reveses. En la manera que tienen de reaccionar es donde se muestran débiles o grandes. ¿Dónde está la inteligente sagacidad latina?

“Señores, España padece un problema económico, un problema social y un problema político”, dijo la única mujer presente, alemana por más señas, mientras depositaba un maletín metálico encima de la gran mesa de caoba que albergaba la reunión. “En mi opinión debemos aplicar la solución ya. Hay que desempolvar el manual de rescate. Europa sin Alemania no hubiera sido Europa. Europa sin España no es Europa. Al igual que sus respectivos países contribuyeron hace ahora setenta y cinco años a que la Alemania nazi perdiera la guerra ayudándonos luego a ganar la paz y librando a media Alemania del yugo soviético, hoy debemos impedir el hundimiento de España a manos de la demagogia socialcomunista y su posterior conquista económica por China”. La mujer prosiguió con gesto contundente: “Además, mi país tiene 40.000 millones de euros invertidos en España y no permitiremos que una incompetente gestión malogre nuestros intereses. Les digo más, mi sexto sentido me dice que no hay incompetencia sino perversión. Y yo jamás doy limosna a un mendigo para gastárselo en vicios. Y menos a un psicópata. La falta de escrúpulos tiene un límite cuando enfrente existe quien sabe contestar y está decidido a hacerlo. Si aspiramos a regir Europa o el mundo en torno a la mesa de una conferencia discutiendo los destinos de la humanidad y el porvenir de los pueblos no podemos permanecer ajenos a una tragedia. Y creo firmemente que sin negar protección y bienestar a un pueblo entero, hay que exigir cuentas a ciertos individuos”. “Estamos con usted, señora Canciller”, dijeron al unísono los tres hombres. Afuera amanecía y el cielo presentaba tonalidades naranjas y amarillentas que se reflejaban en las cristalinas aguas del Oder.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 18 de octubre de 2020. https://www.elimparcial.es/noticia/217962/opinion/manual-de-rescate.html

Madrid libre

A los pocos días de las decisivas elecciones celebradas en Italia en 1948, saldadas con el apabullante triunfo de la democracia cristiana y una considerable derrota de socialistas y comunistas, un diario de Milán publicaba este anuncio: “Se ha escapado un loro que acostumbra a gritar ¡Viva Stalin! El abajo firmante no participa en grado alguno de las ideas políticas del loro. Mario Faustino. Vía Cavour, 27”. Ante aquél aluvión de votos, Attilio Piccioni, Secretario político del Partido Demócrata Cristiano, exteriorizó su gratísima sorpresa: “Deseábamos que lloviese pero no pensamos que granizase”.

En Madrid ha llovido y granizado a gusto de Ayuso. Y aún sin playa, Madrid es tierra de libertad como lo fueron las playas de Normandía en 1944. El gran derrotado ha sido el sanchismo. No Gabilondo, que no ha podido ser voz cuando era eco, sino Sánchez, doblemente derrotado; primero, porque vio frustrado el intento de moción de censura urdida con Ciudadanos para desbancar al PP. Segundo, porque ha perdido la condición de primer partido en Madrid. Junto a Sánchez, caen derrotados Tezanos, el trapisonda, el progresismo frentepopulista, jaleado por Iglesias, quien diciéndose de izquierdas, vive como un burgués, y es insuperable en agitar disturbios. Y, por supuesto, Arrimadas, que lleva tiempo extraviada en el país de las maravillas.

En política no basta con ser transparente, también hay que ser eficiente y valiente. Y Ayuso lo ha sido en beneficio de la ciudadanía. No ha dejado atrás a nadie, a diferencia del Gobierno de coalición en su nefasta gestión de la pandemia. Y con sus decididas y audaces medidas, la líder del PP ha ayudado y convencido a sus votantes. Se ha revuelto contra esa impostora altivez de un progresismo endiosado de superioridad intelectual y moral que no tolera al rival, desprendiéndose, al mismo tiempo, del habitual complejo de la derecha para disputarle a la izquierda la hegemonía del espacio público de las ideas. Por ello, la aversión del sanchismo hacia ella es tan descomunal como su ineficacia para resolver los problemas de los españoles.

Porque ese progresismo que malgobierna España no se ha detenido un solo día en su labor metódica de acoso y derribo de las instituciones, las tradiciones, las costumbres y las creencias. Ese progresismo, convertido en ideología al crear la izquierda coaliciones de víctimas, ha sustituido la desvencijada táctica marxista de la lucha de clases por un confuso amasijo de banderas como el multiculturalismo, el antirracismo, el feminismo, los derechos de los homosexuales, la ideología de género, el ecologismo, el animalismo o la memoria histórica. Y claro, con tantos ismos, se olvidan de lo esencial: del trabajador, del autónomo, de los desempleados, del hambriento y hasta de los muertos.

Ayuso ha sabido retratar a esa izquierda progre emperrada en destruir la idea de que el hombre es un ser libre y, si además, puede prosperar por sí mismo, eso ya es letal para el progresismo, obsesionado todavía con la ocurrencia infumable de que solo la colectividad produce prosperidad. En Madrid no, porque es libre.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 4 de mayo de 2021. https://www.elimparcial.es/noticia/225209/opinion/madrid-libre.html

¿Derecho a morir?

Moribundas estaban Plus Ultra, Abengoa y Duro Felguera cuando el Gobierno, en vez de aplicarles directamente la eutanasia, las revive con el estratégico pan para hoy y hambre para mañana de este progresismo blandengue que pretende eliminar el sufrimiento humano porque es antinatural. Ya puestos, eliminemos también la natural muerte a secas, sustituyéndola por una artificiosa muerte dulce. El Estado azucarero poniendo dulzura a la amargura de la muerte y animando a morir dulcemente.

La eutanasia es provocar intencionadamente la muerte de una persona, ya sea por compasión o piedad, evitando que el enfermo sufra, por eugenismo, eliminando a seres con taras y enfermedades, o por eficiencia presupuestaria, ahorrando el gasto sanitario superfluo. La Ley española dice recoger el supuesto compasivo. Pero una vez abierta una puerta, por ella entra todo. Deliberadamente, la reciente ley de eutanasia mete en el mismo saco al encarnizamiento terapeútico y a los cuidados paliativos. Aquél es un error de la medicina, que lleva a sus últimas consecuencias el principio de que la muerte es un fracaso, debiendo retrasarse el desenlace a toda costa. Es una terapia que ni sana ni reconforta al enfermo incurable que sufre grandes padecimientos. Por contra, los cuidados paliativos tratan el dolor, no al enfermo. Tratan los síntomas, prescriben fármacos analgésicos, y, lo más importante, dan apoyo psicológico o simplemente calor humano al paciente terminal. Por el que aún se puede hacer mucho y bien. La Ley no acepta el encarnizamiento terapeútico y acepta con la boca pequeña la medicina paliativa, a pesar de la eficacia de ésta en la fase terminal de una enfermedad irreversible. Pero cuando la vida se dirige a su final son los cuidados paliativos la solución. No el encarnizamiento terapeútico. Menos aún, la eutanasia.

Con la Ley, el médico, defensor y cuidador de la vida, queda degradado a mero asistente al suicidio, simple controlador del proceso y, quién sabe si, eficiente fiscalizador del gasto sanitario. Al ser el paciente quien decide y dispone la acción letal, el médico simplemente extingue la vida, da las instrucciones para matarse o supervisa el procedimiento para que ocurra sin dolor y sin fallos. El legislador quiere que todo sea muy profesional, nada aficionado. Por supuesto, que la intervención médica supervisa que se respete el antojo del yo o del familiar. Resultará difícil demostrar ese antojo de muerte. Hay días en que uno no está para nada, deprimido y queriendo morir. Una petición de muerte puede ser fruto de desesperada angustia y no de serena y verdadera elección. ¿Qué hacemos con quienes, sin padecer una patología letal y agresiva, permanecen “sepultados” en vida y también pretenden irse? ¿Que se vayan? La muerte es el único asunto humano que no tiene vuelta atrás.

Provocar la muerte de alguien no es ayudarle a que muera digna ni dulcemente. Es pura barbarie. Ingenuos y malvados se abrazan alborozados: ya hay derecho a morir. Sin ley que lo autorizara, quitarse la vida estaba mal visto. Con la ley, uno puede ya matarse tan ricamente. Además, como es la voluntad del paciente, quien terco y tozudo decide su muerte, uno puede cargarse al abuelo y volver del hospital casi tan satisfecho como quien vuelve de echar de comer a las gallinas. También los nazis aprobaron su ley de eutanasia. Reprochaban a la Iglesia que el concepto de la caridad cristiana, al propugnar el cuidado de los físicamente débiles e inválidos, provocaba la degeneración nacional.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 21 de marzo de 2021. https://www.elimparcial.es/noticia/223345/opinion/derecho-a-morir.html