Representa la adhesión total del alma y de cada país a la devoción mariana, pilar simbólico de su seguimiento a Jesús. Sobre el Ebro, en Zaragoza, la antigua Cesaraugusta, es venerada la Virgen también por el nuevo mundo que tres carabelas salidas de España descubrieron el día de la Virgen del Pilar, 12 de octubre de 1492.
En la historia de la devoción a la Virgen del Pilar se hizo célebre el nombre de Miguel Juan Pellicer, natural de Calanda, a quien en 1637 le cortan y entierran la pierna después de un accidente; y tres años más tarde, invocando a la Virgen del Pilar, arroja su pierna de palo, pues podía mostrar la pierna restituida a los mismos médicos que se la habían cortado, como ellos mismos testificaron.
Difícilmente la devoción a María ha encontrado tanto eco en la canción y la poesía como ante la Virgen del Pilar: «María, tuya España; y el sol de sus montañas, siempre Tú. Sol que en azul de tierra y mar no se pondrá… Tus ojos siempre miro, que al alma ensalzan lirios. Y quiero ser la hiedra fiel, que su vivir, arraigue en Ti. Como es tu España hiedra, que por tuyo, un Pilar te besa, y en sus labios se lo quiere llevar…»
San Serafín
Hijo de un albañil de Montegranaro en Italia, sigue el modo mismo de San Francisco de Asís entre los Capuchinos de Tolentino, como Hermano Coadjutor. Y después de una vida de oración, caridad y renombre taumatúrgico muere en Ascoli en 1604.
Fuente: Los Santos, noticia diaria. Valeriano Ordóñez, SJ.
San Wilfrido (634-709)
Anglosajón de la Nortumbria, educado desde niño en el monasterio de Lindisfarne, siente muy pronto el imperioso deseo de peregrinar a Roma. Wilfrido conoce el corazón de la Cristiandad, y de regreso a su país funda el monasterio de Stanford, es abad de Ripon, se le ordena sacerdote y luego obispo de York, desarrollando una intensa labor convirtiendo paganos, fundando iglesias y dando el máximo esplendor posible al culto litúrgico.
En su accidentada vida abundan episodios de viajes, naufragios, grandes peligros y constantes disputas con las autoridades eclesiásticas y civiles, que en una ocasión le valieron la cárcel. Una y otra vez aparece como el luchador infatigable por la unidad con Roma, por ser fiel a Roma contra las particularidades nacionales, raciales, de tradición, que representan los monjes escoceses. No ha habido inglés más tenazmente romano que él, defensor más encarnizado de la comunión de Inglaterra con la Iglesia universal.
No era blando ni acomodaticio, sino intransigente en su ideal católico. Ya muy anciano hizo su última peregrinación a Roma a pie, como queriendo reforzar antes de morir su vínculo que preveía débil y quebradizo. En esta Inglaterra que caería del lado de la Reforma, San Wilfrido es una fuerte llamada a la unidad: ser muy romano da una dimensión universal que completa la índole de inglés.
Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.
PD. Feliz día de la Virgen del Pilar y de la Hispanidad.
