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Luz eterna

El librero de Varsovia. Michael D. O´Brien. Editorial Libros Libres.  Madrid, 2008. 527 páginas.

Michael O´Brien es pertinaz en escribir novelas de ideas; libros de valía perenne para las generaciones futuras. Es hábil en vestir sus enjundiosas obras con el trepidante ritmo de la acción. Se vio en El Padre Elías. Un Apocalipsis, best seller que, con aires de thriller, cautiva inevitablemente al lector.

El librero de Varsovia es la historia anterior a El Padre Elías. No contiene tanta intriga pero deleita y fortalece. Su protagonista es Pawel Tarnovski, un polaco en vías de recuperar la fe en Dios, a quien el Señor le pone una dura prueba de caridad: dar refugio, aún a riesgo de su propia vida, a un adolescente judío (David Schäfer) huido del gueto en la Varsovia de 1942. Durante la convivencia de ambos en Casa Sofía, la pequeña librería regentada por Pawel, se vislumbran los grandes dilemas del hombre: el bien y el mal, la verdad y la mentira, la fe y su ausencia, el diálogo con Dios y las voces del Maligno.

Las conversaciones entre un católico que, paulatinamente, recobra los mecanismos de la fe, y un judío ortodoxo, ávido de conocimientos sobre la trascendencia, son un exquisito alimento espiritual. En época tan desquiciada como la que vivimos, O´Brien nos ayuda a diferenciar entre la luz eterna y las tinieblas disfrazadas de luz, porque cuando todo parece perdido es posible la ayuda.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en la revista Punto CEU Octubre 2008

Los erasmistas

La libertad a prueba. Los intelectuales frente a la tentación totalitaria. Ralf Dahrendorf. Editorial Trota.  Madrid, 2009. 219 páginas.

Ralph Dahrendorf lleva años insistiendo en la necesidad de erradicar los sistemas cerrados para crear la sociedad abierta, cuyos rasgos son agentes privados, mercado y crecimiento. Y ello bajo el imperio de la ley y la separación de poderes, porque el desarrollo no significa únicamente progreso económico, sino también reconocimiento de libertades y participación de los ciudadanos. En suma, salvaguarda de la dignidad del hombre, valor de profunda raigambre cristiana.

Su nuevo libro “La Libertad a prueba. Los intelectuales frente a la tentación totalitaria” constituye una pieza más de ese puzzle que metódica y lúcidamente está construyendo Dahrendorf sobre la historia de la libertad frente al totalitarismo. Pero a diferencia de anteriores obras, en ésta el autor rinde tributo a héroes liberales. Denominados “erasmistas”, en honor de Erasmo de Rotterdam, el amigo de la libertad. Isaiah Berlin, Kart Popper, Raymond Aron y Norberto Bobbio hicieron sonar con estruendo sus palabras en el ágora de las ideas durante el pasado siglo a fin de que se sacudieran las conciencias, resplandeciera la ética y la inteligencia dejara de ser servidumbre.

En pensadores como estos es una constante la férrea defensa de la libertad y su resistencia a aceptar justificaciones de los sistemas totalitarios, respecto de los que ni cabe mejora ni conservación. Unicamente su derribo.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en la revista Punto CEU Mayo 2009

De Madrid al cielo

Un tipo achulado, proclive a las vulgaridades demagógicas propias de cualquier agitador encaramado en una tribuna, se ha creído que Madrid es un paraíso fiscal. Se propone asaltarlo a navaja tributaria, instrumental propio del pendenciero. Como el chiquillo del esquilaor, que solo acude al rebaño a comerse su porción y la de los demás, viene este judas a Madrid a embolsarse monedas y morder la mano que le da de comer. Debió, no sabe donde, oír las campanas de aquella famosa consigna de Silvela, “Madrid, en verano, con dinero y sin estrenos, Baden-Baden” que confirmó el verso de Quiñones de Benavente, “Y desde Madrid al Cielo”. Y ha confundido la capital con un paraíso. Lo mismo grava a Madrid empeñado en que tiene playa.

Fue también Barcelona un paraíso donde moraba el dios Maradona, que ha muerto, según decía el maestro Ruano, como se mueren todos los hombres, “porque Dios se cansa de que vivan y para vivir eternamente”. En Barcelona vive hoy otro dios, Messi, que llegó al Nou Camp llovido del cielo, pero harto de la tabarra separatista del mes que un club, ya pasea por las Ramblas con su malestar a cielo abierto. Removerá cielo y tierra para marcharse con carta de libertad a vivir ésta a otra parte, asestando una patada en pleno cielo de la boca al cansino separatismo culé.

Desde que los rojos se llevaron a Moscú el oro del BancoEspaña, no era Madrid tan preciado. Aun queda el tesoro del estanque del Retiro, un sinfín de monedas esparcidas por propios y extraños. “Madrid, rompeolas de las Españas”, cantaba Machado. Ese sadismo ideológico que hoy desgobierna España persigue anegarlo bajo la ola del intervencionismo colectivista impidiendo que prospere y progrese. Raro es que los apóstoles del federalismo se conviertan ahora al centralismo fiscal. Pero sumando su odio al colectivismo, se comprende su obsesión tan enfermiza por cortarle las alas a Madrid en lugar de intentar que Cataluña las tuviera iguales o mejores.

Empieza Madrid a parecerse a aquél Berlín Occidental, al que llegaban muchos alemanes del lado Oriental huyendo del comunismo y en busca de libertad y mejor vida. A Madrid han llegado, siguen llegando y llegarán familias, empresas y negocios, huyendo de políticas sectarias y disparatadas. En Madrid ven el cielo abierto de una mejor fiscalidad, mejores servicios públicos y una convivencia más pacífica. En suma, un proyecto, tanto regional como municipal, más estable y eficaz para el progreso y la prosperidad. Y gracias a su alcalde, las luces de Navidad españolean por Madrid. Cuando arreciaban los duros días del bloqueo, el que fuera alcalde de Berlín, Ernst Reuter, dejó dichas estas perdurables palabras: “Aquí en Berlín, nadie necesita de lecciones académicas sobre la democracia, la libertad y tantas otras cosas bellas que hay en el mundo. Aquí cada uno vive todo eso, lo vive cada día y cada hora”. Quiera Dios que Madrid no reedite estas palabras.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 29 de noviembre de 2020. https://www.elimparcial.es/noticia/219391/opinion/de-madrid-al-cielo.html

El liderazgo del servicio

En los múltiples manuales sobre liderazgo de personas y en organizaciones que proliferan en tiempos de crisis suelen enumerarse un sinfín de cualidades que todo líder que se precie ha de albergar. En la mayor parte de esas enumeraciones están ausentes la sencillez y la humildad. Poco o nada se dice acerca de que un líder debiera ser sencillo y humilde. Es como si ambos atributos estuvieran reñidos con el liderazgo, al que se reviste más con ufanos ropajes de autosuficiencia. Y, sin embargo, la sencillez y la humildad resultan inherentes al mismo porque no hay mejor liderazgo que el servicio. La verdadera autoridad no consiste en el dominio, sino en el servicio, y es de modo sencillo y humilde como mejor se sirve.

¿Un líder sirviendo al grupo? ¿Un líder a disposición de los demás? ¿Cómo? Ayudando, alentando, escuchando, compartiendo, acompañando; en suma, caminando al lado de los otros, ya sea en vanguardia, retaguardia o entre líneas, a fin de que nadie se extravíe o ninguno se autoexcluya.

El liderazgo consiste en dar más que en recibir. El buen líder pone su talento al servicio del grupo. Sabe que sus cualidades resultan más provechosas si las comparte, ya que compartiendo enriquece a los demás y se enriquece él mismo. Y a cubierto de recelos, envidias y competencia, el grupo se cohesiona vivamente, crece y se hace grande. Es la grandeza del desprendimiento; la esencia del altruismo.  

A través del discurso cultural hoy dominante se ha generalizado la imagen del líder como una especie de superhombre que todo lo puede. Pero no es el líder por sí solo quien mueve y hace avanzar a las organizaciones o a los grupos humanos, sino la urdimbre de lazos y afectos dignos y solidarios que el líder sabe tejer entre sí y sus colaboradores, abriendo ventanas, rompiendo candados, generando cercanía, acortando distancias, reconociendo errores y bajándose los humos. No se es nada ni nadie si no somos con alguien y para alguien.

Alarma

Hasta en cinco ocasiones un Sánchez desconcertado y con sonrisa forzada repitió ante la nación que el virus no distingue colores políticos, ideologías ni territorios. Semejante comentario, impensable en Italia, Alemania o Francia, provoca más alarma que el coronavirus. Pero era la excusatio non petita a la acusatio manifiesta de quien ha practicado en la vida nacional una política estrecha y sin vuelos, atizando las discordias civiles, saturando de prejuicios ideológicos y exagerando la contraposición de intereses entre los españoles. Día tras día los italianos son más italianos, los alemanes más alemanes y los franceses más franceses, pero los españoles estamos cada vez más desunidos, observando perplejos la sectaria, raquítica y miserable mentalidad de ciertos políticos, especialmente dirigentes autonómicos.

Una turbulenta atmósfera de intrigas rodea ya a esa heterogénea coalición que apuntala al Consejo de Ministros, del que emerge una inquietante humareda de egoísmos. Bien sabe el comunismo que todo lo que signifique confusión sirve para la causa revolucionaria y subversiva. Algunos se aplicaron decididamente a ello aunque sin lograr la puesta en marcha de sus colosales aparatos del colectivismo y nacionalización. Otros se delataron por su rasgo mas acusado: la ambición de poder, bajo la que se esconde un partidismo miope y cicatero y una indigencia de soluciones.

Todo empezó mal. Los españoles no somos de medias tintas, sino de francas y directas acciones. Preferimos saber antes que aprender después. Cuando más necesaria era la claridad en las informaciones y la rapidez en las decisiones, el Gobierno receloso y corto de miras se limitaba de forma calamitosa a señalar hechos sin sugerir remedios y a decir verdades parciales. Por tactismo ideológico compraron al feminismo la paz de un día hipotecando durante meses la salud de muchos españoles. Y cuando una preocupación común se adueñó de la ciudadanía decidieron finalmente cargar la escopeta mientras la perdiz quedaba fuera de tiro. Inevitable el resultado: Un Gobierno ineficaz, incapaz e impotente arrollado por los acontecimientos presentes y futuros: una peligrosa pandemia, un  desorden productivo y una desintegración económica.

Si salimos de esta crisis, no será gracias al Gobierno, sino a pesar del Gobierno. En nuestra Historia hay momentos convulsos en los que el pueblo español demostró más altura moral que sus dirigentes políticos. El actual es uno de ellos. Con el esfuerzo de toda la nación, con los recursos magníficos de abnegación y de sacrificio que anidan en nuestros corazones superaremos esta hora difícil que debe servirnos de aglutinante. Es preciso agruparnos sin rivalidades ni odios y sacar a relucir nuestro gen unitivo nacional. Tiempo habrá para el análisis minucioso y la crítica implacable. Porque se pueden pedir cuentas a individuos, pero no se debe entorpecer la protección y el bienestar para un pueblo entero. Tengamos confianza. Seamos disciplinados. Trabajemos sin descanso con afecto desinteresado y espíritu de cooperación. Y, por supuesto, agradezcamos, admiremos y animemos con entusiasmo a esos luchadores infatigables de nuestro sistema sanitario que con generosidad y entrega han cogido a España en sus brazos. Soldados enviados a librar una guerra con el enemigo ya dentro.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 15 de marzo de 2020. https://www.elimparcial.es/noticia/211048/opinion/alarma.html

Re-transición

¿Qué pasa cuando una sociedad llega a la opulencia? ¿Es que pierde sus valores morales? preguntó un sindicalista japonés a Robert F. Kennedy, Procurador General de EEUU, en un viaje de éste por países orientales. En “Leales amigos y temibles enemigos” el hermano de JFK narra lo que respondió al nipón: Ciertamente no tenía que ser así. Su país había alcanzado el más alto nivel de vida en el mundo, formó ciudadanos solidarios entre sí y también con los pueblos de otros países, y contaba con un gobierno preocupado por garantizar la libertad y la prosperidad.

Hubo en España una generación nacida durante la guerra civil que creció en una áspera posguerra de miseria y penalidades; algunos, forjados por la austeridad vivida, iniciaron su carrera en la vida pública al final del franquismo, protagonizando después uno de los retos más estimulantes de nuestra historia contemporánea como diseñar el futuro de un pueblo en libertad y reconciliación. Aquella ejemplar dinámica de participación en convivencia democrática se ha agotado y pareciera como si, alcanzando ciertos niveles de opulencia, los españoles hubiéramos cegado los manantiales de lo moral, diagnóstico aplicable también a una Europa pronta a convertirse en asilo de indigentes morales. Tras cuarenta años del cambio decisivo, la fe en la infalibilidad del político se ha esfumado. La generación de los actuales dirigentes carece de la madurez y disciplina de sus antecesores. Aquellos hombres íntegros, honrados y hasta valientes se jugaron su libertad y hasta su vida; óptimos gestores y fieles servidores públicos, la ciudadanía confió en ellos y les delegó su poder soberano retirándose confiados a sus quehaceres cotidianos. Hoy esa misma ciudadanía se estremece ante una achatada combinación entre gestión ineficaz, consecuencia de una nefasta obsesión por la ideología, y corrupción generalizada a derecha y a izquierda, efecto del arrinconamiento de la idea de servicio al bien común. Dominan la escena una palpable desconfianza y un manifiesto alejamiento de la clase política. Ante la pérdida de credibilidad del hombre público, ante la asfixiante e impertinente maquinaria partitocrática, los españoles reclaman una democracia de personas y no de partidos, deseando que el poder vuelva a sus manos para contribuir a la arquitectura de una nueva sociedad.

No extraña que sean la duda y una franca desorientación las únicas actitudes razonables que los ciudadanos puedan hoy adoptar. Ellos tienen derecho a dejarse oír y a ellos es preciso con urgencia hablar. La España oficial retrocede; la real avanza. Hubo un tiempo en que la política apasionaba y los políticos conquistaban entendimientos y corazones con sus posiciones claras y sólidas convicciones. Si hasta las mociones de censura servían para exponer programas de gobierno. Ya no hay pasión sino odio, ni política seria sino pantomimas publicitarias resultando tarea prioritaria regenerar los principios de la Transición con savia nueva y visión de águila, no de topo. Ante la ausencia de liderazgo político es hora de reclamar el liderazgo cívico de fundamento moral.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 18 de junio de 2017. https://www.elimparcial.es/noticia/178747/opinion/re-transicion.html

Incompetencia y bancarrota

La anécdota transcurre en la Alemania ocupada por los aliados tras la II Guerra Mundial. En algún punto donde coinciden las zonas de ocupación de la URSS y los EE.UU, discuten sobre democracia soldados de ambos ejércitos. El norteamericano da su definición: “Nuestra democracia significa que yo puedo gritar frente a la Casa Blanca: Truman no es un buen presidente. Quiero un presidente mejor que Truman. Y no me ocurre nada”. El soviético replica: “También nosotros tenemos democracia. Yo puedo gritar frente al Kremlin: Truman no es un buen presidente. Quiero un presidente mejor que Truman. Y no me ocurre nada”.

En una democracia el gran desafío para los gobernantes es lograr que hasta su altura llegue el pensamiento y la opinión de los gobernados. Y es tarea ardua salvaguardar un orden de participación de los ciudadanos en la esfera pública que actúe como contrapeso a las instituciones estatales. El objetivo último sería que la acción política, fundada en principios morales, redunde en beneficio del pueblo. La política no es mera gestión de poder, necesita de una dimensión moral, pues sin ella aflora el partidismo y la demagogia. Y eso no es gobernar. Lo decía Antonio MauraSe puede estar en el Gobierno pero no gobernar. Porque gobernar, lo que se dice gobernar, consiste en una tarea extremadamente difícil: estar al servicio de todo un pueblo. Así es la política grande, la de la conveniencia pública.

Empachados de relativismo y borrachos de ideología, hemos olvidado qué son la política grande y la conveniencia pública, convirtiéndonos en una nación ¿paradójica o cínica? Defendemos la vida combatiendo la pandemia al mismo tiempo que nuestra clase política tramita la legalización de la eutanasia. Denunciamos toda forma de violencia y de acciones fuera de la ley mientras que un detestable tinglado político permite a minorías partidarias del terrorismo y del golpismo condicionar nuestra convivencia y prosperidad. Y ante la mayor crisis económica de nuestra historia contemporánea, el Gobierno, en vez de mirar al futuro, se distrae infantilmente revolviendo el pasado; en vez de aplicar remedios se ofusca persiguiendo venganza. ¿Estamos locos o somos amorales? Cada día nos parecemos más a aquella nefasta República alemana de Weimar que, entre una política incompetente y una economía en bancarrota, sucumbió, ayuna de liderazgo moral, a manos de un charlatán de cervecería con camisa parda. También aquél quería ganar una guerra perdida años antes.

Ante políticos de moral raquítica que, aferrados al poder y a la patrimonialización del cargo, no vacilan en contradecirse, en faltar a su palabra o renegar de sus actos, ante fabricantes de buenas palabras y eslóganes atractivos con que disimular la falta de sentido de Estado, ante pésimos gestores ocupados únicamente en escenificar como actores dando empaque a su propio yo inoculando su fanático sectarismo, resulta más necesario que nunca defender la democracia haciéndola invulnerable a toda suerte de fraudes y abusos. Y si algún ciudadano grita pidiendo un presidente mejor, que no le ocurra nada.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 20 de septiembre de 2020. https://www.elimparcial.es/noticia/216940/incompetencia-y-bancarrota.html

Piezas básicas de un puzle

La historia del papado lo es de entrega y generosidad, de martirio, sin clavos como decía Pío XII, y de santidad. Sin la historia del papado no se entiende la historia de la humanidad. Juan XXIII y Juan Pablo II son piezas básicas para componer el puzle de la pasada centuria. Tras las terribles experiencias de los totalitarismos, sus pontificados constituyen una gran obra pacificadora y educadora, especialmente, en el mundo europeo. Ambos desarrollaron una intensa labor en la defensa de los derechos del hombre, de la dignidad humana y de la justicia social.

Juan XXIII, intuitivo e inspirado, comprendió «el signo de los tiempos» y cambió el rumbo de la historia. De espíritu bondadoso y talante atrayente, no sólo para el católico –también para el hombre de buena voluntad–, convocó el Concilio Vaticano II, que abriría las puertas y ventanas de la Iglesia para salir a la búsqueda de una humanidad mejor. Hoy está desfasado hablar de aquel gran acontecimiento en clave de ruptura o de discontinuidad. Como dijo Benedicto XVI, sólo una «hermenéutica de la continuidad» nos lleva a una lectura justa y correcta del Concilio. Juan XXIII propuso toda una verdadera renovación eclesial y una profunda reconstrucción social. No es el Evangelio el que cambia, afirmaba Roncalli, somos nosotros, que comenzamos a comprender mejor.

Juan Pablo II, universal y mediático, se erigió en el Papa de la libertad del hombre, y por ende, de los pueblos, condicionado por su origen polaco. Rescató a la Iglesia de cierto marasmo y la puso a dialogar con los hombres de ciencia. Desarrolló una viva y penetrante actividad en el campo eclesial pero también en el cultural y social. En suma, muy cercano a los terrenos del hombre. Viajaba por y para el Evangelio. Popular entre la juventud y referente de toda una generación. Wojtyla nos advirtió de que no tuviéramos miedo si abríamos las puertas a Cristo, a quien nadie tiene derecho a expulsar de la Historia. En sus últimos días, Juan Pablo II nos enseñó su más imponente legado: que la debilidad del cuerpo puede ser compatible con la fortaleza del alma. Vivió libre y murió digno.

Como sucesores de Pedro, Juan XXIII y Juan Pablo II siempre anunciaron el mismo mensaje: que la religión de Cristo es una religión a favor del hombre y por ello es la religión del amor.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario La Razón el 27 de abril de 2014. https://www.larazon.es/religion/piezas-basicas-de-un-puzle-GI6208811/

El apagón del 14 de abril

La II República es a la democracia lo que la silla eléctrica a la electricidad. No llegó por sufragio universal. Las elecciones del 12 de abril fueron municipales y 22.150 concejales monárquicos triunfaron sobre 5.775 republicanos. Pero como un cortocircuito en el sistema, se proclamó la II República. Comenzó como progreso, pronto mudó a retraso y sucumbió en tragedia por sectarismo y demagogia. El no es esto, no es esto, de Ortega, Marañón o Pérez de Ayala, demuestra que el amor de aquél régimen a la libertad fue una simple y verbal declaración. De la alegría soleada del 14 de abril se pasó a los negros nubarrones de un republicanismo radical, antirreligioso y netamente masónico desembocando en oscuridad frentepopulista, sometida a la estricta obediencia soviética.

El Frente Popular hundió a la República en un reguero criminal de elecciones amañadas y eliminación de adversarios, como José Calvo Sotelo, crimen de Estado igual al cometido por el fascismo italiano con Matteotti. La táctica de los Frentes Populares, creada por el stalinista Dimitrof, fue la favorita del partido comunista que siempre se comportó en los sistemas democráticos de la época como un submarino en inmersión del cual solo se ve el periscopio. Durante la República actuó como caballo de Troya atacando con total desfachatez a la democracia desde dentro y avanzando hacia el poder en alianza con unos socios, aniquilados implacablemente (Andres Nin, del POUM), cuando estorbaban en el camino hacia la victoria final.

También fue grande el desacierto político de hombres como Niceto Alcalá-Zamora, y grande su responsabilidad en la guerra civil. Por su conducta personalista y estrecha, cerrando el camino a las fuerzas triunfantes en las elecciones de 1933, el que fuera presidente de la República entregó ésta al marxismo. Fue una víctima más del régimen que deliberadamente ayudó a implantar y que acabó por eliminarle. Alcalá-Zamora, católico y republicano, burgués y “de orden” fue el figurón que tremolaron los republicanos para aplacar el temor de los conservadores. En 1945 publicó un libro, Régimen político y convivencia en España. Lo que debe ser y lo que no debe ser, en el que demuestra cómo la misma República violó su propia legalidad aunque descuide señalar que él consintió en ello. Se refería a la revuelta de Asturias de octubre de 1934, brutal golpe de Estado de la izquierda marxista contra la legalidad republicana. Esta fue defendida únicamente por la derecha combatiendo y encarcelando a los golpistas, puestos en la calle más tarde por el gobierno del Frente Popular mediante una parodia de amnistía.  

Algunos se empeñan hoy en presentar aquél fatídico régimen como un idílico hábitat de libertad y justicia, olvidando que el marxismo jamás soporta la democracia sino en cuanto sirve a sus fines. Y si se ve contrariado, rompe el juego parlamentario y quiebra la convivencia democrática tratando de imponerse por la fuerza. Los grandes remedios contra el marxismo son siempre la democracia, la libertad y el bienestar, que nunca vieron la luz durante el apagón republicano.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 15 de abril de 2018. https://www.elimparcial.es/noticia/188721/opinion/el-apagon-del-14-de-abril.html

Fuente gráfica: Diario ABC

Crispación y deconstrucción

Para el Gobierno de la coalición quienes protestan en las calles de España contra Sánchez crispan y contagian. Pero ese mismo Gobierno ve con buenos ojos las protestas callejeras contra Trump. “O nosotros en el poder o el desorden en las calles” fue y es consigna comunista. Largo Caballero, el Lenin español, vociferaba: “si no ganamos el poder en las urnas, lo haremos en la calle”. Y creyendo el ladrón que todos son de su condición, el aprendiz de Lenin tacha de golpistas a los golfistas de Núñez de Balboa.

Machaconamente la coalición repite que el Estado de alarma salva vidas. Pero hay partidos políticos que para salvar vidas prorrogando el Estado de alarma exigen concesiones de lo más variopinto: derogar una reforma laboral, gestionar los fondos para la renta mínima, lograr mayor nivel de autonomía, reanudar la mesa del separatismo…¿Qué tendrán que ver tales mercancías de contrabando con la salvación de vidas? Más que salvar vidas, algunos comercian con vidas para ir a lo suyo.

Pero el Estado de alarma además de salvar vidas, también las resucita. Y en cantidades industriales. Quien fuera director de El Faro de Ceuta cuenta que en la sección Ecos de Sociedad del diario, se publicó una nota necrológica de un conocido comerciante de la ciudad. Pero resultó que el hombre no había fallecido. Cierto es que estuvo varios días en coma y que alguien de la familia había dicho al redactor del periódico: “De esta noche no pasa”. Pero pasó. Y un buen día se presentó en el despacho del director: “Vengo, le dijo, a darle las gracias por los elogios que me dedicaron en la nota necrológica. Pero ya ve usted que estoy vivo. Y, claro, tienen ustedes que rectificar”. El director llamó al redactor que había escrito la noticia: “Este señor es don Fulano; como ve, no está muerto”. “No, no lo está”, respondió el redactor. “Pues tienen que rectificar”, pidió el “resucitado”, el cual ante la propuesta del redactor de incluir su nombre en la sección de nacimientos, se puso hecho un basilisco. Y el redactor concluyó: “de todas formas antes o después, usted se morirá. Reconozca que lo que hemos hecho ha sido anticipar la noticia”. Sánchez se anticipa siempre hacia atrás.

Al igual que la reconstrucción de Rusia tras la revolución bolchevique fue posible (es un decir), a base de comunismo y de la electrificación del país, Sánchez cree ciegamente que la deconstrucción de España será viable también gracias al comunismo de su vicepresidente y al enchufe de sus amiguetes. Vinieron a regenerar y a ser transparentes pero día a día se embarran en el revanchismo y la mentira y pintan de negro el futuro. Su reconstrucción consiste en que la gente no prospere por sí misma, sino con la ayuda del Estado.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 7 de junio de 2020. https://www.elimparcial.es/noticia/213855/opinion/crispacion-y-deconstruccion.html