Hija del tintorero sienés Benincasa, terciaria de la Orden de Santo Domingo, Catalina será una virgen penitente sometida a terribles tentaciones, va a alcanzar la unión mística con el Esposo, que pone en su dedo el anillo de oro de los casados y la hiere con los estigmas de la Pasión. Irresistible con la palabra y con la pluma (siempre dictando porque no sabía escribir), se dedicó a los enfermos y murió a los treinta y tres años después de intervenir decisivamente como consejera de los papas divididos entre Aviñón y Roma.
La Iglesia metida en política hasta las cejas, y ante ella, firme y enérgica sin dejar de ser obediente en un singular equilibrio sobrenatural, esta monja dominica que era una mística. Cualquier otro se hubiese guiado por criterios humanos, es decir, políticos o personales, y hubiese añadido más confusión a la confusión, más partidismo al partidismo.
Santa Catalina, doctora de la Iglesia desde 1970, pese a que no sabía escribir, sólo aplicó el remedio del Espíritu. Desde dentro, sin dejar de ser nunca hija sumisa de los papas, inspirándose en Dios y en la oración, cumpliendo inflexiblemente sus deberes. Por eso está allí, en Roma, en los jardines del Castel Sant´Angelo, junto al río, de pie y de cara al Vaticano, como santa vigía del horizonte divino ante la Sede de Pedro para proteger a la Iglesia de sus propios pecados.
Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.
Bretón, de Montfort, hijo de un abogado, Luis María se formó con los jesuitas de Rennes y después de ordenarse sacerdote en París (1700), quiso ir a evangelizar en tierra de infieles. No se movió de Francia, que por entonces era un país de misión, ya que el jansenismo, la irreligiosidad y el libertinaje eran allí lo moderno. Por eso surgió un apóstol como Luis María, que parece salido de la Edad Media, como si Dios tuviese un capricho anacrónico y anticuado.
De ortodoxia férrea, devotísimo de la Virgen, hombre de sacramentos, de Rosario, de predicación efusiva e irresistible, pero, por encima de todo, muy paciente en las adversidades, activo y enamorado de las vías misteriosas de la Providencia. «Bendito sea Dios pase lo que pase, bendito sea Dios si me da o si me niega, bendito sea Dios si me lo quitan todo».
Fue capellán de un hospital de Poitiers del que se le despidió tres veces, vivió como un mendigo en París cuando se le cerraban todas las puertas, y en 1706 se consagró a sus misioneros populares por la Vendée, la Bretaña y el Poitou en medio de la guerra declarada de los jansenistas que obstaculizaron por todos los medios su labor. En una Francia que entendía las luces de la Ilustración como sucedáneo de Dios, San Luis María de Grignon, con su crucifijo y una estatuilla de la Virgen, «Reina de los corazones», acorazado en su paciencia, volvió a encender las fe en miles de almas como una lamparilla que no se apaga en la tormenta.
Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.
Patrona de lo que hoy es el servicio doméstico. Sirviendo a un acaudalado tejedor de Lucca, hay en Zita dos rasgos llamativos. Estaba mal vista por sus compañeros por estimar que trabajaba demasiado, dejándoles en mal lugar. Y tuvo problemas con su amo por ser demasiado generosa con los pobres.
Hacer las cosas bien a menudo no despierta simpatías, es paradójico, pero suele ser así. Hoy Santa Zita provocaría conflictos sindicales. Y es que servir no es cómodo, servir bien engendra envidias y mal humor, descontento por la calidad del servicio, tal vez excesiva, que nos pone en evidencia. ¿Por qué no se conformaba con salir del paso?Y servir bien, no sólo al amo, sino a todos, también empuja a extralimitarse. Primero se da todo lo que uno tiene y luego, con más o menos discreción, lo que sobra a los demás. Imaginamos a Zita poco respetuosa con el derecho de propiedad, con el propio y con el ajeno.
Uno puede exigirse a sí mismo la pobreza, ¿pero a los otros? ¿Hay que obligarles a que den los bienes superfluos? Es mucho decir, pero aquí entrevemos la sisa de Dios, no prevista por la ley, pero clara como la luz. La justicia que hacemos se queda corta si no la alarga la misericordia, que puede no ser legal, pero que es parte de las exigencias del amor.
Fuente. La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.
Nada más escribir Sánchez su extravagante carta (haciendo llorar a otro Pedro, Almodóvar, ¡angelito!) se desplomaron las aspas del molino centenario que decora la fachada del mítico Moulin Rouge de París. Como si se tratase de una margarita que empieza a deshojarse en Francia, también en España se activó el proceso de deshoje que ha de finalizar en un sí o un no “merece la pena”. Ignoramos el resultado. Podríamos vaticinar si dimitirá o no como presidente del Gobierno, aunque nos inclinamos por que a Sánchez le sucederá Sánchez.
Lo que sí sabemos es que con su carta, Sánchez ya ha dimitido de la política, entendida ésta como una noble actividad consistente en no pensar en sí mismo, sino en los demás. Un político deja de serlo cuando se preocupa más por lo suyo que por lo ajeno. También sabemos que más que una carta, ha dictado un bando de guerra, valiéndose de dos recursos impropios de la política y muy útiles en la demagogia: el victimismo y el emotivismo, asentados, además, sobre la palanca de su hipocresía: “No quieras para otros lo que no quieras para ti”. Si no quieres bulos sobre tus cercanos, tu no propagues bulos sobre los cercanos a otros.
En el aire, moviendo las aspas, meciendo las margaritas, permanecen las presuntas presiones de afuera por supuestos episodios de espionaje telefónico. Pero también se olfatea cierta frustración interior tras varias elecciones generales sin superar en escaños a González ni a Zapatero, y con continuas derrotas electorales. Añádase un descomunal enfado por tantos abucheos y pitidos padecidos en la calles y plazas españolas. ¡Qué desagradecida es España que se niega a reconocer la magnífica labor de su providencial caudillo! El “acoso y derribo” indicado en la misiva como causa del deshoje de la margarita no es creíble. Resulta inconcebible que el autor de Manual de resistencia y Tierra firme, pueda “desfallecer” y verse obligado a reflexionar cinco días por una endeble denuncia contra su mujer. Mejor haber esperado al archivo y así salir más reforzado. Es lo que tiene obrar en caliente, una temeridad. A no ser que…. En fin, claudicar ahora sería tanto como rasgar las hojas de su Mein Kampf. Una incoherencia.
El que fuera primer presidente de la República Checa y opositor al comunismo soviético, Vaclav Havel, advertía de que “las democracias corren el riesgo de ser como un juego virtual para consumidores, en vez de un asunto serio para ciudadanos serios. Hoy se habla de marketing político más que de ciencia política”. Sánchez está siendo el político menos serio y más frívolo que hemos tenido en democracia. Henchido de narcisismo y adicto al artificio, a él siempre le fascinó ser el epicentro del mundo. Y casi lo está logrando. Ser como el niño en el bautizo, el muerto en el entierro y, más que el novio en las bodas, ser como el inevitable tonto de las bodas castizas, ese que, según el maestro Ruano, grita de repente “¡Viva yo!”
Su familia era hispanorromana y de Cartagena, pero él y los suyos, huyendo de los bizantinos, se instalaron en Sevilla, donde su hermano Leandro iba a ser arzobispo y terminaría, como Isidoro, siendo santo. Educado a la sombra de éste, Isidoro fue monje y luego abad de un monasterio, pero siempre atraído por la ciencia, la lectura, la escritura, en suma, los libros.
Alrededor del año 600, sucede a su hermano en la sede sevillana y casi eclipsa a tan ilustre antecesor. Preside concilios, el cuarto de Toledo, de enorme importancia, funda escuelas erige iglesias, es mentor de reyes y escribe muchísimo, consciente de que en sus manos puede estar la salvación de una cultura que nunca se disocia de la verdad divina. En sus Etimologías, vasta enciclopedia del saber antiguo que tanto se manejó en la Edad Media, los conocimientos se acumulan sin ningún afán de originalidad ni exhibicionismo, como un valioso y humilde pedestal de sabiduría humana que ha de acercarnos un poco más a las alturas del secreto de Dios.
Dante, el mayor poeta de todos los tiempos, dice en el canto X del Paraíso que ve «llamear el espíritu ardiente de Isidoro». Y así, flamígero, hombre de fuego en la palabra y en la acción, San Isidoro ha pasado a la historia como una gran luminiaria de piedad y de saber en siglos oscuros.
Fuente. La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.
Judío de Jerusalén, sin duda helenizado, Marcos, sin ser uno de los apóstoles, perteneció al círculo de los primeros seguidores de Jesús. Quizás hable de sí mismo cuando cuenta en su evangelio el prendimiento de Jesús en Getsemaní y dice que «cierto joven le seguía envuelto en una sábana y trataron de apoderarse de él, más él dejando la sábana, huyó desnudo», rara anécdota que no se molesta en explicar.
Posteriormente, acompañará a Pablo y a Bernabé, su primo, a Chipre y a Asia Menor, hasta que por razones oscuras, abandona y vuelve a Jerusalén. Es la segunda vez que le vemos huyendo. ¿Cansancio, cobardía o discrepancia con la actitud de Pablo, quizá por se más fiel a la tradición mosaica? San Pablo, resentido, no le admitió en otro de sus viajes, pero él volvió a Chipre con su primo Bernabé. Luego viajará a Roma, junto al apóstol de las gentes, que le llama en sus cartas su «colaborador» y su «consuelo». Aunque Marcos estaba más cerca de Pedro, de quien será intérprete y portavoz en el primero de los evangelios. Por eso es patrón de notarios y escribas.
Más tarde fundó la iglesia de Alejandría y se supone que murió mártir, pero nada de ello se sabe con certeza. En el siglo IX unos mercaderes llevaron sus reliquias a Venecia, ciudad de donde es patrón, le erigió una grandiosa basílica y paseó por los mares su emblema de león alado. San Marcos pasó de antiguas huidas a grandes viajes de misión.
Fuente. La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.
Abogado que renunció al mundo para hacerse capuchino, Markus Roy, hijo del burgomaestre de Sigmaringa, era un joven muy inteligente que ya cursando sus estudios de Leyes en Friburgo de Brisgovia, llamaba la atención de todos por sus dotes intelectuales. Empezó a ejercer como abogado en Alsacia, pero tras tristes experiencias en su profesión la abandonó en 1612.
Como fraile, nuevas dudas, más atormentadoras aún: ¿no estaría desperdiciando los talentos que le había confiado Dios y de los que algún día se le pedirían cuentas? Markus, ahora Fidel de Sigmaringa, pide que se le encomienden misiones de predicación en tierras de protestantes, Suiza, Austria, sur de Alemania, fue elegido guardián de los conventos de Feldkirch y Friburgo, mostró abnegado heroísmo durante una epidemia de peste, y convirtió a muchos calvinistas con una caridad que desarmaba a sus adversarios.
Las guerras de religión no se hacían precisamente por medios caritativos, y en la campaña del archiduque de Austria, Leopoldo, por el país de los grisones, los misioneros eran blanco de las iras de muchos. San Fidel, conocidísimo en la región, poco después de bajar de un púlpito, fue asesinado de un mazazo y de una puñalada.
Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.
Junto con Santiago apóstol y el arcángel San Miguel es una de las figuras más belicosas del calendario, santo guerrero a quien acompaña el fragor del combate por la buena causa y que parece encarnar la dura frase del Evangelio «Yo no he venido a traer la paz, sino la guerra».
Su popularidad en todo el orbe cristiano es inconmovible: en Oriente, los griegos le llaman «el gran mártir», su culto se extendió muy pronto por la Europa occidental, las cruzadas contribuyeron en gran manera a difundirlo, y es aún el santo patrón de Inglaterra, Portugal, Cataluña y Génova.
San Jorge es el caballero que mata a un dragón para salvar a una doncella, y así lo ha representado durante siglos la iconografía, sereno y gallardo, con armadura, lanza y espada, aniquilando al monstruo en el que la fe ve el símbolo del Mal, para salvar a la princesa que es la Iglesia de Cristo. El pueblo fiel celebra jubilosamente la fiesta del caballero, eternamente juvenil como la primavera, el más bizarro de los santos, que nos trae la guerra por la salvación.
Fuente. La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol
Uno de esos lejanísimos papas de los primeros tiempos de los que muy poco se sabe y que raramente figuran en las enciclopedias, si acaso como una escueta mención en una lista general desde San Pedro hasta nuestros días. Sotero fue coetáneo de Marco Aurelio, el filosófico perseguidor de los cristianos, y reinó ocho años. Quizá sufrió martirio, pero no hay pruebas históricas.
Lo que sí resulta seguro es su oposición al rigorismo de Montano, quien, secundado por unas insensatas féminas, Maximila y Priscila, propagaba una herejía seudoangélica, según la cual, al suponer cercano el fin del mundo, había que exigir a todos que renunciaran obligadamente al matrimonio, buscaran el martirio y cuidaran de no caer en pecado grave: homicidio, adulterio o apostasía. Montano justificaba este irreal estado en que la Iglesia carecía de la facultad del perdón. Sotero, cuyo nombre en griego significa protector y salvador, protegió de ese inhumano disparate con la enseñanza evangélica del perdón inagotable, reafirmando un optimismo cristiano en el que la perfección no excluye la cordura.
San Eusebio de Cesárea nos cuenta también que «como padre que ama tiernamente a los suyos» San Sotero proporcionó «socorros abundantes a los santos», derrochando caridad con los pobres, que eran sus preferidos. La veneración de los fieles hacia este santo surge del sencillo compendio de la fe y de la caridad que muestra su figura.
Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.
Doctor de la Iglesia y uno de los grandes teólogos medievales, Anselmo nació en Aosta y profesó como monje benedictino en la abadía normanda de Bec, de la que fue abad, y a la muerte de su gran amigo y compatriota, Lanfranco de Pavía, también originario de Bec, le sucedió como obispo de Canterbury. Su nombre se relaciona con la célebre prueba ontológica sobre la existencia de Dios. Asimismo, defendió la Inmaculada Concepción de la Virgen, por lo cual es con San Bernardo uno de los «capellanes» de Nuestra Madre y Señora.
Su personalidad estaba nutrida de paradojas; así, el monje piadosísimo, dulce y humilde, será de hierro en la enconada pugna con los reyes ingleses Guillermo II y Enrique I por la cuestión de las investiduras; por ello, fue desterrado en dos ocasiones y gracias a él, dicen que retrasó en varios siglos la separación de Roma. Y como teólogo, que es todo sensibilidad y calidez afectiva, será el primero, abriendo el camino a la escolástica, que requiera el uso de sistemático de la razón para completar la fe cristiana.
El místico es más duro que nadie cuando hay que serlo, el santo de las tiernas efusiones cordiales opina que es negligencia desdeñar las luces humanas, pues también son dones de Dios para iluminar la fe. San Anselmo murió en Canterbury sobre un lecho de cenizas.
Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.