Archivo por meses: junio 2024

10 de junio. Santa Margarita de Escocia (1045-1093)

La reina santa de los escoceses pertenecía a la familia real inglesa, su madre era alemana y ella nació en Hungría, en el destierro de su padre, el rey Eduardo. Hacia los doce años pudo regresar con los suyos a Inglaterra, pero en 1066 la batalla de Hastings volvió a alejarlos del trono. Los normandos se habían hecho dueños del país, y la dinastía anglosajona decidió refugiarse otra vez en la acogedora Hungría. Sin embargo, una tempestad llevó el barco hacia las costas de Escocia, y allí se quedaron a vivir en la residencia palaciega del rey Malcom III, quien no tardaría encasarse con la joven Margarita.

Fue una unión de luz y de sombras, tuvieron seis hijos y dos hijas, y en la corte más bien bárbara del soberano escocés, cazador y guerrero, violento y primitivo, la vida de Margarita no resultó fácil. Sabemos de su perseverante esfuerzo por civilizar aquella Escocia ruda y aislada, dulcificando las costumbres y practicando la piedad y la limosna. Dedicó a la Santísima Trinidad la nueva abadía de Dunfermline, al norte del estuario del Forth, donde vivían los reyes. Murió en el castillo de Edimburgo, muy poco después de la muerte de su esposo y uno de sus hijos en una batalla. Recibió sepultura en la abadía que había fundado y cuyas ruinas todavía hoy recuerdan a Santa Margarita, patrona de Escocia.

Santa a pesar de la ausencia de milagros comprobados, su santidad estriba en convertir la vida cotidiana de esposa, madre y reina en un abnegado servicio, tenaz y sonriente, a Dios y a los que la rodeaban sin que nadie advirtiera nada espectacular, como si aquello fuera lo más natural y sencillo.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol

9 de junio. San Efrén (306-373)

Santo de la antigua Mesopotamia cristiana, nacido en Nisibe, hoy Turquía, muy cerca de la frontera siria. Efrén asistió como secretario de su obispo al Concilio de Nicea (325) y enseñó primero en la escuela episcopal de su ciudad y luego cuando lo persas la conquistaron, en Edesa, hoy Urfa.

Fue ejemplo de austeridad, unida al estudio y a la caridad para con pobres y enfermos. Pero ha pasado a la historia con el nombre de «Cítara del Espíritu Santo» por sus homilías, himnos y comentarios a la Escritura, de una elocuencia en la que el lenguaje, arrebatado y florido, se encrespa armoniosamente y reluce seduciendo con su persuasión.

Probablemente, San Efrén no pasó nunca de diácono, pero se le atribuyen reacciones insólitas, llegando a fingirse loco para evitar que le nombraran obispo. En 1920 se le reconoció como doctor de la Iglesia por su combate contra las herejías y su inspirada exaltación de las verdades de la fe, sobre todo de la Presencia real de Cristo en la Eucaristía y de la pureza de la Virgen (también es conocido como el «cantor de la Inmaculada»).

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

8 de junio. San Medardo (456-545)

Santo muy popular en la Francia medieval y al que los campesinos solían invocar para pedir lluvia o buen tiempo para sus cosechas. Su tumba en la abadía de Soissons era objeto de gran veneración porque de Medardo se contaban divertidas anécdotas y prodigios ejemplares y bondadosos de caridad. Vacas robadas, cuya esquila no dejaba de sonar, como la voz de la conciencia, hasta que el ladrón devolvía el animal al santo, o merodeadores que una vez en el huerto durante toda la noche no acertaban con la puerta para salir, hasta que el santo al despertarse se la indicaba haciéndoles comprender que todo pecado ciega.

Natural de Salency, de padre franco y madre galorromana, Medardo estudió en las escuelas monásticas de Vermand y Tournai, fue ordenado sacerdote por el obispo de Vermand, a quien sucedería años después. Cuando Vermand fue destruida por los hunos y los vándalos, el santo trasladó su sede a Noyon, por ser ciudad fortificada.

Tuvo también sus conflictos con los intemperantes reyes francos, como Clotario I, quién no obstante sentía por él un gran respeto, pero más que un obispo duro y batallador parece que San Medardo tuvo una aureola de bondad entre gentes todavía paganas y muy dadas a la violencia, se ganó justa fama de piadoso y caritativo y fue un hombre para quien Dios hacía pequeños milagros pedagógicos y convincentes.

Fuente: La Casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

7 de junio. San Pedro de Córdoba y compañeros (851)

Tras el martirio de San Perfecto, los cristianos cordobeses, que solían vivir en los monasterios de los alrededores de la ciudad, acuden a Córdoba como ansiosos para provocar a las autoridades, queriendo ser mártires, hasta el punto de que San Eulogio, alarmado, trata de moderar sus ímpetus. La declaración pública de su fe basta para ser condenados a muerte en la capital de Abderramán II, y así son degollados, ahorcados o empalados, y sus cadáveres de queman para dispersar las cenizas al viento

Es el caso de Isaac, del cenobio de Tábanos, que había sido notario y conocía muy bien la lengua árabe, y de su tío paterno Jeremías, santo anciano, que ya en la vejez renunció a sus riquezas para edificar aquel monasterio y vivir allí entregado a la contemplación y al estudio. Y también del joven Sancho, que procedía de la ciudad de Albi, antiguo prisionero liberto y alistado en el ejército del emir, y comensal en el palacio de éste; del sacerdote Pedro, natural de Ecija, que vivía en el monasterio de Cuteclara, del diácono Walabonso, que era de Peñaflor, del monje Sabiniano, del noble ciudadano Habencio.

San Eulogio nos da escueta noticia de todos ellos para que sus nombres no se pierdan, y hoy, más de un mileno después, podamos recordar su pasión terrible y afirmativa, de quienes llaman a las puertas de la muerte gritando la verdad que los hará inmortales.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol

6 de junio. San Norberto (1080-1134)

Capellán de familia noble, sobrino del arzobispo de Colonia, culto, brillantísimo y mundano, más elegante que nadie en sus vestiduras, más hábil que nadie en el manejo de la palabra y en la poesía que cautiva a las damas de la ciudad. Un día un rayo cayó a los pies de su caballo y le derribó en el polvo. Desde entonces Norberto no parece el mismo. Renuncia a sus prebendas y reparte sus riquezas, aunque sin conseguir que se olvidara su vida anterior y que dejasen de escarnecerle los que le conocieron antes de su metamorfosis.

Ahora reúne a unos discípulos y en un valle desierto cerca de Soissons funda un monasterio que será el origen de la orden premonstratense: bajo la regla de San Agustín y con hábito blanco, mitad monjes, mitad clérigos, los canónigos regulares de San Norberto misionan por toda Europa.

Por aclamación y contra su voluntad, fue elegido arzobispo de Magdeburgo, un prelado descalzo y harapiento al que más de una vez insultaron, golpearon y hasta amenazaron de muerte por no ser blando y transigente, como había empezado por no querer serlo consigo mismo.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

5 de junio. San Bonifacio (680-755)

Anglosajón de Wessex que al hacerse benedictino cambió su nombre de Wynfrid por el de Bonifacio, el que hace el bien, hasta los cuarenta años vivió como monje en Exeter y más tarde en Nursling, cerca de Southampton, dedicado al estudio, a la enseñanza y a la predicación. Compuso la primera gramática latina escrita en Inglaterra. Allí tenía fama de hombre de gran saber y de piedad.

Su vida cambió por completo en el año 718 cuando el Papa Gregorio II le envió a evangelizar a los germanos, y entonces empieza a desplegar una actividad trepidante que le iba a hacer recorrer Hesse, Baviera, Westfalia y Turingia, predicando, bautizando, fundando monasterio como el de Fulda y organizando la naciente Iglesia entre aquellos pueblos paganos. Fue vicario apostólico con sede en Maguncia, presidió concilios y ungió, en nombre del pontífice, al rey Pipino el Breve, que colabora con él.

Ya septuagenario, en vez de buscar el reposo, decidió evangelizar personalmente en tierras de Holanda, la Frisia, y allí, junto con unos misioneros, fue martirizado en Dokkum por unos paganos. Su sepulcro, que se venera en Fulda, es el gran santuario alemán donde su figura es recordada como unos de los grandes maestros de la fe que hicieron la Europa actual.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

4 de junio. San Francisco Caracciolo (1563-1608)

Se llamaba Ascanio, nacido cerca de Chieti, en el reino de Nápoles, y era de familia noble que le destinó a las armas. A los veinte años una grave enfermedad le movió a prometer que abrazaría la vida religiosa si sanaba. Curado, marchó decididamente a Nápoles para estudiar Teología y recibir las órdenes sagradas en 1587.

Cierto día recibe una carta equivocada dirigida a un homónimo suyo, y en el error cree ver la mano de Dios que le habla de planes de fundar una nueva orden. No tarda en unirse a los fundadores de un instituto de clérigos regulares que aspiraban a armonizar la vida contemplativa con la activa. El Papa concede su aprobación. Ascanio cambia su nombre de pila por el de su admirado San Francisco.

Cumplido su doble objetivo complementario de vivir sólo para Dios, adoración perpetua al Santísimo, oración y penitencia, y al servicio de los hombres, evangeliza a incrédulos y atiende a enfermos pobres, San Francisco Caracciolo fue elegido superior de la orden, si bien tuvo que hacer frente a una multitud de calumnias en una época posterior a Trento, en la que existía una gran desconfianza hacia las nuevas órdenes. Murió en Agnone pronunciando los nombres de Jesús y María, con una impaciencia que le hacía exclamar: «¡Vamos, vamos!». «¿A dónde hay que ir?», le preguntaron. «Pues al cielo». Fueron sus últimas palabras.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol

3 de junio. Santos Mártires de Uganda (1886)

La Iglesia celebra en este día la fiesta de unos mártires que murieron en la hoguera por negarse al pecado nefando de la sodomía. Son las paradojas del mundo moderno, cuando en Europa se defiende la libertad y el honor de los sodomitas, en África queman vivos a quienes no quieren serlo.

El rey Mwanga había hecho concebir muchas esperanzas de cristianización en aquellas tierras tropicales rodeándose de cristianos; hasta que decidió que entre los privilegios de su majestad debía también figurar el de ver satisfecha su lujuria con los pajes de la corte. Hubo, como siempre, otras razones complementarias (económicas, por el mercado de esclavos, y políticas, una conjura a la que los cristianos no se unieron), pero la desobediencia a la voluntad del rey fue decisiva, para perseguir sañudamente a «todos los que rezan» según decía el edicto real.

Se decapitó a unos, otros murieron entre tormentos, y una veintena (entre ellos el jefe de la guardia real, Carlos Lwanga, de veinte años, y el paje Kizito, de trece) fueron quemados vivos en la colina de Namugongo el 3 de junio de 1886. Se les ofreció el perdón del rey si se comprometían a no rezar, y murieron ante oraciones y cánticos. Pablo VI los canonizó en 1964.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

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2 de junio. Santa Blandina (…-177)

Patrona de Lyon, y como Santa Zita, también de las criadas. En tiempos de Marco Aurelio, junto a otros hermanos lioneses, Blandina fue objeto de una redada. Se les acusaba de incesto y canibalismo. Soportaron muy dignamente los atropellos de la plebe: insultos, golpes, zarandeos, apedreo y cuanto suele complacer a una turba enfurecida contra gentes que considera odiosas. En el grupo, había una señora y Blandina era su esclava.

Fue torturada desde el amanecer hasta el ocaso. La bienaventurada mujer rejuvenecía en la confesión: «Soy cristiana y nada malo se hace entre nosotros». Conducidos a las fieras, para común espectáculo de la inhumanidad de los paganos, a Blandina la colgaron de un madero y quedó allí expuesta para pasto de las fieras, pero éstas incomprensiblemente la respetaron. La devolvieron a la prisión para otro combate. Los demás murieron entre tormentos.

Santa Blandina, la última de todos aquellos mártires, fue envuelta en una red y la pusieron delante de un toro salvaje que la corneó hasta matarla.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

1 de junio. San Justino (100-165)

Palestino de Samaria, natural de Nabulus, pero de familia griega pagana, Justino fue un filósofo que buscó incesantemente la verdad y que desespera al no hallarla. Durante muchos años fue pasando de un sistema a otro, decepcionándose siempre por los resultados de sus reflexiones. Pitagórico, aristotélico, estoico y finalmente platónico, nada le convencía, hasta que ya en la treintena descubrió la Sagrada Escritura y se hizo cristiano.

No era sacerdote, pero consideraba que su obligación era dar a conocer a todos las señas de aquel tesoro que tanto le había costado encontrar, y se convirtió en predicador ambulante del Evangelio para difundir la buena nueva de la salvación con el ardor de un converso y el saber y la elocuencia de un profesional de la filosofía.

Nos dejó dos apologías del cristianismo y el famoso Diálogo con Trifón (un judío), por lo cual se le incluye entre lo Padres de la Iglesia, pero tan elocuente como sus escrito es su misma muerte en Roma, tras negarse a sacrificar a los ídolos, cuando fue acusado por un rival envidioso de ser culpable de «ateísmo y de impiedad».

San Justino fue decapitado junto con otros seis mártires, y sus reliquias fueron depositadas por Urbano VIII en la iglesia de la Virgen de la Concepción (o de los Capuchinos), en lo que hoy es Via Vittorio Veneto.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

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