Archivo de la categoría: Santoral

15 de junio. Santa María Micaela del Santísimo Sacramento (1809-1865)

La llamada Madre Sacramento, en el mundo María Micaela Desmaisiéres López de Dicastillo, vizcondesa de Corbalán, es la imagen de la santidad moderna perseguida y calumniada por los buenos. Los buenos son obispos, confesores, religiosas, católicos practicantes, gentes que estaban en paz con su conciencia y que creían obrar de este modo.

De esta madrileña de alta nobleza, alumna de las monjas más selectas de Pau, criada en un palacio de Guadalajara, hermana de un ilustre diplomático en París y otras capitales extranjeras, que frecuentaba la alta sociedad, se esperaba otra cosa: una boda proporcionada a su rango, otras costumbres y una piedad más discreta. En vez de eso, ella se dedica en el Madrid de mediados del siglo XIX a atender a mujeres descarriadas y enfermas. La llaman loca, se suceden contra ella episodios de incomprensión, campañas de prensa, gravísimas penurias económicas, insultos, intentos de asesinato. «Tan sola, tan triste, tan despreciada» dice de sí misma.

Un pequeño grupo de locas se une a ella en medio de las dificultadas que parecen invencibles, y así nace en 1859 la congregación de las Adoratrices y Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad, con la ayuda y el consejo de San Antonio María de Claret, instituto que se extiende por toda España. Desafiando la epidemia de cólera, Santa María Micaela acudió en auxilio de la casa de Valencia y allí murió contagiada. Fue canonizada en 1934 por sus heroicas virtudes.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

14 de junio (San Eliseo (siglo IX a. de C.)

Tremenda figura del Antiguo Testamento, un labrador del que se nos dice que era hijo de un tal Safat y que estaba arando con doce yuntas cuando pasó junto a él el profeta Elías y le echó su manto por encima, transmitiéndole así sus poderes sobrenaturales. Tras despedirse de los suyos, Eliseo ofrece un par de bueyes en sacrificio y sigue al maestro, a quien, antes de ver cómo era arrebatado al cielo en un carro de fuego, pide la confirmación de su espíritu de profecía.

El segundo libro de los Reyes dedica diversos capítulos a este hombre fuerte y singular que lucha enérgicamente contra la idolatría y va sembrando su camino de portentosos signos del poder de Dios; multiplica panes y también el aceite de unas tinajas, sana a un monarca leproso, incluso resucita a un niño. Eliseo es como una vaga prehistoria anunciadora de Cristo, anuncia lo sublime desde un mundo todavía lleno de hosquedad e imperfección. De hecho, sus milagros, impresionantes y con el sello de la intervención divina, no tienen aún el toque inconfundible de delicada humanidad, de Dios hecho carne y sentimiento, que tienen los milagros de Jesús.

El gesto de Elías recubriendo a San Eliseo con su manto significa que lo oculta a los hombres para meterle en un ámbito sobrenatural que el labrador acepta dócilmente, atendiendo la llamada brusca y definitiva de Dios por la que lo deja todo.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

13 de junio. San Antonio de Padua (1195-1231)

No se llamaba Antonio sino Hernando, y no era de Padua sino de Lisboa. Elige otro nombre y otra vida para convertir fieles en África y morir mártir, pero los caminos de la Providencia le llevan a Italia, y allí el que había estudiado teología en Coimbra será humildísimo franciscano hasta que por obedecer a sus superiores se va a revelar como un predicador portentoso y un sabio de profundos conocimientos. La Iglesia le incluye entre sus doctores.

Pero sobre todo destaca como taumaturgo admirable en la escuela franciscana de la sencillez y del amor por las cosas humildes: es el santo que predica a los peces cuando los hombres no quieren escucharle. De él se dice que una noche tuvo a al Niño Jesús en sus brazos, y así se le suele representar en la iconografía. La anécdota de cierto ladrón que le robó un manuscrito y que se sintió irremisiblemente empujado a devolvérselo ha hecho que en el culto popular San Antonio sea el que ayuda a encontrar lo perdido, el que hace recobrar las cosas extraviadas; y nada más extraviado por nuestro descuido que Dios en nuestras pobres vidas.

Se le canonizó antes de cumplir un año de su muerte, cerca de la ciudad de Padua, de la que es el famoso patrón celestial, y uno de los santos más simpáticos, venerados y diríase que asequibles de todo el catolicismo, con un plus de piedad que nos conmueve particularmente.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

12 de junio. San Juan de Sahagún (1430-1479)

Juan González de Castrillo, hijo de hidalgos leoneses, nación en Sahagún y pronto por la mansedumbre de su carácter se le vio más inclinado a la Iglesia que a las armas; se educó en la abadía benedictina del lugar y luego fue paje del obispo de Burgos, el famoso converso Alonso de Cartagena, quien le ordenó sacerdote, le hizo canónigo y le colmó de beneficios eclesiásticos.

A los veinte años, avergonzado por tantos privilegios y honores, renunció a todo para hacerse simple párroco en Santa Gadea, de allí pasó a estudiar en Salamanca, y en esta misma ciudad decidió que sería agustino. En Salamanca fue muy popular por su talante risueño (se le llamaba «el fraile gracioso»), su predicación, la pureza de su vida y su espiritualidad; sus misas eran interminables, nadie quería ser su monaguillo, porque en la Hostia se le aparecía Cristo y dialogaba con Él olvidándose de los fieles. En el púlpito hablaba con una libertad y una audacia que le valieron numerosos enemigos, denunciando los abusos de los grandes señores o poniendo paz en las banderías sangrientas que desgarraban Salamanca.

Se le atribuyen infinitos milagros (hacer cesar una epidemia de peste, salvar a un niño caído en un pozo, resucitar a una niña) y según parece murió envenenado por una mujer que había jurado vengarse cuando San Juan de Sahagún convenció a su amante para que rompiese sus relaciones con ella.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

11 de junio. San Bernabé (siglo I)

Era un hombre bueno y lleno de Espíritu Santo y de fe, según San Lucas. Discípulo de Jesús que perteneció al primer núcleo de la comunidad cristiana y cuyo verdadero nombre era José Haleví, es decir, el levita, aunque los apóstoles le apodaron Bernabé, hijo de profeta.

Era judío chipriota y primo de San Marcos, él fue quien presentó a los apóstoles a San Pablo después de su conversión en el camino de Damasco y luego colaboró en las empresas misioneras de Pablo; en Listra les tomaron por «dioses de forma humana» y llamaban a Bernabé Zeus y a Pablo Hermes, lo cual permite suponer que Bernabé era alto y de aire majestuosos, ya que la superstición popular le confundió con el padre de los dioses.

Evangelizó su isla natal y tal vez fue lapidado y quemado vivo por los judíos de Chipre. Precisamente, por su supuesta lapidación se le invocaba tradicionalmente como protector contra el granizo. Se dice que curaba a los enfermos aplicándoles sobre la cabeza o el pecho el Evangelio de San Marcos, del que nunca se separaba. Se le atribuye la fundación de la iglesia de Milán y es patrón de esta ciudad.

Ante las discrepancias que separaron a sus dos compañeros, el gran Pablo y su primo Marcos, Bernabé parece indeciso entre uno y otro, más tarde hará un intento de reconciliación que Pablo rechaza, y en pocas frases de San Lucas nos asomamos a una humanísima y sin duda enconada discusión entre santos, que tiene un dramático sello de verdad.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

10 de junio. Santa Margarita de Escocia (1045-1093)

La reina santa de los escoceses pertenecía a la familia real inglesa, su madre era alemana y ella nació en Hungría, en el destierro de su padre, el rey Eduardo. Hacia los doce años pudo regresar con los suyos a Inglaterra, pero en 1066 la batalla de Hastings volvió a alejarlos del trono. Los normandos se habían hecho dueños del país, y la dinastía anglosajona decidió refugiarse otra vez en la acogedora Hungría. Sin embargo, una tempestad llevó el barco hacia las costas de Escocia, y allí se quedaron a vivir en la residencia palaciega del rey Malcom III, quien no tardaría encasarse con la joven Margarita.

Fue una unión de luz y de sombras, tuvieron seis hijos y dos hijas, y en la corte más bien bárbara del soberano escocés, cazador y guerrero, violento y primitivo, la vida de Margarita no resultó fácil. Sabemos de su perseverante esfuerzo por civilizar aquella Escocia ruda y aislada, dulcificando las costumbres y practicando la piedad y la limosna. Dedicó a la Santísima Trinidad la nueva abadía de Dunfermline, al norte del estuario del Forth, donde vivían los reyes. Murió en el castillo de Edimburgo, muy poco después de la muerte de su esposo y uno de sus hijos en una batalla. Recibió sepultura en la abadía que había fundado y cuyas ruinas todavía hoy recuerdan a Santa Margarita, patrona de Escocia.

Santa a pesar de la ausencia de milagros comprobados, su santidad estriba en convertir la vida cotidiana de esposa, madre y reina en un abnegado servicio, tenaz y sonriente, a Dios y a los que la rodeaban sin que nadie advirtiera nada espectacular, como si aquello fuera lo más natural y sencillo.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol

9 de junio. San Efrén (306-373)

Santo de la antigua Mesopotamia cristiana, nacido en Nisibe, hoy Turquía, muy cerca de la frontera siria. Efrén asistió como secretario de su obispo al Concilio de Nicea (325) y enseñó primero en la escuela episcopal de su ciudad y luego cuando lo persas la conquistaron, en Edesa, hoy Urfa.

Fue ejemplo de austeridad, unida al estudio y a la caridad para con pobres y enfermos. Pero ha pasado a la historia con el nombre de «Cítara del Espíritu Santo» por sus homilías, himnos y comentarios a la Escritura, de una elocuencia en la que el lenguaje, arrebatado y florido, se encrespa armoniosamente y reluce seduciendo con su persuasión.

Probablemente, San Efrén no pasó nunca de diácono, pero se le atribuyen reacciones insólitas, llegando a fingirse loco para evitar que le nombraran obispo. En 1920 se le reconoció como doctor de la Iglesia por su combate contra las herejías y su inspirada exaltación de las verdades de la fe, sobre todo de la Presencia real de Cristo en la Eucaristía y de la pureza de la Virgen (también es conocido como el «cantor de la Inmaculada»).

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

8 de junio. San Medardo (456-545)

Santo muy popular en la Francia medieval y al que los campesinos solían invocar para pedir lluvia o buen tiempo para sus cosechas. Su tumba en la abadía de Soissons era objeto de gran veneración porque de Medardo se contaban divertidas anécdotas y prodigios ejemplares y bondadosos de caridad. Vacas robadas, cuya esquila no dejaba de sonar, como la voz de la conciencia, hasta que el ladrón devolvía el animal al santo, o merodeadores que una vez en el huerto durante toda la noche no acertaban con la puerta para salir, hasta que el santo al despertarse se la indicaba haciéndoles comprender que todo pecado ciega.

Natural de Salency, de padre franco y madre galorromana, Medardo estudió en las escuelas monásticas de Vermand y Tournai, fue ordenado sacerdote por el obispo de Vermand, a quien sucedería años después. Cuando Vermand fue destruida por los hunos y los vándalos, el santo trasladó su sede a Noyon, por ser ciudad fortificada.

Tuvo también sus conflictos con los intemperantes reyes francos, como Clotario I, quién no obstante sentía por él un gran respeto, pero más que un obispo duro y batallador parece que San Medardo tuvo una aureola de bondad entre gentes todavía paganas y muy dadas a la violencia, se ganó justa fama de piadoso y caritativo y fue un hombre para quien Dios hacía pequeños milagros pedagógicos y convincentes.

Fuente: La Casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

7 de junio. San Pedro de Córdoba y compañeros (851)

Tras el martirio de San Perfecto, los cristianos cordobeses, que solían vivir en los monasterios de los alrededores de la ciudad, acuden a Córdoba como ansiosos para provocar a las autoridades, queriendo ser mártires, hasta el punto de que San Eulogio, alarmado, trata de moderar sus ímpetus. La declaración pública de su fe basta para ser condenados a muerte en la capital de Abderramán II, y así son degollados, ahorcados o empalados, y sus cadáveres de queman para dispersar las cenizas al viento

Es el caso de Isaac, del cenobio de Tábanos, que había sido notario y conocía muy bien la lengua árabe, y de su tío paterno Jeremías, santo anciano, que ya en la vejez renunció a sus riquezas para edificar aquel monasterio y vivir allí entregado a la contemplación y al estudio. Y también del joven Sancho, que procedía de la ciudad de Albi, antiguo prisionero liberto y alistado en el ejército del emir, y comensal en el palacio de éste; del sacerdote Pedro, natural de Ecija, que vivía en el monasterio de Cuteclara, del diácono Walabonso, que era de Peñaflor, del monje Sabiniano, del noble ciudadano Habencio.

San Eulogio nos da escueta noticia de todos ellos para que sus nombres no se pierdan, y hoy, más de un mileno después, podamos recordar su pasión terrible y afirmativa, de quienes llaman a las puertas de la muerte gritando la verdad que los hará inmortales.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol

6 de junio. San Norberto (1080-1134)

Capellán de familia noble, sobrino del arzobispo de Colonia, culto, brillantísimo y mundano, más elegante que nadie en sus vestiduras, más hábil que nadie en el manejo de la palabra y en la poesía que cautiva a las damas de la ciudad. Un día un rayo cayó a los pies de su caballo y le derribó en el polvo. Desde entonces Norberto no parece el mismo. Renuncia a sus prebendas y reparte sus riquezas, aunque sin conseguir que se olvidara su vida anterior y que dejasen de escarnecerle los que le conocieron antes de su metamorfosis.

Ahora reúne a unos discípulos y en un valle desierto cerca de Soissons funda un monasterio que será el origen de la orden premonstratense: bajo la regla de San Agustín y con hábito blanco, mitad monjes, mitad clérigos, los canónigos regulares de San Norberto misionan por toda Europa.

Por aclamación y contra su voluntad, fue elegido arzobispo de Magdeburgo, un prelado descalzo y harapiento al que más de una vez insultaron, golpearon y hasta amenazaron de muerte por no ser blando y transigente, como había empezado por no querer serlo consigo mismo.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.