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La educación como principio

Amigo lector: Si me preguntaran qué es la educación respondería que nada mejor para representar su esencia como la imagen de un puente sobre un río.

Aguas abajo discurre la formación del hombre. Un recorrido de adquisición de enseñanzas: saberes y conocimientos;  hábitos y prácticas. Río arriba supone una trayectoria colmada de experiencia. La realización del ser humano, que se sabe forjado a base de aciertos y fracasos, y la ofrece como enseñanza al principiante en travesía descendente. Da lo que uno tiene. Y por encima de la corriente, la útil construcción: el puente, que une, conecta y pone en relación al maestro y al discípulo. La educación es cosa de dos: el que enseña y el que aprende. Y entre ellos una correspondencia: de buen trato, atención y cariño. Testimonio y ejemplo. Imitación y seguimiento.

Muchos de los males que nos aquejan en la hora presente tienen su raíz en la educación. El aire que respiramos es necesario para vivir. Lo mismo es la educación para convivir. Sin aire no hay vida. Sin educación no hay convivencia. Resultará necesario descender y ascender por los ríos y tender y cruzar puentes para la ingente tarea de ordenar nuestra existencia. Porque la educación es el remedio superior, el principio ordenador de las demás obras humanas.

Pedro de la Cal: Adiós a un ceramista universal

El pasado 15 de Octubre fallecía en El Puente del Arzobispo, Pedro De la Cal Rubio, insigne ceramista de nuestra región con proyección internacional. Moría como los grandes artistas, al pie de su obra, un mosaico compuesto por piezas de tonos elegantes y matices austeros. Cuentan que su nieto lo halló tendido sobre su cama vestido y con las zapatillas puestas. Como infinidad de mañanas de Domingo, en las que su establecimiento no cerraba, Pedro debía entregar una de tantas y preciosas piezas de barro que sus ágiles y delicadas manos eran capaces, aún, de crear. Pero esta vez no pudo cumplir fielmente su encargo. El destino se lo llevó a las azules moradas, hacia ese azul puro que, junto al rural verde, conforman los tradicionales colores de la alfarería toledana, en un empeño por mimetizar el discurrir del Tajo entre jaras y tomillos.

La región ha perdido a un hijo ilustre. Su querida patria chica, El Puente del Arzobispo, echa de menos su presencia. Familiares, amigos y vecinos lloran la muerte de este artesano del barro que, a pesar de los reveses de la vida, tuvo vigor para dedicarse a su verdadera afición, con plenitud y gran placer. Fabricar cacharros era para Pedro de la Cal un goce. El alfar era su fiel escudero que le ayudaba a vencer la pena causada por la pérdida de sus seres queridos. El horno de leña árabe, del que nunca quiso prescindir a pesar del avance tecnológico, le proporcionó el calor suficiente para secar sus lágrimas. Su vida transcurrió en una perfecta comunión con la cerámica. Su familia también fueron el barro, los cacharros, los atífles, el baño y los pinceles.

Fue único para lograr colores vivos e intensos con los que vestía a sus piezas de cerámica. En algún lugar de los alrededores de su pueblo, junto a las aguas del Tajo, solía entresacar piedras y cantos poco vistosos que, tras metódico proceso de desgaste, mezclaba con sustancias inimaginables, consiguiendo así tonalidades inéditas. Su misteriosa fórmula permaneció en secreto hasta el final. Este artista toledano ha paseado su obra por los círculos más prestigiosos de la artesanía popular, tanto dentro como fuera de España. Hasta hubo un excéntrico millonario californiano que le propuso llevarle consigo a las soleadas tierras de la costa oeste americana, con su alfar incluido, trasladado piedra por piedra. Una clientela de gran exigencia solía visitar su taller adquiriendo todo tipo de piezas de barro. Son muchas las familias pertenecientes a la aristocracia española y a la clase política nacional que adornan sus mesas con vajillas firmadas por Pedro de la Cal.

Luchó infatigablemente porque la cerámica, expresión de un arte utilitario y popular, alcanzase las más altas cotas. Siempre aprovechó cualquier ocasión para promocionar la artesanía de su pueblo. Llegó a codearse con gentes del teatro, contribuyendo al estreno, de la zarzuela Loza Lozana, obra en tres actos con letra de Federico Romero y Guillermo Fernández Shaw, y música del maestro Jacinto Guerrero, cuya acción transcurre en el patio de un alfar de El Puente del Arzobispo. ¡Cómo influiría en la obra que el dueño del alfar se llamó Pedro Lozano!  

Nos queda su patrimonio artístico de alcance universal. Su nombre permanecerá imborrable en nuestro recuerdo. En su pueblo existe este viejo dicho “De entre todos los oficios, el más antiguo es el del barro, pues Dios fue el primer alfarero y el Hombre su primer cacharro”. Pedro De la Cal ha vuelto con su Creador y ahora su espíritu, lleno de vitalidad y brío, engalana para siempre el firmamento. Descanse en Paz.  

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario ABC / Toledo el 20 de octubre de 2000.

Elecciones y selecciones

España exporta futbolistas pero no políticos. Sean cual sean los equipos finalistas, habrá jugadores españoles en las finales europeas. Por el sabio de Hortaleza, somos potencia balompédica. Carecemos, en cambio, de envergadura política. Sin sabios y sin savia nueva. “España no ha tenido nunca talento político” (José Antonio Marina). “Una mala educación lleva a una mala democracia, que es en la que vivimos” (César Antonio Molina). Dos leyendas del Atleti, Marina y Molina, siempre vistieron zamarras nacionales a pesar de aquella moda de jugar en el Calcio. En Italia, ser político y ser italiano es ser dos veces político. Por la sagacidad y la sutileza del gobernante italiano. Allí, decir “político italiano” es redundancia. Aquí, “político español” empieza a ser contradicción. Pero en Italia cuando un político se frota satisfecho las manos, se cae. No hay tiempo para regodearse.

Llevamos más de un siglo ayunos de políticas de altura y empachados de autocomplacencia. Intentos de Silvela, Maura, Moret y Canalejas, asesinato de éste, disolución de los partidos gobernantes, gobiernos de concentración estériles, asesinato de Dato, quiebra del régimen monárquico con la dictadura de Primo de Rivera, luego una república, que viola su propia legalidad y nos lleva a la guerra civil y al régimen de Franco. Solo en la Transición logramos mantenernos por encima del oleaje de la mediocridad. Ahora, nuestros políticos con su visión corta y de horizontes partidistas han sucumbido incapaces de gobernarnos y gobernarse a sí mismos. Elecciones como callejón con salida a otro que quizás no la tenga. Nuestra democracia es de bolsillo. La de Joaquín Costa era de calzón corto. Con la pérdida del Imperio, el fútbol español, de calzón largo, sobresale con poderío en la olimpiada de Amberes. Es la furia española ¡A mí Sabino que les arrollo! ¡A mí Garzón, que arrollamos al PSOE! se desgañita Iglesias, que quiere también llevarse por delante al periodismo libre. Incluido el reporterismo gráfico a pie de campo, más expuesto al balonazo de Gramsci. Quien se lleva un puntapié es Sánchez. Con dificultades para conformar su selección. Algunas figuras renuncian a integrar la lista. El mismo puede quedarse fuera del equipo. Como España, con aquella maldición con los cuartos (de final, no de fin de año), Sánchez puede otra vez quedarse cuarto en Madrid y ser cuarto en la liga nacional. La extrema izquierda daría la campanada. Sería el fin de la selección de Ferraz, hecha unos zorros, como el combinado de Malta cuando el 12 a 1 en Sevilla. ¡Cómo aplaudiría Díaz desde San Telmo! La selección española podría confeccionarse a partir de dos equipos con sistemas de juego parecidos. Fútbol de centrocampismo puro, sin abusar de extremos y colgando balones al área. Con nadar y guardar la ropa sería suficiente. Salvo que el juez decrete penalti y expulsión. Pero para competir, la furia no basta. Nos sigue faltando ambición nacional.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial del 1 de mayo de 2016. https://www.elimparcial.es/noticia/164412/opinion/elecciones-y-selecciones.html

Chaqueteros

En tiempos de la II República, se celebraba en el Congreso una reunión de una numerosa minoría, en la que abundaban diputados bastante alérgicos a la etiqueta social. Uno de ellos, quejándose del calor, se dirigió al presidente: ¿Nos podemos quitar las chaquetas, señor presidente? El viejo político que presidía la reunión miró filosóficamente a los reunidos por encima de sus gafas y respondió sonriente: Cada uno la suya, sí. Como no fue posible el cambio de chaqueta, aquella fue la última vez que en España se paró en seco a la socialdemocracia. En la guerra civil, las Brigadas Internacionales, sucursal itinerante del infierno soviético en la Tierra, intentaron parar a la socialdemocracia orgánica mediante una pancarta que decía No pasarán (es lo único que durante mucho tiempo los rusos supieron decir en español). Fracasaron y así pudieron aplicarse en España políticas socialdemócratas dirigidas desde los Ministerios de Fernández Cuesta, con los pueblos de colonización, Girón, con la vivienda, y Solís, con el trabajo y las universidades laborales. Había entonces preocupación por lo zosiá, decía Solís, la sonrisa del régimen, diferente al social cristiano alemán Adenauer, el hombre que no sonreía nunca pero que logró pulir, con ayuda del picapedrero Erhard, el diamante de la socialmercadocracia. Y de milagro, Alemania sonrió.

Los primeros en rebelarse contra las políticas zosiales de Franco fueron catalanes y vascos por no querer compartir con el resto de los españoles las industrias con que el generalísimo agració sus territorios. Esa obsesión por no compartir (a destiempo hoy con tantas redes zosiales), llevó a los catalanes del Barça a renunciar a Di Stefano, cuando los estamentos futbolísticos del franquismo decidieron salomónicamente que la saeta rubia jugara intermitentemente una temporada de blanco, otra de azulgrana. Pensaron los barcelonistas que si se negaban, Franco, al igual que Salomón, se apiadaría, y ellos obtendrían al rubio mocetón sin compartirlo, como las industrias. Lo que vino fue el desconsuelo culé: Una serie de cinco CopasUropa de corrido para Chamartín.En esto, llegó Felipe González, socialdemócrata del Frente de Juventudes, más continuista que aperturista. De no ser por el Flik de los maletines y el Flok de los GAL, nos habría acaudillado también cuarenta años (en Andalucía van camino de ello), pero su intento hizo aguas. La socialdemocracia de Rumasa pa´l pueblo fue un sí pero no, inverso al no pero sí a la OTAN. Sale ahora el artista Pablo Iglesias enfundado en la chaqueta socialdemócrata, prenda reversible y muy de quita y pon. Eso en la Guerra fría era rebelarse contra la estricta obediencia moscovita. Un verso suelto emulando, en aquel bloque del Pacto de Varsovia, a la Yugoslavia de Tito. Tito Mora componía canciones y Tito Iglesias recompone ideologías. Como a Stalin en la Gran Guerra Patriótica, a Iglesias también le ha dado por salvar a la patria sorpasso a sorpasso. Y si Podemos es socialdemócrata, ¿qué chaqueta visten los de Puigdemont?

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 12 de junio de 2016. https://www.elimparcial.es/noticia/165988/opinion/chaqueteros.html

Ignacio Echeverría: Ejemplar

¡Qué ejemplo tan moralmente exigente el del joven español que manejó su monopatín contra el brutal enemigo de todo y de todos con el mismo ardor con el que se mueve la espada del capitán en el fragor del combate! ¡Cómo fascinan admirablemente en estos tiempos timoratos y de confort ejemplares protagonistas como Ignacio Echeverría! Ante esa perversa inclinación a convertir al terrorista en una víctima para después elevarlo a la categoría de héroe, denunciemos a quienes retorcidamente hacen héroes de los criminales. Hagamos, si acaso, del héroe un santo.

Severa e inolvidable lección la que nos imparte nuestro compatriota de entrega de su vida por la salvación de otras. Es mejor saberla antes que aprenderla después. Quizás luego sea demasiado tarde para vivir. Un pueblo vive mientras no se quede indiferente a la evocación y al recuerdo de sus glorias pretéritas. La gloria es el triunfo pero el heroísmo es el medio. De la teología de la Gloria supo escribir Calderón de la Barca, quien destacó por su profundidad teológica, su ímpetu romántico y el canto al honor español. Lo calderoniano es una dimensión del espíritu de España. En ella mora ya eternamente nuestro héroe.

¡Qué tarea tan abrumadora es la defensa de la libertad! Pero parece que nuestras preocupaciones como nación son minucias: el despatarre masculino, la consulta de un referéndum o cómo un ministro del Gobierno se aferra a su poltrona. Estamos creando escuela, pero de frivolidad trivial, o lo que es peor, de destructora desviación de los criterios más elementales del juicio sobre las personas y las cosas, sobre el bien y el mal. Día a día se monta una farsa que alcanza proporciones incalculables, se hace gala de un grotesco esnobismo y se extiende una cínica amoralidad entre las gentes. El mal que padecemos no es únicamente la enfermedad producida por la quiebra de la ley, es también resultado de la conculcación profunda de un vértice mayor de valores, los valores morales. O eso o es que nos hallamos ante un caso insólito de demencia colectiva.

Una ola de decepción satura la atmósfera del mundo que respiramos. Desesperamos ya hasta de los filósofos. Nos falta perspectiva histórica para adivinar si las generaciones futuras considerarán nuestra autodestrucción como un progreso de la Humanidad o como una afrenta a nuestros orígenes como civilización. En esta encrucijada de desventurados tiempos, nos alivia serenamente la figura enhiesta de Ignacio, un español que en Londres sobrepasó los horizontes comunes de la generosidad humana dándolo todo. Incluida su vida. Una vida ejemplar.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 11 de junio de 2017. https://www.elimparcial.es/noticia/178533/ignacio-echeverria-ejemplar.html

Inauguración XV Congreso Católicos y vida pública

Deseo compartir con todos vosotros esta reflexión. Un grupo de hombres buenos, reunidos en nombre de Dios, pueden cambiar unas estructuras, una sociedad, e incluso, en un momento dado, la historia de una nación. Recordemos que sólo un Pablo convertido pudo cambiar el mundo.

De nuevo el CEU y la ACdP, la ACdP y el CEU se erigen en atalaya privilegiada desde la que alzar la voz del laicado católico español, para que se oiga con brío en el siempre agitado y bullicioso espacio público el mensaje de Dios, mensaje que es mucho más actual que el periódico de la mañana. Otra vez, el Congreso Católicos y Vida Pública proyecta el foco de luz que emiten las perdurables enseñanzas de la Iglesia, a fin de aportar claridad y nitidez a las circunstancias siempre necesitadas de luminosidad que acontecen a nuestro alrededor.

En esta décimo quinta edición, como en ediciones anteriores, nuestro empeño es el mismo: ser la plaza mayor del catolicismo social, por supuesto, patrio, pero también europeo y, acaso, mundial. Porque, aun tratando un asunto tan nuestro y muy entrañable: España, razones para la esperanza, es un asunto propio de los terrenos del hombre, y por tanto, un asunto integral y global. En esta época de fuertes tensiones espirituales, de confusionismo ideológico, de crisis materiales espectaculares, nos interesa España, como españoles y como católicos. Y en ambos casos perseveramos en la defensa de los derechos humanos, en la extensión del bienestar y del progreso económico, y en la promoción de la paz y la justicia social.

Aquí y ahora, rescato un fragmento de la homilía que pronunciara el Cardenal Tarancón en la Misa de Espíritu Santo con motivo de la Proclamación de S.M. el Rey don Juan Carlos I el 27 de noviembre de 1975.

La Iglesia se siente comprometida con la Patria. Los miembros de la Iglesia de España son también miembros de la comunidad nacional y sienten muy viva su responsabilidad como tales. Saben que su tarea de trabajar como españoles y de orar como cristianos son dos tareas distintas, pero en nada contrapuestas y en mucho coincidentes.

Por cierto, invito a leer la referida homilía. Homilía acertada y oportuna en aquella hora difícil; y propicia, quizás, para la excepcional importancia de la hora presente.

El Concilio Vaticano II advierte de la misión preferencial de los seglares católicos en la configuración de un orden social y político más justo. Y se cataloga como un deber del católico instaurar el orden temporal y actuar en dicho orden a la luz del Evangelio. El decisivo momento histórico que vivimos reclama el esfuerzo de los cristianos y exige su responsabilidad como hombres y como fieles con vocación para la vida pública. No malgastemos esta oportunidad y entendamos nuestra misión como servicio. El cristiano o es hombre público o no es cristiano. Hoy los retos decisivos se libran en los campos de la vida pública. Y ahí debemos estar y aceptar las condiciones del juego. Nos gusten o no esas condiciones. No es cristiano replegarse. Menos aún tener miedo. La Iglesia que no evangeliza deja de ser Iglesia. El católico que no actúa en el espacio público deja de ser católico y malogra el triunfo de sus ideas. Su ámbito idóneo de acción es la calle, la plaza. Mas que la sacristía. Lo público es el hábitat natural del católico: el lugar en el que como hombre se siente evangélicamente realizado.

La religión no es cuestión de cristianos reunidos en las iglesias, sino de tener cristianos en la política, la economía, la educación, la cultura y hasta en los deportes. Cristianos permanentemente en las calles. Saliendo al encuentro del mundo y de los desafíos que nos plantea. Abriendo nuevos caminos de anuncio. Creando, en fin, cauces de diálogo con quien no piensa ni cree como nosotros, sin imposiciones, pero tampoco sin renunciar a nuestras verdades absolutas. El púlpito ya no está en las iglesias; a las iglesias vamos los convencidos; hay que buscar la verdad y compartirla; acompañar a los que dudan, a los que no creen, a los que transitan sin rumbo por la vida; a los que no ven a Dios, pero le buscan a todas horas. Son muchos los que al rezar encuentran con el corazón al Dios que luego rechazan con la inteligencia. 

Queridos congresistas, la Asociación Católica de Propagandistas y sus obras educativas desean promover un auténtico diálogo con los agentes de la intelectualidad contemporánea. Por eso, las aulas del CEU son espacios abiertos para que los estudiantes encuentren un camino a su formación, una guía a sus inquietudes y un cauce a su religiosidad. Todo ello, de conformidad con nuestro carisma de formar hombres que luego crearán obras. Crear obras sin hombres capacitados para dirigirlas es como edificar sobre arena.

La incertidumbre sigue rodeando la vida nacional. Parece que nada es seguro y que todo está en juego. Nosotros tenemos la suerte de gozar de la esperanza y, a la vez, de la certeza de la fe. Pero no basta con gozar de la luz sobrenatural de la fe; no es suficiente con el deseo de promover el bien; se requiere, además, nuestra presencia y participación en la misma vida pública. Los católicos tenemos sitio y espacio en la democracia. Y debemos ocuparlo. Solo pedimos respeto. Respeto a nuestra fe. Porque la fe no es un obstáculo para la convivencia democrática. Todo lo contrario, es un estímulo, un acicate en la defensa de los derechos humanos.

Termino citando, de nuevo, a Tarancón. España, con la participación de todos avanza en su camino y será necesaria la colaboración de todos, la prudencia de todos, el talento y la decisión de todos para que ese camino sea el camino de la paz, del progreso, de la libertad y del respeto mutuo que todos deseamos.

Palabras pronunciadas por Raúl Mayoral Benito en la inauguración de XV Congreso Católicos y vida pública. Madrid, 15 de noviembre de 2013

Inauguración XIV Congreso Católicos y vida pública

Se dice que el discurso del Papa Pablo VI en la clausura del Concilio Vaticano II es un claro ejemplo de existencialismo cristiano. Entre las formidables afirmaciones o reflexiones que el Papa pronunció por entonces quisiera destacar esta:

“La religión del Dios que se hace hombre se ha encontrado con la religión del hombre que busca hacerse Dios…

Continuaba el Santo Padre:

Vosotros, los humanistas modernos, que renunciáis al valor de las cosas supremas, reconoced que también nosotros, y nosotros más que nadie, también nosotros somos promotores del hombre

Qué maravillosa expresión “promotores del hombre”; Promotores de un humanismo con Dios. Promotores de un humanismo integral. Y lo llamamos humanismo integral porque el hombres es un sujeto integral y porque el conocimiento de la realidad que le rodea también ha de ser un objeto integral. Y aquí quiero llegar.

Porque ante la distorsión que generan la tecnología y el cientificismo, ante el nefasto desarraigo cultural de hoy, son las instituciones educativas, son las Escuelas y las Universidades, como atalayas privilegiadas para el estudio, la investigación y el conocimiento, las que deben promover un saber integral. Por eso en las aulas del CEU se rechaza la fragmentación del saber, Por eso, en nuestras Universidades y Colegios nos resistimos a aceptar que la verdad sea parcial; porque una verdad incompleta no es una verdad.

Por eso, desde el CEU propugnamos un humanismo integral, somos también, como dijo el Papa Pablo VI, promotores del hombre, de un hombre abierto a la trascendencia y, por tanto, abierto a la verdad y a la libertad. Verdad y Libertad son las enseñanzas con las que nuestros alumnos aprenden a ser transparentes y participativos. La transparencia y la participación son factores claves que contribuyen a forjar sociedades robustas y democráticas. Verdad y Libertad capacitan a nuestros estudiantes y profesores del CEU a cooperar con el Bien común y a ejercer la conciencia crítica ante el mal.

En las modernas sociedades de hoy, los católicos no pedimos privilegios. Solo pedimos el derecho a que nos dejen ser católicos y ayudar a la sociedad a ser mejor. En ningún sitio está escrito que para ser buenos ciudadanos haya que renegar de Dios.

Palabras pronunciadas por Raúl Mayoral Benito en la inauguración del XIV Congreso Católicos y vida pública. Madrid, 16 de noviembre de 2012,

Penalty

La democracia en España lleva un tiempo encajando un gol de penalty injusto en el último minuto. Y es así como las libertades salen derrotadas de un terreno difícilmente practicable para el juego limpio. El problema es del arbitraje, que se degenera al utilizar un doble pito para arbitrar, lo mismo que la democracia se corrompe cuando se emplea la doble vara para medir a una religión y a otra, que es un sucedáneo, saliendo ésta favorecida. Se prefiere la fotocopia al original. Cuando Suárez o Ramos entran en el área contraria, uno para buscar la pena máxima, otro para buscar su postrero gol de cabeza, suena la aguda y punzante música de la escena de ducha en Psicosis; también cuando las libertades se ejercitan ante el empuje de la ideología de género se extiende la psicosis de que triunfará la ideología y no las libertades. Y resulta un jarro de agua fría para la calidez de la convivencia democrática.

Los católicos forman el equipo más castigado con la pena máxima cuando está en juego el derecho a la educación, la libertad religiosa o la libertad de expresión. Debieran modificar su estrategia cuando juegan fuera de casa. Jugando en casa lo tienen más fácil: en el hogar familiar, en la parroquia, en el colegio católico de sus hijos hacen un juego más ofensivo despreocupándose de mantener una férrea defensa. En la plaza pública deben defenderse mejor y a la vez ser más incisivos en su propuesta como equipo. El rival lo tiene claro: expulsar a Dios de la vida pública y embotellarlo en su área pequeña, la sacristía, lejos de donde se gestan las victorias. La mayoría de las decisiones arbitrales son a favor del arrinconamiento.

Decía Raymond Aron que el sistema democrático consiste en aceptar la oposición y la tolerancia con respeto a todos. Claro, así es, dicen los árbitros del sistema, el gobierno tiene que gobernar para todos y no solamente para los católicosDe acuerdo, decimos los católicos, el gobierno tiene que gobernar para todos, también para los católicos. Y gobernar es también velar por los derechos de todos, también de los católicos. Nosotros podemos remediar muchos de nuestros males y hacer más fructíferas nuestras pretensiones. Nuestra es, pues, la culpa. No tenemos derecho a quejarnos ¿Qué hacemos? Nada o casi nada. Parece que apenas nos importa lo que ocurre. Acostumbrados como estamos a dejarnos avasallar, no nos preocupa, o preocupa muy poco, el avance imparable del laicismo con sus propósitos de echar a Dios de la familia, de la escuela, de la sociedad ¿Por qué no protestamos? ¿Por qué no nos oponemos como un solo hombre a esa obra de destrucción de lo trascendente? Quien así hablaba era Herrera Oria hace cien años. El fútbol ha cambiado en tácticas y sistemas pero siempre la clave ha sido salir al campo de juego y hacerlo mejor que el contrario. Jugando bien, difícilmente seremos derrotados a pesar de que nos piten en contra penalty y expulsión.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 12 de marzo de 2017. https://www.elimparcial.es/noticia/175435/penalty.html

Madre admirable, madre increíble

“¿Qué mundo es el nuestro para que tantas y tan hermosas cualidades se pierdan en él?” se preguntaba el escritor Graham Green. ¿No es nuestra vida entera un tejido de equivocaciones y de pecados, que son las equivocaciones peores? Y la suprema justicia, la que no se equivoca, nos concede sin límites el beneficio de la indulgencia y del perdón, hasta el último segundo de nuestra vida ante cualquier error. Chesterton marcaba la diferencia entre la Iglesia católica y las sectas porque en éstas, quien no cumple es expulsado, cuando no eliminado, mientras que la Iglesia católica es toda ella una comunidad de pecadores en la que se imparte el perdón. El que en la Iglesia más santa, solía decir Monseñor Ronald A. Knox, se produzcan los mayores pecadores, no es sino la aplicación natural del principio de que la corrupción de lo mejor es, precisamente, lo peor.

Si como afirmaba Donoso Cortés toda civilización es reflejo de una teología, hay esparcida por nuestra civilización occidental toda una Teología de la Cruz, que es, a su vez, una Teología de la Gloria, de la Gracia y de la Misericordia. Los milagros descritos en los Hechos de los Apóstoles estaban destinados a mostrar, no solo el poder de Dios, sino también su misericordia. La categoría moral del perdón es el ADN de la civilización cristiana. Para los católicos, la propia Eucaristía es perdón, sacrificio y esperanza. Albino Luciani, dejó escrito antes de llegar al pontificado como Juan Pablo I, un librito inspirador, Ilustrísimos señores, en el que afirmaba que una miseria finita, por muy enorme que sea, podrá ser siempre cubierta por una misericordia infinita y las borrascas que fueron males en el pasado se convierten en bienes en el presente si nos impulsan a poner remedio, a cambiar; se convierten en una joya si se ofrecen a Dios para procurar el consuelo de perdonarlas. Y es que el no perdonar nos bloquea ante la fe y la ausencia de fe agranda la imposibilidad del perdón. Es un círculo que gira sin cesar a menos que lo paremos. A menos que perdonemos. El consuelo al perdonar ha sido  sanador y santificador para dos madres desgarradas cada una por su particular dolor.

No basta con conocer las verdades del cristianismo, deben vivirse en las pequeñas y grandes cosas de cada día, y así esa santidad reflejada en dos madres dolorosas será percibida y apreciada en un mundo aún incrédulo como el actual. Vuelvo a Monseñor Knox: “Tened sal en vosotros mismos, dice el Señor; vosotros sois los que debéis tener reservas de energía, de influencia positiva que irradie; no debéis medir vuestro nivel por el de los otros; ellos son los que deben tomar de vosotros sus medidas”. Aún hoy puede reconocerse a los cristianos por la señal que los distinguía en el mundo pagano cuando se decía: “Mirad como se aman estos cristianos…dan muestras de un tenor de vida admirable y, a juicio de todos, increíble”.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 8 de noviembre de 2021 https://www.elimparcial.es/noticia/232347/opinion/madre-admirable-madre-increible.html