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El tren

Con chulería de principiante, Sánchez se burla de los españoles castigándoles a esperar sentados a 2020 las elecciones. Antes necesita arreglar “su” problema despilfarrando millones en Cataluña para comprar más tiempo en Moncloa. Ya intentará luego arreglar los problemas de España. Para los extremeños, eso significa continuar esperando en el andén de la Historia a que llegue el tren del progreso.  

Sube a mi tren azul…si controlas su viaje, serás feliz, cantaba en modo psicodélico la legendaria banda de Leño. En España, el tren ha sido siempre recurso para la música, la literatura o el cine. Y, por supuesto, para la economía nacional, en donde los medios de transporte son capitalmente estratégicos. Con la deficiencia en vías navegables interiores y la accidentada estructura del relieve español, que exige un trazado con pendientes de diversos grados y con túneles y puentes, el ferrocarril nos resulta de gran utilidad. Sobre lomas, entre valles, por llanuras de olivares o trigales del paisaje patrio surgen indicios del provechoso camino de rodadura fijo que es la vía férrea.

Los españoles sabemos de trenes por sus horarios. Gracias a la fusión de la intrepidez de un empresario, José Luis Oriol, y del talento de un ingeniero militar, Alejandro Goicoechea, España alumbró el veloz TALGO. Empresa proyectada con tal rigor, que los ensayos definitivos sobre la idoneidad del invento se encargaron al maquinista Stachbein, conductor de los trenes presidenciales en EEUU. La expectación creada fue grande, pero la familia Oriol, nada amiga de rodear anticipadamente con resonante bombo la realización, insistía en quitarle novela al Talgo.

Una potente y rauda locomotora requiere de firmes traviesas y sólidos raíles. Por la rapidez de sus trenes, España es un desgraciado país de dos velocidades. Alta velocidad y parsimonia extremeña. Extremadura, esa tierra a la que el poeta Gabriel y Galán adjetivó como gloriosa y hermosa, continua de eterna aspirante a una bonanza y un florecimiento que cada día se antojan más inaccesibles e inigualables. Allí, donde vieron la luz Pizarro y Cortés, donde se ubica la última morada del César Carlos, son los pasajeros de un tren los que tristemente ven pasar las vacas. Los extremeños sufren una política carente de realismo económico y social condenándoles a trenes de segunda. Cuando íbamos bien, Aznar dijo que España no debe tener la tentación de sacar un billete para vagón de segunda. Un amigo de Aznar, Sarkozy, le espetó a Villepin, su rival electoral: Usted habla del pueblo, pero jamás ha viajado con billete de segunda. De nuevo, el tren como criterio categórico del nivel de vida. El tren de vida de Sánchez está sorprendiendo a todos. Mientras él viaja en Falcon, España sigue perdiendo trenes: la educación, la natalidad o la economía. En suma, la prosperidad. Si no despertamos tomando conciencia del problema, jamás se acertará en las soluciones. Recito a Gabriel y Galán sobre los extremeños:

Pueblo que duerme es suicida,

y yo no puedo creer

que estés pasando la vida

lánguidamente dormida

sobre tus glorias de ayer. 

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 13 de enero de 2019. https://www.elimparcial.es/noticia/197494/opinion/el-tren.html

Educar en situación excepcional

La pandemia de coronavirus nos obliga a una inédita vivencia: una cuarentena, con evidente restricción a la movilidad e indudables efectos psicológicos. Compleja situación en la que los más vulnerables son niños y adolescentes que, además de afrontar la excepcionalidad, deben proseguir su actividad escolar confinados en sus casas. Algo también inédito para ellos, aunque dispongan de ágiles herramientas tecnológicas y sean dirigidos y supervisados en la distancia por sus profesores, a quienes justo es agradecer su encomiable esfuerzo, muestra de un esmerado magisterio y un sincero cariño hacia nuestros hijos.  

Aunque toda comparación deviene odiosa, sirva como umbral de lo que encierra el título la maravillosa y sobrecogedora narración contenida en ese magnífico relato de Antonio Iturbe, La bibliotecaria de Auschwitz. Su protagonista, Fredy Hirsch, se dedica en secreto a crear una escuela con su clandestina biblioteca integrada por libros prohibidos. En un ambiente de terror y horror como es un campo de exterminio nazi, hay niños que deciden no rendirse y eligen leer, y con ello, vivir porque “abrir un libro es como subirte a un tren que te lleva de vacaciones”.  

En esta cuarentena padres e hijos debemos sacar lo mejor de nosotros mismos. La familia debe ser como un puerto de refugio ante las embestidas de un oleaje que será incómodo e, incluso, penoso. Tras días de calma, orden y disciplina, vendrán momentos angustiosos e insoportables en los que nuestros hijos quieran rendirse. Deambularán entre la apatía y la indiferencia. Mantengamos la calma, no perdamos los nervios ni la alegría. En los malos tiempos el optimismo es una necesidad. Vivir una realidad así es ya para ellos una auténtica lección de vida que les fortalecerá y hará madurar. Educar es enseñar a los hijos a enfrentarse con problemas reales. Nada más real que lo que estamos viviendo. El aprendizaje dará sus frutos porque maestra dolorosa es la experiencia. Y hasta los más pequeños detalles y los más sencillos gestos serán recordados por nuestros hijos algún día en su porvenir y con inmensas ventajas para ellos.

La educación es, en esencia, una relación personal entre profesor y alumno porque el maestro debe mirar a la cara a sus alumnos. Pero en situaciones excepcionales, un buen libro puede obrar como sustituto del profesor. Gregorio Luri sostiene que los niños deben leer mucho y deben apuntar las palabras nuevas que han aprendido tras la lectura. En una cuarentena en el hogar y en familia puede leerse y aprenderse mucho de tantos y tantos libros de provecho y que hacen pensar.

En días como los presentes recordemos las palabras del Papa Francisco: “la familia es el hospital más cercano, la primera escuela de los niños, el mejor asilo de los ancianos. En la familia se aprende a decir perdón sin avasallar, a decir gracias con la expresión de una sentida valoración de las cosas que recibimos, a dominar la agresividad y la voracidad”. Además, cuarentena tiene la misma raíz que cuaresma, transida de sacrificio pero iluminada de esperanza.  

La España desierta

“Sin agricultores los hombres no pueden subsistir ni comer” Hace muchísimo tiempo el escritor hispano romano Lucio Columela, nacido en la Bética, y coetáneo de Séneca, escribió esto en su obra Los trabajos del campo. Columela se lamentaba de que una ocupación como la agricultura, de la máxima importancia para la salud de nuestros cuerpos y el provecho de nuestra vida, no haya tenido un perfeccionamiento máximo. Veinte siglos más tarde, continuamos igual. El campo, la agricultura y los agricultores siguen en el cesto del olvido. Como Columela, la España que aspira a progresar y que abriga una ambición nacional exige tratar a la gente del campo con la máxima prioridad. De esta gente y de nuestro campo debiera partir un proyecto económico y social para España. El campo español contribuirá a realzar nuestra riqueza como país. Reconociendo el valor y la potencia del medio rural, puede éste erigirse en un decisivo factor de regeneración y dinamización de la economía nacional. Con una agricultura fuerte habrá un mundo rural vivo y dinámico.

La agricultura y el mundo rural son esenciales para el progreso de un país y la prosperidad de sus habitantes debido a las derivaciones que de ello se desprenden. Su desarrollo tiene una dimensión no solo económica y social, también cultural, ambiental e institucional, Por eso, resulta prioritario mejorar las condiciones de vida de la población en las zonas rurales. Hoy el desarrollo del campo exige potenciar la agricultura y la ganadería; incentivar la producción y el consumo de productos agropecuarios, la gastronomía y el turismo rural, la caza y la pesca fluvial así como la industria agroalimentaria; fomentar la innovación en el agro reforzando los vínculos con la investigación y la tecnología y promover la formación profesional de mujeres y jóvenes agricultores. A ello debe sumarse como imprescindible una adecuada política agraria. Lo que supone una imposición fiscal que tenga en cuenta los riesgos de la actividad en el campo, una política crediticia con un interés asequible para el productor, unos seguros sociales justos y equitativos y una política de precios que guarde la debida proporción con los salarios. Así se logrará frenar el envejecimiento poblacional y estimular el relevo generacional, evitando el abandono de pueblos, el despoblamiento del mundo rural y la desertización de grandes zonas del territorio nacional.

Son muchas las medidas que pueden adoptarse para impedir el abandono del campo. Estimular y favorecer las actividades agropecuarias, dotar de servicios públicos de calidad a las zonas rurales, implantar la banda ancha y el desarrollo tecnológico, generar la cultura de la innovación, en suma, crear entornos propicios para llevar una vida digna y sostenible en los pueblos. Y todas estas medidas deberían ser aplicadas de forma integral y simultánea haciendo de ellas una política de Estado. Pero por encima de todo hay que denunciar que en el campo no hay mujeres. Sin mujeres no hay familias. Una política agraria que aspire a prosperar, requiere de una adecuada planificación de la natalidad. Más familia. Más campo.  

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 7 de abril de 2019. https://www.elimparcial.es/noticia/200121/opinion/la-espana-desierta.html

El campo español

Como el mítico Kiko Ledgard repartía dinero en aquellos legendarios viernes del Un dos tres, Pedro Sánchez hace del Consejo de Ministros una alegre tómbola con la que agraciar a funcionarios, parados y pensionistas. De los empresarios y autónomos no se acuerda más que para gravarlos con asfixiantes cargas fiscales. Continua la línea dilapidadora del PER y del Plan Ñ, esos fatídicos instrumentos con que la planificación socialista ha reducido siempre la economía a escombros. El Gobierno ha decidido ahora condenar al campo español a permanecer como un solitario erial.   

Ortega y Gasset no creía posible otro camino para llegar a la prosperidad de España que el que pasaba por el campo. El intento de reforma agraria de la II República acabó en fracaso desilusionando y frustrando a miles de jornaleros. Hubo más revanchismo que reformismo y nulo agrarismo. Con razón Rodrigálvarez, ese personaje descrito por el propio Ortega en “Notas”, atribuye la mengua de España a los hombres: ¡Cuidado que lo hacemos mal! Porque España, don Rubín, es un rosal. Las reformas mejor diseñadas sobre el campo español lo han sido por políticos de la derecha con un elevado sentido social: Manuel Giménez Fernández, al que desde sus propias filas muchos tildaban de bolchevique blanco; o José Antonio Primo de Rivera, cuyo discurso sobre la cuestión agraria en el Parlamento sorprendió gratamente al republicano Claudio Sánchez Albornoz. Cierto es que aquello no pasó de los principios a la práctica. Lo que sí descendió desde la teoría a la obra, obra cuasi faraónica, fue el Plan Badajoz, de Laureano López Rodó y su legión de ingenieros agrónomos, de caminos, montes y bosques y demás expertos agraristas. Aquél esfuerzo nacional transformó hondamente la provincia extremeña. Hoy perdura como orgullosa evidencia.

La Estrategia Nacional frente al Reto Demográfico aprobada precipitadamente por el Gobierno de Sánchez es un totum revolotum con más ambición electoralista que sentido de Estado. La medida estrella es instalar cuarteles y llevar soldados al campo. Vuelve la milicia a estar de moda. Franco sigue obsesionando a Sánchez. Sin embargo, ni una sola medida para estimular el nacimiento de hijos, ayudar a la maternidad o proteger a la familia. Tan solo se apunta el objetivo de equiparar nuestra tasa de natalidad a la de la Unión Europea, que es de 1,6 hijos por mujer, y bajando. Y semejante aspiración resulta insuficiente para el futuro de España. En el campo no hay mujeres. Y sin ellas no hay familias. ¿Cuándo se darán cuenta nuestros gobernantes de que se apoya a la familia o nos hundimos? Proteger la familia es fomentar la natalidad. Una acertada política agraria requiere una adecuada planificación de la natalidad. El envejecimiento poblacional de las zonas rurales es un reto que requiere abordarse con sentido de Estado. Con políticas integrales auspiciadas por mentes de estadista y no por políticos de ocasión, cuyas ocurrencias son organizar una caravana de mujeres al estilo del lejano Oeste. O regalar coches o casas como en el Un dos tres.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 31 de marzo de 2019. https://www.elimparcial.es/noticia/199907/opinion/el-campo-espanol.html

¡ Qué garbo el de Greta !

Falló aquella estrategia diseñada hace veinte años al acuñarse conceptos como biodiversidad y desarrollo sostenible: Movilizar a la sociedad mediante una legión de ONGs imponiendo a los gobiernos programas de idolatría a la diosa Tierra y erigir una pseudoreligión: la geolatría global. Los dirigentes del mundo industrializado apenas aplicaron parches. Ante el fracaso, los sacristanes de la incipiente religión al revés forjaron un nuevo concepto: cambio climático, de consecuencias catastróficas, con nueva estratagema: en lugar de ONGs, ¿una niña? sí, una niña que promueva una huelga escolar de protesta contra la pasividad gubernamental a la que se sumen más niñas y niños en todo el planeta. Con relato mesiánico y mucho dinero, los políticos cederán ante la nueva sacerdotisa. Señoras y señores, con ustedes, Greta Thunberg.

Excelente actriz aunque solo tenga en común nacionalidad y nombre con la universal Garbo. A su corta edad, ya guarda parecido con la legendaria Lola Gaos. Unos años más y será su doble perfecto: el ama de llaves del cambio climático. No pudo imaginar Rajoy al referirse a un primo suyo, experto en cambio climático, que aparecería una niña, no la de Rajoy, sabiendo latín en emisiones y efecto invernadero. Por su extravagante travesía en catamarán, la Thunberg ha tenido en vilo a media Humanidad. A la otra media le intriga su escasa asistencia a la escuela. Los más suspicaces se preguntan si alguna vez habrá cortado en el campo florecillas para obsequiar a su madre, a quien obligó a abandonar la carrera de cantante de ópera porque la exigía frecuentemente volar contaminando el aire. Como se entere Greta de que Sánchez viaja en Phantom, podría excomulgarlo del nuevo culto a la diosa Tierra. Pedro, además de veleta, siempre fue algo hereje.

La verdadera ecología es integral, preservando el mundo natural y el mundo humano, al que pertenecen el hombre y la familia, que son titulares de derechos, no la Tierra. El hombre es defensor y constructor del planeta, no su depredador o destructor. Tiene prioridad, no despótica, sobre el medio ambiente y el resto de seres vivos. Salvaguarda la vida y los recursos naturales para las generaciones futuras, siendo el principal recurso natural. La ecología, o es humana o no es ecología. Padecemos hoy un ecologismo antihumano por antifamiliar y antinatalista. Es mercancía de contrabando. Diviniza a la Tierra y desacraliza al hombre, rebajándolo de centro del Universo a mero fragmento del Todo; absolutiza la protección de la Naturaleza importándole un rábano que se siegue la vida humana en el seno materno o en la cama de un geriátrico

Posiblemente, del medio ambiente cuide más un pastor de Extremadura que todos los ecologistas de salón juntos. Se les ve el plumero cuando cargan contra Trump y Bolsonaro, callando como vasallos ante la China comunista, que continua construyendo centrales de carbón. Son como sandías, verdes por fuera y rojos por dentro. Es el ecologismo radical, hermano gemelo del feminismo radical, descendientes ambos del comunismo, que sigue al acecho intentando arrebatarle al hombre su alma.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 1 de diciembre de 2019. https://www.elimparcial.es/noticia/207518/opinion/que-garbo-el-de-greta.html

La Historia es sueño

Desde el 1 de septiembre de 1939, inicio de la II Guerra Mundial, hasta el 9 de noviembre de 1989, en que se derriba el muro de Berlín, transcurren 50 años, dos meses y ocho días. En ese período de tiempo, minúsculo en comparación con casi dos mil años de nuestra era, el mundo conoció hasta tres órdenes internacionales diferentes: el surgido de la Paz de Versalles, que Hitler se propuso dinamitar; el del enfrentamiento de dos bloques ideológicamente antagónicos, que ocupa gran parte de ese medio siglo, pero que entre otros episodios, facilitó la Declaración Universal de Derechos Humanos y permitió el descubrimiento de la Unión Europea; y, por último, el orden de la distensión que, con la legendaria perestroika de Gorbachov, nos llevaría al llamado “fin de la Historia”, hoy difuminado y superado por nuevos e inquietantes cambios. En ninguna época de la Historia, ha transcurrido un medio siglo tan convulso y saturado de decisivos acontecimientos causantes de profundas transformaciones en el caminar de la Humanidad. Cuando se observa el pasado, la Historia aparece como inexorable y nos preguntamos, parafraseando a Calderón de la Barca, si todos aquellos sucesos fueron realidad o un sueño.

La II Guerra Mundial fue propiciada por el pacto Molotov-Ribbentrop de 23 de agosto de 1939, por el cual Alemania y la URSS se repartieron Polonia, Rumania, Finlandia y los Estados Bálticos. El 1 de septiembre comienza de forma trágica y cruenta la liquidación del orden surgido del Tratado de Versalles, que deparará, a su vez, la muerte de millones de seres humanos y la destrucción de gran parte del continente europeo. Los nazis orquestaron ese derribo cruzando la frontera polaca, pero en su empeño Hitler encontró un aliado inconcebible: Stalin. Tras el fin de la contienda en 1945, se abre paso un nuevo orden mundial, que afecta especialmente a Europa, que permanecerá partida en dos por muros y alambradas hasta 1989. Con la libertad de un lado y el totalitarismo enfrente, cada bloque contará con su propio orden político, económico y hasta moral: plural y libre, uno; y monolítico y tiránico, en los peligrosos confines soviéticos. Hasta que acontece un hito que resulta albor de una etapa: el derribo del muro de Berlín y, con ello, la derrota final del totalitarismo comunista. A Churchill siempre le resultó claro, incluso antes de finalizar la contienda, que la URSS era un peligro mortal para el mundo libre. Y un general como Patton, siempre afirmó refiriéndose a Rusia, que EEUU se había equivocado de aliado; de ahí su obsesión por continuar avanzando con sus tanques hasta Moscú, tras la caída de Berlín.

La gris, fría y opaca Europa del Este (término no geográfico, sino político), iniciaría su andadura por el camino de la libertad. Los restos de aquél infamante muro son hoy vendidos como un souvenir a turistas. Pero en lugares próximos al espacio que ocupó aquella mole de hormigón, perduran imborrables monumentos en recuerdo de quienes huyendo del comunismo prefirieron morir en su intento de alcanzar la libertad a vivir bajo la tiranía. El muro simbolizó el espíritu de todos los berlineses: el de los occidentales para ser libres y el de los orientales para lograr la libertad.

En ese depósito de lo viviente y lo palpable que es la memoria histórica tengamos además presente la relevancia de otro año cuya última cifra también es 9. A propósito de lo ya descrito, recordemos que en 1949, una de las estudiosas más notable de los regímenes totalitarios, Hannah Arendt, publica su magistral libro Los orígenes del totalitarismo. En él define a éste como una forma novedosa de gobierno propiciada por la llegada de la modernidad e identifica como ejemplos a la Alemania hitleriana y a la Rusia soviética. Según la autora, la destrucción de las sociedades y las formas de vida tradicionales habrían creado las condiciones necesarias para la evolución de la personalidad totalitaria de hombres y mujeres cuya identidad dependía por completo del Estado. El Papa Benedicto XVI afirmó que la absolutización de lo que no es absoluto, sino relativo, se llama totalitarismo. No libera al hombre, sino que le priva de su dignidad y lo esclaviza. En tiempos de ramalazos totalitarios guiémonos por la exhortación de San Pablo a los Gálatas: perseverar en la libertad.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 2 de septiembre de 2019. https://www.elimparcial.es/noticia/204502/opinion/la-historia-es-sueno.html

Memoria no, verdad histórica

En España se retrasan la hora y las sentencias. Con un fallo judicial se arma una moción de censura para desalojar a un Gobierno. Retardando otro fallo se apuntala a un partido estancado en las encuestas y amenazado por corrupción. La Judicatura usada como actor político y sus sentencias arrojadas como armas políticas. El Supremo juzga con unanimidad por temor a que venga Paco con las rebajas desde Estrasburgo. Los golpes de Estado ya no son rebeliones sino ensoñaciones. Aquella sentencia del 23-F, sin rebajar penas ni estatura moral, nos despertó de la pesadilla de pronunciamientos decimonónicos. La sentencia del GAL interrumpió el sueño socialista de cien años de honradez.

Con cuarenta años de retraso, España cumple consigo misma. Es la gran campanada de Sánchez. La gesta de la Transición y la reconciliación son para él los cuartos. El Gobierno nos libera de una afrenta moral transportándonos en helicóptero desde una caricatura de Estado de Derecho a otro auténtico. Lo que no hizo González con mayoría absoluta de 202 diputados, lo hace Sánchez con 500 periodistas. Hasta los embusteros necesitan un lenguaje que les permita mentir con precisión. Pero Carmen Calvo ha sido excesivamente imprecisa. Se ha visto por televisión. Por televisión los españoles observamos asombrados cómo la policía cumpliendo con su deber parte hacia el sacrificio sin la esperanza de verse apoyada por un Gobierno fuerte. Desde la República de Weimar no se vio tanta permisividad ante cuadrúpedos nazis. Lo peor no es el descrédito de un gobernante que reclama moderación y proporcionalidad escoltado en Barcelona con subfusil, sino el desprestigio de toda una nación.

Sánchez imparte lecciones de democracia cuando ésta le cabe en un bolsillo. Según su manual de memoria histórica, con Franco ya en Mingorrubio, el régimen del 78 enlaza directamente con la II República del 31. Contra aquél régimen se conspiraba tanto en los cuartos de banderas como en las Casas del pueblo. Los escasos republicanos que lo defendieron sabían que no prosperaría, abatido por la dictadura del sable o por la dictadura del puñal. En 1934, con su firme determinación un Gobierno verdaderamente republicano hizo fracasar gracias al Ejército el intento golpista y revolucionario del socialista Largo Caballero y del independentista Companys. El Diario Oficial del Ministerio de la Guerra de 7 de octubre de 1934 dice así: “El Presidente del Consejo de Ministros tiene el honor de dirigirse a los españoles: A la hora presente, la rebeldía que ha logrado perturbar el orden público, llega a su apogeo. En Cataluña, el Presidente de la Generalidad, con olvido de todos los deberes que le impone su cargo, su honor y responsabilidad, se ha permitido proclamar el Estat Catalá. El alma entera del país entero se levantará a ponerse al lado del Gobierno para restablecer, con el imperio de la Constitución, del Estatuto y de todas las leyes de la República, la unidad moral y política que hace de todos los españoles un pueblo libre…” Gracias al Ejército. Verdad histórica a memorizar sin retraso.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 27 de octubre de 2019. https://www.elimparcial.es/noticia/206366/opinion/memoria-no-verdad-historica.html

El incongruente

Las mayores críticas a un Gobierno de coalición PSOE-Podemos sostenido por el apoyo de separatistas han sido pronunciadas por socialistas. No solo por ilustres veteranos del PSOE, no solo por sus barones autonómicos, no solo por ministros del propio Gobierno; también por el mismísimo Pedro Sánchez, quien no podía conciliar el sueño con miembros de Podemos sentados en el Consejo de Ministros. El progresismo tiene en la hemeroteca a su peor enemigo y en la incongruencia a su mayor vicio.

A finales del XIX, Angel Ganivet dirigiéndose a Miguel de Unamuno escribe en El porvenir de España que “la alianza entre regionalismo, socialismo y lo que se llama carlismo popular suena a cosa incongruente y, sin embargo, es la forma política en la nueva generación y es practicable dentro del actual régimen”. Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo, decía George Santayana. Para ello debiera servir la memoria histórica. Aprendizaje para cerrar y no reabrir heridas.

Este Gobierno contrahecho no era deseado por la mayoría de los ciudadanos, “el 95% de los españoles”, según el presidente incongruente. Más de 11 millones lo rechazan de plano. De entre los votantes socialistas, gran número de ellos no lo hubieran sido, de haber conocido las intenciones del candidato de la incongruencia a presidir una pesadilla de Gobierno. Muchos de quienes se abstuvieron o votaron en blanco o nulo, otros 11 millones de españoles, ya habrán reparado en lo gravemente perjudicial que para el conjunto de la sociedad puede resultar mostrarse indiferente frente a cualquier extremismo que altere equilibrios conseguidos tras duras experiencias. Son más los españoles responsables que aquellos a quienes les “importa un comino la gobernabilidad del país”.

Lo peor no es tener un presidente del Gobierno huérfano de verdades y nutrido de embustes e incongruencias, para quien el fin justifica los medios. Más grave aún es soportar a un Gobierno para destruir más que construir; dividir más que unir, retroceder más que avanzar, despilfarrar más que economizar. Un Gobierno para el cual palabras como “España”, “Monarquía”, “Constitución” o “Poder judicial” son tabú. Ante las elecciones generales del 2015, Pablo Iglesias afirmaba su deseo de ganar aquellos comicios con el objetivo de “iniciar un proceso constituyente para abrir el candado del 78 y poder discutir de todo”. El comunismo, que tiene fases de calma e inactividad que solo los avisados saben que son aparentes, siempre ataca la libertad al propugnar una subversión total de la sociedad utilizando a su conveniencia formas democráticas.

Una vez instalado en el poder los comunistas toman todas las medidas necesarias para que nadie pueda desalojarlo de él. Hay que resistir y defender la libertad ante la agresión de este tipo de fuerzas políticas, lo mismo si se realiza abiertamente, que por medio de una penetración sutil. Vienen tiempos de muchas lecturas y poca televisión, de denuncia constante ante el mínimo quebranto de derechos y libertades, de crítica elegante pero acerada a la incongruencia y, también son tiempos de abundantes plegarias.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 12 de enero de 2020. https://www.elimparcial.es/noticia/208863/opinion/el-incongruente.html

El clásico

La ETA ha pasado de dar el tiro en la nuca en los años del plomo a dar una de cal y otra de arena en la época del buenismo y del pacifismo blandengue, ambos propensos a la claudicación. Haría bien el Gobierno de España en propinar a los asesinos etarras el palo y la zanahoria hasta que rompan a arrepentirse, pedir perdón, reparar el dolor a las víctimas y tanta barbarie a la ciudadanía y, por supuesto, entregar todas las armas, hasta las blancas y las de fogueo. Ojo a esos ingenuos proclives a ceder ante la sirena etarra, que se disfraza de paloma de la paz.

Hablan de desenterrar los zulos, sus arsenales bajo tierra. Hubo un ministro del franquismo que prometió perseguir a los etarras hasta el mismo centro de la tierra. Empezó por los zulos; los mismos que ahora quieren descubrirnos. Cuando los soviéticos estaban a punto de tomar Berlín, las juventudes hitlerianas escondían sus armas entre los árboles del Tiergarten para luego iniciar lo que ellos creían que sería la reconquista de la capital alemana. Da igual la geografía. Los engreídos de ser raza superior siempre han apelado a lo telúrico, a la tierra. Por eso, hay que echar a la ETA y a sus planes por tierra, no echar tierra sobre los crímenes de ETA. Que a la ETA se la trague la tierra y no que nuestro Gobierno tenga que decir: ¡Tierra trágame!

Cuenta el ex futbolista Marcos Alonso, el Pichón, que disputando un partido como colchonero contra la Real Sociedad de San Sebastián en el ya desaparecido estadio de Atocha, ganábamos cero a dos, cuando desde el césped oímos disparos provenientes de las gradas. Más preocupados por el ruido que por el juego, terminamos desentendiéndonos del balón para acabar el encuentro empatados a dos. Una manera de elevar la presión y condicionar el resultado del fútbol. Afortunadamente, hoy el fútbol se condiciona por un error arbitral. Un clásico en el Clásico.     

El terror en España tiene un nombre: ETA, un clásico del terrorismo. No basta con cambiarse de collar y pretender pasar página persistiendo en ser los mismos perros. Desgraciadamente, ETA es una pieza sin la cual no es posible completar el puzzle de la España de los últimos cincuenta años. Hoy a los etarras se les llena la boca de paz. Pero ninguna definición mejor de ETA como tiranía y de su paz como anonadamiento. No es admisible una paz a cualquier precio, que es el anhelo de algunos, atemorizados por las dificultades y los sacrificios que exige la obtención de la paz justa. No una paz a toda costa como propugnan unos, ignorando u ocultando que “a toda costa” puede significar “aún a costa de la justicia”. No deseamos la paz ni aún a costa de la justicia. No hay paz si sobre ella se prolonga el rencor de la lucha. No hay paz sin desarme psicológico. No existe paz posible allí donde la víctima es humillada.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 9 de abril de 2017. https://www.elimparcial.es/noticia/176376/el-clsico.html

Fuente gráfica: Araba Press. Patxi Corral

El pueblo

La última vez que unos políticos levantaron la falsa bandera de la defensa del pueblo lo entregaron luego atado de pies y manos al lager y al gulag (totalitarismos nazi y soviético). El pueblo es a la ciencia política lo que el perejil a la gastronomía: está en todas las salsas. Pero apenas se nota su protagonismo, que se levanta gigantesco como las olas para caer de inmediato y desaparecer; y el movimiento, que hubiera entusiasmado desde el primer momento, acaba por decepcionar.

Como si fuera un efecto dominó, Europa habla del pueblo y contagia a los USA. Marine Le Pen, aspirante a ballotage, se consagra como youtuber hablando en nombre del pueblo. Al otro lado del Atlántico ¿vínculo transatlántico? Donald Trump dice que la prensa no habla en nombre del pueblo. Es nombrar al pueblo, y agarrarse a la cartera o sacar el revólver a lo Goebbles. Nuestra democracia también padeció su desvarío con Rumasa pal pueblo, de Alfonso Guerra, quién antes había suicidado a Montesquieu y el ideal de la división de poderes, que algunos pensaron que eran el Madrí y el Barça repartiéndose trofeos. No, eran los jueces y la televisión, que Guerra siempre representó a las élites, con el café de mi enmano de por medio, legado del CAFÉ de la Falange y del café para todos del azul Suárez.

Del pueblo como sujeto político pasamos a la gente como sujeto recipiendario del bienestar que pretende Pablo Iglesias (Virgencita que me quede como estoy), con un Podemos podado tras la purga de los Kadetes errejonistas. Cómo nos recuerda ese estilo de pijos decrépitos de los dirigentes de Podemos al grupo Viva la gente, aunque luego sería María Ostiz (Un pueblo es) la que volvería a encumbrar a la ciudadanía como agente de acción política. Si bien Los Panchos (Me voy pal pueblo) lo emplearon, no como arma ideológica, sino como locativo. Su alma, corazón y vida es una trilogía de valores inquebrantables rechazada por el popular (de pueblo) Rafael Hernando, quien realiza su gran aportación al pensamiento conservador de Cánovas, Maura y Gil Robles, ¡si levantaran la cabeza!: Un partido no puede tener valores inquebrantables. ¿Tampoco el valor de la palabra dada, del Ius romano? Los programas están para no cumplirlos (Tierno Galván). Donde dije digo digo apaciguamiento. Sabemos dónde está el bien y dónde está el mal y cuál es la zona peligrosa en la que con evidente daño para el pueblo, se han refugiado quienes, sin credo definido, fecundan la confusión y pretenden conciliar pensamiento y marketing, términos antitéticos como la luz y la sombra.

Deambula por ahí un pueblo que prefiere serlo de ciudadanos y no de partidos. De buenos administradores y no de comisarios. Que sabe que no son las buenas leyes sino las buenas prácticas las que transforman los pueblos convirtiéndolos en vivos y actuales con un puesto en el mundo. Es la diferencia entre pueblo organizado y masa, de la que habló Pío XII. De eso ya nadie habla.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 19 de febrero de 2017. https://www.elimparcial.es/noticia/174747/opinion/el-pueblo.html

Fuente gráfica: Dani Gago.