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Libertades bajo sospecha

Tiene el progresismo cuando gobierna una irresistible tendencia a recrear un nuevo orden en el que albergar al hombre nuevo. Sus dirigentes inventan y descatalogan derechos con asombrosa frivolidad. Una mentira mil veces repetidas acabó convertida en derecho al aborto, arrumbando al derecho a la vida. Fue un escalón más en esa obra de albañilería laicista, cuya argamasa es la corrección política del lenguaje. Nos hallamos enfrascados en una guerra cultural que persigue invertir los valores del bien y del mal. Se cierne el tenebroso escenario anunciado por las brujas de Macbeth: “lo bueno es malo, y lo malo es bueno”. Es la fría e implacable intemperie del relativismo.

Un Gobierno, el de siempre, vuelve a practicar el acoso y derribo contra el derecho a la educación y la libertad de enseñanza. Va a ser verdad que con la izquierda en el poder, las libertades duran lo que las rosas: una mañana. La ministra de Educación y Cultura en magistral clase “teórica” niega reconocimiento constitucional a un derecho reconocido en la Constitución y en la Declaración Universal de Derechos Humanos: el derecho de los padres a la educación de sus hijos, el derecho a que éstos reciban la formación religiosa y moral de acuerdo con sus propias convicciones. Tratan de redefinir la Constitución y, de instrumento de concordia, travestirlo en triunfo de una ideología sobre el resto de la nación.

Para los arquitectos del nuevo orden resulta demasiado incómodo tolerar a ciudadanos que, como padres, desean educar a sus hijos de acuerdo con sus convicciones. Sucede que en la inmensa mayoría de los casos, esas convicciones son las de la fe católica. El derecho a la educación no es la pieza a batir; lo es la libertad religiosa. Es la Cruz la que molesta a los guardianes del laicismo. Se libra una batalla ideológica con el fin de desterrar a los católicos de la vida pública obligándoles a replegarse a sus hogares y a las sacristías. Tratan de imponer que la religión es un asunto de conciencia recluido en la intimidad personal y no debe entorpecer la esfera pública. La libertad deviene en bulto sospechoso.

Como el progresismo bebe en las mismas fuentes del totalitarismo, juegan con una mano a perseguidores y con otra a liberales. Arremeten contra los católicos siendo  sumamente respetuosos con otras religiones. Postulan que la religión debe adecuarse al ámbito público pero se afanan por que en los comedores de las escuelas públicas el menú se adapte al Islam. El discurso hegemónico de la izquierda rezuma hipocresía, incoherencia y doble rasero. Sus voceros hoy afirman lo que niegan mañana. Hacen lo contrario de lo que predican. Defensores de los servicios públicos pero jamás usuarios del transporte colectivo. Partidarios de la enseñanza pública pero padres de alumnos de colegios privados. Cualquier día estos hipócritas y enemigos de la libertad intentarán persuadirnos de que la democracia no significa que los ciudadanos puedan votar. Ya lo intentaron y fracasaron detrás del telón de acero.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 15 de noviembre de 2019. https://www.elimparcial.es/noticia/207004/libertades-bajo-sospecha.html

Rebaño

El almirante Wilhem Canaris solía decir a sus amigos que cuando se cruzaran con un rebaño de ovejas no dejaran de hacer el saludo nazi. “Al fin y al cabo”, añadía con su característico humor, “nunca se sabe”. Canaris fue el personaje más desconcertante de la Alemania nazi. Jefe de la Abwehr, el servicio de espionaje militar alemán, y furibundo antihitleriano, sería arrestado por la Gestapo por su participación en la conjura contra Hitler del 20 de julio de 1944, y ejecutado el 9 de abril de 1945 en el campo de concentración de Flossenburg.

En su novela Final en Berlín escribe Heinz Rein que “por muy heterogéneos que fueran los elementos que convergieron en el Partido nazi antes de convertirse en el Partido del Estado, tenían un denominador común: todos ellos eran descarriados o estaban a punto de descarriarse”. Un conglomerado de aventureros desarraigados, violentos mercenarios, mafiosos de los bajos fondos, interesados con afán de notoriedad, arribistas sin escrúpulos que practicaron una violencia brutal sobre sus adversarios políticos tomando el control de las calles en las ciudades alemanas. Aquellos bárbaros militantes serían descritos atinadamente por Theodor Pliever en su libro Berlín: “Y ocurrió que Hitler al hacer redoblar el tambor en una época de crisis y de decadencia cultural se hizo con todos los que vivían sin ideales políticos y religiosos. Junto a él se agruparon los más diversos elementos de la decadencia y su presencia bastó para dispersar las tradiciones, que hasta entonces se habían mantenido intactas y fuertemente unidas”. Como cuenta Luis Abeytua en Lo que sé de los nazis, muchos de los jerarcas del hitlerismo procedían de las más humildes clases sociales, la mayoría carecían de un empleo estable y sus escasos méritos académicos o profesionales no bastaban para justificar su rápido encumbramiento. “Una histérica plebe parlamentaria” como denominó en su Diario de Berlín el periodista Wiliam Shirer a los seiscientos diputados que vestían camisa parda. “Nos han dirigido delincuentes y tahúres y nosotros nos hemos dejado conducir como ovejas al matadero”, puede leerse en la obra anónima Una mujer en Berlín.

Con su nihilismo absoluto, su técnica propagandística y su régimen de terror, Hitler logró el truco de prestidigitación de equiparar el nazismo con el pueblo alemán, convirtiendo a éste en un borreguil instrumento sin voluntad. Al control total sobre la opinión pública, se añadió el adoctrinamiento escolar. El mismo Shirer explica cómo se nazificaron las escuelas mediante la implantación de nuevos libros de texto nazis que falsificaron la historia, “hasta extremos que a veces son cómicos”. Se practicó, además, un socavamiento sistemático de la autoridad de los padres por parte de las Juventudes Hitlerianas. “Divisiones de individuos sin carácter a las órdenes de idiotas marcando el mismo paso”, como las definió Odon von Horvarth en Juventud sin Dios. La pertenencia a dicha organización desligaba al afiliado de cualquier relación familiar.

En la citada obra de Heinz, uno de los protagonistas inquiere a otro personaje: “¿No ha comprendido usted que uno de los primeros objetivos del nacionalsocialismo consiste en acabar con todas las relaciones personales y en lugar de éstas, aplicar un principio rígido?» En otro momento, el mismo protagonista afirma que el nacionalsocialismo es la suma de barbarie más técnica moderna como ideología. Quien fuera Ministro de Armamento de Hitler, el arquitecto Albert Speer, afirmó durante el proceso de Nuremberg, en el que fue condenado a veinte años de prisión, que “la de Hitler fue la primera dictadura de un Estado industrializado en estos tiempos modernos». Una dictadura que para ejercer el dominio sobre su propio pueblo, supo servirse a la perfección de todos los medios técnicos. Mediante la radio y el altavoz, ochenta millones de personas pudieron ser sometidas a la voluntad de un único individuo. Pero también el teléfono, el télex y la radio permitieron transmitir sin dilación las órdenes dictadas por la suprema jerarquía a los órganos inferiores donde fueron obedecidas ciegamente y sin cuestionarse debido a su elevada autoridad. Se hizo posible crear una extensa red de vigilancia de la población y conseguir un alto grado de confidencialidad de los actos criminales. Speer también afirmó que todos los Estados del mundo corren hoy el riesgo de caer bajo el terrorismo de la técnica, aunque en una dictadura ese peligro parece ineludible. Cuanto más se tecnifique el mundo, será más necesario que, en contrapartida, se fomente la libertad individual y el respeto de cada hombre a su propia dignidad.

Durante los años de la República de Weimar, nadie pensaba que Hitler, aquel “charlatán de cervecería”, llegaría a controlar Alemania y gran parte de Europa. Hubo mucha vacilación, candidez y cesiones entre los dirigentes alemanes de la época, que creyeron que podrían pararle los pies a aquel “pequeño cabo austríaco”, que siempre tuvo muy claro su objetivo. El presidente Hindenburg acabaría dándole el espaldarazo. Y la técnica le permitió culminar su sistema criminal. En tiempos como los actuales, debemos saber parar a tiempo a nuestros “pequeños cabos” y también liberarnos del control de la tecnología. Solo así evitaremos convertirnos en un manso rebaño.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 21 de febrero de 2021 https://www.elimparcial.es/noticia/222267/opinion/rebano.html

Sanados por la esperanza

Alcanzamos a distinguir que una cosa es tener esperanza y otra estar en la creencia firme. Y, sin embargo, como afirmaba Péguy, la esperanza produce verdadera admiración. Para Jerome Groopman, además, desempeña una estimable función en el proceso de curación de las enfermedades. Incluso, si la sanación deviene científicamente imposible, la esperanza se revela como un gran aliado para la entereza y la serenidad.

En su libro La anatomía de la esperanza, este profesor de Medicina de la Universidad de Harvard, estudioso de patologías como el cáncer y el sida, nos enseña ciencia y emociones en situaciones límite, pero también trascendencia. Afirma que tan sólo estamos empezando a ser conscientes del alcance de la esperanza y no hemos definido sus límites, ya que puede ayudar a algunos a vivir más tiempo, y a todos, a vivir mejor”. Groopman no describe la esperanza como un remedio ñoño y almibarado ni tampoco como si fuera un bálsamo de fierabrás. La define como “el sentimiento que experimentamos cuando vemos -con los ojos de la mente- un camino hacia un futuro mejor”. Un sentimiento que “nos da el coraje de enfrentarnos a nuestras circunstancias y la capacidad de superarlas”. Y es que un cambio de mentalidad tiene el poder de alterar la bioquímica cerebral.

Además de ser un poderoso recurso psicológico, la esperanza también genera efectos físicos. Las tesis de este investigador de Harvard son base para toda una auténtica biología de la esperanza. La creencia y la expectativa, elementos clave en la esperanza, ejercen influencia sobre el propio cuerpo humano, ya que posibilitan el bloqueo del dolor al liberar las endorfinas y encefalinas del cerebro, imitando así los efectos de la morfina. También puede tener efectos significativos sobre procesos fisiológicos fundamentales como la respiración, la circulación y la función motora. Groopman afirma que “la esperanza nos cambia profundamente el espíritu y el cuerpo, y que puesto que nada está absolutamente determinado, no sólo hay razones para tener miedo, sino también para la esperanza. Así que debemos buscar maneras de sujetar las riendas del miedo y soltarlas para la esperanza”.

 Juan Pablo II y Benedicto XVI, dos Papas tan actuales como el periódico del día, nos dicen lo mismo: “No tengáis miedo” y “la verdadera, la gran esperanza del hombre que resiste a pesar de todas las desilusiones, sólo puede ser Dios, el Dios que nos ha amado y que nos sigue amando hasta el extremo, hasta el total cumplimiento”. Y es que como decía Gabriel Marcel, “donde hay esperanza, hay cristianismo”. Será porque la esperanza se basa en la bondad de Dios.

Libercast: el espacio donde se libra la batalla cultural por el rearme moral y la defensa de la libertad.

A manos de la ideología

“Otra victoria como esta y estoy perdido”, exclamó el griego Pirro tras la batalla de Ásculo, acuñando el concepto de victoria pírrica. Algo parecido musitaría Pedro Sánchez, abonado al pan para hoy y hambre para mañana, tras el escrutinio de votos el pasado 10 de noviembre. Temiendo ser desahuciado de Ferraz, se agarró con desesperación al clavo ardiendo del populismo, al mismo que, días antes en un televisivo debate electoral, rechazó para evitar insomnios sobre el colchón presidencial. Desde entonces, Sánchez es rehén de Podemos. No de los separatistas catalanes, que facilitaron su investidura, sino de Iglesias, quien le salvó de su muerte política manteniéndolo con respiradores en La Moncloa. El precio a cobrar por el redentor resulta excesivo y con intereses leoninos.

Sánchez paga el primer plazo hipotecario al pronunciar su discurso de investidura. Un texto trufado de quincalla populista a la que nos tiene acostumbrados Podemos: lo común, lo público, la comunidad, el pueblo por encima del individuo y de los grupos sociales. Todo un léxico legatario de postulados totalitarios con los que anular al individuo frente a la colectividad. Hasta el retorcido término monomarental, también utilizado por la ministra de Igualdad y consorte del vicepresidente comunista, tuvo que incluirlo el orador en su exposición. Por ser Sánchez un títere de Iglesias, éste actúa con patente de corso. El presidente no afea, sino justifica, las insensateces de su vicepresidente: la protesta promovida contra el Rey, la violación de las reglas de la cuarentena, o las críticas al Poder judicial. Además, le ha dado asiento en el CNI. Día tras día, ensancha su poder imponiendo sus tesis bolchevarianas en medio de un Gobierno agrietado y descompuesto y ante una postpandemia de miseria y rechinar de dientes por millones de españoles ante la bancarrota del Estado y el hundimiento de la economía.

La Historia demuestra que allí donde el comunismo ocupa el poder quiebran derechos y libertades y la verdad padece bajo los grilletes de la mentira. Nunca en la democracia española hubo tanto desprecio institucional a la verdad como en estos días. Aunque la verdad hable por sí sola, la mentira habla por boca del Gobierno y sus medios adictos. También nos enseña la Historia que la táctica favorita del comunismo es la de avanzar hacia el poder flanqueado por unos amigos que, a la hora de la victoria, resultan implacablemente eliminados. Podemos espera el momento en que su aliado socialista se desangre para acabar fagocitándolo. Tenemos un presidente a merced de su vicepresidente, y ambos empeñados en sacrificar eficacia, transparencia y libertad en el altar del progresismo, quedando los españoles en manos de la ideología, manos siempre resbaladizas, cuando no letales. Ante tan inquietante escenario, cobran sentido aquellas palabras que Boris Pasternak pone en boca del personaje de El doctor Zhivago: “Aquí era necesario enseñar a la gente a no pensar y no formarse opiniones, obligarla a ver lo que no existía y sostener lo contrario de lo que resultaba obvio para todos”.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 17 de mayo de 2020. https://www.elimparcial.es/noticia/213152/opinion/a-manos-de-la-ideologia.html

8-Mentiras

“La primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira». Frase aleccionadora con la que comienza su obra, El conocimiento inútil, Jean François Revel. El año 2020 ha sido en España un año pródigo en mentiras. Un hombrecillo de revuelto cabello e indumentaria poco apropiada para un serio y escrupuloso portavoz del Gobierno, tranquilizó a los españoles diciendo que en nuestro país solamente se darían uno o dos casos de contagios por coronavirus. Durante la nefasta jornada del 8 de marzo pasado, algunas feministas escasamente responsables portaban en la calle un farsante mensaje: “el machismo mata más que el coronavirus”. Nos han mentido en el número de fallecidos por COVID-19. A estos embustes siguieron otros: “No vamos a dejar a nadie atrás”, “hemos vencido al virus”, “no pactaremos con independentistas” y el engaño acerca de informes ocultos sobre los fondos europeos. La última falacia, que adopta la forma de contradicción, ha sido el esperpéntico acto de apisonar las armas de los asesinos al mismo tiempo que se gobierna pactando con los asesinos. Es doctrina cristiana combatir el pecado y salvar  al pecador. Pero siempre que concurra el arrepentimiento de éste. Otra trola más.

La verdad habla por sí sola, pero la mentira habla por el Gobierno. Vivimos en una impostura permanente con unos dirigentes instalados en el reino del engaño. Su liturgia es la patraña. Cada día hay más especialistas en falsificar números y palabras, generando manipulación. Se extiende la sensación de que lo único que interesa es el poder, creando para su mantenimiento un método basado en el enredo sistemático. Como cuenta Víktor Kemplerer en sus Diarios, “los regímenes totalitarios siempre han especulado claramente con el primitivismo y la estupidez de la masa. Tratan de hacer extensiva esa estupidez también a las nuevas generaciones deformando el intelecto y estrangulando toda formación escolar y universitaria, y lograr entremezclar verdades con mentiras”. Para engañar se necesita mentir y que te crean; aunque mientas, si la gente no te cree, no hay engaño. Dice un proverbio árabe que cuando alguien te engaña, la primera vez es culpa suya, pero que a partir de la segunda, la culpa es ya enteramente tuya.

En una democracia, la responsabilidad de los medios de comunicación y de los intelectuales consiste en decir la verdad y denunciar la mentira. El derecho a la información de los ciudadanos debe garantizarse exponiendo hechos y verdades y al mismo tiempo desenmascarando las falsedades y rectificando las mentiras. La opinión pública tiene derecho a conocer lo verdadero y a denunciar la falsedad. Cuando en una sociedad se renuncia a divulgar la verdad y a desmentir la mentira se derrumba vertiginosamente la confianza en las instituciones y se quiebra la convivencia. ¡Qué lejos estamos de aquél hombre soñado por Jefferson! “el hombre que no teme a las verdades, nada tiene que temer de las mentiras”.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 7 de marzo de 2021. https://www.elimparcial.es/noticia/222768/opinion/8-mentiras.html

La ma-nada

Una manada de lobos es más humana con sus hembras que una jauría de hombres, más animales ante una mujer. En el juicio a La manada, un magistrado preguntó a la víctima si hizo algo para que los acusados supiesen que estaba en situación de shock y que lo ocurrido sucedía sin su consentimiento. Ella respondió que no hizo nada. Añade el magistrado: En cualquier caso, daño, dolor durante ese episodio ha quedado claro que no sintió usted. La víctima manifiesta: que estaba con los ojos cerrados y pensando en que se acabara. Los médicos forenses precisan: la reacción de la víctima tiene más que ver con la actuación instintiva que la racional. Y así, frente a una situación en la que la persona siente que su vida corre peligro, se obvia la actuación de pensamiento racional del cerebro superior, en la que se ponderan las diversas posibilidades y se actúa con el cerebro primitivo donde está el sistema límbico. En esta situación caben diversas reacciones: una reactiva de lucha, defensa, petición de ayuda. Otra de pasividad,  ya sea con rigidez o con relajación y, por último, una incluso de acercamiento o cierta amistad con el agresor, para evitar males mayores y conseguir que concluya cuanto antes.  

Primo Levi, preso en Auschwitz, narra en su obra Los hundidos y los salvados que entre las preguntas formuladas a los supervivientes hay una que nunca falta; ¿Por qué no os rebelasteis? Dice Levi que conforme pasan los años, esa pregunta se nos hace cada vez con mayor insistencia, y aun con más duro acento acusatorio. Explica a modo de respuesta que el prisionero se hallaba en los límites del agotamiento: hambriento, debilitado, cubierto de llagas, especialmente en los pies, era un hombre impedido y, en consecuencia, profundamente envilecido. Un hombre-andrajo, concluye Levi.

Quizá sea necesario endurecer las penas de los delitos contra la libertad sexual de las mujeres e instruir a jueces y magistrados sobre el comportamiento físico y psíquico de aquéllas al ser atacadas sexualmente. Pueden evitarse sentencias polémicas. Pero no conductas aberrantes ni criminales como las de los condenados. La raíz del problema es la educación; educar en el respeto a los demás sin humillar su dignidad ni violar su libertad y algo más. Las fuentes educativas son la familia y la escuela. Hay una generación expuesta a dejarse maleducar por la calle y por ciertos programas televisivos. Esa nefasta pseudocultura del todo vale y del como sea, de lo zafio, obsceno y vulgar es el preludio de la desesperación y el vacío. Vuelvo a Primo Levi: Muchos europeos de entonces se comportaron y se comportan negando la existencia de las cosas que no debían existir. Ojala no tenga razón Nietzsche: Hemos abolido el mundo de la verdad. Nada hay de verdadero. En breve, llegará el nihilismo. El hombre está literalmente disuelto. No hay hombre porque no hay nada que trascienda al hombre. La educación no puede sacarnos de la manada para luego nosotros hundirnos en la nada.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 29 de abril de 2018 https://www.elimparcial.es/noticia/189191/opinion/la-ma-nada.html

La gran farsa

Tras el derribo del muro de Berlín, el primer movimiento de la izquierda fue esquivar cualquier ejercicio de reflexión. Hubo algunos amagos de revisión crítica, pero sin muestras de arrepentimiento. A comienzos de 1991, se prepara, lo que Jean François Revel tituló en su libro, La gran mascarada. La intelligentsia de izquierdas, lejos de experimentar cierto remordimiento de conciencia, se afanó día a día en producir a gran escala argumentos y justificaciones que omitieran o postergaran las enseñanzas de la Historia en un intento por camuflar una tiranía bajo la máscara del Bien. Se diseñó una estrategia puramente dialéctica: como finta preliminar, se sostuvo que al comunismo no hay que juzgarlo por sus actos, sino por sus intenciones. Su fracaso es, entonces, imputable al mundo, a la Humanidad, y no a la idea comunista. Tras esta primera andanada, llega el golpe definitivo: Puede que el modelo económico comunista sea nefasto, pero es el único sistema capaz de salvar al mundo del consumismo, del imperio del dinero, en suma, del liberalismo desenfrenado.

En conclusión, que el asesinato masivo y la atrocidad en serie quedan santificadas por las buenas intenciones; que el comunismo es intrínsecamente bueno, pero extrínsecamente influenciable, pudiéndose en ocasiones echar a perder; y que el peligro actual es el liberalismo. Según Revel, tres rasgos definen la ideología comunista “la ignorancia voluntaria de los hechos, la capacidad de vivir inmerso en la contradicción respecto a sus propios principios y la negativa a analizar la causa de los fracasos”. La ideología comunista sobrevive hoy travestida con ropajes de feminismo, ecologismo, animalismo o de ideología de género. Pero ya no pueden engañar a nadie. Bien claras están sus fechorías y conocidos son sus métodos.

En su aleccionador libro, El telón de acero, Anne Applebaum atribuye a los juicios amañados con los que Stalin se deshacía caprichosamente de sus correligionarios más incómodos, una función pública didáctica: Si la Europa comunista no había superado a la capitalista, si el nivel de vida era bajo, si las infraestructuras presentaban fallos, si el suministro de productos sufría retrasos o era insuficiente, los juicios amañados tenían una explicación para todo ello: los espías extranjeros, los saboteadores nefandos y los traidores que se hacían pasar por leales comunistas habían secuestrado el progreso. Hoy, en medio del desgobierno provocado por un perverso cálculo político y un maniqueo sectarismo ideológico, percibimos ciertos tics legatarios de aquella depurada técnica totalitaria empleada por la nomenclatura para desviar la culpa y escurrir el bulto buscando cabezas de turco a quien imputar el desaguisado propio.

Han pasado y pasan muchas cosas: unas que ya se van sabiendo, otras que ya saldrán. En su novela más famosa, El cero y el infinito, el ex comunista Arthur Koestler escribe: “El partido promete una cosa: después de la victoria, un día en que ya no pueda perjudicar, el material de los archivos secretos se hará público. Entonces, el mundo sabrá qué había detrás de esa farsa de títeres”.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 29 de marzo de 2020. https://www.elimparcial.es/noticia/211556/opinion/la-gran-farsa.html

Curas

Uno de tantos intrépidos transportistas de marcancías me hablaba de los parabienes públicos que recibe por hacer su trabajo en este convulso tiempo de pandemia, transportando con su camión alimentos, ropa o cualquier otro objeto allí donde se necesitan. Se quitaba méritos renunciando a tales reconocimientos, en comparación, decía, con la heroica tarea que los sanitarios están realizando por los enfermos del virus. Comprensible reflexión. De pronto, entre el personal sanitario, incluyó también a los curas, porque los sacerdotes también curan a su manera, dijo. Repuesto de la clerical sorpresa, ante tanto anticlericalismo trasnochado y caducos prejuicios laicistas en el ambiente, apostillé que, en efecto, la palabra cura viene del latín curatio que significa cuidado. El cura lo es porque cura las almas.      

Comenzamos entonces un instructivo diálogo sobre la necesaria labor de sacerdotes y párrocos detectando males, sugiriendo remedios y aportando cimientos firmes y no movedizos. Porque no es solo en esta angustiosa coyuntura por la que atravesamos, decía el transportista, también en circunstancias ordinarias. Hay curas que desde sus sacristías logran llevar aliento y sosiego a quien lo necesita. Y aludía a la semejanza con el servicio prestado a través de su camión. Los sacerdotes cargan un imaginario camión de arena, de esa arena del desierto sobre el cual muchas almas están haciendo su particular travesía para que ésta les resulte lo más liviana posible. O cargan el remolque con piedras liberando a los espíritus de tan pesada carga. Según el camionero, vivimos en una franca desorientación que nos acarrea desconcierto. No es extraño que nos invadan la fría desolación y la inquitante congoja. A la miseria material, se suma la espiritual, decía. Diariamente, desde su cabina percibe cómo teorías erróneas y doctrinas disolventes van ganando terreno, esparciéndose una confusa mezcolanza de actitudes negativas y destructivas. La naturaleza humana en su origen es buena pero imperfecta, apunté. Sí, y la falta de vida sobrenatural, con los sinuosos errores y las debilidades y apostasías, provocan un efecto perturbador en las almas, precisó él, y ahí es donde los curas hacen una apostolado encomiable. Por eso, hay más alegría en el Cielo por un pecador que se convierte, que por la perseverancia de millares de justos. 

Viéndole tan preciso y cabal, le pregunté cuáles eran a su juicio las cualidades de un cura. Y con la misma naturalidad con la que se pone al volante de su camión por la ruta diaria, comenzó a enumerar: Ser gran campeón de la fe y tener fe en la grandeza de su misión. Ser vigía permanente en la defensa de la Iglesia. Estar dotado de la suprema sabiduría de ésta, como escuela de santidad, para preparar las cosechas de Dios. Infundir, con oración y silencio interior, esperanza, aunque pequeñita, pero alentadora y consoladora. Abrigar un amor insobornable y sincero a la verdad, por encima siempre de la conveniencia propia. Ser hombre de nuestro tiempo y atento hacia el mundo. Tener como meta de noble aspiración el servir, con humildad y espíritu apostólico, a la comunidad. Ser ejemplo de enterísima humanidad, contemplativa y activa a la vez, y alejada del activismo frenético que hoy consume tantas energías. Caminar, con vocación irresistible y abnegada dedicación, por rutas de perfección sembradas de riesgos, de cruces. Ser exigente en sus tareas, abierto a la colaboración de todos, magnánimo para seguir su camino sin distraerse con banales impertinencias. Lanzar resplandores de aurora que iluminan el día y la noche. Conquistar entendimientos y corazones mediante procedimientos de cordura y de caridad. No dar frías lecciones sino generar, con tono grato y sereno, diálogos llenos de gracia y vida. Forjar hombres sólidamente acorazados y difícilmente vulnerables. Demostrar una fraternal audacia ante tanto demoledor menosprecio. Y sobre todo, edificar lenta pero tenazmente.

No son las buenas leyes, sino las buenas prácticas, las que transforman los pueblos. Decía Napoleón que “un sacerdote me hace el trabajo de cien policías”. “Mas hacen por el mundo los que oran que los que pelean”, aseveraba Donoso Cortés, quien también concluyó que “toda civilización es el reflejo de una teología”. Al final, va a ser verdad que toda problemática humana tiene una clave religiosa. Va a ser verdad que hay curas como titanes, como camiones, como camioneros. Vamos, creo yo.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 17 de enero de 2021. https://www.elimparcial.es/noticia/221045/opinion/curas.html

Golpes

El rasgo fundamental de la democracia es la aceptación de los compromisos entre los grupos políticos. Raymond Aron decía que “la virtud esencial de la democracia es la conciencia del compromiso”. Nuestro actual sistema democrático se basó en dos grandes compromisos: el de los llamados partidos regionalistas a ser leales con la Constitución de 1978, y el de los partidos nacionales a hacer causa común en caso de deslealtad de los primeros. Ambos compromisos están hoy hechos añicos y así no es posible una regeneración democrática. Al contrario, nuestra democracia está degenerándose.

Para que la democracia no degenere en revolución debe cumplirse una condición: asegurar el respeto a la legalidad. No se puede invocar el Derecho y al mismo tiempo menospreciar el Derecho. Nada resulta más anárquico ni fanático que la ideología divorciada de la legalidad. Cuando el orden constitucional es derrotado por acciones fuera de la ley, se está ante un golpe de Estado. Cuando un grupo político pretende obtener el poder a través de la violencia para hacer cambios que no pueden ser aceptados pacíficamente por otros grupos, la democracia sucumbe ante la revolución o, incluso, la guerra civil. Durante la II República, el PSOE de Largo Caballero e Indalecio Prieto organizó el golpe de Estado que desembocaría en la llamada Revolución de Asturias y en la proclamación del Estado catalán. En 1978 y años sucesivos, solamente la extrema derecha franquista y minoritarios grupúsculos independentistas, incluido el terrorismo etarra, eran contrarios a la Constitución y a la Monarquía. Más de cuarenta años después, desaparecida aquella extrema derecha, los partidarios de abatir el régimen constitucional han crecido de golpe y porrazo. A los separatistas, nuevamente golpistas, y a los filoetarras, casi igual de violentos que los etarras, se suman el comunismo de aires caribeños y el socialismo sanchista, reeditando la funesta fórmula del frentepopulismo guerracivilista. A pesar de su pulso de estadista, ni siquiera González logró sustraerse a esa irrefrenable tendencia del socialismo español a emplear métodos más expeditivos (GAL, Flick, Filesa), que democráticos. Parece como si los socialistas estuvieran cómodos en el papel de zorro cuidando el gallinero.

Alguien dijo que en España las elecciones prácticamente se ganaban sabiendo dominar la televisión. Lo cierto es que nuestra Constitución se ha defendido a golpe de televisión y gracias al Jefe del Estado en las dos intentonas golpistas. Tanto el golpe de Estado de Tejero, pistola en mano, en 1981, como el protagonizado por los independentistas catalanes, sin armas, pero sediciosamente coactivos, en 2017, fueron desactivados por la aparición televisiva del Rey hablando a la nación. La Corona sí ha mantenido su compromiso con el orden constitucional.

Cuando Hitler destruyó la democracia en Alemania, pocos alemanes se dieron cuenta de lo importante que son las instituciones para preservar la democracia y que ésta depende de la devoción que sientan hacia ellas los ciudadanos dispuestos a actuar a tiempo para defenderlas. Sobre todo, cuando se tiene un Gobierno que prefiere ser cazador furtivo a guardia forestal.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 28 de febrero de 2021. https://www.elimparcial.es/noticia/222515/opinion/golpes.html

Fuente gráfica: El Periódico

Adelantado

Sepa lector que alguien dotado con el don del vaticinio sabe de forma clarividente lo que va a pasar, no mañana, pero sí en breve. El problema es que nadie le hace caso. “Nadie le escucha”, le dijo un día Valette, director del diario Mercure a Lèautaud. “Esta es precisamente la prueba de que digo la verdad”, respondió éste. Tuve la suerte de celebrar la Nochebuena en una casa con muchos libros. A decir verdad, la dueña hacía reposar allí una excelente biblioteca heredada de sus ascendientes. Y trasteando entre tanto preciado volumen, fui a dar afortunadamente con una joya: “El fin del armisticio”, de Gilbert Keith Chesterton. Editado en julio de 1945 por Los libros de nuestro tiempo, se trata de una recopilación de ensayos y artículos del autor inglés acerca de la teoría por él mantenida sobre el problema alemán en Europa. Todos los hechos ocurridos, desde 1914 hasta la fecha de su muerte, acaecida en 1936, y después, hasta 1945, le dieron la razón. El volumen contiene, además, la crítica más certera al hitlerismo como herejía de la raza (una nueva irreligión), solo superada por la Encíclica Mit Brenender Sorge, de Pío XI.

Para el pensamiento católico, toda la obra de Chesterton constituye una dehesa de aprovechamiento inagotable. Con su poderosa dialéctica, dice verdades como puños y deshace errores temibles por extendidos y arraigados. “El fin del armisticio” está escrito de manera sencilla pero valiente; con ese estilo que muy pocos eruditos pueden recoger como premio. Y, sin embargo, tras su lectura uno no deja de sorprenderse ante mente tan lúcida. ¿Cómo en Inglaterra nadie reaccionó ante algunas cartas de Chesterton publicadas en el Times? Aquél hombre estaba preocupado y convencido de que habría una nueva guerra mundial. Sabía que Alemania atacaría Polonia y que lo haría de acuerdo con Rusia. “El patriota prusiano puede cubrirse de águilas y condecoraciones; pero en la práctica le hallaremos codo con codo con la bandera roja. El prusiano y el ruso estarán de acuerdo en todo, especialmente en todo cuanto se refiera a Polonia”. De esta nación, decía que “entre todos los pueblos del Este de Europa, hay uno en que la Europa Occidental puede confiar de veras”.

Sobre Europa afirmaba que solo adquiere sentido si se la mira como cristianismo. Alemania pertenece a esa realidad, Prusia no porque es pagana. La gran civilización alemana fue creada por la gran civilización cristiana y sus antecesores paganos no legaron nada en absoluto a la posteridad, salvo un intermitente afán de alardear. El problema de Europa consiste en curar a Alemania mediante la exorcización del prusianismo. Hay en éste una fuerza que es un persistente trastorno para Alemania y, en consecuencia, para el mundo entero. Si de ella nos formamos una idea errónea, volveremos a caer en el mismo error de Versalles.

Un último apunte para enmarcar hoy: “Quiero decir que el mundo se desvía ligeramente en una dirección, hacia allí donde se encuentra el vacío o un abismo. La característica más curiosa de la época es el continuo y suave colapso de una cosa tras otra, como castillos de naipes que se desmoronan al menor soplo. El colapso de todo menos de una tradición de la verdad que no es de este mundo. El espectáculo más notable es la muy rápida senilidad de las cosas muy recientes. Es la rápida, la silenciosa decadencia y decrepitud, incluso, de cosas que ayer todavía eran reconocidas como nuevas”.

¡Cómo interesa en estos tiempos blandengues y de confort leer libros así! Por eso necesitamos que sean conservados y transmitidos. Por eso necesitamos que espíritus adelantados a su tiempo nos proporcionen la solución que buscamos, la orientación que deseamos, la consigna que necesitamos.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 24 de enero de 2021. https://www.elimparcial.es/noticia/221289/opinion/adelantado.html