Archivo de la categoría: Santoral

7 de marzo. Santa Perpetua y Santa Felicidad (… – 203)

Dos mártires de la persecución anticristiana de Septimio Severo en Turba, muy cerca de Cartago, Vibia Perpetua, matrona de alta cuna, que tenía un hijo que aun criaba a sus pechos, y Felícitas o Felicidad, una esclava que se encontraba en cinta, son prendidas junto a otros catecúmenos, Revocato, Saturnino, Secúndolo y el diácono Sáturo.

En la cárcel de Cartago, Santa Felicidad da a luz a una niña, que es adoptada por una familia cristiana. Ambas mujeres han de vencer las exigencias del amor materno, que sus hijos no sean motivo de traición a Dios. El grupo de mártires morirá en un anfiteatro, con una multitud por público, y antes de ser despedazados por bestias feroces, se dan un beso en señal de paz.

Al caer herida, Santa Perpetua, en un último rasgo de pudor, se cubre la pierna sangrante con la túnica, y luego se sujeta el revuelto cabello para no morir desgreñada, símbolo de tristeza y luto. Como le faltaba el golpe de gracia, con su propia mano guio la espada del verdugo hacia su cuello. Tal vez, una mujer tan grande no podía morir a menos que ella misma lo quisiese.

Fuente. La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol

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6 de marzo. San Olegario (1060-1136)

Barcelonés de familia ilustre, Olegario (Oleguer en catalán), es consagrado sacerdote en 1094. Pero renuncia a sus prebendas de canónigo para llevar vida de monje agustino en San Adrián, junto al río Besos, donde fue elegido prior. Posteriormente, pasó a San Rufo de Provenza, de donde fue abad en 1100. Luego obispo de Barcelona, metropolitano de Tarragona y legado papal en la Península entera.

Los honores le perseguían. Pero él siempre repetía que era indigno y sin méritos para los cargos. Un día, unió la acción a la palabra y cuando lo hacen obispo, huye de noche, siendo perseguido por el clero de la ciudad hasta alcanzarlo en Perpiñán, donde es obligado a la fuerza a regresar.

Los papas le llevan de un lado a otro, le hacen presidir concilios y sínodos, le dan cargos de gobierno, le encomiendan misiones dificilísimas (como la reedificación de Tarragona, entonces lugar desierto y asolado), le ordenan que predique, tiene que poner paz entre reyes como Alfonso de Castilla y Ramiro de Aragón. En fin, San Olegario, cuyo sepulcro se venera en la catedral de Barcelona, tenía más pasta de rebelde, de rebelde al mundo y a sí mismo, siendo quizás ese el secreto de su santa humildad.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

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5 de marzo. San Focas (… – ¿320?)

Este nombre no sonaba raro en Oriente, en donde lo llevó un emperador bizantino. Y hay varios santos llamados así. Focas fue un hortelano de Sinope que vive en las afueras de la ciudad, trabajando su huerto. Era alegre, acogedor y hospitalario como pocos. Al decretarse una persecución contra los cristianos, no se altera lo más mínimo, no huye, sino que sigue con su vida de siempre, como si la cosa no fuera con él, ya que uno de sus rasgos más característicos es la serenidad o, mejor dicho, la sangre fría.

Llegan a su cabaña unos soldados que no le conocen, y él, según su costumbre, les invita a entrar y les sirve de comer. Al preguntarles qué les trae por allí, le responden que buscan a un tal Focas, hortelano, y que su misión es quitarle la vida por hechicero y encantador. Ellos le proponen que si ayuda en la captura, recibiría una recompensa y honores.

Focas sigue sin inmutarse y les responde que conoce muy bien al hombre que buscaban, asegurando que lo pondría en sus manos, pero ahora era mejor que descansaran, pues él se encargaría de todo. Se marchó para cavar su propia sepultura y disponer sus últimos preparativos. A la mañana siguiente, se presentó ante sus perseguidores diciendo que él era quien andaban buscando. Los soldados no sabían qué hacer con él, pero finalmente cumpliendo órdenes le cortaron la cabeza. San Focas parece un personaje sacado de una película de Hitchcock, con su singular sentido del humor negro que revierte en santidad.

Fuente. La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

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4 de marzo. San Casimiro (1458-1484)

Príncipe de Polonia, nacido en Cracovia, Casimiro es la imagen arquetípica del príncipe cristiano. Tuvo una vida breve y hecha de esperanzas que no llegaron a cuajar. Su muerte prematura hace de él un ejemplo truncado. Todo en el fue esbozado, infructuoso, con una impertinente sensación de inacabamiento, como si la Providencia interrumpiese o frustrase cada uno de sus proyectos o ilusiones.

En 1471 se intentó coronarle por la rama materna rey de Hungría. No pudo ser. Más tarde, durante la ausencia de su padre, es virrey de Polonia, y en 1483 le proponen matrimonio con la hija del emperador Federico III. Es ahora él quien se niega a aceptar y muere tísico a los veintiséis años. Se le enterró en Vilna y los milagros en torno a su sepulcro hacen que sea nombrado patrón de Polonia.

¿Qué príncipe es este que no llegó a nada? Pero Dios no atiende a los frutos visibles, sino a una fidelidad interior a un deslucido camino en el fracaso. San Casimiro alecciona sobre el buen uso de las cosas que salen mal. Carreras, nobles ambiciones, objetivos, todo puede torcerse. Pero ¿y cuándo lo que se estropea es la propia vida? ¿A qué agarrarse? ¿A la desesperación o a la fe? El prefirió la calidad del amor de Dios a sus éxitos personales.

Fuente. La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

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3 de marzo. San Emeterio y San Celedonio (… – 295)

Son los dos soldados mártires de Calahorra. No es seguro de que nacieran allí. Tampoco de que fueran hermanos. Pero se sabe que militaban en la Legión VII Gemina Pía Félix, acampada cerca de la actual León, y que a causa de su fe, fueron degollados en el antiguo arenal que bañaba el río Cidacos.

Antes de su muerte, permanecieron largo tiempo en prisión, pero ni la cárcel ni las amenazas, ni siquiera las torturas menguaron su marcialidad en la creencia en Dios. «Ya es tiempo de dar a Dios lo que pertenece a Dios», decían, y según las actas, agregaron con lenguaje belicoso: «Que nuestra vibrante confesión de fe hiera como una jabalina al enemigo allí donde se encuentre». Usando la fe como metáfora militar, resulta curioso que «como una jabalina», es traducción libre de missilibus, es decir, al modo de un arma arrojadiza. Hoy empleamos la palabra misil para designar armas arrojadizas mucho más devastadoras que una jabalina.

Aunque las autoridades de la época prohibieron con graves penas que la historia de Emeterio y Celedonio se pusiera por escrito, sus nombres nos han llegado en voz de San Isidoro, San Eulogio y sobre todo, en los himnos de su paisano, el poeta Prudencio. Cuentan que al morir, se vio subir por el aire, derechos al Cielo, el anillo de San Emeterio y el pañuelo de San Celedonio, símbolos visibles de su gloria. Su culto se extendió por el norte de España y por el Mediodía francés. Son patronos de Calahorra, en cuya catedral se conservan sus reliquias.

Fuente. La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol

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2 de marzo. San Ceada (… – 672)

De una familia del norte de Inglaterra, cantera de obispos y monjes piadosos, Ceada, también conocido por Ceado y Chad, fue un hombre santo y humildísimo, docto en las Escrituras y lleno de afán por practicar cuanto leía en ellas. Fue discípulo de San Aidán en Lindisfarne y sucedió a su hermano Ced al frente de la abadía de Lastingham, en el Yorkshire.

Posteriormente, fue consagrado obispo de York, pero al surgir dudas acerca de la licitud canónica del nombramiento, San Ceada, con su proverbial humildad, renunció a la sede episcopal para volver a Lastingham sin una protesta ni un reproche, porque la obediencia era el mayor de sus derechos. Más tarde, fue nombrado obispo de Lichfield, en cuya diócesis fue arquetipo de piedad y celo. Como los apóstoles, iba siempre a pie, nunca a caballo.

Uno de sus rasgos más peculiares era el temor de Dios, uno de los dones del Espíritu Santo, en el que debe verse, no miedo ni superstición, sino la sensibilidad de quien capta las celestiales amonestaciones. Siempre vio en la naturaleza un lenguaje de Dios, un cúmulo de signos misteriosos para su Gloria y nuestra santidad.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

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1 de marzo. San David de Gales (siglo VI)

Nacido en el condado de Cardigan, el santo nacional de los galeses, Dewi, así era su verdadero nombre, pertenecía a la familia de los reyes de Cambria. Discípulo indirecto de San Germán de Auxerre, peregrinó a Jerusalén y a su regreso fue consagrado obispo de la antigua Menevia, hoy Saint David, en el condado de Pembroke.

Fundó una docena de monasterios, comunidades muy estrictas, de ahí que a San David se le conociera como el waterman, el hombre del agua, el abstemio. Participó con relevancia en el Concilio de Cardigan, en el que se le reconoció como primado de Gales.

En cierta ocasión, predicando San David en un sínodo contra los pelagianos, la tierra se levantó bajo sus pies y la paloma del Espíritu Santo fue a posarse sobre su hombro, manifestándose así visiblemente que por su boca hablaba la verdad. En el año 962, sus reliquias se trasladarían a Glanstonbury extendiéndose su culto por Gales del sur y la Bretaña francesa.

Fuente: La casa de los Satos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

29 de febrero. San Dositeo (siglo VI)

Joven soldado que en campaña por Tierra Santa llegó a Getsemaní, a Dositeo le impresionó allí una descripción pictórica que representaba los tormentos del Infierno. El resultado fue su conversión y su consagración como monje en Gaza, en donde transcurriría toda su vida.

San Dositeo es un contemplativo que renuncia a su voluntad para ponerse en manos de Dios. Se desprende de lo mundano porque son ataduras que le impiden la espera en Dios. Así San Dositeo se nos aparece como un asceta sin apoyo en lo humano y hecho todo un manojo de ansias de vivir solo para Dios.

En el santoral, su lugar es humildísimo, como de comodín que termina el mes de febrero rellenando el supernumerario día de los años bisiestos. Se resiste a tener un sitio en el tiempo. Pura humildad. Pura santidad.

Fuente. La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

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28 de febrero. San Hilario (… – 468)

Natural de Cerdeña, Hilario era diácono y hombre de confianza del Papa San León, quien en el año 449 le envió como legado a Efeso para acudir al concilio que el propio pontífice llamaría más tarde «latrocinio» y en el que, como testigo de excepción, asistió horrorizado e impotente a las vejaciones infligidas a San Flaviano (18 de febrero).

Temiendo por su vida ante aquellos energúmenos y llevando consigo la apelación que Flaviano dirigía al Papa, Hilario se puso bajo la protección de San Juan Evangelista, cuya tumba se veneraba en las afueras de Efeso, haciendo allí un voto al discípulo amado del Señor, cuyo culto era casi inexistente en Roma.

Consiguió volver sano y salvo a Roma y a finales del 461 sucedió a San León en la Silla de Pedro. Gobernó la Iglesia durante siete años ocupándose de cuestiones de disciplina y oponiéndose a la propagación de herejías como la del macedonio Filoteo. Mandó edificar dos oratorios en la basílica constantiniana de Letrán, dedicados a San Juan Bautista y a San Juan Evangelista, y así el nombre de Juan quedó vinculado para siempre a Letrán.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

 

27 de febrero. San Gabriel de la Dolorosa (1838-1862)

Nacido en Asís, pero residente en Spoleto, por entonces una ciudad de los Estados Pontificios, Francesco Possenti era un joven «guaperas» y elegante, que estudiaba con los jesuitas; un partido muy codiciado por las madres de familia con hijas casaderas.

Una grave enfermedad le mueve a prometer que si sanaba se haría religioso. Pero recobra la salud y olvida su promesa, hasta que una recaída en el mal y la muerte de su hermana predilecta, le llevan a replantearse seriamente su vocación. El padre, juez de profesión y todo un personaje en la ciudad, no ve con buenos ojos la decisión de su hijo, entre otras cosas porque le conoce bien y lo considera demasiado juerguista y mundano. Sin embargo, en 1856 Francesco ingresa en los pasionistas adoptando el nombre de Gabriel de la Dolorosa por su devoción a la Virgen de los Dolores.

La vida en aquella Orden tan severa no es fácil. Le cuesta acostumbrarse a los rigores de la disciplina. Su delicada complexión se resiente, sufre diversas enfermedades y en 1861, cuando se ordena de menores, ya está enfermo de tisis. Muere un año después, antes de ser ordenado sacerdote. Canonizado en 1926, San Gabriel es uno de esos derroches divinos que se dan a menudo en la santidad. ¿No podía Dios aprovecharlo mejor? Nuestra noción de rendimiento es muy raquítica porque la entrega de Francesco fue absoluta.

Fuente. La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

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