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Líderes

En España no hay líderes políticos. Nuestra política es menuda, de visión corta y horizontes partidistas. Es más una política de especulación y propaganda que de acción con buenas obras y bien hechas. Es confusión en los principios teóricos y descalabro en los fines prácticos. Además, nuestra política usa máscara. Algunos políticos pasan bruscamente del fanfarroneo al disimulo y siembran de contradicciones la vida pública; otros, como aventajados oportunistas, hacen promesas al electorado de imposible realización, por no hablar de aquellos que tratan las cuestiones de la gobernación con tanto más ardor y desenfado cuanto mayor es su incompetencia. El deber político es un deber de conciencia y ésta se halla hoy ausente en la administración del poder. Así, no puede haber liderazgos. Tampoco hay una política grande, verdadera y profunda, pedagógica y fecunda. El resultado es raquítico: postergación del gobernado y olvido de las conveniencias superiores del interés general. Nuestros gobernantes padecen una tremenda crisis de autoridad moral y de prestigio rector, consecuencia inmediata del inconsistente conglomerado de intereses parciales que domina entre ellos.

El liderazgo no es brillantez, sino transparencia, verdad. Clement Atlee, Primer Ministro británico del siglo pasado, era un hombre gris. Pocos hombres menos brillantes que el jefe del laborismo conoció Inglaterra en el curso de su historia política. Tenía fama de hombres discreto, pero eminentemente aburrido, de orador pesado y de parlamentario tosco. En el campo de la oratoria sobresalió fundamentalmente por la pobreza de su léxico y por su voz desagradable. No era de extrañar por ello que no fuera muy escuchado en sus discursos y conferencias. El mismo lo sabía. En un famoso discurso que pronunció por radio en momentos trascendentales para Inglaterra, el dirigente laborista empezó su intervención con estas palabras: No cerrar el receptor a pesar de que hayáis reconocido mi voz, porque tengo algo muy importante que deciros. Atlee no era brillante, pero fue moralmente auténtico.

El drama de España es que hoy no tiene referente moral alguno en el ámbito de la gestión pública. Fuera de la política hay más liderazgo que dentro. Un maestro rural, un sacerdote de parroquia, un catedrático de Universidad o un popular literato contribuyen más a la formación de un estado de robusta opinión y ejercen más influencia social que todos los políticos juntos. Jaume Vives, Arturo Pérez-Reverte o Bertín Osborne, por ejemplo, cuentan hoy con más reconocimiento y aval de la opinión pública que cualquiera de los dirigentes de los partidos políticos. Lo que les otorga ese título es, precisamente, su carácter sincero y subversivo a la vez, que les lleva a pensar por cuenta propia y a atreverse a decir lo que piensan. En momentos de blandenguería relativista como los que imperan, todo aquél osado que se rebele contra la dictadura del pensamiento único o la tiranía de lo políticamente correcto es un líder. Por momentos, las sociedades necesitan de perfiles que sepan con fundamento hallar la solución que se busca, la orientación más oportuna y la mejor consigna.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 4 de marzo de 2018. https://www.elimparcial.es/noticia/187392/lideres.html

No es no

¿Por qué España tiene tan excelentes deportistas y tan nefastos políticos? Porque en el deporte se practica el juego limpio. Además, como decía Ortega y Gasset, quien analizó con profundidad los conceptos de trabajo y deporte en El tema de nuestro tiempo, un deportista no es un trabajador o un comerciante del deporte.

Cuando en 2016 Mariano Rajoy pretendía formar Gobierno con la abstención de los diputados socialistas en la investidura, Pedro Sánchez, un tratante en política, respondía testaruda y lacónicamente: “No es no”, alegando que el dirigente del PP quería sumar escaños para perpetuarse. Hoy Sánchez está necesitado de escaños para su investidura y pide al PP y a Ciudadanos que se abstengan. No carece de memoria, sino de coherencia. No es justo pedir a los demás aquello que tú no estás dispuesto a darles. Pero Sánchez siempre ha sido así de egoísta…y de incoherente.  

Desgraciadamente, el nacionalismo separatista sigue siendo el termómetro que mide la temperatura nacional. A pesar de los diez meses de la presidencia de Sánchez, el separatismo continúa condicionando la vida política del país. El socialista está atrapado entre dos fuegos: su egoísmo y el separatismo. Alguien debería decirle que de los separatistas hay que esperarlo todo y temer lo peor. Y que en política no se puede permanecer con la ambición de servirse a sí mismo, porque eso no es honestidad, sino corrupción. Pero tiene tantas ganas de seguir siendo presidente que hasta con impertinente chulería ha acuñado una frase que deja un gran titular: “O gobierna el PSOE o gobierna el PSOE”. Hay políticos que tienen el don de concentrar la mayor cantidad de palabras en la mínima cantidad de pensamiento. Y otros, viceversa. Sánchez es de los segundos. La frase tiene mucha miga. “Es un escritor de mucha miga”, dijo Rubén Darío de Pío Baroja, con quien tuvo una agria polémica literaria. El nicaragüense se burlaba así de los años en que Baroja regentó una panadería. El escritor vasco espetó al centroamericano: Algunos tras cruzar el charco siguen llevando plumas.  

Intentar huir de uno mismo es hacer el indio. Nadie puede lograrlo. Ni siquiera Sánchez, a pesar de sus intentos. Se puede despreciar a nuestros semejantes, pero nunca se puede escapar de uno mismo. Hay personas que juzgan con demasiada severidad a los demás y son, en cambio, benévolas consigo mismo. Son intransigentes con sus semejantes y tolerantes con sus propios defectos, que no quieren reconocer. Sánchez debería descubrir sus propias imperfecciones y las del prójimo después. Así le desaparecería muy pronto la paja en el ojo ajeno y se conocería mejor a sí mismo. “Conócete a ti mismo” era la inscripción que presidía el Templo de Apolo en Delfos. De la autocrítica surge el respeto hacia uno mismo, que es lo contrario de la vanidad y del orgullo, nada tiene que ver con la falsa modestia, que es humildad disfrazada de arrogancia. Hoy, día de Pentecostés, ojala que la clase política reciba algo de luz. ¡Cuánto bien harían!

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 9 de junio de 2019. https://www.elimparcial.es/noticia/202134/no-es-no.html

El sacrificio de la educación

Educar cuesta. Esfuerzo y dinero. Dedicación y entrega en quien enseña y en quien aprende; gastos y recursos a cargo del erario público, de la iniciativa privada y, por supuesto, de las economías domésticas y familiares. Sí, la educación entraña sacrificios. Desde que un hijo llega al mundo, el fin principal de los padres es procurarle una buena educación. A ese logro, los progenitores dirigen sin excusas ni perdón todas sus energías, convencidos de que es la educación, más que la naturaleza, la causa de la gran diferencia que se advierte en los caracteres y conductas humanas.

El progreso educativo implica un trabajo constante por parte de quien pretende avanzar con diligencia y esmero. Aprender es una actividad grata y de resultados igualmente gratos, pero es, a la vez, una tarea costosa y voluntariosa por su perseverancia y tenacidad. Un estudiante sacrifica el descanso o la diversión en aras del estudio. Pero cuando obtiene el jugoso fruto de su esfuerzo se ve compensado de sus renuncias y desvelos y recompensado por su tesón y empeño. Se convierte, así, en un alumno aventajado, objeto de un merecido reconocimiento; en un estudiante brillante que goza de calificaciones notables y sobresalientes.

Pero la buena educación no es solo ser un “grande” dentro del aula, entre pupitres y pizarras; Exige también ser grande fuera de ella, en el patio escolar, en las pistas deportivas; en suma, en el exterior de la escuela, en la calle. Y ser de los grandes es un don de Dios que no debe subirse a la cabeza, sino más bien impulsar a la modestia y a la virtud. Recientemente, ha saltado a los medios de comunicación la insólita noticia protagonizada por el director de un colegio madrileño que decidió retirar de la competición a su propio equipo de baloncesto porque los integrantes de éste insultaron y menospreciaron a través de las redes sociales a sus rivales, tras haberlos derrotado. Inmensa y admirable lección de respeto y humildad la que recibieron los colegiales a cambio de ver sacrificadas sus expectativas de triunfo en el campeonato. Una enseñanza obtenida, no precisamente sobre las clásicas disciplinas que se imparten en las aulas, sino sobre excelsos valores y virtudes señeras. Una notable victoria del sentido común. Porque el verdadero fracaso no es la derrota sino el no saber ganar.   

Fuente gráfica: Félix Buosoño.

De EGB a LGTB

Si existen piscifactorías en las que se adiestra al cangrejo, que siendo crustáceo lo ignora, a conocer su identidad, ¿debe el Estado ayudar a niños y niñas a descubrir su identidad sexual? ¿Pueden estar los cangrejos mejor atendidos y más organizados que nuestros hijos? Vivimos un mundo sin certezas y esa incertidumbre nos corroe. En este sinvivir, la ideología sobre las certezas esenciales, la verdad objetiva, el sistema de valores culturales y la realidad espiritual superior a la materia determinan de un modo fatal, insoslayable y automático las revoluciones sociales y los cambios políticos. Luego, en el principio de todo está la ideología. Por mucho que el ginecólogo o comadrona cataloguen al nacido por su sexo, siempre estamos expuestos a que el ideólogo del Género manipule la evidencia haciéndonos comulgar con ruedas de molino. Y así como sin quererlo, nos instala en una duda desesperada: ¿Era Madame Curie un tío? ¿Fue Jorge Negrete una mujer?

Gran paso fue abandonar la EGB e ir hacia la LOGSE. De por medio se practicó tiro al blanco contra la enseñanza de la religión. Tiran piedras laicas contra el Catecismo, decían los prelados. De la clase de religión se pasó a la de instrucción sexual. Con esta novedad, el objetivo de los pedagogos era impedir que los niños supieran cómo fue creado el primer hombre. Por el contrario, no tuvieron inconveniente en que se enteraran a temprana edad de la forma en que se hizo el segundo. Aún así, la cosa estaba clara. Eugenio D´Ors, tras dictar un texto a su secretaria, le preguntó: Señorita ¿Está claro? Clarísimo maestro, respondió ella. Pues a oscurecerlo señorita, a oscurecerlo, propuso el escritor. La LGTB oscurece el panorama en demasía. Sus predicadores dicen orientar a unos pocos, pero desorientan perturbadoramente a la mayoría desdibujando límites y diferencias siempre patentes. Todo lo que resulte confuso nos sirve para la causa revolucionaria y subversiva, decían los sans-culottes antes de asaltar la Bastilla. A río revuelto, ganancia de pescadores. Hay negocios que se montan excitando instintos, provocando pasiones o fomentando la necedad.

La nueva modalidad ideológica, que pretende colarse como pedagógica, anuncia la existencia de niños con vulva y niñas con pene. Ser del Betis y del Sevilla a un tiempo. Si ha de garantizarse la igualdad de unas personas protegiéndolas ante actos discriminatorios y humillantes contra su dignidad, que ello no vulnere libertades y derechos de otras. No se debe prescindir de la familia en la educación de los hijos porque los padres tenemos el derecho a educarlos y formarlos de acuerdo con nuestras convicciones morales. Las cuestiones de conciencia deben ser explicadas e informadas a conciencia por los padres. No por comisarios ideológicos que comienzan por negar el derecho de aquéllos a la educación de sus hijos para acabar abriendo las puertas al caos, aireando gérmenes disolventes en la sociedad. De sistemas educativos ideologizados pasamos a ideologías educativas. Vuelve el adoctrinamiento. Vamos para atrás. Como el cangrejo, que es crustáceo y no lo sabe.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 15 de enero de 2017 https://www.elimparcial.es/noticia/173627/opinion/de-egb-a-lgtb.html

Coraje y corazón

CORAJE Y CORAZÓN.

Uno no distingue con nitidez cuándo decidió unir su destino a los colores rojiblancos. Como si de un chispazo en la memoria se tratara, ésta alcanza a vislumbrar la imagen en blanco y negro de una portada del diario “As” con la fotografía de una afición envuelta en banderas, bajo la leyenda Alirón, Atleti campeón. Sí resulta inolvidable aquella atmósfera tan diáfana e inocente como la que suele rodear a la primera novia o envolver al primer  hijo.

En terrenos deportivos se escucha el eco de lo importante es participar. Sin embargo, esa cultura finalista del éxito que ha acabado por imponerse empuja con insistencia a fijarse más en el resultado definitivo que en el trabajo para alcanzarlo. Y frente a quien cree que lo importante del árbol es el fruto, otros, sin embargo, perseveramos en la creencia de que es la semilla.

Los trofeos importa merecerlos tanto como ganarlos. Un resultado adverso será una contrariedad. Nunca un fracaso. Nosotros nos hemos doctorado en una escuela que sabe contemplarlo sin la menor amargura, con firmeza en nuestra fe y saludando con respeto y admiración la lucha infatigable y el sincero compañerismo de quienes cayeron en el envite. En verdad, lo percibimos y nos satisface como una victoria.

Más difícil que ganar o perder, resulta en el deporte saber digerir el triunfo o la derrota. Puede leerse en El Quijote: Llaneza muchacho, no te encumbres. Formidable valor, tanto ejemplar como formativo, cuando la vida está repleta de altibajos. Hoy todavía puede creerse en medio de la incredulidad y el pesimismo. Algo inaprensible, silencioso, potente… que anuda la garganta y estremece el cuerpo… es la insólita presencia de coraje y corazón.

La auctoritas de la educación

El maestro es la clave del arco del sistema educativo. Este se derrumba si la figura del maestro se debilita. La piedra angular del aula se está agrietando y amenaza ruina. Su solidez, su autoridad, su dignidad como docente se está perdiendo. Cuando falta el buen profesor, difícilmente sobresalen los buenos alumnos. El buen profesor no es aquél que sabe mucho, sino aquél que sabe enseñar y, además, lo hace contagiando en el alumno la pasión por aprender y la curiosidad por saber.

Hay quienes sostienen que la falta de autoridad en la escuela tiene origen en la falta de autoridad en el hogar y en la familia. Massimo Recalcati, autor de La hora de clase (Editorial Anagrama), explica que el pacto generacional entre docentes y padres se ha roto. El maestro como extensión de la paternidad en el aula suponía una soldadura de la alianza entre generaciones. Hoy, los padres se han aliado con los hijos y han abdicado de sus responsabilidades como padres. Son los profesores, quienes a veces humillados y en la soledad más absoluta, están haciendo de padres de los alumnos. La nueva alianza entre padres e hijos desactiva, según Recalcati, toda función educativa por parte de los adultos, que en vez de apoyar el trabajo del profesorado, se han convertido en sindicalistas de sus propios hijos. Con el fin de asegurar a éstos una vida sin traumas, fácil y exitosa, los padres exigen la abolición del obstáculo y de la dificultad que ponen a prueba a sus hijos. Denuncian la carga excesiva de deberes, culpan a los profesores de los fallos de los alumnos y ven en las sanciones e, incluso, en los suspensos ramalazos de autoritarismo, justificando su reclamación ante el claustro. Los padres, absorbidos por un falso igualitarismo, se confunden con sus hijos y acaban por aislar al cuerpo docente.

Hubo un tiempo en que se hacía el silencio en clase cuando un profesor asomaba por la puerta. La auctoritas de la educación se está disolviendo. Hoy no se tolera el fracaso como tampoco se tolera el pensamiento crítico. El uso masivo de la tecnología permite sin esfuerzo la adquisición de un saber siempre disponible de inmediato. ¿Hay reacción? Sí, la profesora del Instituto sevillano Isidro Arcenegui en Marchena, Eva Romero Valderas, ha dicho que está harta de aguantar la mala educación con la que llegan, cada vez en mayor porcentaje, los niños al Instituto; harta de la falta de consideración hacia su persona cuando entra en las clases, harta del proteccionismo de los padres, que quieren que sus hijos aprueben sin esfuerzo y sin sufrir, harta, en fin, de la falta de valoración del esfuerzo que sí hacen los maestros. Eva, que se llama como la primera mujer de la Humanidad, ha sido la primera profesora en rebelarse públicamente contra el actual estado de la enseñanza. A mí me gusta enseñar y transmitir. Me gusta el trato con los alumnos, los quiero y animo. Me considero un motor social de cambio, una fuerza generatriz. No soy un burro de carga dispuesto a aguantar hasta que reviente. De sus palabras se desprende la auctoritas de la educación.

La educación y el cambio

En los azarosos tiempos que corren la palabra cambio ha adquirido valor de concepto talismán. Revestida con ropajes de ídolo ejerce una aparatosa fascinación sutilmente aprovechada por el universo de la propaganda tanto política como comercial. Cambio es poderosa voz atractiva y cuasi mágica que, enlazada a otra como progreso, pareciera contener la solución a todos los problemas humanos. La innovación es irresistible, el progreso es inevitable y la resistencia es inútil (postulaba The New York Times en un editorial). Pero no es así siempre, ni siquiera casi siempre. Sobre todo cuando se interpreta la novedad como ruptura expeditiva y total sin resquicio alguno para la graduación y la permanencia. Que el cambio y la continuidad no son incompatibles lo expresó con su habitual maestría el medievalista Jacques Le Goff: Los grandes acontecimientos históricos obedecen a una lógica muy singular: la continuidad y el cambio, si no hay continuidad, se fracasa; si no hay cambio, se muere de inanición.

Las sociedades requieren de cambios y transformaciones para progresar materialmente; pero también de principios sólidos de los que nutrirse para crecer moralmente. Principios perdurables, de siempre y en cualquier latitud geográfica: voluntad, tenacidad, esfuerzo y pasión por el buen hacer. Los cambios, antes que en las estructuras y procesos sociales, comienzan con una idea en la mente de una persona: el pionero, el emprendedor, el promotor, el precursor, el avanzado, el adelantado; el que es tachado por casi todos como loco, lunático, chalado, chiflado, grillado… Con el transcurrir del tiempo, la idea deja de ser percibida como ocurrencia y su autor pasa a ser reconocido como inventor, científico, descubridor, innovador, creador. Pronto, la fuerza y la eficacia de la idea se transmiten ampliamente por contagio, que no por adoctrinamiento ni por imposición, para acabar convertida en ancha y universal corriente de pensamiento siendo base propicia para remplazar la duda por la afirmación y alumbrar una renovación histórica. Reconocimiento categórico de que en el origen está la inteligencia y la palabra, y no la acción. Según Indro Montanelli, este tipo de ideas brilla en la mente del hombre una vez cada tres siglos, siendo optimistas. Una idea así, la tuvo Cristóbal Colón, otra Copérnico, una tercera, acaso, Einstein. El italiano coincide con Alexis Carrel: jamás una obra de arte ha sido hecha por un comité de artistas ni un gran descubrimiento por un comité de sabios. La síntesis de que tenemos necesidad para el progreso del conocimiento de nosotros mismos debe elaborarse en un cerebro único.

Hoy quizás hayamos perdido la fe en esos cerebros únicos, en esas ideas claras y fuertemente amartilladas con que resolver los problemas que agobian a la Humanidad. Nunca ha sido más necesaria que en esta hora una educación que espolee el talento y la creatividad con su interesante rebullir de ideas, constantemente en movilidad y expansión, invariablemente generando y agitando el cambio.

Castellano

El idioma español, que un día sirviera para unir pueblos, hoy divide a los españoles. El Gobierno de España, que a través del Instituto Cervantes defiende la difusión del castellano en todo el orbe, no sabe cómo defenderlo en la nación. El PSOE menos aún. Ciudadanos sí parece tenerlo claro. Los independentistas catalanes arrinconan el castellano e imponen el catalán (otra lengua española), a sabiendas de que no es la lengua de Messi, ni de Suárez ni de Coutinho.

Los países latinos siempre tuvieron una mentalidad semejante que nace de análogos sentimientos religiosos, de idiomas del mismo tronco, de parecida concepción de la vida, como brotado todo en la misma fuente de la Roma eterna. Por eso, Europa fue un tiempo Cristiandad. Pero con la Reforma y la Guerra de los Treinta Años se rompió aquella unidad arraizada en valores cristianos. Entonces se inició el culto polimorfista a las nacionalidades, a los sedicentes genios de las razas, a las lenguas, como factor de diferenciación. Siglos más tarde, sacaría provecho de todo eso Molotov, el ministro soviético de Exteriores, un hombre que sabía decir “no” en cincuenta y seis lenguas. Como el insigne Fray Juan de Pineda, archimillonario del idioma. El examen que León Van Vassenhove hizo de la evolución de Suiza demuestra cómo las diferencias geográficas, étnicas y de lengua, que se aducen como obstáculos para la unidad europea, concurren igualmente en la Confederación Helvética. Vassenhove colocaba en su proyecto de Constitución europea al cristianismo como base de la civilización occidental, ya que consideraba indispensable una mínima unidad moral. Hoy los europeos creen más en la Champions League y en Eurovisión que en la propia Unión Europea.

Nosotros, los españoles, que supimos proyectar una comunidad de naciones con nuestros hermanos de ultramar, quizás la más fuerte y flexible de la Historia, sabemos lo importante que es el lazo espiritual del idioma. Rezar a Dios en español sobre las dos orillas del mar de la Hispanidad ha generado con el correr de los años un vínculo familiar entre los pueblos hispánicos, un mismo sentido de la vida y de los valores éticos. Conservamos el sentimiento de servir a un ideal colectivo. Cuentan las crónicas que en diciembre de 1949 partieron de Cádiz rumbo a América Leopoldo Panero, Luis Rosales, Antonio de Zubiaurre, quienes, juntamente con Agustín de Foxá, que había de unírseles en La Habana, constituían la embajada poética que España envió a los países hermanos de aquel continente. Poetas a América. Poetas de América. Común a todos, un espíritu: el espíritu de la lengua de Cervantes. El idioma español debiera ser otra vez la proa verdadera de nuestras misiones de anchura universal. Y para eso nos bastamos cada uno de nosotros como españoles de verdad cuando viajamos por el mundo. Nos sobran el Gobierno y el 155. ¡Ya está bien de pusilanimidad!

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 18 de febrero de 2018. https://www.elimparcial.es/noticia/186886/castellano.html

Educación para elegir

Decía Baltasar Gracián que vivir es saber elegir. Y para ello se necesitan buen gusto y un juicio rectísimo no siendo suficientes el estudio y la inteligencia. Muchos, con su inteligencia rica y sutil, con un juicio riguroso, estudiosos y de cultura amena, se pierden cuando tienen que elegir. Siempre se casan con lo peor, tanto que parecen hacer ostentación de equivocarse. Por ello, saber elegir es uno de los máximos dones del cielo.

Un presupuesto imprescindible de la elección es el orden. Según el catedrático de Psiquiatría, Enrique Rojas, en su libro “5 consejos para potenciar la inteligencia” el orden empieza en la cabeza, y sin él es imposible ser feliz porque quien no sabe lo que quiere, no puede serlo. El orden como herramienta potenciadora de la inteligencia es un sedante, una fuente de placer, y precursor de la armonía en la vida de una persona. En su libro, Rojas distingue muchas inteligencias desde la teórica hasta la práctica, pasando por la analítica, la sintética, la matemática o la emocional, hoy tan actual y debatida, y cuya ausencia, según el escritor, está causando una epidemia de inmaduros sentimentales a los que el compromiso les causa pánico.

La inteligencia emocional como competencia personal está siendo elevada excesivamente a una especie de categoría premium entre las cualidades o habilidades de la persona. Incluso, en el ámbito de la enseñanza se han implantado con cierto afán de supremacía métodos pedagógicos basados en la teoría de Howard Gardner sobre las inteligencias múltiples. Y a buen seguro que la inteligencia emocional es un valioso recurso no sólo en ámbito educativo, sino también en el laboral y, en general, en cualquier experiencia humana. Pero no arrinconemos el valor del conocimiento; no posterguemos el impulso que nos proporcionan la constancia, la voluntad o la disciplina, igualmente necesarias para la educación, para la formación y, en suma, para abordar cualquier reto vital.

Enseñar estimulando la inteligencia emocional o reforzando las inteligencias múltiples aporta beneficios, pero ello no puede hacerse en detrimento de los modelos tradicionales de enseñanza y aprendizaje ni haciendo tabla rasa con la exigencia y el esfuerzo por el saber. Sería como echar a la papelera al genio de Roma o la sabiduría de Atenas por no destilar gotas de novedad en una sociedad tan rabiosamente moderna. Siguiendo la máxima de Gracián, hay que saber elegir lo mejor de la tradición y lo mejor de la vanguardia.  

Educar para innovar

En el post anterior aludíamos a la razón de ser de la educación: formar personas con responsabilidad social, es decir, profesionales expertos, competentes que además sean solidarios al contribuir con su conocimiento y sabiduría al servicio de la comunidad. Tratemos ahora, querido lector, de responder a la pregunta de si nuestro actual sistema educativo estimula suficientemente en los estudiantes su capacidad y su competencia para la innovación creando algo útil o valioso que mejore la vida de los demás.

El sociólogo Manuel Castells explica que en la trayectoria laboral típica de la sociedad postindustrial una persona era preparada para realizar un oficio en el que trabajaría durante el resto de su vida productiva según un horario de 9 a 5. En la nueva economía propiciada por las tecnologías digitales de la información ya no sucede así. El nuevo profesional ha de ser  autoprogramable y debe tener la capacidad para reciclarse y adaptarse a nuevas tareas y nuevos procesos.

El actual modelo de enseñanza en el que los estudiantes son meros receptores del conocimiento transmitido por el profesor debiera dar paso a un modelo más depurado y eficaz que promueva en el alumno una actitud más activa y creativa en el proceso de aprendizaje logrando una mayor sintonía con el profesor. Al mismo tiempo, debe dotarse al sistema con las más avanzadas tecnologías del aprendizaje y del conocimiento (TAC). El resultado será la creación de ecosistemas de aprendizaje continuo, abierto y colaborativo. Y en la cúspide del modelo, las Universidades, centros de alta cultura y de alta ciencia, que debieran constituirse en focos intensos de expansión intelectual y de innovación social.

Nuestros futuros profesionales se formarían, entonces, con más y mejores aptitudes para la innovación y el emprendimiento, respondiendo así a los continuos retos exigidos por el acelerado ritmo de los cambios sociales y económicos. Y, además, con ese compromiso social contraído durante las etapas de su educación, por el cual el fin último del profesional no es la mera obtención de un lucro, sino la satisfacción de generar un gran valor social.  Un sistema educativo así es todo un desafío social y político.