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Esteladas

El fútbol es el opio del pueblo; se manipula de forma torticera por hombres de negocios y políticos, sobre todo nacionalistas (Manuel Mandianes, autor de El fútbol no es así). Luego, el Barça es más que un bluff. Mandianes distingue entre amantes del fútbol (Amor, del Barça, Amas, de la Real), estudiosos (Valdano, por antonomasia, Sergio Ramos, en progresión) y fans. Estos últimos son peligrosos, igual que los fanáticos de la religión o de la política. Fanáticos de la raza y de la sangre, del orgullo, del dominio y del odio decía Jacques Maritain en ¿Sobrevivirá la democracia?, allá por 1947, cuando Di Stefano no pisaba aún el pasto de Chamartín. De ahí viene el problema catalán. Aspiraban los culés a ser los primeros de España y ante la saeta rubia se resignaron como segundos por esos campos de ancha es Castilla, donde caben tantas Copasuropa. Crearon una Liga propia, la Lliga de Prat de la Riba y Cambó, pero se resisten a ser líderes solo del Ampurdán.

Afirmaba Franchés Cambó que de persistir la constelación (de estrellas, esteladas), materialista, la cuestión social no tiene remedio, dando lugar no a una lucha de hombres, sino de fieras. En el fútbol no hay lucha de clases ni de hombres, sino de fieras. La bestia Ronaldo, la pulga Messi, el mono Burgos. Desde aquellos tiempos, en que los recién iniciados en el nuevo deporte hacían sus primeros regates sobre terrenos de juego improvisados en solares polvorientos de los barrios suburbiales de nuestras ciudades, dirimiendo sus pugnas en la más absoluta soledad, hasta nuestros días, en que los estadios levantan sus estructuras gigantescas, catedralicias por San Mamés, repletos de públicos ardientes que vuelcan su entusiasmo y su apasionada parcialidad sobre los equipos que luchan en el campo, con cámaras de TV mostrando al último rincón del planeta la plasticidad de cómo un escupitajo de la estrella (estelada) se deposita sobre el césped, el fútbol ha pasado a ser, de un simple ejercicio deportivo, un espectáculo por el que se interesan grandes masas; un fenómeno social en el que se cuela el virus del totalitarismo infectándolo de intencionalidad política.

El nacionalismo estático, ya de por sí un anacronismo, se convierte, al regarse el terreno de juego, en una innovación tan dinámica como ligera. Figúrese usted si tendremos derecho a ser una nación que llevamos veinte siglos sin serlo, argumentó un central catalán, Oleguer, al seleccionador nacional para excusarse de vestir la roja. Quienes residen en las Chafarinas dicen lo mismo, solo que con el gordo de NavidadYa nos toca, por derecho. Cuando se reduce el ámbito de las ideas al círculo de lo puramente sentimental y estrechamente razonante, se inicia el proceso (procés), que a través del nacionalismo maquiavélico conduce al relativismo en la educación, en la historia y hasta en el fútbol. Se vuelve al Romanticismo: Morir por un verso, por una metáfora, por el 3%, por una estelada. Y ¿er zevillizmo qué? La catedral de Sevilla, según confesión de parte, iba para locura y se quedó en grandeza. Al pentaarrebato la estelada le suena a las maracas de Machín.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 22 de mayo de 2016. https://www.elimparcial.es/noticia/165147/esteladas.html

La religión al revés

Los totalitarismos del siglo XX jamás permitieron que en sus sociedades dominadas y controladas férreamente permaneciera libre reducto alguno. Como la religión católica es una religión de libertad y para la libertad pretendieron el destierro o la eliminación de la Iglesia para luego, ocupar su hueco con sucedáneos de religión o religiones al revés. Así actuaron el nazismo y el comunismo en tanto que ideologías materialistas e inhumanas. Sucursales del infierno en la tierra como las describió Joseph Roth, para quien había poca diferencia entre ambos. Fueron sistemas inhumanos e impíos que trataron de alumbrar religiones sustitutorias.

En la Alemania nazi era frecuente encontrar en la prensa esquelas mortuorias con esta mención: “Murió confortado por la fe inquebrantable en el Fuhrer”. El día en que los alemanes, en lugar de saludarse en nombre de Dios, empezaron a saludarse en nombre de Hitler, nació en Alemania un nuevo culto. El análisis más certero del régimen hitleriano como religión sustitutoria, lo hizo el Papa Pío XI en su encíclica En mi angustiosa inquietud, en la que denunciaba la incompatibilidad entre el catolicismo y los presupuestos racistas y paganos del nazismo, movimiento pseudorreligioso, según el Pontífice, y una idolatría completamente inaceptable entre hombre civilizados. Pero la proclamación de un credo civil sustitutivo de la religión no fue estrategia únicamente del nacionalsocialismo. El comunismo también representó un intento de anular la fe católica creando una liturgia atea. Cuando Stalin ordenó el asesinato de cientos de miles de personas en el Gran Terror de 1937, les dijo a algunos de sus colaboradores más antiguos que estaban a punto de ser eliminados en las purgas: “Quizá pueda explicarse por el hecho de que habéis perdido la fe”. En efecto, el comunismo era una fe, una creencia en una religión laica o secularizada. No en vano, al Moscú soviético se le llamó la Roma del proletariado. En La corte del zar rojo, Simon Montefiore subraya una y otra vez el fanatismo de los primeros bolcheviques. Odiaban el judeocristianismo pero la ortodoxia de sus padres se vio sustituida por algo incluso más rígido: una amoralidad sistemática. Los redentores de la esvástica y de la hoz y el martillo sustituyeron a Dios como si ellos fueran Dios. Y así como los emperadores de Roma se creyeron dioses y sucumbieron, lo mismo sucedió a los emperadores totalitarios.

En su visita a Bolivia el Papa Francisco ha sido agasajado por el presidente Evo Morales con un obsequio difícilmente comprensible: Una escultura que representa un Cristo crucificado sobre el mango de un martillo unido a una hoz, o una hoz y un martillo, en cuyo mango se halla un Cristo crucificado. La talla es una reproducción de una obra realizada por el jesuita español Luis Espinal, asesinado por paramilitares en la Bolivia de 1980. Para la posteridad ha quedado el rostro de asombro y extrañeza con que el Santo Padre ha recibido semejante presente. Cuando Karol Woytila era Arzobispo de Cracovia se alzó discrepante y resistente ante algunas voces del Vaticano que concluían que la única vía para la supervivencia de la Iglesia católica era la coexistencia condescendiente con los hijos de Marx. Quien mas tarde sería el Papa Juan Pablo II dijo que no caben concesiones con ideologías que te privan de libertad y te arrebatan el alma. El tiempo le abastecería de razón. Las religiones al revés siempre son derribadas.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario La Razón el 11 de julio de 2015.

Educación y libertad

El propósito de la educación no es el de proporcionar posibilidades para alcanzar una ventaja económica sobre los que han sido menos afortunados. La educación significa mucho más que eso. Quienes consiguen educarse, formarse o instruirse deben hacerlo pensando en proporcionar algún día una contribución a sus semejantes, a su comunidad y a su país. Esa es su responsabilidad. Y esa es la razón última de la educación.  

Pero la educación por sí misma no es suficiente. Requiere de un espacio de libertad. Porque la libertad proporciona la diversidad, y ésta genera más oportunidades, que permiten el progreso y la justicia. Sí, la diversidad es fuente de progreso. La historia de la Humanidad demuestra que los hombres avanzan a través de la reflexión y el debate, del análisis y la discusión, de las pruebas y los errores. Decía Robert Kennedy que las mejoras ideas no surgen por decreto ni por ideología, sino por investigación y experimentos libres, y quienes discrepan con un  pensamiento crítico son necesarios en el progreso social.

Por eso, no apuestan por el progreso ni la justicia aquellos que pretenden dominar la manera de pensar de una sociedad controlando la educación de sus miembros. Sin duda, quienes así piensan o actúan son fanáticos y enemigos de la libertad, de la libertad del hombre, de la libertad de los padres a decidir la educación de sus hijos, de la libertad de la sociedad a ofrecer una educación alternativa a la del Estado. El fanatismo, según G.K. Chesterton, es  la incapacidad de una mente para imaginarse otra mente. El fanático tiene un solo universo y por ello está entre los más pobres de los hijos de los hombres.

La educación, de la mano de la libertad, crea sociedades abiertas y emprendedoras, siempre adaptables a los cambios, proclives a la innovación y tendentes al crecimiento. Sociedades que nunca se atascan con la cerrazón ideológica ni con el fanatismo dogmático.

Fuente gráfica: Semanario Alfa y Omega.

La educación de las Humanidades

Cuando la expresidente de Brasil, Dilma Roussef, fue apartada de su cargo por presunta corrupción, dijo refiriéndose a quienes le sustituyeron en sus funciones: “Han entrado en el gobierno como una horda de hunos”. No trataremos aquí, querido lector, un asunto tan pedestre como el de la práctica política, y menos aún, el virus que suele afectarle por todas latitudes. Pero sí queremos resaltar que las palabras de Roussef son reveladoras de su conocimiento sobre la Historia, y en concreto, la Historia de Europa. Que una política brasileña, economista para más señas, emplee la expresión “horda de hunos” como comparativa de unas conductas desmedidas, nos demuestra que conoce bien la principal señal de identidad de aquél pueblo euroasiático liderado por guerreros con permanente afán expansivo e invasor y que alcanzó su máximo apogeo bajo el reinado de Atila

Decía Cicerón que la historia es maestra de la vida. Y así fue reconocida durante siglos en las Universidades como centros de alta cultura. Ciertamente hoy, las disciplinas humanistas no gozan de predicamento en las aulas universitarias. Un mundo excesivamente tecnificado y fascinado por la tecnología contribuye a que las Humanidades se estén batiendo en retirada. Por lo que respecta a España, seguimos la moda marcada por ese concepto talismán, pero hueco y vacío de la “empleabilidad”. Y la consecuencia es que si el mercado laboral no demanda titulados en Historia, Literatura, Filosofía, Filología o Arte, se certifica que tales carreras no contribuyen al crecimiento de la economía, como sí lo hacen la tecnología, las ingenierías, las ciencias o las matemáticas.

No obstante, una institución tan prestigiosa en conocimiento tecnológico como el Massachusetts Institute of Technology (MIT), advierte que muchos de los proyectos de ingeniería no logran prosperar porque no tienen en cuenta suficientemente el contexto cultural. Y es que gran parte de los retos que debe resolver la ingeniería, desde el cambio climático a las enfermedades o la pobreza, están ligados a realidades humanas. Por ello, los futuros ingenieros deben dedicar un tiempo de sus clases a asignaturas como historia, literatura, economía, idiomas o música. En España, dos Universidades (IE UniversityUniversidad Rey Juan Carlos), han creado un grado de cuatro años integrando asignaturas de ciencias y de humanidades, a fin de formar profesionales capacitados para abordar los desafíos tecnológicos ayudándose de conocimientos humanísticos. En plena guerra fría, un pensador solía decir que no basta disponer de la fuerza atómica; es preciso saber cuándo y cómo la hemos de utilizar. Y el cuándo y el cómo no nos lo dirán los científicos, sino los humanistas. La ciencia ha de ser acompañada por el humanismo.

La educación de la lectura

El catedrático de psiquiatría Enrique Rojas afirma que la lectura es la aristocracia de la cultura. Sabido es el gran beneficio que la lectura produce en la formación de la persona durante las primeras etapas de su vida. Pero también somos conscientes del excesivo entretenimiento que la actual sociedad tecnológica proporciona a nuestros niños y adolescentes, a través de los atrayentes artilugios digitales y de las hipnotizadoras pantallas táctiles, alejándoles del placer que supone leer un libro. Hoy casi no tienen sentido aquellas palabras de Azorín: El joven lo lee todo y de todo aprovecha poco. El anciano lee poco y de lo poco lo aprovecha todo. Porque el joven no lee todo, ni siquiera mucho; más bien poco; por tanto su aprovechamiento resulta ínfimo.

Se ha dicho que el primer libro que los hijos leen son sus padres. Quizás como padres debiéramos afinar más en la escritura de nuestras propias páginas para estimular en nuestros hijos, desde muy pequeños, el gusto por leer. Porque si se pone en pie el deseo por leer, pronto se impondrá el deseo por la lectura de los buenos libros, esos que hacen pensar, que por su buen provecho deleitan y fortalecen. Esos libros que inconscientemente uno se mete en el bolsillo para luego sacarlos de cuando en cuando, a ratos perdidos, saborearlos a sorbos despaciosos. Libros de enseñanzas perennes y no decadentes, propicias para conservarlas y transmitirlas.

Saber diferenciar las buenas y malas lecturas supone dotarse de una excelente guía de gran utilidad en el aspecto literario y en el moral. Con frecuencia lo importante no es saber lo que se ha de leer, sino lo que no ha de ser leído. Hay libros que revelan las verdades más profundas a la manera casera, es decir, a la manera más luminosa y eficaz, que exaltan siempre valores como la honradez, el compromiso y la dignidad, que pueden y deben ser dejados en manos de los niños. ¡Cómo interesa en nuestros tiempos blandengues y de confort leer libros como éstos!

El clima de la educación

Los factores que influyen en la formación de la persona son varios: internos, sus propias capacidades, y externos, su entorno social. La vida misma ofrece ejemplos de ilustres pensadores o brillantes científicos con orígenes económicos muy humildes y con mucha perseverancia o inteligencia. También muestra casos de personas que de niños nadaron en la abundancia al tener padres millonarios y jamás lograron terminar una carrera universitaria ni siquiera aprender un oficio que les permitiera ganarse la vida. Continuaron viviendo como unos ricos apáticos y holgazanes.

Además de esos factores, hay otros que son mezcla de ellos: el ambiente familiar, en concreto, las reglas de orden y disciplina, los hábitos de trabajo y de estudio que los padres inculcan a sus hijos. Quienes gozan en su familia de un clima bonancible y acogedor hacia las tareas estudiantiles tienen más probabilidades de rendir con mejores resultados que aquellos que viven en climas inhóspitos e inestables para la instrucción. La organización en los hogares del tiempo y del espacio para el estudio  resulta, a veces, un significativo indicador del éxito o del fracaso escolar del niño, mucho más que sus capacidades, su entorno social o el propio profesorado. El trabajo diario de un estudiante a la misma hora y en el mismo lugar de su casa puede ser decisivo para garantizar unas buenas calificaciones.

En otro lugar, he aludido a las Siete reglas que propuso San Bernardino de Siena en 1427 a los estudiantes de aquella Universidad para hacerse hombres de provecho. Recuerdo algunas de ellas: la separación de todos los “mulos” que dan coces, la tranquilidad y el silencio a su alrededor y el orden tanto en las cosas del cuerpo como del espíritu. Casi seis siglos más tarde, prestigiosos estudios e investigaciones al respecto confirman que los horarios, el sueño y el alimento, la llevanza, en suma, de una vida ordenada influyen de manera relevante en los resultados académicos. Según Iván Eguzquiza, psicólogo conductual del Instituto de Investigaciones del Sueño de Madrid, “el sueño es fundamental para la consolidación de la información aprendida durante el día. De hecho, es curioso observar cómo las mismas áreas cerebrales activadas durante el aprendizaje de una tarea lo hacen nuevamente mientras dormimos”. El investigador de la Universidad de Southern IllinoisC.A. Presley, concluye que aquellos que beben y se emborrachan al menos tres veces a la semana tienen seis veces más posibilidades (40.2% contra 6.8%) de suspender un examen que aquellos que sí, beben, pero no se emborrachan.

La función que la responsabilidad desempeña en este ámbito es crucial. La persona de talento debe sacar partido del tiempo. Se puede atender al estudio y a la diversión. Si desde pequeños enseñamos a nuestros hijos a ser responsables en sus obligaciones y derechos no solo estaremos formando buenos estudiantes, sino también auténticos profesionales y mejores personas.

Revel, antídoto contra el totalitarismo

Durante la guerra fría muchos pensadores advirtieron de la verdadera faz del comunismo. Como esas voces provenían de posiciones alejadas de las órbitas culturales dominantes sus ecos se debilitaban fácilmente ante la algarabía tabernaria de la intelectualidad izquierdista, dispuesta a tildar de fascista a todo aquel que osara cuestionar su monopolio ideológico. A Jean François Revel, verdadero alumno y maestro de liberales, fue imposible silenciarle. Su palabra ha resonado con estruendo en el ágora de las ideas en pleno siglo XX y aún en los inicios del XXI para que, de una vez por todas, se sacudan las conciencias, resplandezca la verdad y la inteligencia deje de ser servidumbre.

Revel siguió la senda de La mente cautiva de Czeslaw Milosz, y El opio de los intelectuales de Raymond Aron. En estas obras, ambos pensadores rechazaron la ideología y denunciaron las falacias del entramado al que Aron llamaba la “vulgata marxista”. En su obra Revel ha sido pródigo en pensamientos originales. Pero uno de los más trabajados ha sido, sin duda, la existencia de un tratamiento de favor del totalitarismo comunista. Esbozado dicho argumento en su libro Ni Marx ni Jesús, fue madurándolo en La tentación totalitaria, El conocimiento inútil, La gran mascarada y, más recientemente, La obsesión antiamericana. En estos títulos describe la hábil y manipuladora táctica marxista de autoproclamarse gendarme de la libertad frente al fascismo. Denuncia la existencia de un doble rasero para medir las “actuaciones” de las ideologías comunista y fascista. Para la izquierda, ambas son distintas, incluso, compararlas es tema tabú. Asimismo, sostuvo que el certificado del fracaso comunista no fue el derribo del muro de Berlín en 1989, sino su construcción en 1961. La mayor evidencia de este fiasco es la pretensión de impedir la huida a quienes escapaban en busca de la libertad. Cuando la perestroika y la glasnost intentaron rehacer un socialismo con rostro humano, Revel fue tajante: un sistema totalitario no puede mejorarse, solo puede conservarse o hundirse. El comunismo jamás ha sido viable.

Tras la debacle del socialismo real en 1989, se inicia lo que Revel denominaba, la gran mascarada. Nos advierte que la intelligentsia de izquierda, lejos de experimentar cierto remordimiento de conciencia, se afanó día a día por elaborar, a gran escala, argumentos que omitieran las enseñanzas de la Historia. Un intento de lograr la conservación de una tiranía camuflada bajo la máscara del Bien. Una defensa de lo indefendible y una resistencia a la evidencia del error. Así, se diseñó una estrategia puramente dialéctica. Los ideólogos marxistas sostuvieron, de un lado, que los desastres económicos y las tragedias humanas del comunismo no expresan su verdadera esencia, la cual permanece intacta y en espera de una próxima reencarnación; de otro, que el régimen comunista posee una infinita capacidad de perfección para realizar la inconclusa e inacabada revolución social. En suma, que al comunismo no hay que juzgarle por sus actos, sino por sus intenciones y que el fracaso del socialismo real es imputable a la Humanidad y no a la idea comunista. Para un izquierdista, que la Historia arroje un resultado contrario de lo que persiguen sus postulados, no implica que éstos sean falsos o su método sea erróneo. Se llega a admitir que el comunismo es una tiranía odiosa y un modelo económico nefasto, pero es el único sistema que puede salvar al mundo del encierro en el consumismo del liberalismo desenfrenado, del reino del dinero, de la dominación y del desprecio. Revel alerta de toda esta farsa y evidencia que el reforzamiento de una tesis con la mayor argucia, no impide que la tesis siga siendo perversa. No evita que el asesinato masivo y la atrocidad en serie queden santificados por las buenas intenciones.

Para Revel, la “gran mascarada” logró su objetivo: reconstruir mediante el verbo y la intimidación y a pesar del flagrante, definitivo y concluyente hundimiento económico del comunismo y de la salida a la luz del día de su disposición congénitamente criminal, el doble mito de su superioridad práctica sobre el capitalismo liberal y de su moralidad intacta, que trasciende a todas las fechorías debidamente probadas que ha podido cometer. Revel se dedicó a denunciar un equívoco extraño, una Historia contada al revés, una inversión de las consecuencias que con rigor moral y honestidad intelectual, deberían haberse extraído de la debacle del totalitarismo comunista. En su lúcida obra nos avisa de que la mentira es la primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo. Explica por qué el comunismo se condena cada vez menos, conserva su superioridad moral y se revela como un prototipo perfecto aún no realizable. En los últimos quince años la izquierda ha realizado un extraordinario esfuerzo en borrar las enseñanzas emanadas de la experiencia histórica: el hundimiento del comunismo y el fracaso relativo y admitido de los socialismos democráticos.

El fecundo legado de Revel es su conocimiento útil que nos descifra los tres rasgos definidores de cualquier tentación totalitaria: la ignorancia voluntaria de los hechos, la capacidad de vivir inmerso en la contradicción respecto a sus propios principios y la negativa a analizar la causa de los fracasos. Todo un aviso a navegantes sobre océanos de paces perpetuas y alianzas de civilizaciones.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario La Gaceta el 20 de junio de 2006.

A prueba de fuego

La Editorial Libros Libres nos deleita con un nuevo bestseller. El autor noveliza sobre un guión previo llevado al cine bajo el mismo título. Ello explica la rapidez del ritmo narrativo y la acción trepidante, fórmulas, que mezclada con sentimientos conmovedores, acaba por cautivar al lector. En el debe de la obra hay que incluir una exagerada descripción de escenas tópicas. El libro narra la salvación de un matrimonio que está a punto de romperse. Caleb (jefe de bomberos) y Catherine (directora de relaciones públicas de un hospital), marido y mujer, atraviesan por dificultades matrimoniales. Han discutido alguna que otra vez, pero ahora están hartos de todo y dispuestos a tirar la toalla. ¿Hay alguna parte dentro de ti que quiera salvar tu matrimonio? pregunta el padre de Caleb a éste, entregándole al mismo tiempo un vademécum de cuarenta días, un itinerario que quizás convierta su matrimonio a prueba de fuego. Porque a prueba de fuego no significa que no vaya a haber ningún fuego. Significa que, si el fuego viene, puede resistirse.

A partir de ahí, la trama se centra en el proceso de comprensión de ambos cónyuges para lograr entender que el matrimonio significa un pacto de por vida. Que al ponerse un anillo uno formula una promesa “en las alegrías y en las penas, en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad” y luego no puede pretender que dicha promesa surta efectos solo en las alegrías, en la prosperidad o en la salud. Que hombre y mujer han de saber que al ganar a su cónyuge en matrimonio, lo que les toca en suerte es cuidar de la relación. No está, pues, terminado el trabajo con las alegres nupcias, sino que es un proceso para toda la vida y que va aproximando el corazón del hombre cada vez más al de la mujer. El matrimonio no es una estación de llegada, sino de partida.

Es la historia de la doble conversión del jefe de bomberos en buen marido y creyente. Porque con el afán de salvar su matrimonio, el protagonista encontró su ejemplo, Aquél a quien seguir. Dios quiso que el matrimonio durara para toda la vida y Caleb pidió a Dios que le enseñara a ser un buen marido. El libro es una llamada a luchar por aquello que merece la pena, aun cuando todo parezca difícil. La frase clave de la novela es de un sacerdote: “El deseo de Caleb y Catherine es que su juramento matrimonial no sea un contrato sino una alianza divina. El matrimonio es una institución fundada por Dios con intención de durar para toda la vida”.

Reseña de la novela A prueba de fuego. Eric Wilson. Editorial Libros libres, publicada por Raúl Mayoral Benito en el semanario acEprensa el 16 de junio de 2010. https://www.aceprensa.com/resenas-libros/prueba-de-fuego/

Europa

Si el hilo central de Europa es precisamente lo cristiano, el madridismo resulta ser el hilo conductor del fútbol continental. Sin el cristianismo no se entiende Europa. Sin el Madrí, la CopaUropa resulta indescifrable. Europa es un concepto fundamentalmente cultural sobre la vida, las instituciones y los valores. Pero vamos camino de dilapidar el precioso legado de esa triple tradición griega, romana y judeocristiana, esa herencia común y esa civilización que han sido fundadas en los principios de la democracia, los derechos humanos y el imperio de la ley.

Hay herencias que las carga el diablo. Si algunas traen de serie una sociedad offshore en Panamá siempre aparecerá un grupo estrafalario de esos que juegan con una mano a perseguidor y con otra a liberal, o sea, totalitarios de toda la vida, que travestidos de demócratas se rasgan luego las vestiduras. El resultado es la perversión de la democracia convirtiendo a ésta en una espantosa confusión de ideas que acaba por corroer a personas, familias y haciendas. Bien lo diagnosticó el genial Indro Montanelliel rencor, la envidia y los celos constituyen el estiércol de la democracia.

La degeneración del sistema se desparrama más allá de nuestras fronteras. Nos acechan enemigos desde fuera y desde dentro. No luchamos contra una ocupación visible y tangible, sino contra la infiltración de tácticas, conceptos y de un derrotismo más peligroso tal vez que la presencia de un enemigo. En el interior de las ciudades europeas se erigen colosales caballos de Troya en forma de tácitas alianzas entre el pseudopacifismo y el terrorismo yihadista. No debiéramos olvidar que el mundo occidental no sólo contiene grandes recursos materiales, sino también un enorme caudal de recursos morales que hoy parecen arrumbados y desprestigiados en un viejo desván. Es momento de aprovechar estas reservas éticas hasta el máximo de nuestras capacidades y habilidades. Deberíamos empeñarnos en esta tarea con el más extremado vigor tal como son las actuales circunstancias que nos rodean. Occidente nos ha legado una tradición y una civilización. Y debemos permanecer fieles a la primera y conservar y acrecentar la segunda. La defensa de los valores requiere no solo el apego a las tradiciones, sino una iniciativa encaminada a la conquista de un orden de libertad y justicia a salvo del fanatismo y el buenismo. Empecemos por poner nuestra libertad, una libertad subordinada al bien común y a la dignidad humana, por encima de nuestro bienestar. Debemos garantizar no solo la seguridad, sino también la libertad, continua guiándonos como norte Karl Popper con su Sociedad abierta. A esta Europa es a la que pretenden embestir y arrollar para destruirla. De nuevo en Londres, cerca de Cardiff en donde rodaba el balón, símbolo también de una Europa como estilo de vida, como visión del mundo y como cuna de nuestra cultura común.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 4 de junio de 2017. https://www.elimparcial.es/noticia/178310/europa.html

Educación y ética

Sin un componente ético en su educación, toda persona adolece de un punto flaco. Puede agradar o seducir, resultar simpática u original… pero a la larga será un bribón. La bribonería se manifiesta a través de una mente interesada y pérfida y de un corazón frío e insensible. El resultado es la impostura. O sea, una inmoralidad.

En su novela Llega el tiempo de los impostores,el escritor francés Gilbert Cesbron describió a quienes se aprovechan de los bajos instintos de la gente y van destruyendo poco a poco el sentido moral. Talleyrand definía a la palabra como un don de Dios para “ocultar el propio pensamiento”. Lord Byron llamó a la mentira “verdad enmascarada”. Ibsen en su Pato salvaje defiende la “mentira vital” afirmando que los hombres comunes necesitan la mentira para vivir. Andreev, afirma con dolor en su Mentira que no existe ya la verdad. ¿Podríamos llegar así a la conclusión práctica de que el fraude y el engaño son pruebas de inteligencia y de astucia en todos los ámbitos del obrar humano?

Howard Gardner es un neurocientífico y psicólogo de Harvard, autor de la teoría de las inteligencias múltiples. Un buen día se preguntó por qué personas que parecían ser excelentes al haber triunfado en la política, las finanzas, la ciencia o los negocios hacían el mal perjudicando a sus semejantes. Empezó así una investigación sobre la ética de la inteligencia mediante un proyecto experimental conocido como Goodwook Proyect, en el que entrevistó a más de 1.200 personas. Su conclusión fue que las malas personas no pueden ser profesionales excelentes. Pueden poseer cierta pericia o técnica pero no alcanzan la excelencia. Para adquirir ésta es preciso comprometerse con objetivos que van más allá de la mera satisfacción del ego personal, del egoísmo y de la avaricia de cada uno. Objetivos que se traducen en servir con cierta abnegación a las necesidades de los demás y que derivan de la asunción de principios éticos sin los cuales, según Gardner, uno puede llegar a ser tremendamente rico o técnicamente eficiente, pero nunca excelente.

La desgracia no está en sufrir o en ser pobre, sino en desviarse de los criterios éticos más elementales sobre el bien y el mal. La desgracia, querido lector, consiste en hacer el mal.