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Hispanidad, Occidente

Los que rezamos a Dios en castellano sobre las dos orillas del mar de la Hispanidad somos pueblos de estirpe ibérica que poseemos un vínculo familiar que nos une. Formamos una comunidad de naciones enlazadas por el idioma y por un mismo sentido de la vida, mismos valores éticos y misma fe cristiana. Nunca despreciemos la idea de que la integración de la familia de naciones hispánicas pueda resultar un poderoso elemento de paz y de orden para el mundo.

Tomemos el ejemplo de Cuba. Por cierto, país maltrecho y confinado por el comunismo. Resulta curioso como los totalitarismos siempre recluyen la libertad por motivos ideológicos. Los nazis mediante el gueto en Varsovia, los soviéticos, primero, mediante el bloqueo, después, mediante el muro en Berlín. Y Sánchez mediante el Estado de alarma en Madrid. La Habana es una población cargada de españolismo, de vida americana y de preocupaciones europeas. No hay nada español que no sea un poco cubano, como no hay nada cubano que no sea un poco español. Cuba ha sido un crisol en donde se han fundido cuerpos y espíritus de España. Así es todo el continente americano.

Fue Ramiro de Maeztu quien concibió la idea de Hispanidad fundada sobre la fe católica, sobre la justificación histórica de la obra de España en América y sobre la idea de patria como un valor del espíritu. Ello originó un sentimiento familiar de pueblos, sobre el que España ostenta hacia ellos, antes que nada, el prestigio de su católica maternidad. Los misioneros españoles no fueron a allí a buscar oro, sino a llevarlo.El continente americano es el continente de Nuestra Señora y la devoción mariana fue un importantísimo factor en la conversión de los indios, en la formación de la historia y en la mezcla fecunda de razas que siguen rezando las oraciones que aprendieron del labiado de los colonizadores. La equiparación con los españoles de los indígenas de América, data del mimo instante del descubrimiento y posterior evangelización. La ingente obra que España realizó en América o, incluso, en Filipinas representa el trasplante a todo un mundo sobre recia raíz católica de lo que hoy se llama espíritu de Occidente.

En Occidente estamos olvidando que Europa es algo más que una pura expresión geográfica. Que más allá de lo geográfico existe el término Europa como estilo de vida, como visión del mundo, como cuna de nuestra cultura común y como baluarte de los valores que se hallan indisolublemente unidos a la concepción cristiana de la vida: o sea, libertad y dignidad del hombre. En este sentido, Europa pertenece a los americanos con tanta legitimidad como a los nacidos en España, en Suiza o en Hungría. Por lo tanto, la defensa de Europa y de su significado en el mundo es para los de aquí, como para los de allá una cuestión que atañe a su propio ser y a su propia sustancia. La Europa así concebida, como concepto milenario de cultura, es la civilización occidental.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 11 octubre de 2020. https://www.elimparcial.es/noticia/217703/opinion/hispanidad-occidente.html

Libros de ayer y de hoy

Múltiples han sido las explicaciones que por los historiadores se han proporcionado sobre las causas de la caída de la Monarquía de Alfonso XIII. Mucho tuvo que ver en ella el mal funcionamiento de los partidos políticos e, incluso, el apartamiento del poder del político conservador Antonio Maura. Así lo argumentaba el libro Estudios sobre el reinado de Alfonso XIII, del Conde de los Villares (Editorial Jordán, 1948). Posteriormente, sobre la misma cuestión histórica, aparecería en España en 1962, y de forma clandestina, Así cayó Alfonso XIII, testimonio de Miguel Maura Gamazo, hijo, precisamente, de Antonio Maura, y ministro de la Gobernación en el primer Gobierno provisional de la II República. En 1966 se publicaría por Ariel una edición autorizada. Ahora, la editorial Marcial Pons publica una nueva edición de esta obra a la que se han añadido ciento cincuenta páginas de nueva documentación. En ellas, Maura explica su salida del Gobierno en octubre de 1931 a causa de la aprobación de la Constitución republicana, cuyos artículos en materia religiosa eran abiertamente contrarios a la Iglesia Católica.

En plena controversia sobre la asignatura Educación para la ciudadanía, conviene reparar en un valiente diagnóstico no apto para los valedores de la corrección política. Abreviar las horas de escuela a favor de la educación vial, sexual o medioambiental y de excursiones y diversiones, que son poco instructivas, es una pérdida de tiempo para la instrucción. Lo sostiene Mercedes Ruíz Paz en Los límites de la educación (Ediciones Ver, 1999). La educación no está funcionando. Urge una pedagogía del contenido devolviendo a la escuela su misión primordial: enseñar a aprender. Más contundente es la misma autora en La secta pedagógica (Grupo Unisón, 2003). Nuestra enseñanza no potencia el esfuerzo del alumno ni el respeto a la autoridad. También se aprecia coraje para la denuncia de un nefasto sistema educativo en la obra de Antonio Viñao Escuela para todos. Educación y modernidad en la España del siglo XX (Marcial Pons, 2004).

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en la revista Punto CEU Mayo 2007

No hay liberalismo sin Dios

Principios liberales. Dario Antiseri. Unión Editorial.  Madrid, 2005. 86 páginas.

El prólogo de Benedicto XVI al reciente libro (“Por qué debemos decirnos cristianos”), del ex-presidente del Senado italiano, Marcello Pera, ha devuelto a la actualidad la obra del filósofo, también italiano, Dario Antiseri “Principios liberales”. El Papa sostiene en su prólogo que no hay liberalismo sin Dios, y se hace eco de que una contribución para superar la crisis contemporánea de la ética es ese liberalismo que para ser fiel a sí mismo puede vincularse a una doctrina del bien, en particular la cristiana que es semejante a él.

Dario Antiseri, pensador católico y liberal, ha elaborado un libro breve y sencillo en el que de manera clara y directa presenta los principios del pensamiento liberal, algunos de los cuales hincan sus raíces en el Cristianismo (solidaridad, subsidiariedad y cuerpos intermedios, igualdad entre todos los hombres y prioridad del mérito sobre el privilegio). El autor, sirviéndose de citas de autores de gran talla: Popper, Von Mises, Hayek, Claudel, Ropke, Rosmini…analiza mediante un procedimiento contradictorio los principios liberales, ayudando al lector a comprenderlos mejor, pero también a defenderlos de las objeciones formuladas contra ellos, en su mayoría, consecuencia de la manipulación a que ha sido sometida la idea liberal.

En su libro Antiseri nos recuerda el ámbito de coincidencias entre ideas liberales y valores cristianos, evidenciado además por la conexión entre los escolásticos de Salamanca y los integrantes de la Escuela de Viena.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en la revista Punto CEU Mayo 2009

Sin ubicar

Sostiene Ramiro de Maeztu en La crisis del humanismo que el ideal de todo buen heleno era el de ser un perfecto caballero, y un caballero no alcanzaba la perfección si no moría una muerte noble. Tanto del perfecto caballero como de la muerte noble decían los griegos que eran bellos. Retumba en España la cifra de 13.000 muertos esperando la nobleza que corresponde a su final. La Muerte no sabe de la Vida porque es su antagonista, pero nosotros, cristianos, afirmó Jose María Pemán, sí sabemos cómo la Vida puede alcanzar su victoria final. Con nuestro dolor personal, no debemos consentirle a la Muerte que haga su tarea a su gusto.

Desde antaño, venimos siendo los españoles muy proclives a honrar a nuestros muertos. Magistralmente bellísimas son las honras fúnebres que a modo de elegía dedicaron al óbito maestros de nuestra Literatura como Jorge Manrique en Coplas a la muerte de su padre, o García Lorca en Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías. Por puro cálculo electoral, algunos se han empeñado en consentirle a la ideología “que haga su tarea a su gusto” atascando en el barro de la falsedad la dignidad de 13.000 compatriotas fallecidos, cuya memoria debe ser honrada. Cuando los vivos tienen muertos sin ubicar, los desubicados son los vivos. Simón, no el enterrador, sino el alertador sin alertas, anuncia con el desapego de un frío contable que “nos quedan 13.000 fallecidos ahí, pero no podemos ubicarlos”. ¿Ahí? ¿Ubi sunt? raíz latina de ubicar. La lengua de la nueva normalidad, que pretende precisión para los vivos, no tiene la misma consideración para con los muertos. “Déjalos por ahí”, debió de ser la nueva consigna desde Moncloa a quien, meses atrás, también recibió la orden de dejar por ahí la alarma, porque con dos gallos en el mismo Consejo de ministros debía esperarse a la pelea final en las calles del 8-M.

Hemos logrado el progreso a través de la abnegada constancia y el sacrificio anónimo, pero lamentablemente también certificando en muchas ocasiones que una vida o una muerte suponen un mero dato aportado a la repetida elaboración de hipótesis, solo una reducida cantidad de las cuales son elevadas a conclusiones científicas. Y como los ideólogos del Gobierno han seguido fielmente las recomendaciones de la ciencia y de la OMS, pero solo hasta donde esas recomendaciones coincidían con sus conveniencias partidistas, resulta ahora que su estrategia es que ni la ciencia ni la OMS deben estropearles un buen titular sobre ese mítico índice de letalidad. No es ético hacer pasar por mitos lo que son embustes. “Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”. Dadme un Goeebles y perfeccionaré el engaño. Científicamente constatada la tesis de Chesterton: las cosas muertas pueden ser arrastradas por la corriente pero sólo algo vivo puede ir contracorriente, debemos los vivos ir contracorriente de la mentira. Aunque solo sea por honrar a nuestros muertos.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 21 de junio de 2020. https://www.elimparcial.es/noticia/214298/opinion/sin-ubicar.html

Luz eterna

El librero de Varsovia. Michael D. O´Brien. Editorial Libros Libres.  Madrid, 2008. 527 páginas.

Michael O´Brien es pertinaz en escribir novelas de ideas; libros de valía perenne para las generaciones futuras. Es hábil en vestir sus enjundiosas obras con el trepidante ritmo de la acción. Se vio en El Padre Elías. Un Apocalipsis, best seller que, con aires de thriller, cautiva inevitablemente al lector.

El librero de Varsovia es la historia anterior a El Padre Elías. No contiene tanta intriga pero deleita y fortalece. Su protagonista es Pawel Tarnovski, un polaco en vías de recuperar la fe en Dios, a quien el Señor le pone una dura prueba de caridad: dar refugio, aún a riesgo de su propia vida, a un adolescente judío (David Schäfer) huido del gueto en la Varsovia de 1942. Durante la convivencia de ambos en Casa Sofía, la pequeña librería regentada por Pawel, se vislumbran los grandes dilemas del hombre: el bien y el mal, la verdad y la mentira, la fe y su ausencia, el diálogo con Dios y las voces del Maligno.

Las conversaciones entre un católico que, paulatinamente, recobra los mecanismos de la fe, y un judío ortodoxo, ávido de conocimientos sobre la trascendencia, son un exquisito alimento espiritual. En época tan desquiciada como la que vivimos, O´Brien nos ayuda a diferenciar entre la luz eterna y las tinieblas disfrazadas de luz, porque cuando todo parece perdido es posible la ayuda.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en la revista Punto CEU Octubre 2008

Los erasmistas

La libertad a prueba. Los intelectuales frente a la tentación totalitaria. Ralf Dahrendorf. Editorial Trota.  Madrid, 2009. 219 páginas.

Ralph Dahrendorf lleva años insistiendo en la necesidad de erradicar los sistemas cerrados para crear la sociedad abierta, cuyos rasgos son agentes privados, mercado y crecimiento. Y ello bajo el imperio de la ley y la separación de poderes, porque el desarrollo no significa únicamente progreso económico, sino también reconocimiento de libertades y participación de los ciudadanos. En suma, salvaguarda de la dignidad del hombre, valor de profunda raigambre cristiana.

Su nuevo libro “La Libertad a prueba. Los intelectuales frente a la tentación totalitaria” constituye una pieza más de ese puzzle que metódica y lúcidamente está construyendo Dahrendorf sobre la historia de la libertad frente al totalitarismo. Pero a diferencia de anteriores obras, en ésta el autor rinde tributo a héroes liberales. Denominados “erasmistas”, en honor de Erasmo de Rotterdam, el amigo de la libertad. Isaiah Berlin, Kart Popper, Raymond Aron y Norberto Bobbio hicieron sonar con estruendo sus palabras en el ágora de las ideas durante el pasado siglo a fin de que se sacudieran las conciencias, resplandeciera la ética y la inteligencia dejara de ser servidumbre.

En pensadores como estos es una constante la férrea defensa de la libertad y su resistencia a aceptar justificaciones de los sistemas totalitarios, respecto de los que ni cabe mejora ni conservación. Unicamente su derribo.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en la revista Punto CEU Mayo 2009

De Madrid al cielo

Un tipo achulado, proclive a las vulgaridades demagógicas propias de cualquier agitador encaramado en una tribuna, se ha creído que Madrid es un paraíso fiscal. Se propone asaltarlo a navaja tributaria, instrumental propio del pendenciero. Como el chiquillo del esquilaor, que solo acude al rebaño a comerse su porción y la de los demás, viene este judas a Madrid a embolsarse monedas y morder la mano que le da de comer. Debió, no sabe donde, oír las campanas de aquella famosa consigna de Silvela, “Madrid, en verano, con dinero y sin estrenos, Baden-Baden” que confirmó el verso de Quiñones de Benavente, “Y desde Madrid al Cielo”. Y ha confundido la capital con un paraíso. Lo mismo grava a Madrid empeñado en que tiene playa.

Fue también Barcelona un paraíso donde moraba el dios Maradona, que ha muerto, según decía el maestro Ruano, como se mueren todos los hombres, “porque Dios se cansa de que vivan y para vivir eternamente”. En Barcelona vive hoy otro dios, Messi, que llegó al Nou Camp llovido del cielo, pero harto de la tabarra separatista del mes que un club, ya pasea por las Ramblas con su malestar a cielo abierto. Removerá cielo y tierra para marcharse con carta de libertad a vivir ésta a otra parte, asestando una patada en pleno cielo de la boca al cansino separatismo culé.

Desde que los rojos se llevaron a Moscú el oro del BancoEspaña, no era Madrid tan preciado. Aun queda el tesoro del estanque del Retiro, un sinfín de monedas esparcidas por propios y extraños. “Madrid, rompeolas de las Españas”, cantaba Machado. Ese sadismo ideológico que hoy desgobierna España persigue anegarlo bajo la ola del intervencionismo colectivista impidiendo que prospere y progrese. Raro es que los apóstoles del federalismo se conviertan ahora al centralismo fiscal. Pero sumando su odio al colectivismo, se comprende su obsesión tan enfermiza por cortarle las alas a Madrid en lugar de intentar que Cataluña las tuviera iguales o mejores.

Empieza Madrid a parecerse a aquél Berlín Occidental, al que llegaban muchos alemanes del lado Oriental huyendo del comunismo y en busca de libertad y mejor vida. A Madrid han llegado, siguen llegando y llegarán familias, empresas y negocios, huyendo de políticas sectarias y disparatadas. En Madrid ven el cielo abierto de una mejor fiscalidad, mejores servicios públicos y una convivencia más pacífica. En suma, un proyecto, tanto regional como municipal, más estable y eficaz para el progreso y la prosperidad. Y gracias a su alcalde, las luces de Navidad españolean por Madrid. Cuando arreciaban los duros días del bloqueo, el que fuera alcalde de Berlín, Ernst Reuter, dejó dichas estas perdurables palabras: “Aquí en Berlín, nadie necesita de lecciones académicas sobre la democracia, la libertad y tantas otras cosas bellas que hay en el mundo. Aquí cada uno vive todo eso, lo vive cada día y cada hora”. Quiera Dios que Madrid no reedite estas palabras.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 29 de noviembre de 2020. https://www.elimparcial.es/noticia/219391/opinion/de-madrid-al-cielo.html

Alarma

Hasta en cinco ocasiones un Sánchez desconcertado y con sonrisa forzada repitió ante la nación que el virus no distingue colores políticos, ideologías ni territorios. Semejante comentario, impensable en Italia, Alemania o Francia, provoca más alarma que el coronavirus. Pero era la excusatio non petita a la acusatio manifiesta de quien ha practicado en la vida nacional una política estrecha y sin vuelos, atizando las discordias civiles, saturando de prejuicios ideológicos y exagerando la contraposición de intereses entre los españoles. Día tras día los italianos son más italianos, los alemanes más alemanes y los franceses más franceses, pero los españoles estamos cada vez más desunidos, observando perplejos la sectaria, raquítica y miserable mentalidad de ciertos políticos, especialmente dirigentes autonómicos.

Una turbulenta atmósfera de intrigas rodea ya a esa heterogénea coalición que apuntala al Consejo de Ministros, del que emerge una inquietante humareda de egoísmos. Bien sabe el comunismo que todo lo que signifique confusión sirve para la causa revolucionaria y subversiva. Algunos se aplicaron decididamente a ello aunque sin lograr la puesta en marcha de sus colosales aparatos del colectivismo y nacionalización. Otros se delataron por su rasgo mas acusado: la ambición de poder, bajo la que se esconde un partidismo miope y cicatero y una indigencia de soluciones.

Todo empezó mal. Los españoles no somos de medias tintas, sino de francas y directas acciones. Preferimos saber antes que aprender después. Cuando más necesaria era la claridad en las informaciones y la rapidez en las decisiones, el Gobierno receloso y corto de miras se limitaba de forma calamitosa a señalar hechos sin sugerir remedios y a decir verdades parciales. Por tactismo ideológico compraron al feminismo la paz de un día hipotecando durante meses la salud de muchos españoles. Y cuando una preocupación común se adueñó de la ciudadanía decidieron finalmente cargar la escopeta mientras la perdiz quedaba fuera de tiro. Inevitable el resultado: Un Gobierno ineficaz, incapaz e impotente arrollado por los acontecimientos presentes y futuros: una peligrosa pandemia, un  desorden productivo y una desintegración económica.

Si salimos de esta crisis, no será gracias al Gobierno, sino a pesar del Gobierno. En nuestra Historia hay momentos convulsos en los que el pueblo español demostró más altura moral que sus dirigentes políticos. El actual es uno de ellos. Con el esfuerzo de toda la nación, con los recursos magníficos de abnegación y de sacrificio que anidan en nuestros corazones superaremos esta hora difícil que debe servirnos de aglutinante. Es preciso agruparnos sin rivalidades ni odios y sacar a relucir nuestro gen unitivo nacional. Tiempo habrá para el análisis minucioso y la crítica implacable. Porque se pueden pedir cuentas a individuos, pero no se debe entorpecer la protección y el bienestar para un pueblo entero. Tengamos confianza. Seamos disciplinados. Trabajemos sin descanso con afecto desinteresado y espíritu de cooperación. Y, por supuesto, agradezcamos, admiremos y animemos con entusiasmo a esos luchadores infatigables de nuestro sistema sanitario que con generosidad y entrega han cogido a España en sus brazos. Soldados enviados a librar una guerra con el enemigo ya dentro.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 15 de marzo de 2020. https://www.elimparcial.es/noticia/211048/opinion/alarma.html

Re-transición

¿Qué pasa cuando una sociedad llega a la opulencia? ¿Es que pierde sus valores morales? preguntó un sindicalista japonés a Robert F. Kennedy, Procurador General de EEUU, en un viaje de éste por países orientales. En “Leales amigos y temibles enemigos” el hermano de JFK narra lo que respondió al nipón: Ciertamente no tenía que ser así. Su país había alcanzado el más alto nivel de vida en el mundo, formó ciudadanos solidarios entre sí y también con los pueblos de otros países, y contaba con un gobierno preocupado por garantizar la libertad y la prosperidad.

Hubo en España una generación nacida durante la guerra civil que creció en una áspera posguerra de miseria y penalidades; algunos, forjados por la austeridad vivida, iniciaron su carrera en la vida pública al final del franquismo, protagonizando después uno de los retos más estimulantes de nuestra historia contemporánea como diseñar el futuro de un pueblo en libertad y reconciliación. Aquella ejemplar dinámica de participación en convivencia democrática se ha agotado y pareciera como si, alcanzando ciertos niveles de opulencia, los españoles hubiéramos cegado los manantiales de lo moral, diagnóstico aplicable también a una Europa pronta a convertirse en asilo de indigentes morales. Tras cuarenta años del cambio decisivo, la fe en la infalibilidad del político se ha esfumado. La generación de los actuales dirigentes carece de la madurez y disciplina de sus antecesores. Aquellos hombres íntegros, honrados y hasta valientes se jugaron su libertad y hasta su vida; óptimos gestores y fieles servidores públicos, la ciudadanía confió en ellos y les delegó su poder soberano retirándose confiados a sus quehaceres cotidianos. Hoy esa misma ciudadanía se estremece ante una achatada combinación entre gestión ineficaz, consecuencia de una nefasta obsesión por la ideología, y corrupción generalizada a derecha y a izquierda, efecto del arrinconamiento de la idea de servicio al bien común. Dominan la escena una palpable desconfianza y un manifiesto alejamiento de la clase política. Ante la pérdida de credibilidad del hombre público, ante la asfixiante e impertinente maquinaria partitocrática, los españoles reclaman una democracia de personas y no de partidos, deseando que el poder vuelva a sus manos para contribuir a la arquitectura de una nueva sociedad.

No extraña que sean la duda y una franca desorientación las únicas actitudes razonables que los ciudadanos puedan hoy adoptar. Ellos tienen derecho a dejarse oír y a ellos es preciso con urgencia hablar. La España oficial retrocede; la real avanza. Hubo un tiempo en que la política apasionaba y los políticos conquistaban entendimientos y corazones con sus posiciones claras y sólidas convicciones. Si hasta las mociones de censura servían para exponer programas de gobierno. Ya no hay pasión sino odio, ni política seria sino pantomimas publicitarias resultando tarea prioritaria regenerar los principios de la Transición con savia nueva y visión de águila, no de topo. Ante la ausencia de liderazgo político es hora de reclamar el liderazgo cívico de fundamento moral.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 18 de junio de 2017. https://www.elimparcial.es/noticia/178747/opinion/re-transicion.html

Incompetencia y bancarrota

La anécdota transcurre en la Alemania ocupada por los aliados tras la II Guerra Mundial. En algún punto donde coinciden las zonas de ocupación de la URSS y los EE.UU, discuten sobre democracia soldados de ambos ejércitos. El norteamericano da su definición: “Nuestra democracia significa que yo puedo gritar frente a la Casa Blanca: Truman no es un buen presidente. Quiero un presidente mejor que Truman. Y no me ocurre nada”. El soviético replica: “También nosotros tenemos democracia. Yo puedo gritar frente al Kremlin: Truman no es un buen presidente. Quiero un presidente mejor que Truman. Y no me ocurre nada”.

En una democracia el gran desafío para los gobernantes es lograr que hasta su altura llegue el pensamiento y la opinión de los gobernados. Y es tarea ardua salvaguardar un orden de participación de los ciudadanos en la esfera pública que actúe como contrapeso a las instituciones estatales. El objetivo último sería que la acción política, fundada en principios morales, redunde en beneficio del pueblo. La política no es mera gestión de poder, necesita de una dimensión moral, pues sin ella aflora el partidismo y la demagogia. Y eso no es gobernar. Lo decía Antonio MauraSe puede estar en el Gobierno pero no gobernar. Porque gobernar, lo que se dice gobernar, consiste en una tarea extremadamente difícil: estar al servicio de todo un pueblo. Así es la política grande, la de la conveniencia pública.

Empachados de relativismo y borrachos de ideología, hemos olvidado qué son la política grande y la conveniencia pública, convirtiéndonos en una nación ¿paradójica o cínica? Defendemos la vida combatiendo la pandemia al mismo tiempo que nuestra clase política tramita la legalización de la eutanasia. Denunciamos toda forma de violencia y de acciones fuera de la ley mientras que un detestable tinglado político permite a minorías partidarias del terrorismo y del golpismo condicionar nuestra convivencia y prosperidad. Y ante la mayor crisis económica de nuestra historia contemporánea, el Gobierno, en vez de mirar al futuro, se distrae infantilmente revolviendo el pasado; en vez de aplicar remedios se ofusca persiguiendo venganza. ¿Estamos locos o somos amorales? Cada día nos parecemos más a aquella nefasta República alemana de Weimar que, entre una política incompetente y una economía en bancarrota, sucumbió, ayuna de liderazgo moral, a manos de un charlatán de cervecería con camisa parda. También aquél quería ganar una guerra perdida años antes.

Ante políticos de moral raquítica que, aferrados al poder y a la patrimonialización del cargo, no vacilan en contradecirse, en faltar a su palabra o renegar de sus actos, ante fabricantes de buenas palabras y eslóganes atractivos con que disimular la falta de sentido de Estado, ante pésimos gestores ocupados únicamente en escenificar como actores dando empaque a su propio yo inoculando su fanático sectarismo, resulta más necesario que nunca defender la democracia haciéndola invulnerable a toda suerte de fraudes y abusos. Y si algún ciudadano grita pidiendo un presidente mejor, que no le ocurra nada.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 20 de septiembre de 2020. https://www.elimparcial.es/noticia/216940/incompetencia-y-bancarrota.html