Todo tiempo histórico tiene un tipo de hombre con el que se corresponde. El de la hora presente es el tipo del ofendido. La estructura mental de un sujeto ofendido es el victimismo. Todo relato victimista sitúa en su cúspide a un ofensor. Psicológicamente, una víctima suele desconfiar de todo lo que le rodea, proyectando también sus filias y fobias a su alrededor. El ofendido no razona. Su estado permanente es la sinrazón mantenida a base de emociones y sentimientos. Sugestión y obsesión.
La Selección española de fútbol se ha proclamado Campeona de la Eurocopa. Ante semejante logro, los ofendidos se obstinan en demostrar que ello ha sido gracias a dos hijos de inmigrantes y también a uno o dos vascos. En su delirio victimista pareciera que el empeño del ofendido es restregar al resto de españoles que la victoria se ha alcanzado gracias a futbolistas que… ¡son españoles!
En su deriva emocional, al ofendido no le importa aniquilar el espíritu de equipo, propio del fútbol, con tal de enaltecer de manera inconcebible las hazañas individuales de miembros del combinado nacional en el altar identitario, ya sea racial o territorial. En su pronunciada curva martirial, el ofendido derrapa para certificar la conquista del antirracismo y hasta del antifascismo, por encima del éxito de la Selección. Si bien, el expuesto resulta ser el cuadro leve de la enfermedad que padece la persona ofendida, existe un cuadro aún más severo con que se muestra aquélla. Los efectos de mayor gravedad consisten en ofenderse y atacar en manada ante aquel futbolista del equipo nacional que osa ser austero y poco efusivo en el saludo institucional, o excesivamente patriótico al reivindicar la españolidad de una roca. ¡Qué ofensas más ofensivas para los ofendidos!
Los ofendidos no saben ni quieren saber que desde hace años futbolistas negros han integrado la Selección española. No saben ni quieren saber que en el fútbol español han militado decenas de futbolistas de color. Incluso, militó Ben Barek, un negro marroquí, que jugaba como los ángeles, y fue muy querido en España y, especialmente, en Madrid. No saben ni quieren saber que el holandés Johan Cruyff fue expulsado de un terreno de juego por referirse despectivamente a un futbolista argentino llamándolo “indio”. Los ofendidos no saben ni quieren saber que hace años en una concentración de la Selección, un futbolista agarró por el cuello a otro por despreciar y humillar a un tercer futbolista, simplemente porque éste era hijo de Guardia Civil. Además, el protagonista del desprecio, proetarra, y el despreciado, militaban en el mismo equipo. No saben ni quieren saber que los proterroristas de Bildu han señalado como traidores a dos futbolistas vascos de la Selección española. Desde el Gobierno de la nación aún no se ha censurado la infamia. Pero los ofendidos persisten en instrumentalizar con su mezquino manoseo la gloria del fútbol español.


