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Castellano

El idioma español, que un día sirviera para unir pueblos, hoy divide a los españoles. El Gobierno de España, que a través del Instituto Cervantes defiende la difusión del castellano en todo el orbe, no sabe cómo defenderlo en la nación. El PSOE menos aún. Ciudadanos sí parece tenerlo claro. Los independentistas catalanes arrinconan el castellano e imponen el catalán (otra lengua española), a sabiendas de que no es la lengua de Messi, ni de Suárez ni de Coutinho.

Los países latinos siempre tuvieron una mentalidad semejante que nace de análogos sentimientos religiosos, de idiomas del mismo tronco, de parecida concepción de la vida, como brotado todo en la misma fuente de la Roma eterna. Por eso, Europa fue un tiempo Cristiandad. Pero con la Reforma y la Guerra de los Treinta Años se rompió aquella unidad arraizada en valores cristianos. Entonces se inició el culto polimorfista a las nacionalidades, a los sedicentes genios de las razas, a las lenguas, como factor de diferenciación. Siglos más tarde, sacaría provecho de todo eso Molotov, el ministro soviético de Exteriores, un hombre que sabía decir “no” en cincuenta y seis lenguas. Como el insigne Fray Juan de Pineda, archimillonario del idioma. El examen que León Van Vassenhove hizo de la evolución de Suiza demuestra cómo las diferencias geográficas, étnicas y de lengua, que se aducen como obstáculos para la unidad europea, concurren igualmente en la Confederación Helvética. Vassenhove colocaba en su proyecto de Constitución europea al cristianismo como base de la civilización occidental, ya que consideraba indispensable una mínima unidad moral. Hoy los europeos creen más en la Champions League y en Eurovisión que en la propia Unión Europea.

Nosotros, los españoles, que supimos proyectar una comunidad de naciones con nuestros hermanos de ultramar, quizás la más fuerte y flexible de la Historia, sabemos lo importante que es el lazo espiritual del idioma. Rezar a Dios en español sobre las dos orillas del mar de la Hispanidad ha generado con el correr de los años un vínculo familiar entre los pueblos hispánicos, un mismo sentido de la vida y de los valores éticos. Conservamos el sentimiento de servir a un ideal colectivo. Cuentan las crónicas que en diciembre de 1949 partieron de Cádiz rumbo a América Leopoldo Panero, Luis Rosales, Antonio de Zubiaurre, quienes, juntamente con Agustín de Foxá, que había de unírseles en La Habana, constituían la embajada poética que España envió a los países hermanos de aquel continente. Poetas a América. Poetas de América. Común a todos, un espíritu: el espíritu de la lengua de Cervantes. El idioma español debiera ser otra vez la proa verdadera de nuestras misiones de anchura universal. Y para eso nos bastamos cada uno de nosotros como españoles de verdad cuando viajamos por el mundo. Nos sobran el Gobierno y el 155. ¡Ya está bien de pusilanimidad!

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 18 de febrero de 2018. https://www.elimparcial.es/noticia/186886/castellano.html

Esteladas

El fútbol es el opio del pueblo; se manipula de forma torticera por hombres de negocios y políticos, sobre todo nacionalistas (Manuel Mandianes, autor de El fútbol no es así). Luego, el Barça es más que un bluff. Mandianes distingue entre amantes del fútbol (Amor, del Barça, Amas, de la Real), estudiosos (Valdano, por antonomasia, Sergio Ramos, en progresión) y fans. Estos últimos son peligrosos, igual que los fanáticos de la religión o de la política. Fanáticos de la raza y de la sangre, del orgullo, del dominio y del odio decía Jacques Maritain en ¿Sobrevivirá la democracia?, allá por 1947, cuando Di Stefano no pisaba aún el pasto de Chamartín. De ahí viene el problema catalán. Aspiraban los culés a ser los primeros de España y ante la saeta rubia se resignaron como segundos por esos campos de ancha es Castilla, donde caben tantas Copasuropa. Crearon una Liga propia, la Lliga de Prat de la Riba y Cambó, pero se resisten a ser líderes solo del Ampurdán.

Afirmaba Franchés Cambó que de persistir la constelación (de estrellas, esteladas), materialista, la cuestión social no tiene remedio, dando lugar no a una lucha de hombres, sino de fieras. En el fútbol no hay lucha de clases ni de hombres, sino de fieras. La bestia Ronaldo, la pulga Messi, el mono Burgos. Desde aquellos tiempos, en que los recién iniciados en el nuevo deporte hacían sus primeros regates sobre terrenos de juego improvisados en solares polvorientos de los barrios suburbiales de nuestras ciudades, dirimiendo sus pugnas en la más absoluta soledad, hasta nuestros días, en que los estadios levantan sus estructuras gigantescas, catedralicias por San Mamés, repletos de públicos ardientes que vuelcan su entusiasmo y su apasionada parcialidad sobre los equipos que luchan en el campo, con cámaras de TV mostrando al último rincón del planeta la plasticidad de cómo un escupitajo de la estrella (estelada) se deposita sobre el césped, el fútbol ha pasado a ser, de un simple ejercicio deportivo, un espectáculo por el que se interesan grandes masas; un fenómeno social en el que se cuela el virus del totalitarismo infectándolo de intencionalidad política.

El nacionalismo estático, ya de por sí un anacronismo, se convierte, al regarse el terreno de juego, en una innovación tan dinámica como ligera. Figúrese usted si tendremos derecho a ser una nación que llevamos veinte siglos sin serlo, argumentó un central catalán, Oleguer, al seleccionador nacional para excusarse de vestir la roja. Quienes residen en las Chafarinas dicen lo mismo, solo que con el gordo de NavidadYa nos toca, por derecho. Cuando se reduce el ámbito de las ideas al círculo de lo puramente sentimental y estrechamente razonante, se inicia el proceso (procés), que a través del nacionalismo maquiavélico conduce al relativismo en la educación, en la historia y hasta en el fútbol. Se vuelve al Romanticismo: Morir por un verso, por una metáfora, por el 3%, por una estelada. Y ¿er zevillizmo qué? La catedral de Sevilla, según confesión de parte, iba para locura y se quedó en grandeza. Al pentaarrebato la estelada le suena a las maracas de Machín.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 22 de mayo de 2016. https://www.elimparcial.es/noticia/165147/esteladas.html

Europa

Si el hilo central de Europa es precisamente lo cristiano, el madridismo resulta ser el hilo conductor del fútbol continental. Sin el cristianismo no se entiende Europa. Sin el Madrí, la CopaUropa resulta indescifrable. Europa es un concepto fundamentalmente cultural sobre la vida, las instituciones y los valores. Pero vamos camino de dilapidar el precioso legado de esa triple tradición griega, romana y judeocristiana, esa herencia común y esa civilización que han sido fundadas en los principios de la democracia, los derechos humanos y el imperio de la ley.

Hay herencias que las carga el diablo. Si algunas traen de serie una sociedad offshore en Panamá siempre aparecerá un grupo estrafalario de esos que juegan con una mano a perseguidor y con otra a liberal, o sea, totalitarios de toda la vida, que travestidos de demócratas se rasgan luego las vestiduras. El resultado es la perversión de la democracia convirtiendo a ésta en una espantosa confusión de ideas que acaba por corroer a personas, familias y haciendas. Bien lo diagnosticó el genial Indro Montanelliel rencor, la envidia y los celos constituyen el estiércol de la democracia.

La degeneración del sistema se desparrama más allá de nuestras fronteras. Nos acechan enemigos desde fuera y desde dentro. No luchamos contra una ocupación visible y tangible, sino contra la infiltración de tácticas, conceptos y de un derrotismo más peligroso tal vez que la presencia de un enemigo. En el interior de las ciudades europeas se erigen colosales caballos de Troya en forma de tácitas alianzas entre el pseudopacifismo y el terrorismo yihadista. No debiéramos olvidar que el mundo occidental no sólo contiene grandes recursos materiales, sino también un enorme caudal de recursos morales que hoy parecen arrumbados y desprestigiados en un viejo desván. Es momento de aprovechar estas reservas éticas hasta el máximo de nuestras capacidades y habilidades. Deberíamos empeñarnos en esta tarea con el más extremado vigor tal como son las actuales circunstancias que nos rodean. Occidente nos ha legado una tradición y una civilización. Y debemos permanecer fieles a la primera y conservar y acrecentar la segunda. La defensa de los valores requiere no solo el apego a las tradiciones, sino una iniciativa encaminada a la conquista de un orden de libertad y justicia a salvo del fanatismo y el buenismo. Empecemos por poner nuestra libertad, una libertad subordinada al bien común y a la dignidad humana, por encima de nuestro bienestar. Debemos garantizar no solo la seguridad, sino también la libertad, continua guiándonos como norte Karl Popper con su Sociedad abierta. A esta Europa es a la que pretenden embestir y arrollar para destruirla. De nuevo en Londres, cerca de Cardiff en donde rodaba el balón, símbolo también de una Europa como estilo de vida, como visión del mundo y como cuna de nuestra cultura común.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 4 de junio de 2017. https://www.elimparcial.es/noticia/178310/europa.html

Cristianismo

La civilización judeocristiana europea se encuentra en fase terminal. La potencia de una civilización casa siempre con la potencia de la religión que la legitima. Cuando la religión está en fase ascendente, la civilización lo está igualmente; cuando se encuentra en fase descendente, la civilización decae; cuando la religión muere, la civilización fallece con ella. Quien así habla es Michel Onfray, intelectual ateo francés, que en su obra Decadencia sostiene que Occidente sucumbirá cuando sucumba el cristianismo. Y él simplemente lo constata; ni se ofusca ni se alegra. Muchas naciones modernas deben hoy su civilización al cristianismo. Más dura será la caída.

Uno de los principales problemas que se advierte en un juicio exacto de la hora en que vivimos es, sin duda, la repugnancia que produce el vocablo cristiano a gente de ciertos países europeos. Este es el primero y más grave estigma del tiempo presente, que muchos parecen dar la impresión de preferirlo todo menos que se les llame cristianos. Para ellos cristiano y desde luego católico resulta contraproducente y comprometedor. Es preferible encontrar una fórmula, vaga e imprecisa para encubrir la realidad.

Hace más de setenta años, un creyente como Reinhold Niebuhr, teólogo y politólogo estadounidense, llegó al mismo diagnóstico que Onfray, al presenciar los horrores de los campos de exterminio nazis. Si Dios, ese Dios combatido y expulsado de la sociedad no vuelve, nos amenaza una destrucción parecida a la que experimentó el mundo romano a mediados del siglo V, que será la ruina de la prosperidad y de la cultura. En una época inquieta y turbulenta como aquella, la angustia del hombre le hace volverse hacia la causa de Dios.

Ese fin de ciclo no es de hoy. Se incubó lentamente en aquella obra de demolición emprendida hace dos siglos de una manera sistemática en esta vieja Europa, que comenzó por apagar las estrellas del cielo. Nietzsche anunció la muerte de Dios. Al principio, comenta Mounier, esta muerte fue alegremente festejada. Jamás hubo un optimismo más alegre ni una indiferencia más tranquila. Las gentes no adivinaban lo que significaba aquél ataque profundo al Evangelio y a la ley natural. Se atendía solo a las promesas espléndidas del progreso, más aún, al mismo tiempo se anunciaba la “religión de la ciencia” y la “irreligión del provenir”. Profetas sagaces como Ferdinand Brunetiere entrevieron la catástrofe. Pero nadie les hizo caso. Preferían oír las expresiones de exquisita burla que Anatole France dedicaba a las “buenas costumbres” o repetir con Weber que el nombre del bien se aplica a aquello que ha triunfado, porque el éxito, con tal de que sea implacable y feroz, lo justifica todo.

Hoy, la teología encierra la novedad de método más que de contenido, pues trata de encontrar una vía por la que el hombre moderno, que siente en su carne la angustia del vivir, que tropieza con misterios en su propio interior y se embaraza con ellos, que palpa la corta duración de su vida, pueda llegar eficazmente a Dios.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario El Imparcial el 24 de junio de 2018. https://www.elimparcial.es/noticia/191107/opinion/cristianismo.html

Asta y rabo son toro

El problema de España es taurino. Alguien tiene que coger de una vez el toro por los cuernos y culminar la faena saliendo por la puerta grande. Ese toro que es la buena administración. El problema de España es de mala administración. Como ciudadanos ejemplares debiéramos imponernos criterios de una mejor administración. La felicidad de un pueblo depende de administrar sabiamente el tiempo y el silencio. Para ello se precisa de una buena educación. Luego, el drama español es su sistema educativo. Lo confirman, pongo por caso, las señoritas asaltacapillas. Lo suyo fue un error de cálculo. Calcularon pésimamente los tiempos (de menosprecio) y los silencios (quien se acerca al enorme silencio de una capilla, si escucha con afilada atención, alcanzará a oír el íntimo latido del Corazón de Jesús).

Si estamos donde estamos, abocados a nuevas elecciones, es porque nuestra dirigencia no ha sabido administrar ni su tiempo ni su silencio. En China, la historia se cuenta por milenios. Un periodista le preguntó a Chiang-Kai-shek: ¿Cuánto durará la guerra? Y el mariscal respondió: Cinco o seis años. Tal vez más, diez, veinte, cien años. El tiempo nos sobra aquí. Hay silencios que valen por discursos. Churchill a menudo tenía que comerse sus palabras y con ello descubrió que eran una dieta equilibrada. Nuestros políticos desconocen que hay un tiempo para la lírica y otro para la eficacia. Por eso, siempre llegan a destiempo, con anticipación o con retraso para ser una posibilidad nacional. Es el caso de Pedro Sánchez Obrero Español. Asimismo, ignoran que el silencio puede rasgarse con cal viva o al subastar poltronas, es el otro caso de Pablo Iglesias.

Si nuestro problema es taurino, también es taurina nuestra solución. Las corridas de toros representan esa mejor optimización de tiempos y silencios. El espectáculo de la tauromaquia está medido con precisión cronológica y con precisión acústica. Una vez en la plaza vieja de Madrid reaccionaron las gentes cuando Antonio Márquez vistió una taleguilla con flores de seda multicolor. Y para ahogar el disgusto que les anudaba la garganta optaron por cantar aquello de ¿Dónde vas con mantón de Manila? Se rompió el silencio. Nosotros, como españoles, ansiamos recuperar el tiempo perdido para aspirar a un puesto de vanguardia en el orden internacional. Pretendemos acallar el vocerío y restablecer la sensatez del mutismo. Cierto es que no vamos por buen camino. Pero no perdamos la esperanza. Hasta el rabo todo es toro.  

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 8 de mayo de 2016. https://www.elimparcial.es/noticia/164664/opinion/asta-y-rabo-son-toro.html

Papa Francisco, estadista ejemplar

Uno de los signos de la evolución de la Iglesia se observa en el hecho de que ciertas realidades sociales profanas han adquirido la mayoría de edad y alcanzado autonomía. Cuando la Iglesia en la Edad Media encontró niños que vivían en la ignorancia, movida por su caridad fundó escuelas; cuando halló hijos sin padre, llevada de su sentimiento maternal instituyó orfanatos. Y así, a impulsos del amor cristiano fueron naciendo hospitales, clínicas, casas de reposo, patronatos, y, más tarde, sociedades o clubes deportivos, círculos culturales… . Cuando la Iglesia hacía esto estaba supliendo a la sociedad temporal, que no se ocupaba de problemas que le eran propios. Por eso, en la medida en que la sociedad temporal crece, va tomando las riendas. Y así la Iglesia se distancia de lo temporal y se consagra a su propia tarea: la administración de lo espiritual. Pero ante el estado de infortunio y de miseria inmerecida en que se encuentran grandes masas de la población mundial, la Iglesia no solamente se limita a promulgar principios de justicia social, sino que aprecia y juzga los hechos cuando ocurren y sitúa la defensa de la justicia como el móvil de su serena intervención en lo temporal. Si los que han de actuar se inhiben, la Iglesia no puede inhibirse. Su doctrina, desarrollada y perfeccionada a lo largo de los siglos y, sobre todo, en los últimos tiempos, aparece cada día con perenne actualidad en los labios pontificios, y es aplicada a los problemas de la hora presente logrando situar la cuestión social entre las primordiales preocupaciones.

El catolicismo siempre será una admirable lección de respeto de lo humano sin lo cual sería inútil hablar de unidad entre los hombres: Dios nos ha creado en la diversidad: diversidad de razas, de recursos naturales, de climas, de culturas, de costumbres. Cristo es el primero que lanza su doctrina sobre las fronteras y envía a sus discípulos a establecer “su reino” hasta el último confín de la tierra. El sentido de unidad de la estirpe humana se debe ante todo al Cristianismo. Los derechos del hombre, por ser hombre, fueron proclamados primeramente por la Iglesia. Por eso, este mundo de hoy, de “naciones unidas” y de catálogos minuciosos de derechos humanos no podría ser ateo sin un monstruoso pecado de ingratitud.

La cercanía del Papa Francisco con el drama de los refugiados en Europa debería darnos como católicos un sentido más exacto de nuestro propio catolicismo. El verdadero católico es aquél que sabe descubrir con amor al prójimo que no se parece a él. El testimonio del Santo Padre es de evidente autenticidad católica. Su pontificado es todo un ejemplo de constante esfuerzo en pro de abrir hueco a la persona humana en el mundo de hoy. Y sobre Europa, el pontífice nos alerta de que su sanación no vendrá de improvisados vendajes de urgencia sino de una radiografía de su profundo esqueleto tradicional y un claro diagnóstico de sus necesidades espirituales.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 24 de abril de 2016. https://www.elimparcial.es/noticia/164190/opinion/papa-francisco-estadista-ejemplar.html

Semana Santa

En el mundo frenético y en los tiempos azarosos en que vivimos, la celebración de una fiesta religiosa como los Sagrados Misterios es de suma importancia para quienes profesamos la fe católica. A veces, no alcanzamos a darnos cuenta pero conviene resaltar su significado en el achatado tiempo actual, evocando y reviviendo intensa y profundamente los tremendos y sagrados acontecimientos históricos protagonizados por el Hijo de Dios, cuando vivió como Hombre. Un terrible itinerario el que tuvo que padecer Jesucristo para lograr después de tres días sepultado la Resurrección, demostrando que no hay gloria duradera sin dolor y sin muerte.

La Semana Santa es la solemne celebración del Misterio Pascual: el Crucificado es el Resucitado. El contenido de nuestra fe no es la muerte, sino la Resurrección, como acceso a la vida que no acaba, la vida eterna. El Amor, Dios ha triunfado sobre la muerte. Dios es del mundo de los vivos. No del de los muertos. La Pascua es el triunfo, pero la Pasión es el medio. Así fue en la vida de Cristo; así sucede ahora en la Iglesia. Esto nos recuerda a las palabras del Maestro a los de Emaús: Porque conviene que el Cristo y los que le siguen padezcan para entrar en la Gloria.

Por eso la Semana Santa es semana de dolor, de pasión, de muerte, pero también semana de amor y de vida. Porque la Cruz no es símbolo de discordia, sino de amor y redención. Como señalara el poeta José María Pemán, Cristo vino para anular diferencias entre los hombres, para escandalizar de amor y caridad el mundo. El catolicismo es una admirable lección de respeto de lo humano sin lo cual sería inútil hablar de unidad entre los hombres. Dios nos ha creado en la diversidad: diversidad de climas, de razas, de recursos naturales, de culturas, de costumbres. El verdadero católico es aquél que sabe con amor descubrir al prójimo que no se parece a él. Todo lo que hay en el cristianismo es humano. Todo lo humano, excepto el pecado que es la nada, es asimilable por el cristianismo. Cristo es el modelo del verdadero humanismo.

Debemos, pues, vivir este acompañamiento del Señor, que muere para salvarnos de la condenación eterna y debemos hacerlo con el alma alegre y agradecida de admiración a tanto amor con el que Dios nos acoge. Y esta alegría pascual no puede ni debe perder su significado entre los hombres. Es el renacimiento de la vida, es la redención aguardando luminosa tras las tinieblas del pecado y de la muerte. Es, en suma, un ardiente y generoso retorno a Cristo.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 25 de marzo de 2018. https://www.elimparcial.es/noticia/188062/opinion/semana-santa.html

Black Fidel

De tanto gritar ¡socialismo o muerte! (son sinónimos, oiga), Fidel Castro ha acabado muriéndose en la cama, como Franco, y también de origen gallego. El dictador cubano era la última conexión en La Habana con la Guerra fría, aquélla sorda confrontación entre el mundo libre y la esclavitud, cuyo fin se produjo por la imposibilidad económica de la URSS de replicar la guerra de las galaxias de Ronald Reegan, quien junto a Margaret Thatcher y el Papa Wojtyla derribaron el muro de la vergüenza y de la impotencia en Berlín. Y con ello tumbaron al comunismo. Castro como postverdad de aquél mundo.

Esa jauría adiestrada en manipular fallecimientos sí homenajea a un tirano corrupto que diciéndose de izquierdas vivía como un rajá capitalista y burgués e implantó en Cuba la pobreza sistemática, no solo energética, también humana y moral. Porque lo humano estorbaba siembre al régimen cubano, a imagen y semejanza del soviético; obsesionados ambos con asesinar o encerrar a hombres libres, y especialistas en acumular arbitrariedades políticas, errores económicos, desviaciones éticas y acosos religiosos. El socialismo ha demostrado ser fatalmente dirigista y en vez de liberar al hombre lo amarra. Te arrebata el alma, dijo San Juan Pablo II, al describir la barbarie comunista. El régimen castrista no fue una excepción. Su aportación al Libro negro del comunismo (black Fidel) está a la altura de la despiadada contribución de criminales comunistas ya fallecidos. Parafraseando a Alexander Zinoviev el homo cubanus se define como la estoica aceptación de la miseria y el desamparo. Mientras tanto en Europa, la intelectualidad del progresismo justificaba la brutalidad y los crímenes del déspota babeando de gozo y fervor. Sus corifeos aún continúan haciéndolo. La izquierda europea no quería reconocer, o peor todavía, no le importó nunca el sufrimiento del pueblo cubano. La algarabía progresista jamás ha podido digerir que las democracias con sus imperfecciones hayan proporcionado a los ciudadanos más progreso y bienestar que el comunismo, incapaz de avanzar más que en muertes, tiranía e indigencia. 

Castro impuso a Cuba la rémora del cruel socialismo con el candado de una desalmada ideología y con el grillete del ineficiente colectivismo acarreando una proletarización y un empobrecimiento de la sociedad. Perdieron los cubanos, un pueblo cargado de españolismo, de vida americana y de preocupaciones europeas. Perdió Cuba, tierra en la que palpitaban las vidas de todos los continentes, el desarrollo de diferentes razas y una integración de elementos típicos nacionales que formaron durante siglos la realidad biológica de Cuba. Hubo un tiempo en que desde el Malecón de La Habana se observaba mejor el latido de Europa y sus reacciones porque aquella hermosa y noble ciudad, con poseer todo lo material del Norte, conservaba muy bien sus características espirituales de lo clásicamente europeo. Era un observatorio internacional con proyección europea e hispanoamericana. Su corazón lo hacían latir los acontecimientos europeos. Aquél tesoro debiera recuperarse algún día. Una plegaria por los muertos y un brindis, ojala, por Cuba Libre.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 27 de noviembre de 2016 https://www.elimparcial.es/noticia/172124/opinion/black-fidel.html

Iglesia y democracia

El diálogo entre políticos de izquierda y derecha como cristianos en democracia es una reconfortante garantía de concordia. El debate entre obispos y políticos sobre el papel de la Iglesia en democracia es una saludable garantía de libertad. Concordia y libertad suelen ser las primeras víctimas de ese laicismo que no es neutralidad ante la religión sino la negación de la religión.

El laicismo niega a la Iglesia su derecho a defender sus enseñanzas y a sí misma cuando en la vida pública son vulnerados sus derechos y doctrina. Consecuencia de esta deriva totalitaria es la democracia secularizada, un ordenamiento estrictamente laico de la vida pública que excluye o restringe la visión religiosa. Los laicistas reprochan a la Iglesia que pretenda imponer a la sociedad sus normas y criterios morales, sin reconocer la autonomía de las instituciones políticas en el orden temporal. Declaran la incompatibilidad entre religión católica y democracia, tachan a los católicos de hostiles a la vida democrática y nos acusan de emplear la fe como arma arrojadiza, una fe enemiga de la libertad e incompatible con los derechos humanos, concluyendo que en una verdadera convivencia democrática hay que desterrar a Dios y a la religión del espacio público y convertirlos en asuntos privados. “El gobierno tiene que gobernar para todos y no solamente para los católicos”, sostienen los laicistas. De acuerdo: “El gobierno tiene que gobernar para todos, también para nosotros”, decimos los católicos.

La presencia de la religión católica en la plaza pública constituye un factor beneficioso de cohesión y cooperación. La democracia necesita para legitimarse de una sólida base moral. El pensamiento cristiano ha perfeccionado históricamente el ideal democrático. Ninguna otra religión como el cristianismo ha promovido la democracia, la separación Iglesia-Estado y la tolerancia. La prueba es que apenas existen democracias en naciones que no hayan vivido bajo una prolongada influencia de la cultura cristiana. La Iglesia ha contribuido a la defensa y garantía de los derechos humanos fomentando la dignidad y la libertad de la persona. Y Dios tiene plena cabida en las actuales sociedades democráticas. Además, los católicos no estamos dispuestos a dejarnos excluir de la democracia, ni a vivir bajo la presión de modelos laicistas, ni mucho menos a ser considerados como ciudadanos de segunda.

Al excluir la religión de la arena pública ésta no se vacía, sino que se llena de sucedáneos, de religiones al revés. Y el laicismo es una religión al revés. Es “la religión de Estado”. Nos previene de ello Tzvetan Todorov, quien afirma que emerge una nueva religión política con la pretensión de controlar las conciencias. Todorov sostiene que el poder público no debe enseñar sus opciones haciéndolas pasar por verdades, el Gobierno no puede decidir lo que ha de enseñarse en la escuela, no corresponde al Parlamento deliberar sobre el significado de los hechos históricos del pasado, ni al pueblo pronunciarse sobre lo que es verdad o mentira, porque la voluntad soberana del pueblo topa aquí con un límite, el de la verdad, sobre el cual no tiene influencia ni competencia. La verdad está por encima de las leyes.

Benedicto XVI dijo que los católicos tienen derecho a que se oiga su voz en el debate público de la sociedad, en todo, ya sea enseñanza, clonación o el precio de las flores. Es un derecho que nos asiste. Es, a la vez, nuestro deber.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 7 de octubre de 2018 https://www.elimparcial.es/noticia/194368/opinion/iglesia-y-democracia.html

Símbolos


Para salvar su enésimo ridículo, el separatismo catalán planeó una Generalitat con una presidencia efectiva y otra simbólica, la de Puigdemont, el ausente. Una bicefalia como la del águila de la imperial Toledo (distinto de Federico Martín Bahamontesel águila de Toledo), a dónde, según Josep Pla, los catalanes debieran acudir a meditar para entender la historia de España, que es también la suya. Para la sabiduría popular, el poder bicéfalo son dos gallos en el mismo corral. Con similar estructura jerárquica las gallinas son las que más sufren, tensionadas diariamente por habituales enfrentamientos entre los cabecillas encrestados. La algarabía y el conflicto rebajan la capacidad ponedora del gallinero, mismo mal que aqueja hoy a la economía en Cataluña, otrora símbolo del desarrollismo español, con aquella pujante burguesía catalana impregnada de seny. Otro símbolo.

Las peleas de gallos están prohibidas por la ley, pero ya se sabe que para el independentismo la ley es, a su gusto, de quita y pon, a diferencia del poble, un símbolo de mayor permanencia, como lo fue en el período de entreguerras. Cuando Hitler sacó a pasear uniformado al pueblo alemán por las carreteras de Europa, el civilizado continente quedó arrasado y en la indigencia moral y económica más absoluta. Otro camarada presto en apelar a los instintos del poble es Guardiola, entrenador durante el tiempo reglamentario, y politólogo en el descuento. Luego, Pet no permite que ningún aficionado le confeccione las alineaciones; eso sería meter otro gallo en el vestuario.

Los inconvenientes de una Generalitat bicéfala surgirían con la toma de decisiones. Si un conseller debe ser cesado ¿Quién manda al motorista? ¿El president efectivo o el simbólico? ¿Cuántos motoristas partirían hacia la casa del cesado? Con el general Franco, no había dudas: Uno solo partía de El Pardo. El motorista fue otro símbolo del franquismo, del que van quedando menos: los pantanos, las Universidades laborales, el turismo solyplaya y alguna que otra reliquia de sesicientos que aún circula por la calle. También el deporte del motor está retirando los sex symbols de las parrillas de salida y de los boxes. Previamente lo hizo el ciclismo y el tenis. Y mucho antes el telecupón de la once, otro símbolo de la España actual. La chica guapa y cortita de ropa se bate en retirada. Ojala que la feliz supresión alcance también a las campanadas de fin de año y a la gala de Nochevieja, porque desde Sabrina a Cristina llevamos treinta años de mujer objeto. En cierta ocasión le preguntaron a Madame de Staël, la aguda y sutil escritora francesa ¿por qué las mujeres bonitas tienen más éxito que las inteligentes entre los hombres? Muy sencillo, respondió la escritora, hay muy pocos hombres ciegos, pero abundan mucho los flojos de mollera.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 4 de febrero de 2018. https://www.elimparcial.es/noticia/186417/opinion/simbolos.html