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Ciberizquierda

Como vuelve la burra al trigo, así la izquierda española con Franco. No tenemos problemas suficientes en nuestras sociedades tan sofisticadas, entonces va la izquierda y se los inventa con esa insistente obsesión por inflamar la convivencia. En lugar de defender la democracia contra los ciberataques y la corrupción, incluida la moral (que ya infecta hasta la canción de Eurovisión), el izquierdismo se empeña en arremeter contra un militar que lleva más de cuarenta años enterrado en el Valle de los Caídos. Al contrario que Mac Arthur, Franco no dijo que volvería, pero la obsesión de algunos es ganarle al Caudillo la guerra civil. Incapaces de desalojarle del poder, el dictador murió en la cama, pretenden ahora sacarlo de su tumba. Hace tiempo que han perdido su rumbo y sus banderas no solo en España, sino también en el resto de Europa. Ya no se ocupan ni preocupan de la defensa de los débiles. Han dejado de interesarse por los que estamos vivos dedicándose machaconamente a agitarnos y encresparnos mediante el uso y abuso de los muertos, tanto los de las zanjas, como los de los sepulcros y el callejero. Y así no se progresa, sino se regresa. No se gobierna, sino que se  desmanda un país. No se genera concordia sino se reaviva el odio. Ese es el único programa que ellos parecen querer cumplir.

Aquél maestro de la democracia que fue Jean François Revel, denunció, sistemática e inapelablemente, el sinfín de rémoras de que adolece la izquierda: El sectarismo que le induce a anteponer siempre los intereses partidistas a los generales. La incapacidad para el juego limpio despreciando a todo el que no piensa como él. La hipocresía demagógica, ese océano de paradojas, incoherencias y contradicciones en que se sumerge, evidenciando su devoción a la mentira y la manipulación elevadas éstas a sistema de gobierno, de conducta y de victoria. La izquierda es, en fin, el caballo de Troya de los sistemas democráticos. Como esos virus troyanos campando a sus anchas por los terminales informáticos y bloqueando e inutilizando las redes digitales, así se maneja la izquierda en las actuales sociedades democráticas tratando de abatir la estabilidad, el progreso y el bienestar de los ciudadanos.  

La izquierda debiera evitar su extravío y dejar de quebrar viejas telarañas de la historia, abandonar su partidismo estrecho que acarrea locuras extemporáneas y procedimientos anuladores de la libertad humana y ser más propicia para el sentido común y el consenso, tan necesarios y convenientes hoy para una óptima gobernación del país. Debe favorecer un clima conciliador en el que resulte fácil encontrar los términos medios. Si hay diferencias irreconciliables entre los distintos dirigentes, la democracia se convierte en algo corrosivo e inestable. Déjense de desenterrar muertos no vaya a ser que acaben desenterrando los cables de fibra óptica y paralicen el progreso y la prosperidad de la nación. Tendríamos que volver a cultivar helechos como en los koljoses.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 14 de mayo de 2017. https://www.elimparcial.es/noticia/177609/ciberizquierda.html

Virus sin corona

Del nacionalismo dijo Einstein que es una enfermedad infantil, el sarampión de la humanidad. De esta anacrónica patología hizo la mejor descripción el neurólogo y padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, confirmada años más tarde por Michael Ignatieff: “el nacionalismo toma los hechos naturales de un pueblo (lengua, territorio, tradición e historia), y los convierte en una idílica narración con el propósito de crear conciencia dentro de la colectividad, que le conduzca a imaginar una identidad nacional con pretensiones de autodeterminación. El nacionalista toma las diferencias menores y las transforma en grandes distinciones, se embellecen y repulen los pasados gloriosos, y pueblos que nunca habían pensado en sí mismos como tales comienzan, de repente, a imaginarse naciones”. Los enfermos más graves deliran creyendo ver a un camarada posándose en la Luna con la bandera del terruño.

La epidemia parte de un paciente cero: un excéntrico novelero que inventa una historia, narrada con aparatosa fascinación, y termina convenciendo a una legión de incautos e incultos con la mansedumbre del rebaño. Luego, mediante una educación patriotera, lacrimógena y endogámica se construye un entramado de poder, que deviene en totalitario. Porque el nacionalismo no es un problema político ni jurídico, sino moral. Más que una patología, es una inmoralidad. Allí donde predomina el colectivismo y reina la tribu, se anula la libertad del hombre. Antes la lengua, territorio o tradición que la persona, simple número dentro del sujeto colectivo que es la nación. Para el genial Indro Montanelli, conocedor de esta letal calentura, los nacionalistas excluyentes quieren pensar en términos de nación y Estado, pero su actitud es de aldea o tribu; “nacionalismo de colonia”, lo llamó.

En España, ese nacionalismo ha sido siempre insaciable, consecuencia de su victimismo. El victimismo del nacionalismo vasco consiste en creerse que Euskadi ha sufrido la represión del franquismo desde tiempo inmemorial. Viven convencidos de que si el euskera no progresó es por culpa de Franco. Omiten que el propio Sabino Arana aprendió vasco siendo ya un adulto porque sus padres no se lo enseñaron. El nacionalismo catalán sitúa también al franquismo en el origen de sus males. Sin embargo, el que fuera presidente del Barcelona, Agustín Montal, y artífice del lema “más que un club”, solía presumir de que, aún vivo Franco, el Barcelona se adhirió a la campaña “catalá a l´escola”; de que en el Nou Camp se instaló la primera senyera y que los avisos desde los altavoces del estadio eran en catalán; de que el capitán del Barcelona llevaba como distintivo de su rango la bandera catalana y de que en el funcionamiento interior del club se adoptó el catalán como idioma. Enfermiza es su obsesión por la persecución franquista.

Hubo, sin embargo, un regionalismo catalán inspirado y dirigido por Francesc Cambó, que rechazó el separatismo y era opuesto al socialismo, o sea, inmune al virus. Sigamos las instrucciones de un sabio sobre esta epidemia para así disponer de antídoto: Nosotros no tenemos que ser catalanistas, con ser catalanes nos basta: catalanistas que lo sean los charnegos (Josep Pla).

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 1 de marzo de 2020. https://www.elimparcial.es/noticia/210554/opinion/virus-sin-corona.html

Fuente gráfica: Raúl Arias.

Joselito, un siglo de conmoción

Aquella tarde de infausta memoria los tendidos del coso taurino de Talavera de la Reina,  junto a la venerada Virgen de El Prado, estaban atestados de aficionados. Desde que Joselito y Belmonte, Belmonte y Joselito comenzaron a deleitar con su espléndido toreo, a la vez elegante y brioso, las plazas acogían un volumen enorme de público, gentes que preferían esa emoción estética del nuevo arte a la morbosa del peligro. La lidia, como pelea con el toro, perdía adeptos. Joselito y Belmonte certificaron en los ruedos el final de esa rudimentaria faena de esquivar las acometidas de los astados, trayendo consigo ese arte, incomparablemente bello, que bien pudiera ser el octavo. Si antes giraba el torero alrededor del toro, Joselito y Belmonte obligaron a la fiera a girar en torno al diestro. Lo suyo era un toreo de concepto elevadamente artístico. Y fue entonces cuando las corridas de toros alcanzaron rango multitudinario. Fue entonces, como dice Jiménez Losantos en 100 de los nuestros, cuando las plazas de toros se hicieron monumentales.

Cuentan las crónicas que dos días antes de aquella gran corrida, en apenas dos horas se vendieron las entradas expedidas en la talaverana calle de La Corredera. A la ciudad toledana acudió José Gómez, Gallito, Joselito para fundirse con ella en imperecedera y trágica historia, convirtiéndola en permanente santuario de peregrinaje taurino. La muerte parece caprichosa. Aquél primaveral domingo, 16 de mayo, de hace un siglo llovió en Talavera y a punto estuvo de suspenderse la corrida. Sí se suspendió la de Madrid, cuyo cartel anunciaba a Belmonte y El Gallo, quien realmente debió haber toreado en la ciudad de la cerámica. Para Rafael Gómez estaba acordada aquella corrida, sin embargo, ambos hermanos se reemplazaron el uno al otro. Y finalmente, fatalmente, Joselito hizo cartel con otro matador, otro titán del toreo, su cuñado, Ignacio Sánchez Mejías. Con g apareció anunciado en la dolorosa tarde, y con j le inmortalizaría García Lorca en una de las más bellas elegías de nuestra literatura. Ambos espadas debían repartirse los seis toros de la ganadería local Viuda de Ortega.  

A las 6 de la tarde, tras anunciar los clarines el cambio de estoque, el toro Bailaor, burriciego, áspero, brusco provocó una verdadera catástrofe nacional. Algunos mozos de espada tuvieron que vaciar sus botijos sobre las nucas de tantos espectadores horriblemente conmocionados. Aquél trauma convulsionó el toreo. Tiempo después cuando dos aficionados se encontraban y recordaban la tragedia se fundían en un abrazo sin acertar a pronunciar palabra alguna hasta que el más resignado o animoso exhalaba un “Todo está perdido”. Tan arraigadas estaban las corridas de toros en las costumbres del pueblo español que merecieron el nombre de fiesta nacional. La fiesta de los toros, además de su inmensa belleza estética, es una verdadera institución, auténtica cultura. Cien años después, millones de españoles estamos conmocionados. Se tiene la impresión de que todo está perdido. Pero ni virus epidémicos ni virus ideológicos podrán con España y su fiesta nacional.  

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 15 de mayo de 2020. https://www.elimparcial.es/noticia/213105/opinion/joselito:-un-siglo-de-conmocion.html

Fuente fotográfica: Archivo Campúa

Buenos políticos

¿Qué está permitido en política? ¿Hacer el bien o el mal? ¿Contribuir al bien común o al bien propio y particular? Viendo el actual panorama de la política en España la respuesta no está clara. Algunos políticos buscan su bien particular, otros el bien de su partido. Con ello, unos y otros causan perjuicio a los ciudadanos y a la sociedad. Llevamos un tiempo en que nuestros dirigentes no hacen política sino propaganda y viven entregados a sus regateos despreocupándose absolutamente del bien común. Cuando se es político y gobernante hay que subordinarse a las conveniencias superiores del bien público y ofrecer con garantías de honestidad un programa de buena gobernación.

¿Por qué quienes ejercen el poder público no son personas espiritualmente eminentes y de carácter firme? ¿Por qué no son personas de juicio justo y seguro, que resulten coherentes consigo mismo en todas las circunstancias? ¿Por qué no son personas de doctrina clara y sana, de designios rectilíneos y de recta conciencia ¿Por qué no son personas capacitadas para ser guías y dirigentes como genuinos representantes de los ciudadanos y no como simples mandatarios de la cúpula de un partido? La sociedad ya está cansada de políticos que no cesan en ofrecer mesianismos falsos, en forjar vanas ilusiones y en vender humo. Hay un hartazgo en los ciudadanos ante dirigentes que diseñan estrategias de clientelismo para mantenerse en un poder desde el que son incapaces de servir a la comunidad. Echamos de menos a gobernantes que sean promotores de la prosperidad, del orden y de la justicia y funden toda su acción política sobre la verdad.

En la hora presente corremos el riesgo de que los políticos prescindan de la sociedad e ignoren totalmente las necesidades de sus gobernados. Ya no reclamamos que en el gobierno de la nación se acumule una gran sabiduría política. Es un reto de difícil consecución. Tan solo pedimos que quienes gestionan la cosa pública acierten a descubrir los males existentes, remediarlos en lo posible, intensificar los bienes reales y completar y acercar el consenso a un tipo ideal y benefactor para la sociedad. Pero para ello deben olvidarse de que son hombres de partido; que reparen en que no forman parte de un comité político, sino que integran la soberanía nacional. Y esto significa que son los rectores de la vida del país y deben amparar a todos los que quieran vivir dentro de la Constitución y la Ley.

Por eso, un gobernante no debe hacer distinciones desde el poder entre quién es su amigo o su enemigo particular o político. Nada hay más disolvente en una sociedad que la sensación de que los gobernantes, como tales, se guían en el momento de la acción política por criterios partidistas y no de servicio al bien común. Porque el político, el buen político, representa al bien común.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial de 9 de septiembre de 2019. https://www.elimparcial.es/noticia/204680/opinion/buenos-politicos.html

Auschwitz

Hay dos elementos que han adquirido una importancia particular en la memoria colectiva sobre Auschwitz. El primero de ellos es el tren. El segundo, los zapatos. Frase que preside la entrada de la exposición que puede visitarse en Madrid sobre el mayor campo de concentración nazi. Dos símbolos, la rueda y el calzado, propicios para el camino. Europa se conformó sobre caminos: hacia la fe y hacia el progreso; el Camino de Santiago es un hecho histórico, cultural y religioso. Compostela, atracción de creyentes en peregrinaje, fue, en palabras de Torrente Ballester, Santo, ciudad y camino. El río Danubio, ruta internacional por excelencia, acogió el continuo tránsito de mercaderías transportadas por intrépidos comerciantes. Es el alma comercial del continente europeo. Religión y economía, dos fuerzas motrices del mundo. Ambas articularon una civilización, la occidental, hecha añicos en escalofriantes campos de exterminio y calcinada en espeluznantes hornos crematorios como los de Auschwitz.  Sucursal del infierno en la tierra a la que se llegaba por un camino de hierro directo a una muerte industrializada. 

Escribe Primo Levi en su Trilogía que en enero de 1933 Hitler sube al poder. En marzo, se inaugura Dachau. En mayo se enciende la primera hoguera de libros de autores prohibidos. Cien años antes el poeta judío alemán Heine había escrito: “Quien quema libros termina tarde o temprano por quemar hombres”. No olvidemos y recordemos siempre aquellos horribles tiempos de menosprecio hacia la vida humana; tenebrosos tiempos de ídolos como el poder absoluto o la voluntad del sujeto colectivo. Convirtieron al hombre en un muñeco porque otro hombre, más fuerte y poderoso, se reconoció a sí mismo como único Dios. ¡Qué nocivo es el humanismo que empieza en el hombre y acaba en el hombre también! advirtió Paul Claudel. Auschwitz es la consecuencia de la supresión de Dios por el hombre, quedando éste en posesión de la grandeza y miseria humanas. ¿Qué es en realidad el hombre? Se pregunta y responde Víctor Frankl. Es el ser que siempre decide lo que es. Ha inventado las cámaras de gas pero asimismo ha entrado en ellas con paso firme, cabeza erguida y el Padrenuestro o el Shema Israel en sus labios.

La tragedia del prisionero en los campos de exterminio nazis no tiene hipérbole alguna para relatar, porque todo lo imaginable fue posible y porque todo estaba permitido contra la víctima que caía en manos de aquellos monstruos refinados en sadismo y crueldad. Ante el vagón de tren, la alambrada electrificada, el zapato de un niño o la puerta de una cámara de gas se encoge el alma humana. El horror descrito en la exposición resulta sobrecogedor. Sobrecogedor es también el silencio con que los visitantes perciben la espantosa realidad padecida por aquellas vidas infrahumanas. Hay silencios que valen por discursos y el de Auschwitz es la más sonora proclama de la Humanidad contra la barbarie. Seamos implacables contra los Auschwitz que amenazan con volver. Lo afirmó Primo Levi: ha sucedido y, por consiguiente, puede volver a suceder.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 14 de enero de 2018. https://www.elimparcial.es/noticia/185691/opinion/auschwitz.html

La revancha

La política ha poblado España de espectros. Un fantasma la recorre: Pedro Sánchez. La II República, con mucha diferencia, la etapa más convulsa que ha vivido España en los últimos cien años, parió una guerra civil que expiró cuando las dos Españas se reconciliaron en la Transición coronada por un Rey. A aquellos nefastos tiempos con sus trágicas consecuencias quiere retrotraernos Sánchez a lomos de una izquierda radical decimonónica, revanchista y antinacional. El que fuera primer presidente de aquél régimen, Niceto Alcalá-Zamora, publicó desde su exilio en 1945 “Régimen político y convivencia en España. Lo que debe ser y lo que no debe ser”, en donde narra cómo la misma República violó su propia legalidad. Le faltó señalar que él consintió en ello. Fue una víctima más del régimen que deliberadamente ayudó a implantar y que acabó por eliminarle.

Ideados por Dimitroff, el Stalin balcánico, los Frentes Populares iban sumando apoyos para terminar alumbrando un mesías de tono más exaltado que otros el cual arrastraba a todos al precipicio. Le ha faltado tiempo a Sánchez, que persiste en ser el dirigente del nuevo frentepopular, para proponer a Patxi López una fusión por absorción a fin de tumbar a Susana Díaz y erigirse en el gran timonel del socialismo español. Y de ahí a la presidencia del gobierno tras pactar con ese demagogo de talla que es Pablo Iglesias y con esos campeones de la superchería como son los independentistas convirtiendo a España en nación de naciones. El acabose. Solo nos salva una remontada: Aplicar la Constitución. Sostenía Laín Entralgo que el Don Quijote del segundo viaje supera al anterior sobre todo porque lleva consigo a Sancho Panza. ¿No podría alguien lograr que Sánchez se rodeara en su segunda aparición espectral de alguien que le gritara Llaneza muchacho, no te encumbres amarrándolo a la realidad? De él ya sabemos lo suficiente para caracterizarle por sus rasgos más acusados: ambición de poder y petulancia ideológica. Sus discursos jamás han revelado en un solo momento al estadista y sí la ausencia de un pensamiento sólido. Otra vez los socialistas en una angustiosa coyuntura histórica.

La Transición se basó en un doble pacto: primero, la lealtad de los partidos regionalistas o nacionalistas al régimen de Monarquía parlamentaria; segundo, la unidad entre los dos grandes bloques de la derecha y la izquierda en caso de incumplimiento del primer pacto. Hace ya tiempo que este acuerdo fue dinamitado por el secesionismo. De auparse Sánchez a la secretaría general del PSOE, el segundo consenso saltará por los aires. Su plan es radicalizar el partido erigiéndose en un nuevo Largo Caballero y arrumbando perfiles como el de Julián Besteiro o Indalecio Prieto. Luego pactar con Podemos, sus mareas y toda la marabunta secesionista. Ese es su programa. Una mezcolanza confusa de ocurrencias negativas y destructivas. Un socialismo echado al monte y convertido en una fotocopia arrugada de Podemos (o de Le Pen). El resultado sería la estrepitosa quiebra del sistema. Esa es su revancha.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 7 de mayo de 2017. https://www.elimparcial.es/noticia/177373/la-revancha.html

Universidad y ejemplaridad

Viva la muerte, abajo la inteligencia, vociferó el general Millán Astray en un claustro universitario. Viva la farsa, abajo la inteligencia, propagan como intrusos en la Universidad algunos políticos oportunistas y figurantes. El militar obtuvo contundente respuesta de don Miguel de Unamuno, férreo defensor del templo de la sabiduría. En otro templo, el de las libertades y la palabra, quienes se alejan del prototipo de hombre público probo y desinteresado, maquillando su formación con ropajes académicos, persisten en el engaño atrincherados a la espera de que la ciudadanía responda con su veredicto electoral. Pero el daño ya está hecho porque se caricaturizan a sí mismos y deforman la enseñanza superior.

Bajo una faz cosmética, cierta políticos esconden su falta de ética, contagiando el mal en las aulas universitarias. Quiebran, así, la pasión de alumnos por aprender y de profesores por enseñar, ambos en una incansable y fecunda búsqueda de la verdad. A un mundo de mentiras y grandes mentiras, se suman ahora tesis doctorales y másteres de pega y de corta y pega, que causan un grave deterioro a la Universidad como fuente de conocimiento e investigación y centro de la alta cultura. La política, la recta y noble política, puede y debe abastecerse de las ideas generadas en la Universidad, pero nunca ha de apropiarse de ésta ni manejarla a su antojo. Sería letal para ambas. En pleno desprestigio académico, se cumple el octavo centenario de la fundación de la Universidad de Salamanca. Recordemos y celebremos que España y Portugal reunieron allí a Vitoria, Soto, Molina y Suárez para alumbrar un alto pensamiento en materia de Derecho internacional y de gentes. Aquella excelencia académica sigue siendo ejemplar y universal.

La ejemplaridad no está reñida con la acción política cuando sirve al bien común. Pero suele haber políticos que olvidan que los hechos podrán negarse, pero jamás ocultarse. Deambula desesperado y perdido el presidente del Gobierno en su laberinto de mentira y plagio intentando sortear la primera y reducir el segundo a mínimo porcentaje. Pero Teseo y parte de la prensa han reducido a miniatura la credibilidad y decencia de quien, ufano, quiso arrogarse la expedición de certificados de ejemplaridad. El escritor Antonio Machado decía que el hacer las cosas bien, importa más que hacerlas. El buen quehacer conlleva dedicación, paciencia y actuar sin prisa. Ortega y Gasset, que tanto y tan bien conocía la misión de la Universidad, afirmaba que prisa es lo único que tienen los ambiciosos. El presidente, doctor en entredicho más que en Diplomacia económica, ignoró la sabia regla de San Juan de la Cruz: Buscad leyendo y hallaréis meditando. Quizás buscó y halló, pero sin leer ni meditar. El resultado no fue una tesis, sino un monótono documento plúmbeo, sin afán de originalidad ni nervio, que ante un análisis minucioso no resiste una crítica implacable. Y siguiendo con el hilo de Teseo, recordemos el consejo del Oráculo de Delfos: Conoce tu finitud, no accedas a la insolencia.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 16 diciembre de 2018. https://www.elimparcial.es/noticia/193634/universidad-y-ejemplaridad.html

Primos de Rivera

Ciudadanos, el partido naranja, ha recibido un aluvión de votos en los diferentes comicios celebrados en España en los últimos meses. También está aumentando considerablemente el número de afiliados y simpatizantes en este río revuelto con ganancia de pescadores en que se ha convertido el escenario político patrio. Sin duda, es la formación de moda, especialmente, entre los jóvenes. Las encuestas lo sitúan como decisivo en la formación del próximo Gobierno surgido de las elecciones generales. Más que bisagra, será la puerta de entrada al poder. Los círculos económicos y financieros ya manifiestan un interés alto en Albert Rivera.

El principal reto es presentarse como un partido de gobierno, lo que supone no solo disponer de un programa real y serio para gobernar, sino dotarse además de un discurso homogéneo y con sólida arquitectura. Esta aspiración es, a primera vista, de fácil logro por la acendrada defensa de la unidad de España que el partido ha demostrado en ambiente hostil dominado por el virus separatista. Pero el objetivo de la uniformidad ideológica también puede verse empañado por dos circunstancias: una estructura territorial incipiente y, en ciertos casos, precaria, y un cuadro de dirigentes cuya procedencia tan desigual puede impedir que calen a tiempo las cuatro ideas fuerza que su líder lleva ahornando desde que decidió saltar de Cataluña a la política nacional.

A día de hoy, la incógnita de Ciudadanos es saber si sus candidatos electorales serán capaces de asumir los principios programáticos o, por el contrario, esa pluralidad de orígenes acarreará un mensaje descafeinado convirtiendo la formación en un guirigay ideológico, como aquella UCD próxima a su desintegración. Ya hay quien empieza a identificar como “camisas viejas” a los afiliados y dirigentes de la primera hora frente a la avalancha de camisas nuevas recién llegados, entre quienes abundan los que dicen ser amigos de infancia, compañeros de pupitre o, incluso, primos de Rivera. En todo caso, un halo de ambigüedad, por no hablar de incoherencia, rodea en los últimos días al partido de Albert en su condición de socio de Gobierno, pues sus líderes se comportan como ciudadanos en Madrid y como súbditos en Andalucía. O sea, exigentes y severos de Despeñaperros para arriba y más bien mansos y sumisos de Despeñaperros para abajo. Mal asunto porque escorándose hacia un extremo llevan camino de perder su tan deseado centro de gravedad.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 19 de octubre de 2015. https://www.elimparcial.es/noticia/157185/opinion/primos-de-rivera.html

Historia inolvidable

El 19 de noviembre de 1939, Hans Frank, gobernador general de la Polonia ocupada por los nazis, decretó el aislamiento del gueto judío de Varsovia del resto de la capital mediante barricadas y sujeto a estricto control policial. Alegó como motivo que los judíos “son portadores de enfermedades y gérmenes”. Cuenta por entonces Wiliam Shirer en su Diario de Berlín: “que un amigo norteamericano que ha regresado esta noche de Varsovia me dice que la policía nazi pretende simplemente exterminar a los judíos polacos. Están siendo conducidos en masa a Polonia oriental, los obligan a vivir en barracones helados y los privan de cualquier oportunidad de ganarse el sustento. Según él, varios miles de judíos provenientes de todos los lugares del Reich han sido enviados ya a Polonia oriental para morir allí”.

En Lo que sé de los nazis, el periodista Luis Abeytua sostiene que “el aborrecimiento a los judíos era un producto de elaboración nazi, una consigna propagandística que no siempre encontraba eco en los corazones alemanes…la culpa del pueblo alemán no fue tanto por acción, sino por omisión, por inhibición”. “Frau Schroeder se aclimata, miles de personas están aclimatándose”, narra Christopher Iserwood en Adiós a Berlín ante la trepidante llegada del gélido invierno nazi. En su Trilogía sobre Auschwitz, Primo Levi escribe: “En la Alemania de Hitler se había difundido una singular forma de urbanidad: quien sabía, no hablaba; quien no sabía, no preguntaba; quien preguntaba, no obtenía respuesta. Cerrando el pico, los ojos y las orejas, el ciudadano alemán típico se construía la ilusión de no estar al corriente de nada, y por consiguiente de no ser cómplice de todo lo que ocurría ante su puerta”.

De nuevo, Wiliam Shirer en su Diario de Berlín: “Bernhard Rust, el ministro de Educación nazi, está nazificando por completo las escuelas, lo cual incluye la implantación de nuevos libros de texto nazis que falsifican la historia, hasta extremos que a veces son cómicos”. Y otra vez, Primo Levi en su Trilogía: “Un Estado totalitario tienen tres armas fundamentales para ejercer su pavorosa presión sobre el individuo: la propaganda directa o camuflada, la educación y el terror…En dicho Estado se considera lícito alterar la verdad, rescribir retrospectivamente la historia, distorsionar las noticias, suprimir las verdaderas, agregar falsas: la propaganda sustituye a la información…Allí donde se violenta al hombre, se violenta también el lenguaje”.

Cuando hoy nuestras modernas sociedades democráticas padecen cierta anemia moral conviene tener presente que sin principios morales no sobrevive la democracia y que el pasado debe servirnos de perdurable lección para no olvidar lo que es inolvidable. Porque sin malvados no hubieran existido campos de exterminio ni “archipiélago GULAG” ni tampoco espacios de desprecio a la vida humana. “Hay dos razas de hombres en el mundo y nada más que dos: la raza de los hombres decentes y la raza de los indecentes. Ambas se encuentran en todas partes y en todas las capas sociales” Lo dice Víctor Frankl en El hombre en busca de sentido.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 2 de febrero de 2020. https://www.elimparcial.es/noticia/209579/opinion/historia-inolvidable.html

Cinematocracia

Hubo un tiempo en que los productores de cine norteamericano solían hacer películas con una versión para el mundo civilizado y otra para Inglaterra. De ahí que en Londres, cuando se anunciaba una película yanqui se añadiera tras el título: película norteamericana con subtítulos en inglés. EEUU e Inglaterra, Trump y May, están condenados a entenderse en una misma lengua. En un buen guion de cine siempre debe haber espacio para el desquite. En una democracia de verdad debe incluirse la posibilidad de que la parte que pierde las elecciones una vez, las gane en la siguiente. La democracia como el cine ha de tener una función educadora. Si ambos se ajustan a normas elementales de moral y decoro, orientan e instruyen. Basta ya de hacer héroes de los criminales. Charlie Chaplin es al cine en su primera etapa lo que Pericles es a la democracia griega. El mejor argumento en contra de la democracia es una conversación de cinco minutos con el votante medio, decía Churchill. Lo mismo cabe decir sobre una conversación con el espectador medio. Se reclama la necesidad de una democracia y de un cine asentados en lo humano, tan propicios los dos a diluirse hoy en abstracciones al margen del hombre y contra el hombre mismo.

En el mundo hay dos modelos de democracia: el europeo, en el que el bienestar prima sobre la libertad; y el norteamericano, en donde la libertad se antepone al bienestar. En Europa, la paz nos lleva a la libertad. En USA, la libertad conduce a la paz. Otto Schily, que fue ministro alemán de Interior, además de haber sido abogado de la Fracción del Ejército rojo y cofundador de los Verdes, lo explicó tras caerse del guindo. El que la izquierda se apoyase en regímenes que parecían socialistas, que hiciéramos estupideces como ir con retratos de Ho Chi Minh o Pol Pot, que celebráramos la caída del Sha de Persia y la vuelta de Jomeini, resultó una farsa; hasta que comprendimos que hay que hallar mejoras para nuestro modelo pero uniendo el concepto de bienestar con el de libertad y democracia y nunca basarse en modelos poco democráticos o militarizados. 

La diferencia entre la democracia en América y la democracia en Europa es la misma que existe entre el tocino de cielo y el tocino de cerdo. A nadie le amarga un dulce (hombre ¡con un récord de cuarenta merengues se ha empachado Zidane!), mientras que la sustancia del cocido deja a uno muy satisfecho. Si entramos en los fogones percibimos que la democracia europea está a medio cocinar. Tocqueville personalizaba la democracia  en el hombre libre y creyente. Churchill, en el lechero o en el policía que llama a la puerta muy de mañana. ¿Cine europeo o norteamericano? ¿Democracia europea o norteamericana? Si el producto es bueno es indiferente su procedencia. Las verdaderas democracias no van a la guerra entre ellas. Ni siquiera en el cine.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 29 de enero de 2017. https://www.elimparcial.es/noticia/174060/opinion/cinematocracia.html