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¿Un partido de católicos?

Andan los católicos españoles extraviados al no encontrar representantes políticos idóneos. Ni en la izquierda ni en la derecha hay candidatos que sintonicen con sus aspiraciones o satisfagan sus necesidades electorales. Una porción importante estiman que es el momento de crear un partido de católicos y para católicos.

Existe un modo cristiano de hacer política. Y puede ponerse en práctica desde abajo, en las organizaciones políticas, en los partidos. Luego, si se llega, en el poder, en el gobierno. Pero antes de eso, antes de contar con candidatos católicos entre las fuerzas políticas, antes, incluso, de alcanzar el poder con políticos católicos, es imprescindible trabajar en el ámbito público no político. Es prioritaria la acción social, librando la batalla en el espacio cultural, educativo y de los medios de comunicación. ¿De qué sirve ocupar la tribuna del Parlamento, si no hay presencia en el libro, la cátedra o el micrófono? ¿Para qué tener políticos católicos en plenos o en comisiones de instituciones gubernamentales si no están formados para la acción pública o social?

El católico debe estar presente de forma ejemplar en la vida pública; si renuncia a ello, malogra el triunfo de sus ideas y, además, deja de actuar como auténtico católico. Su ámbito idóneo de acción es la calle, la plaza. No la sacristía. Lo público es el hábitat natural del católico; el lugar en el que como hombre y ciudadano se siente evangélicamente realizado. El objetivo no es tanto la creación de un partido católico, como que haya católicos bien formados en el mundo de la enseñanza, la prensa y la cultura. Coherentes y valientes. Bien cohesionados y mejor organizados. Logrando esto, habrá católicos con influencia en los partidos políticos. Sus voces se oirán y serán atendidas. Aún no se conoce el modo de empezar una casa por el tejado.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario La Razón el 22 de noviembre de 2009. Posteriormente, el diario digital Religión en Libertad se hizo eco del mismo en su web. https://www.religionenlibertad.com/opinion/5593/un-partido-de-catolicos.html

Desgobernados y enfrentados

Uno de los tertulianos que opinaban en la noche electoral sobre los resultados manifestaba que no se puede ignorar al 42% de catalanes independentistas; en cambio, proponía un cordón sanitario contra los 3 millones y medio de españoles que han votado a VOX. Es una muestra más del doble rasero con que sectarios periodistas y pseudointelectuales con irrefrenable tendencia hacia la izquierda maltratan a un Partido político que se declara constitucionalista y monárquico.

Como semejante ejemplo, ha habido muchos más en los últimos días. Si los insultos dirigidos a Inés Arrimadas cuando ejercía su derecho al voto en Cataluña se hubieran proferido contra un candidato de izquierdas, los autores habrían sido tachados de fascistas. Si la agresión sufrida por una militante de VOX se hubiera dirigido contra un seguidor izquierdista, se habría declarado una alerta antifascista en todo el país. Como alerta fue el título escogido en su editorial por un diario de tirada nacional para propalar el miedo, y quizás el odio, contra una extrema derecha representada por el partido de Abascal.

Esa táctica del miedo ya se denunció por aquél maestro de liberales que fue Jean François Revel. Durante la Guerra fría, la URSS gastó grandes cantidades de tiempo y recursos en airear el miedo de que el fascismo volvería a Europa. Al mismo tiempo, los soviéticos se erigían en zorros que guardaban el gallinero. La izquierda española es experta en infundir miedo ante un enemigo ficticio o inventado como es la ultraderecha. Esa ha sido la campaña de Sánchez y de Iglesias. También, de medios de comunicación a su servicio. La ideología izquierdista jamás ha sabido, jamás ha querido contener esa radical inclinación a emplear procedimientos más expeditivos que democráticos. Revel avisó, además, del sinfín de rémoras de que adolece la izquierda: su sectarismo, su incapacidad para el juego limpio, su hipocresía demagógica, ese océano de paradojas, incoherencias y contradicciones en que se sumerge, evidenciando su devoción a la mentira y la manipulación elevadas éstas a sistema de gobierno, de conducta y de victoria.

Estas elecciones eran decisivas. Como lo fueron las celebradas en Italia en 1948. Cuando el comunismo avanzaba rampante hacia el centro de Europa, Italia paró los pies a los comunistas otorgando una apabullante victoria electoral a la democracia cristiana. Ante aquél aluvión de votos, Piccioni, Secretario general del Partido Demócrata Cristiano dijo: Queríamos que lloviese pero no que granizase. No ha sido así en España, y aunque comunistas y socialistas han descendido en escaños, la derecha no suma y en el horizonte persiste la silueta del gobierno Frankenstein contrahecho por un socialismo desleal con el régimen del 78, y el comunismo y la antipatria de siempre. Además de Tezanos, la gran perdedora en estas elecciones ha sido la sociedad española, que enfrentada camina directa y velozmente hacia una triple crisis: económica, de identidad nacional y moral. Y sin apenas líderes capaces de variar el fatídico rumbo.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 11 de noviembre de 2019.https://www.elimparcial.es/noticia/206835/opinion/desgobernados-y-enfrentados.html

Fuente gráfica: Diario El País

Los nuevos enemigos de la libertad

Con la Guerra Fría en su apogeo se publicaron dos libros que abrirían una senda propicia en la batalla de las ideas: La mente cautiva, de Czeslaw Milosz y El opio de los intelectuales, de Raymond Aron. Ambos fueron una potente denuncia contra el totalitarismo marxista que, paradójicamente, aliado de las democracias liberales salió triunfante en el combate frente al totalitarismo nazi-fascista. El camino fue seguido por Jean François Revel en sus obras Ni Marx ni Jesús, ensayo sobre el antiamericanismo, el fracaso del comunismo y el futuro de la revolución liberal que se estaba fraguando en EEUU, y La tentación totalitaria, acerado alegato contra el comunismo y la URSS. El pensamiento vertido en estas obras identificaba a los enemigos de la libertad y desenmascaraba a tantos intelectuales europeos que suspiraban por la ideología y los dogmas de lo que Aron llamó la “Vulgata marxista”. El libro El futuro es hoy, de José María Aznar, es, en parte, legatario de aquella literatura de alerta ante los ataques a la democracia y a la libertad, y describe un escenario erizado con nuevas ofensivas que reeditan la Guerra Fría.   

El autor repasa lo acontecido en el mundo en los últimos treinta años, comenzando con el derribo del muro de Berlín, fin de la Historia según Fukuyama, certificado por dos acontecimientos más: La coalición internacional ante la guerra de Kuwait y la desintegración de la URSS. Este cambio de época que afecta al orden internacional tiene dos puntos de inflexión: El ataque yihadista a EEUU, que desmantela la confiada seguridad de Occidente dentro de su propio suelo, y la crisis económico-financiera, que reduce la economía global a castillo de naipes. El cambio de época coincide con un alarmante ocaso del orden liberal internacional surgido tras la IIGM bajo la jefatura de EEUU. Causas del ocaso son la labor de acoso y derribo emprendida contra el orden liberal por China, Rusia, Irán, Corea del Norte y los nacionalismos revolucionarios de Hispanoamérica, en particular, el venezolano; el repliegue de EEUU en su misión de gendarme global unido a la falta de convicciones y consiguiente división de la Unión Europea, que acarrea una erosión del vínculo transatlántico; la degradación de las instituciones y valores democráticos dando lugar, como ocurriera en el período de entreguerras, a democracias vulnerables, expuestas a todo tipo de fraudes y convertidas en meras democracias de apariencia externa pero interiormente adulteradas por un poder ejecutivo autoritario en detrimento de la sociedad civil (Democracias iliberales); la vulnerabilidad interna que cada país experimenta en su política doméstica; y, por último, un cibermundo como nuevo escenario tecnológico por el que campan terroristas, crimen organizado y regímenes autoritarios.

La pendiente es empinada e, incluso, resbaladiza, pero el autor alberga la firme convicción de que disponemos de recursos suficientes para derrotar nuevamente a los enemigos de la libertad. Son las recetas que siempre han funcionado: el Estado de Derecho, la ley, la economía libre, la iniciativa individual, la cooperación internacional… Aznar sostiene que las civilizaciones avanzan dándose reglas y respetándolas. También siendo leales a principios y valores éticos. No cree en el relativismo moral y sí en la claridad moral como nueva virtud a practicar. Si durante la Guerra Fría fue la perseverancia la virtud política con la que se resistió a la expansión comunista, hoy para volver a vencer resulta precisa la claridad moral. Además de valores, debe tenerse valor para defenderlos.

El que fuera presidente del Gobierno de España dedica un apartado a nuestro país, en el que hay también enemigos de la libertad, la democracia y la ley: El populismo y los nacionalismos separatistas vasco y catalán. Aquél gestó el pacto de Estella, primer acto de exclusión de los dos partidos constitucionalistas. El catalán ha vuelto a su esencia insurreccional y golpista amenazando la convivencia ciudadana con sus ramalazos totalitarios. Sin embargo, Aznar reconoce que la democracia española ha sido carcomida por errores propios de los partidos que firmaron el pacto de 1978. El más grave está siendo la deriva del PSOE, cuya inquietante trayectoria en los últimos años revela su desleal propósito de romper el consenso constitucional repitiendo errores del pasado como el regreso de las dos Españas. Muestras del disparate socialista son el pacto del Tinell, y su obsesión por aislar al PP, los Gobiernos tripartitos en Cataluña de Pascual Maragall y José Montilla, en los que confluyen un nacionalismo furtivo y un PSOE desnortado, el impulso por José Luis R. Zapatero al Estatuto catalán saturado de odio hacia lo español y de letra y espíritu inconstitucionales y, finalmente, una moción de censura frentepopulista y revanchista para aupar a Pedro Sánchez al Gobierno de la nación. Ciertamente, quien conoce su pasado, sabe afrontar su presente para ganar el futuro. Con su libro Aznar está en esa senda.

Reseña publicada por Raúl Mayoral Benito en El debate de hoy el 18 de febrero de 2019 sobre el libro El futuro es hoy, de Jose María Aznar. https://eldebatedehoy.es/cultura/el-futuro-es-hoy/

Incoherencias progresistas

Los que llevaban el comité no sé cómo lo harían, pero yo me peleaba cada día con ellos. Porque les decía: había un burgués y os habéis puesto siete. Testimonios como este, de un trabajador durante la guerra civil española, en el fragor de la revolución del movimiento obrero, definen ese rasgo tan habitual en los políticos de la izquierda: la incoherencia, el decir o hacer hoy una cosa y mañana la contraria.

La incoherencia en la ideología izquierdista (comunismo, socialismo, anarquismo…), se constata con su primera experiencia de poder: los Soviets. En El Capital, Marx propugna la abolición del implacable capitalismo decimonónico que acumulaba tremendas injusticias para la clase obrera. La revolución bolchevique derriba el sistema burgués zarista para imponer la dictadura del proletariado. Pronto se revela que el remedio es peor que la enfermedad. Así, arranca la primera y más duradera de las incoherencias. El remedio, lleno de errores y horrores, se prolongaría hasta 1989. Sin embargo, los propios dirigentes soviéticos, la izquierda mundial y hasta los intelectuales entusiasmados por el sistema liberador de la hoz y el martillo no querían reconocerlo, o como dice Jean Francois Revel, no les importaba, a pesar de que los medios erigidos en principios sagrados por la izquierda daban resultados contrarios a los que se esperaban. No aceptaban, nunca lo han aceptado, que las democracias liberales proporcionaran a sus ciudadanos el progreso y la libertad que el socialismo había sido incapaz de engendrar. Reveladoras son, a este respecto, las palabras pronunciadas por Stalin cuando presentaba al VIII Congreso extraordinario de los Soviets, el proyecto de Constitución: “Se habla de democracia, pero ¿qué es la democracia?, la democracia en los países capitalistas, donde existen clases antagónicas, es, en definitiva, la democracia de los fuertes, la democracia para la minoría que posee. En cambio, la democracia de la URSS es una democracia para los trabajadores, es decir, para todos. Por consiguiente, los principios de la democracia resultan viciados no en el proyecto de nuestra Constitución de la URSS, sino en las Constituciones burguesas. Por eso yo pienso que la Constitución de la URSS es la única Constitución en el mundo que sea democrática de verdad”. Sin comentarios. Hay personas que al hablar ya se descalifican por sí mismas.

Con semejante lastre, la izquierda desfiló por el pasado siglo impedida para exponer sus argumentos con el imprescindible apoyo del razonamiento lógico. Tras el mayo del 68 francés, la izquierda protagoniza la apropiación indebida del término progreso. Se autoproclama exclusiva depositaria de las llaves del progreso e incapacita al liberalismo para alcanzarlo. Desde entonces, sectarismo y demagogia se convierten en inseparables compañeros de viaje del progresismo. La visión de la realidad con el doble rasero explica la hostilidad de la izquierda solo hacia determinadas dictaduras, y justifica el terrorismo desestabilizador contra las democracias occidentales. La democracia se degenera con la demagogia. La prensa empieza a escribir al dictado de Gramsci y acaba manipulando a la opinión pública.

El monopolio del progresismo quiebra con el derribo del muro. La destrucción del infamante hormigón deja al descubierto que izquierda y progreso son incompatibles. En su obra “Reflexiones sobre la Revolución en Europa”, Ralph Dahrendorf, tratando de desentrañar la denominada tercera vía, sostiene que “la tercera vía o vía intermedia, no existe, es una utopía porque, en teoría, pretende ser una mezcla de logros socialistas y oportunidades liberales”; el propio autor se pregunta qué logros ha tenido el socialismo, su  respuesta es contundente: ninguno. Dahrendorf escribe su libro a principios de los noventa, cuando comienzan a dar sus frutos las políticas conservadoras que Ronald Reegan y Margaret Thatcher habían iniciado años antes. Su eficacia permite lograr un verdadero progreso económico y político. Por entonces, los socialistas españoles ensayan desde el poder sus políticas progresistas. ¿Quién hacía más y mejor política social? ¿Quién generaba más y mejor progreso? ¿Un gobierno que, incapaz de crear 800.000 puestos de trabajo prometidos electoralmente, aumentaba el número de desempleados y conducía al país a la bancarrota, o los gobiernos de Reegan o de Thatcher con sus políticas conservadoras que creaban empleo y saneaban la economía?.

Muestras de incoherencia como la anterior son hoy protagonizadas por la izquierda en España. Políticos, intelectuales y hasta periodistas de izquierda o progresistas, que tanto monta, monta tanto, resultan pródigos en abastecernos de continuos episodios de contradicción ideológica. No es coherente considerar el consumo de drogas como signo de modernidad y progresía y luego utilizarlo para difamar si quien ha consumido drogas es el candidato a presidente de EE.UU., un mal estudiante de Texas. Tampoco resulta coherente propalar que en el Iraq de Sadam, al menos, había seguridad, cuando en la transición española se denostaba como antidemócrata al nostálgico que aseveraba con Franco, vivíamos mejor. Pero la incoherencia del doble rasero siempre ha tenido una especial obsesión con la religión. Ahora, que no con cualquier religión, sino, únicamente, con la católica. Los voceros progresistas no respetan las creencias católicas y dedican constantemente a la Iglesia calificativos como intransigente, dogmática, tenebrosa y carca. Esos mismos progres son los que guardan silencio ante el trato humillante y vejatorio que algunos versículos del Corán otorgan a la mujer.

Un último ejemplo de incoherencia progresista. Al celebrarse el tercer centenario de la toma de Gibraltar por los británicos, cierto dirigente socialista de Andalucía, indignado pero con enorme ardor patrio, manifestó la españolidad de la roca: “Gibraltar es España y queremos que vuelva a España lo antes posible”. Lástima que ese patriotismo se quede corto para afirmar la españolidad de tierras catalanas o vascas. No obstante, hay quienes consideran necesario españolizar, incluso, a las entidades financieras. Había un presidente de banco y os habéis puesto siete que diría aquél trabajador harto de la farsa de la revolución obrera.

Artículo pubicado por Raúl Mayoral Benito en el diario La Razón el 16 de febrero de 2005.

De carreras y revoluciones

En algo están de acuerdo defensores y detractores de la Ley Wert: el sistema educativo se halla en estado de emergencia. Se impone, de un lado, reducir ese lacerante 25% de fracaso escolar, y de otro, lograr una mejoría en el rendimiento y en el esfuerzo. Si no, las consecuencias serán letales. Con alumnos mal formados se resentirá el nivel académico de nuestros universitarios y la calidad de nuestros profesionales e investigadores no será la mejor posible sumiendo a España en la postración. Sin potenciar el talento, sin recompensar el mérito, no hay sistema educativo. Escasea en el alumno el hábito del esfuerzo, la tenacidad por entender y aprender los contenidos. Y debe exigírsele el conocimiento de los mismos y evaluar ese conocimiento premiando el talento y corrigiendo el fracaso.

También urge destinar más recursos económicos y mejor capital  humano a la educación y a la investigación. Suelen decir los alemanes: si la vaca es flaca, ¿cómo queréis que dé mucha leche? ¡Darle más heno! Las coyunturas económicas desfavorables se toleran mucho mejor con modelos productivos en los que aumenta la inversión en formación e investigación. La cifra de 56% de desempleo juvenil y la correlativa emigración de nuestra juventud en búsqueda de trabajo, incluida la denominada fuga de cerebros, debiera convencernos de la decisiva influencia que tiene la escuela en el desarrollo y el bienestar de los pueblos. Proporciona la instrucción y formación humanas para que el joven se enfrente debidamente preparado con el ambiente social en que ha de moverse y aporta al futuro universitario la madurez precisa para emprender con garantía de éxito su formación especializada en una economía ya global y por ello más competitiva. Pero la escuela está lejos de este ideal. Y este desfase contagia a la Universidad impidiéndole que actúe como generadora de conocimiento a través de la formación, la investigación y la  innovación.

Decía H.G. Wells que la historia de la Humanidad se reduce cada vez más a una carrera entre la educación y la catástrofe. Un coetáneo suyo, Gramsci, proclamó que las auténticas revoluciones no se hacen en las fábricas sino en las escuelas.  La  educación es una cuestión crucial para el óptimo desarrollo de cada hombre y para el progreso de toda la sociedad. La democracia prospera fácilmente allí donde existe una opinión pública robustecida por una sólida educación.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario La Vanguardia el 27 de julio de 2013. http://hemeroteca.lavanguardia.com/preview/2013/07/27/pagina-22/92243474/pdf.html?search=De%20carreras%20y%20revoluciones

El águila y el topo

Con las bombas de Londres Inglaterra se ha estremecido en sus cimientos. Pero no ha caído. Un dicho inglés asegura que el Imperio británico se apoya en cuatro columnas: la Corona, la Cámara de los Comunes, la Royal Navy y los editoriales del Times. Siguen en pie dichos puntales, Y ha emergido un contrafuerte más: Tony Blair (no nos dividirán, no nos atemorizarán, lucharemos). Su valor ante la tragedia representa la continuidad histórica de Churchill (no nos rendiremos jamás). Ese es el milagro de Inglaterra. Churchill, aristócrata y conservador, Blair, burgués y laborista, pero ambos adoptan los mismos pasos, coinciden ante la Historia para convertirse en estadistas.

Blair ha protagonizado la evolución desde la estrechez de miras del socialismo sectario a la ancha visión del gran estadista. Se ha librado de la ceguera del topo para disfrutar de la visión panorámica del águila. Así, ha hecho evolucionar políticamente al laborismo inglés hacia zonas más templadas, despojándole de sus prejuicios partidistas. Con Blair, cuando el laborismo se viste de seda, liberalismo se queda. Tras la masacre predomina un sentimiento generalizado de admiración hacia el pueblo inglés y su gobernante. Ambos conservan intactas las virtudes que hace 60 años auparon a Inglaterra a la victoria contra el totalitarismo: fortaleza, templanza y honor. Estamos, no hay duda, ante una sociedad decente, y eso, sin necesidad de legalizar el matrimonio entre homosexuales con derecho a adopción.

En latitudes alejadas de Blair, predomina, desgraciadamente la ceguera del topo. Otra vez con la manida denuncia del imperialismo capitalista depredador, con la desgastada acusación de que el Occidente rico es culpable, con la justificación del terrorismo por el agravio de la pobreza. ¿Se atreverían esos trasnochados “progres” a explicar a un superviviente del holocausto que la barbarie de Hitler se justifica por el mar de injusticia universal que supuso para Alemania el Tratado de Versalles?

Ante los aplausos que Blair cosecha de sus adversarios conservadores, muchos en España no están soportando la comparación. Todas las comparaciones son odiosas, pero las de estos días con Londres resultan moralmente devastadoras. Ahora que puestos a comparar, también en España Alfonso Guerra ha recibido aplausos de sus adversarios políticos. ¿Será que, como Blair, ha dejado de ser topo para convertirse en águila?  

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario La Razón el 13 de julio de 2005.

Fuente fotográfica: Tony Blair. Diario El Mundo.

Guardianes del lenguaje

Desde que Mefistófeles le dijera a Fausto que con palabras se inventa un sistema, los tiranos han practicado frecuentemente la subversión del lenguaje para fingir una realidad a la medida de sus intereses y conveniencias. No en vano, el dictador soviético Stalin afirmaba que “de todos los monopolios de que disfruta el Estado, ninguno será tan crucial como su monopolio sobre la definición de las palabras. El arma esencial para el control político será el diccionario”. La posmodernidad relativista acarrea un vicio nefasto: la adulteración del lenguaje. Es el nuevo caballo de Troya que penetra en las ciudadelas de hogares y aulas preñado de un ejército de dogmas, falacias, mitos y utopías. Argamasa de un pensamiento débil y políticamente correcto que persigue tapar las verdades objetivas y absolutas.

En España, algunos políticos andan obsesionados con el léxico. Se afanan en que la terminología les resulte siempre favorable. Hay dirigentes que desvirtúan el concepto de Nación en un intento de equipararlo a realidades político-administrativas que nunca lo han sido, ni histórica ni jurídicamente. Hay dirigentes que tergiversan el significado de la palabra paz, ya sea disfrazando de misión de paz lo que son operaciones militares armadas expuestas al riesgo del terrorismo, ya sea confundiendo con loables deseos de paz lo que son las ansias de justicia y libertad de una castigada tierra española. Hay, en fin, dirigentes que se empeñan en llamar matrimonio a uniones entre dos personas del mismo sexo que jamás podrán serlo ni natural ni biológicamente. Tales desviaciones del lenguaje corroen y disuelven los conceptos de nación, orden social y relaciones internacionales. Y con ello, parafraseando a Mefistófeles, se inventa un régimen.

Todavía queda una parte considerable de la izquierda española conservada en el formol del totalitarismo, incapaz de librarse de esa irrefrenable inclinación a generar manipulación y propalar mentiras. El idioma no puede haberse vuelto loco, clamaba Hannah Arendt. Por si acaso, opongamos a las locuras de estos tiempos, las precisiones de la verdad. La falta de escrúpulos en el falseamiento del lenguaje encuentra siempre un límite cuando se topa con la verdad.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario La Razón el 25 de septiembre de 2005. Página 29.

Referéndums

Como las finales en fútbol, los referéndums en política se convocan para ganarlos. Si no, como diría José Motaconvocarlos pa na, es tontería, además de una pérdida de tiempo y dinero. En la ENA debiera enseñarse a quienes aspiran a ser enarcas lo que no debe hacerse si se quiere ganar un referéndum analizando los casos del británico Cameron, del colombiano Santos y del húngaro Orban. También ha de explicarse el caso De Gaulle si lo que se persigue es perder la consulta. Si lo que se pretende es ganarla hay que aplicar el método de Franco, que no perdió ningún referéndum. De él ya contaban los rifeños que tenía baraka, cosa que parece estar perdiendo Zidane, que con más ocasiones que el rival, acaba los partidos en empate técnico. Franco, sin ni siquiera ser candidato, llegó a jefe de los sublevados tras los accidentes mortales de Sanjurjo y Mola, y como no se metía en política pudo estar cuarenta años en el poder. Cimentaba su victoria creando el ambiente propicio para la consulta. Los que voten sí, al Ayuntamiento; y los que voten no, al cuartel de la Guardia Civil. Quienes acudían al cuartelillo luego justificaban su voto negativo gritando ¡Que Franco no se vaya! Todos tan contentos y la jornada transcurría tranquila y sin incidentes como en una democracia avanzada. El apoyo a la consulta, o sea, al régimen, en suma, a Franco solía ser del 99´9% de los sufragios. Con el tiempo, la vía española del referéndum siguió dando triunfos como el de Felipe González y su consulta sobre la entrada en la OTAN. Aquella pregunta era más fácil contestarla que comprenderla. Hasta Manuel Fraga dudó en el momento de rellenar la papeleta. Con la papeleta y la pataleta andan algunos catalanes, que amenazan con un referéndum para la desconexión. Nada serio porque siguen sin querer afrontar la cuestión nuclear, ¿contra qué equipos jugará el Barça si hay independencia? No se puede condenar a las estrellas azulgranas del balompié a jugar ante el Manlleu, la Pobla de Mafumet o el Palamós. Queda, además, el fleco del Valle de Arán, que puede pedir también su desconexión de Cataluña. Se ve que hay falta de unanimidad.

Salvador de Madariaga en Bosquejo de Europa dice que el español ha sido siempre rebelde a la unanimidad. Narra el caso del republicano exiliado en Méjico tras la guerra civil que con el paso del tiempo llegó a concejal del municipio que le había acogido. En una sesión del consistorio, propuso razonadamente la colocación de una farola en una calle de las afueras del pueblo. Tras analizarse la propuesta, el alcalde dio comienzo a la votación. Todos los presentes votaron a favor de la nueva iluminación y al llegar el turno al español, éste votó contra su propia propuesta para sorpresa de los ediles reunidos. El alcalde le pidió explicaciones por su acción. “No soporto la unanimidad”, contestó.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 9 de octubre de 2016. https://www.elimparcial.es/noticia/170476/opinion/referendums.html

El orden y la ley

No dejará de conmoverme que el sargento de la Guardia Civil que encontró agonizante el cuerpo de Miguel Angel Blanco se llamara Jesús María Justo. Para quienes profesamos la fe católica no hay casualidades sino diosidades. Aquél asesinato removió nuestra conciencia colectiva transformando la entreguista visión y el blandengue tratamiento que algunos tenían sobre el terrorismo de ETA. Fue como una potente luz que permitió percibir con la transparencia de las aguas limpias y claras quiénes eran los buenos y quiénes los malos. Quiénes los demócratas y quiénes los totalitarios. ¡Qué pronto volvimos a la siniestra oscuridad del borroso relativismo zapateril!

En Democracia y revolución, Raymond Aron nos enseña que las nociones de democracia y revolución son antitéticas. La democracia es la pluralidad de partidos, el procedimiento electoral, la aceptación del otro. La revolución es exactamente lo contrario, es la negativa de aceptar al otro en tanto que piensa distinto de uno, es la ruptura de la legalidad. ¡Cuántos necesitan hoy leer a Aron! ¡Y que lo entiendan! Ante lo revolucionario, antidemocrático y dantesco de los ataques a la libertad cometidos por perturbados niñatos, legatarios de siniestras Juventudes hitlerianas, nuestro hartazgo y, a la vez, valentía debieran movernos a gritar ¡Basta Ya! Y como aquel sanador Espíritu de Ermua, regenerar nuevamente las aguas del constitucionalismo español estancadas y casi putrefactas por la esquizofrenia política de un presidente del Gobierno, pertinaz relativista, empeñado en interpretar el papel de Norman Bates en Psicosis.

¡Cómo se echa de menos oír en el solar patrio el grito de Basta Ya proferido desde La Moncloa! Con él podría insuflarse a la vida nacional un nuevo espíritu de libertad que robustezca con contrafuertes de dignidad y orgullo nuestro agrietado edificio constitucional. Pero esa voz jamás se pronunciará. Parafraseando a Julián Marías, lo que le pasa al Gobierno de España es que no sabe lo que le pasa. Inmersos en cálculos electoralistas tratando de redondear votos y escaños, distraídos con ensayos de laboratorio intentando teñir de blanco maquiavélicas alianzas con ERC, Sánchez y sus ministros esperan que otros les saquen las castañas del fuego cuando son ellos quienes han prendido el fuego y echado en él las castañas. Y como pésimos aprendices de estadistas, se balancean en la mecedora del sótano de un partidismo sectario. Zanganean entre una fatídica moderación y una fantasiosa normalidad. Deambulan desde una bobalicona y confiada proporcionalidad hasta perversas conjeturas que pretenden disfrazar bajo una firme prudencia. Ignorantes de que el apaciguamiento espolea a los fanáticos a progresar en su imparable escalada de violencia. Cuando la libertad de los ciudadanos no puede garantizarse hay que aplicar más seguridad que proporcionalidad.

Resulta hilarante la dureza que ahora muestra Sánchez contra Torra cuando éste es ya más cadáver político que Franco. Qué obsesión en ser implacable con los muertos. Lamentablemente, el Gobierno de España practica esa nefasta política de apaciguar a la fiera, permitiendo que la fiera devore a valientes servidores del orden y la ley. Cuando posiblemente la fiera engulla también al PSOE.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 20 de octubre de 2019. https://www.elimparcial.es/noticia/206133/el-orden-y-la-ley.html

Velada real

Abilio se levantó muy temprano. Quiso ver cómo las lluvias caídas habían dañado su huerto. Desesperado ante las hortalizas cubiertas de barro, reparó algún estrago, maldiciendo aquel torrente sobre su cercado. Resignado, se protegió del gélido viento con su capote y enfiló hacia el palacio por la huerta de Palma. Le esperaba Cándido, guarda mayor del marqués de Velada, para preparar los pertrechos y municiones para la cacería. Abilio Díaz era de los pocos habitantes del pueblo, que sabía que aquél 21 de diciembre de 1803 los Reyes de España llegarían a Velada a disfrutar de una jornada de caza. Buen ojeador de perdiz y cernícalo y gran conocedor de los montes circundantes, propiedad del marqués, fue requerido por Cándido, a fin de guiar a la comitiva real por donde fuera más probable cobrar el mayor número de piezas.

     
Rayando mediodía, Sus Majestades, Carlos IV y María Luisa de Parma, junto con su séquito, se detienen a descansar en la casa de postas situada frente a Cazalegas. Allí mismo reciben un oficio remitido por el Ministerio de Estado y firmado por Godoy en el que se les comunica las dificultades que podía acarrear llegar a Velada, ya que el arroyo Bárrago discurría con abundante agua a causa de las continuas lluvias y conllevaba peligro pasarlo. El Ministro les recomendaba quedarse en Talavera, cuyos alrededores son de gran interés cinegético. Es la insistencia de la reina, ferviente devota de la Virgen de Gracia, patrona de Velada, y cuya protección demandaba, la que tumba la recomendación de la Corte. La de Parma convence a su esposo de que con tan buen propósito nada había que temer. En efecto, sin ningún contratiempo, cruzan el arroyo, a través del Casar del Ciego, dejando a la derecha el monte de la Atalaya de Segurilla y a la izquierda Gamonal. Al caer la tarde el cortejo es recibido en el Ayuntamiento de Velada por el conde de Altamira y marqués de la villa, D. Vicente Osorio de Moscoso y Guzmán, con jurisdicción en plaza, el obispo de Ávila, D. Manuel Gómez de Salazar, a cuya diócesis pertenece el pueblo, así como por los dos alcaldes ordinarios, el síndico personero procurador del Común, el alcalde de la Hermandad y el alguacil Mayor.

Los criados y subalternos disponen las estancias del palacio para el alojamiento. El edificio no es de gran dimensión, pero sí acogedor y bien acondicionado para huéspedes de alto linaje, ya que el conde de Altamira lo cede como residencia de verano al infante don Luis de Borbón y su esposa María Teresa de Vallabriga. Mientras, los reyes, el príncipe de Asturias, futuro Fernando VII, los infantes y demás acompañantes visitan la iglesia, dedicada a San Bernardino de Siena. El rey queda gratamente sorprendido ante el espacioso templo y su techo de maderas ensambladas con mucha perfección. La reina se interesa por la capilla consagrada a la Virgen de Gracia. D. Prudencio, el cura párroco, informa que a diferencia de las ermitas de Santa Ana y del Santo Calvario, allí cercanas, ese otro santuario de devoción queda a pocas leguas de distancia del pueblo, prestándose a acompañar a la reina en una visita, si así lo desea.

En palacio cunde la inquietud, pues quienes debían portar las viandas para la cena no han llegado aún, acaso por las impertinentes lluvias. Entonces Abilio, hábil ante los imprevistos, propone a Cándido traer a Juana, su mujer, con buena mano en los fogones, para preparar una buena olla de ricas carillas y unas cuantas tortillas de suculentas criadillas. El administrador del conde ordena que un carro recoja a la imprevista cocinera real, que llega al palacio con sendos sacos de carillas y criadillas procedentes de su bodega. La cena que se ofrece a los regios comensales no es la prevista, pero al concluir, todo son agasajos y lisonjas para la lugareña, que tuvo tiempo de elaborar deliciosos y dulces postres a base de sapillos y leche migá.

 
El día 22 amanece soleado. Al mediodía, la armada real guiada por Abilio inicia la batida por los montes. La reina, junto a sus damas de compañía y D. Prudencio, había partido tiempo antes camino de la ermita. Cerca de ésta y bajo unos frondosos árboles esperaba la amable Juana con un cántaro de agua fresca de la fuente del convento. Los caminantes saciaron su sed física y la reina su sed espiritual orando ante la velaína Virgen de Gracia. El cura elevó una plegaria por los monarcas y advirtió lo que el Canciller Metternich consagraría años mas tardes como máxima política: “Si las monarquías desaparecen es porque ellas mismas se entregan”. Cazadores y peregrinos volvieron a palacio y se iniciaron los preparativos para la partida hacia Talavera.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el semanario local La Voz del Tajo el 26 de abril de 2016.