Archivo por meses: junio 2024

20 de junio. San Silverio (…-537)

Natural de la Campania, hijo del Papa Hormisdas, Silverio fue elegido Papa por la influencia del rey godo Teododato, y tuvo un pontificado breve y tumultuoso, a causa, según un antiguo hagiógrafo, de «dos mujeres locas y atrevidas», la emperatriz Teodora, casada con Justiniano, y amiga de los herejes condenados en el concilio de Calcedonia, y Antonina, esposa de su general Belisario.

Silverio se negó a revocar las decisiones de su antecesor Agapito, declarando que «antes perdería el pontificado y la vida que deshacer lo que santamente había hecho su predecesor», y por obra de los manejos de estas dos mujeres, aliadas con un clérigo ambicioso, Vigilio, perdió ambas cosas. El Sumo Pontífice fue hecho preso, vestido de monje y conducido al destierro en una isla, donde afligido de pobreza, calamidades y miserias, de puro maltratamiento vino a a morir. Por eso la Iglesia le venera como mártir.

Vigilio, su sucesor, fue menos maleable de lo que esperaba Teodora y acabó renunciando a la cátedra apostólica que había usurpado, aunque a la muerte de Silverio fue elegido papa. Con él Roma tuvo durante un largo período una política titubeante e insegura, que acentuaba aún más la firmeza heroica de que había dado muestras San Silverio.

Fuente. La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

19 de junio. San Gervasio y San Protasio (siglo I)

Hijos gemelos de San Vital y Santa Valeria, que tras el martirio de sus padres vendieron todos sus bienes para repartir su importe entre los necesitados y se hicieron bautizar. Por negarse a adorar a los ídolos, se les decapitó bajo Nerón. Siglos después, sus cuerpos serían exhumados por San Ambrosio, obispo de Milán, quien guiado por un presentimiento, sueño o visión sobrenatural descubrió el lugar donde estaban sepultados.

Lo cuenta San Agustín en sus Confesiones: «Fue entonces cuando descubristeis por medio de una visión al obispo de Milán el lugar donde estaban sepultados los cuerpos de los mártires… los habías conservado al abrigo de la corrupción en vuestro misterioso tesoro para hacerlos salir de allí en el momento oportuno». El mismo San Agustín afirma que mientras los restos de ambos mártires eran trasladados a la basílica ambrosiana, obraron milagros, siendo causa de que un ciego recobrara la vista y unos endemoniados se vieran libres del Maligno.

San Gervasio y San Protasio pertenecieron durante mucho tiempo al misterio de lo desconocido, y de pronto una visión divina y la solicitud del obispo de Milán devuelve sus vidas a la luz, hacen milagros, se les erigen iglesias, y en luminoso estilo de San Agustín, su reaparición evoca la opulencia espiritual de la santidad, a menudo opaca para nosotros, que Dios hace visible cuando conviene.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol

18 de junio. Santa Isabel de Schönau (1129-1165)

Isabel ingresó en la primera mitad del siglo XII en el monasterio de benedictinas de Schönau, en la Renania-Palatinado, no lejos de la orilla izquierda del Rhin y de la ciudad de Fráncfort. En 1157 fue superiora de la comunidad y murió ocho años después. La vida de esta monja no parece haber tenido gran relieve. Sin embargo, hay muchas cosas en su vida interior que nos resultan conocidas gracias a cuatro libros que compuso y que completó su hermano Egberto. Libros extraños, hechos de visiones, de éxtasis místicos, de momentos indecibles que apenas pueden trasladarse a palabras.

Santa Isabel en realidad no fue canonizada formalmente, pero enseguida se le tributó un culto que la Iglesia no ha desautorizado nunca. En su obra narra los espantosos años de prueba que padeció, con aridez espiritual, hastío y fortísimas tentaciones de dudas sobre la fe, hasta el punto de creerse abandonada por Dios. La prueba termina con la aparición de la Virgen.

Entre sus escritos hay una escena inolvidable en la que se ve el Infierno, y cómo los ángeles acumulan en un platillo de la balanza las buenas obras, mientras el demonio pone en el otro los pecados, que pesan mucho más. Hasta que la justicia divina manifiesta el desbordamiento irresistible de la misericordia: el ángel añade a los méritos humanos una Hostia, y el platillo se vence por su lado como si lo empujara un peso infinito.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol

17 de junio. San Gregorio Barbarigo (1625-1697)

Veneciano de familia senatorial, huérfano pronto de madre, quedó al cuidado esmeradísimo de su padre. Con apenas veinte años Gregorio acompañó al embajador Contarini al congreso de Munster, y allí conoció al nuncio de la Santa Sede, Fabio Chigi, que influiría mucho en él. A su regreso fue magistrado, pero le atraía la vida religiosa y estuvo a punto de hacerse carmelita, hasta que decidió ingresar en el clero secular iniciando sus restudios en Padua.

En 1655 era sacerdote, y enseguida le llamó a Roma su consejero de Munster, que era ahora el Papa Alejandro VII. Nombrado obispo de Bérgamo, encontró una diócesis muy abandonada, la cual transformó por completo con su ejemplo de austeridad, la fundación de un seminario y la solicitud con que atendía a su grey. Más tarde, siendo cardenal, pasó a Obispo de Padua donde también combatió la relajación de costumbres y logró una reforma inspirada en San Carlos Borromeo.

Obispo popularmente famoso por el caudal de limosnas que repartía y por la severidad con que reprimió abusos muy antiguos, San Gregorio Barbarigo hizo frente a varias rebeliones de canónigos, le dispararon pistoletazos y un párroco fijó en lugares públicos una violenta sátira contra él. Murió con merecidísima fama de santo y fue canonizado en 1960.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol

16 de junio. San Juan Francisco Regis (1597-1640)

Nacido en un pueblo próximo a Narbona de una familia de mercaderes, Juan Francisco se educó en los jesuitas de Béziers y en 1616 ingresó en el noviciado que la Compañía de Jesús tenía en Toulouse. Aun antes de ser jesuita, ya se contaban de él prodigios por su heroica actuación durante la peste que azotó aquella ciudad. Su sueño fue evangelizar el Canadá francés, pero nunca se lo consintieron, y dedicó su apostolado a su tierra natal. El apóstol del Languedoc, o «el santo», así era conocido.

Más tarde fue enviado a Montpellier. Allí, y al final de su vida en Puy, feudo tradicional de los calvinistas, se consagra a rehacer la fe y las costumbres, tan maltrechas en aquellas comarcas después de las guerras de religión. Las multitudes acudían a oír a aquel religioso de sotana raída y con remiendos, y de oratoria poco brillante, a menudo tachada de vulgar, pero que sacudía las conciencias con palabras sencillas e irresistibles. Cuando no predicaba o confesaba, recorría las aldeas más apartadas hablando de Dios a los campesinos que no veían un cura en todo el año, y atendía solícitamente a los herejes consiguiendo muchas conversiones.

La fundación de una serie de casas de refugio para mujeres de vida airada dio pie a calumnias y amenazas de muerte, pero lo más duro fue la postura incomprensiva de sus superiores, quienes juzgaron que se excedía en su celo, y que a menudo pusieron no pocas trabas a su actividad, por lo cual San Juan Francisco Regis puede ser también considerado como mártir silencioso de la obediencia.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol

15 de junio. Santa María Micaela del Santísimo Sacramento (1809-1865)

La llamada Madre Sacramento, en el mundo María Micaela Desmaisiéres López de Dicastillo, vizcondesa de Corbalán, es la imagen de la santidad moderna perseguida y calumniada por los buenos. Los buenos son obispos, confesores, religiosas, católicos practicantes, gentes que estaban en paz con su conciencia y que creían obrar de este modo.

De esta madrileña de alta nobleza, alumna de las monjas más selectas de Pau, criada en un palacio de Guadalajara, hermana de un ilustre diplomático en París y otras capitales extranjeras, que frecuentaba la alta sociedad, se esperaba otra cosa: una boda proporcionada a su rango, otras costumbres y una piedad más discreta. En vez de eso, ella se dedica en el Madrid de mediados del siglo XIX a atender a mujeres descarriadas y enfermas. La llaman loca, se suceden contra ella episodios de incomprensión, campañas de prensa, gravísimas penurias económicas, insultos, intentos de asesinato. «Tan sola, tan triste, tan despreciada» dice de sí misma.

Un pequeño grupo de locas se une a ella en medio de las dificultadas que parecen invencibles, y así nace en 1859 la congregación de las Adoratrices y Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad, con la ayuda y el consejo de San Antonio María de Claret, instituto que se extiende por toda España. Desafiando la epidemia de cólera, Santa María Micaela acudió en auxilio de la casa de Valencia y allí murió contagiada. Fue canonizada en 1934 por sus heroicas virtudes.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

14 de junio (San Eliseo (siglo IX a. de C.)

Tremenda figura del Antiguo Testamento, un labrador del que se nos dice que era hijo de un tal Safat y que estaba arando con doce yuntas cuando pasó junto a él el profeta Elías y le echó su manto por encima, transmitiéndole así sus poderes sobrenaturales. Tras despedirse de los suyos, Eliseo ofrece un par de bueyes en sacrificio y sigue al maestro, a quien, antes de ver cómo era arrebatado al cielo en un carro de fuego, pide la confirmación de su espíritu de profecía.

El segundo libro de los Reyes dedica diversos capítulos a este hombre fuerte y singular que lucha enérgicamente contra la idolatría y va sembrando su camino de portentosos signos del poder de Dios; multiplica panes y también el aceite de unas tinajas, sana a un monarca leproso, incluso resucita a un niño. Eliseo es como una vaga prehistoria anunciadora de Cristo, anuncia lo sublime desde un mundo todavía lleno de hosquedad e imperfección. De hecho, sus milagros, impresionantes y con el sello de la intervención divina, no tienen aún el toque inconfundible de delicada humanidad, de Dios hecho carne y sentimiento, que tienen los milagros de Jesús.

El gesto de Elías recubriendo a San Eliseo con su manto significa que lo oculta a los hombres para meterle en un ámbito sobrenatural que el labrador acepta dócilmente, atendiendo la llamada brusca y definitiva de Dios por la que lo deja todo.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

13 de junio. San Antonio de Padua (1195-1231)

No se llamaba Antonio sino Hernando, y no era de Padua sino de Lisboa. Elige otro nombre y otra vida para convertir fieles en África y morir mártir, pero los caminos de la Providencia le llevan a Italia, y allí el que había estudiado teología en Coimbra será humildísimo franciscano hasta que por obedecer a sus superiores se va a revelar como un predicador portentoso y un sabio de profundos conocimientos. La Iglesia le incluye entre sus doctores.

Pero sobre todo destaca como taumaturgo admirable en la escuela franciscana de la sencillez y del amor por las cosas humildes: es el santo que predica a los peces cuando los hombres no quieren escucharle. De él se dice que una noche tuvo a al Niño Jesús en sus brazos, y así se le suele representar en la iconografía. La anécdota de cierto ladrón que le robó un manuscrito y que se sintió irremisiblemente empujado a devolvérselo ha hecho que en el culto popular San Antonio sea el que ayuda a encontrar lo perdido, el que hace recobrar las cosas extraviadas; y nada más extraviado por nuestro descuido que Dios en nuestras pobres vidas.

Se le canonizó antes de cumplir un año de su muerte, cerca de la ciudad de Padua, de la que es el famoso patrón celestial, y uno de los santos más simpáticos, venerados y diríase que asequibles de todo el catolicismo, con un plus de piedad que nos conmueve particularmente.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

12 de junio. San Juan de Sahagún (1430-1479)

Juan González de Castrillo, hijo de hidalgos leoneses, nación en Sahagún y pronto por la mansedumbre de su carácter se le vio más inclinado a la Iglesia que a las armas; se educó en la abadía benedictina del lugar y luego fue paje del obispo de Burgos, el famoso converso Alonso de Cartagena, quien le ordenó sacerdote, le hizo canónigo y le colmó de beneficios eclesiásticos.

A los veinte años, avergonzado por tantos privilegios y honores, renunció a todo para hacerse simple párroco en Santa Gadea, de allí pasó a estudiar en Salamanca, y en esta misma ciudad decidió que sería agustino. En Salamanca fue muy popular por su talante risueño (se le llamaba «el fraile gracioso»), su predicación, la pureza de su vida y su espiritualidad; sus misas eran interminables, nadie quería ser su monaguillo, porque en la Hostia se le aparecía Cristo y dialogaba con Él olvidándose de los fieles. En el púlpito hablaba con una libertad y una audacia que le valieron numerosos enemigos, denunciando los abusos de los grandes señores o poniendo paz en las banderías sangrientas que desgarraban Salamanca.

Se le atribuyen infinitos milagros (hacer cesar una epidemia de peste, salvar a un niño caído en un pozo, resucitar a una niña) y según parece murió envenenado por una mujer que había jurado vengarse cuando San Juan de Sahagún convenció a su amante para que rompiese sus relaciones con ella.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

11 de junio. San Bernabé (siglo I)

Era un hombre bueno y lleno de Espíritu Santo y de fe, según San Lucas. Discípulo de Jesús que perteneció al primer núcleo de la comunidad cristiana y cuyo verdadero nombre era José Haleví, es decir, el levita, aunque los apóstoles le apodaron Bernabé, hijo de profeta.

Era judío chipriota y primo de San Marcos, él fue quien presentó a los apóstoles a San Pablo después de su conversión en el camino de Damasco y luego colaboró en las empresas misioneras de Pablo; en Listra les tomaron por «dioses de forma humana» y llamaban a Bernabé Zeus y a Pablo Hermes, lo cual permite suponer que Bernabé era alto y de aire majestuosos, ya que la superstición popular le confundió con el padre de los dioses.

Evangelizó su isla natal y tal vez fue lapidado y quemado vivo por los judíos de Chipre. Precisamente, por su supuesta lapidación se le invocaba tradicionalmente como protector contra el granizo. Se dice que curaba a los enfermos aplicándoles sobre la cabeza o el pecho el Evangelio de San Marcos, del que nunca se separaba. Se le atribuye la fundación de la iglesia de Milán y es patrón de esta ciudad.

Ante las discrepancias que separaron a sus dos compañeros, el gran Pablo y su primo Marcos, Bernabé parece indeciso entre uno y otro, más tarde hará un intento de reconciliación que Pablo rechaza, y en pocas frases de San Lucas nos asomamos a una humanísima y sin duda enconada discusión entre santos, que tiene un dramático sello de verdad.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.