16 de agosto. San Esteban de Hungría (975-1038)

Esteban, bautizado en su adolescencia, era hijo de un duque y al quedar huérfano recibió del Papa Silvestre II la corona real siendo el primer rey de Hungría. Puso todo su empeño en cristianizar, consolidar y pacificar el país, y así su santidad personal se funde con la forja de un pueblo. Murió un 15 de agosto, en la fiesta que él llamaba «la Gran Dama de los Húngaros».

No son pocos los reyes del santoral: Fernando de Castilla, Luis de Francia, el alemán Enrique, Wenceslao de Bohemia , Eduardo el Inglés, Casimiro de Polonia, y no obstante debe de ser difícil. Política, espíritu, pompa y pobreza, ¿es todo esto conciliable? La tradición presenta a San Esteban levitando durante sus rezos, tal era el encendido fervor de sus oraciones, rasgo frecuente en la historia de otros hombres de Dios. Pero no sólo él, sino también su tienda en la que se encontraba, es decir, también su morada, lo que rodea y le alberga, también Hungría. Como si formara parte de la santidad del monarca la elevación de su reino.

¿Hay que incluir entre los deberes de un rey santo que haga santo a su país? Parece que sí. En su ascensión personal hacia Dios, San Esteban de Hungría no puede presentarse él solo, ha de llevar consigo al país, como el padre de familia a los suyos.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

15 de agosto. Asunción de la Virgen

La Virgen de Agosto, así llamada popularmente es la festividad de la asunción de Nuestra Señora. La Santísima Virgen, con el superlativo que le es propio, muerta o dormida, según el amor filial de los orientales, y luego elevada a los Cielos para preservarla de la corrupción, glorificando antes de que resucite toda carne el cuerpo en el que se había encarnado el Hijo de Dios.

Es el más reciente de los dogmas marianos, proclamado como tal por Pío XII en 1950, pero con una larguísima historia de fe de la Iglesia que se remonta al siglo IV; poco después se celebra ya en Oriente la llamada Dormición de Nuestra Señora, y la liturgia occidental tenía ya esta fiesta hacia el año 600.

Las controversias de la edad moderna y sobre todo la oposición de los jansenistas, siempre tan poco marianos y tan poco católicos, hizo surgir un ejército de defensores de este privilegio de la Virgen: Suárez, Bossuet, San Francisco de Sales, San Alfonso María de Ligorio… Pintores espléndidos de pompa triunfal como Rafael, Murillo, Tiziano, Rubens

Hasta que el convencimiento de siglos se hace dogma. Reflejo en su propia madre de la ascensión de Jesucristo, María se anticipa abriendo el camino a toda la Iglesia en su glorificación final.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

14 de agosto. San Maximiliano Kolbe (1894-1941)

Fines de julio de 1941. En Auschwitz ha habido una fuga, y como represalia se elige al azar a unos cuantos prisioneros para que mueran de hambre. Uno de los designados es el sargento polaco Franciszek Gajowniczel, padre de familia. Entonces, alguien se adelanta ofreciéndose a ocupar su lugar. Soy «sacerdote católico», dice. Se llama Maximiliano María Kolbe. Días después, tras habérsele inyectado un veneno, muere consolando a sus compañeros agonizantes en vísperas de la fiesta de la Asunción.

El preso número 16670 de Auschwitz era un franciscano polaco nacido en Zdunska Wola, cerca de Lodz, que se ordenó en Roma en 1918 y que posteriormente se dedicó en su país al apostolado mariano: la revista El caballero de la Inmaculada y otras iniciativas análogas. La Gestapo le detuvo en 1939, a los pocos meses fue puesto en libertad y en 1941 se le volvió a detener para deportarle Auschwitz.

San Maximiliano Kolbe, de canonización tan próxima (octubre de 1982), es un contemplativo de los que parecen dedicados a lo que el mundo llama músicas celestiales. El llamado Loco de la Inmaculada se encontró en un lugar donde la historia se hace tragedia, y fue él, el fraile que vivía en las nubes, quien cambió su vida por la de un hombre desconocido que iba a morir. De no haber dado un paso al frente, nadie se lo hubiera reprochado. «Mártir de la caridad», como le llamó Pablo VI, no podía conformarse con rezos y palabras, el amor tenía que probarlo, como dice el Evangelio, dando la vida por sus amigos.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

13 de agosto. San Juan Berchmans (1599-1621)

Nacido en Diest, en lo que hoy es Bélgica, cerca de Lovaina, Juan era muy devoto, con un ambiente familiar que debió de ayudarle en este sentido (su padre y dos de sus hermanos se hicieron religiosos también). Estudió en Malinas, donde en 1616 ingresó en la Compañía de Jesús, forjándose ambiciosos proyectos misionales: quería ir a China. Para completar sus estudios se le mandó a Roma.

Era un novicio rebosante de bondad y serenidad, jovial y cumplidor, aunque sufriendo mucho por los rigores de la vida comunitaria, que él llamaba «mi mayor penitencia». Era un muchacho que tenía mucha prisa. «Si no me hago santo ahora que soy joven no lo seré nunca», decía, como si supiera que iba a tener poco tiempo. A los veintidós años un resfriado degeneró en una grave enfermedad, y en pleno mes de agosto, abrazado a la cruz, al Rosario y al libro de la orden («¡Con esto moriré contento!») moría del modo más edificante.

San Juan Berchmans es patrón de la juventud, en unión de los otros dos jóvenes santos jesuitas, San Luis Gonzaga y San Estanislao de Kostka. No nos cansamos de mirar el impresionante retrato, hecho sobre su mascarilla mortuoria, que se conserva en el convento romano de las benedictinas de Vía di Tor de Specchi. La gravedad de la mirada y la finura de los rasgos lo alejan de cualquier imagen convencional de piedad ñoña: tiene como un reflejo luminoso interior por el que se asoma a la cara algo tan profundo que convierte el rostro de un adolescente en espejo de lo invisible.

Fuente: La Casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

12 de agosto. Santa Clara de Asís (1194-1253)

A los Condes de Sasso Rosso les sobraban buenos partidos para su hija Clara, pero la joven quería seguir las huellas de aquel extraño loco espiritual que había escandalizado a todo Asís, Francisco, el hijo del pañero Bernadote. Clara, doce años menor que él, fue a verle en secreto para pedir su ayuda, y una noche de primavera, junto con su prima Pacífica, se presentó en la Porciúncula, donde Francisco le cortó solemnemente los cabellos antes de que la acogieran las benedictinas de Bastia.

Luego se les unió la hermana de Clara, Inés, y eran dieciséis hermanas las que se instalaron en San Damiano, en el mismo Asís, con una regla muy parecida a la de los frailes que Francisco escribió para ellas. La orden segunda se aprobó en 1215, Clara recibió el título de abadesa de San Damiano y las «señoras pobres», como se las llamaba, se extendieron por toda Europa. Las clarisas querían ser como mendigas para vivir sólo de limosna, y aun de limosnas de poca consideración, rechazando los panes enteros y sin aceptar más que mendrugos. Cuando el Papa quiso suavizar esas normas, Clara defendió apasionadamente su pobreza como otras hubieran luchado por conservar el mayor de los bienes.

Santa Clara rigió su comunidad cuarenta años con un espíritu de humildad, de fervor y de servicio que admira a sus biógrafos. A su muerte le asistieron León, Ángel y Junípero, tres de los más auténticos franciscanos, y fue canonizada muy pocos años después.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

La jauría excluyente

Hace un siglo el nacionalismo, aquella enfermedad infantil como la llamara Einstein, el sarampión de la Humanidad amenazaba a una Europa que en quince años padecería una segunda guerra civil, siendo también a la postre una segunda guerra mundial. Un nacionalismo ruso que desembocaría en el totalitarismo soviético sobre el armazón del Partido comunista, un nacionalismo italiano que generaría otro totalitarismo, el fascismo, sobre el eje del Estado, y un nacionalismo alemán que confeccionaría una ideología totalitaria sobre el concepto de raza fueron la cizaña en los trigales de Europa.

En su obra El fin del armisticio, Chesterton diferencia dos tipos de patriotas: el patriota ordinario que ha recibido la educación de perro guardián y el patriota que ha sido amaestrado como una jauría de perros de caza. El primero vigila su propia puerta y puede permanecer dentro de la cerca, incluso, sin estar sujeto por la cadena. El segundo ha sido adiestrado para seguir pistas saltando vallas y atravesando campos, lo que supone un peligro para los vecinos. Los tres nacionalismos citados fueron expansivos y excluyentes, es decir, fueron un peligro para sus vecinos.  

Un siglo más tarde, siguen deambulando por la historia nacionalismos trasnochados y anacrónicos y, por supuesto, también expansivos y excluyentes, que resultan dañinos para sus vecinos. El nacionalismo catalán está vertebrado en torno a la lengua, elemento diferenciador y divisor como en otra época lo fueron la nación, la raza, el partido o el Estado. En el acuerdo entre el Gobierno central y ERC para investir a Illa presidente de la Generalidad hay un apartado que nada tiene que ver con el asunto fiscal de la quiebra del principio de solidaridad del Estado autonómico. Y ese asunto es que el catalán sea la lengua que se use por la Administración catalana en relación con los ciudadanos en lo que es “el ámbito lingüístico catalán”. Obsérvese que no se circunscribe ese uso al territorio geográfico de la Comunidad Autónoma de Cataluña, sino a otro espacio diferente que se ajusta al pretendido ámbito de habla de la lengua catalana. El nacionalismo catalán siempre persiguió extender su influencia a otras regiones españolas como la Comunidad Valenciana o la de Islas Baleares. ¿Volvemos a la jauría de perros?

11 de agosto. Santa Filomena (¿siglo II?)

Esta santa es una de las más improbables del calendario, siendo objeto de un recelo especial por parte de los hagiógrafos y la Congregación de Ritos suspendió su culto en 1961. ¡Se sabe tan poco de ella! En 1802 se descubrieron en la catacumba de Priscila los restos de una cristiana del siglo II protegidos por humildes tejas, con los símbolos habituales del ancla y la paloma y una inscripción: PAX TECUM FILOMENA, que la paz sea contigo, Filomena. Nada más.

Por suposición se creyó que era una mártir, sus reliquias se cedieron al pueblo de Mugnano, cerca de Nápoles, y allí fueron veneradas, atribuyéndose a la santa numerosos milagros. No obstante, la gran popularidad de que gozó Filomena se debió a la predilección que sentía por esta santa el cura de Ars, San Juan Bautista Vianney, quien en su parroquia hizo construirle una capilla especial y le atribuía todas las gracias extraordinarias que recibía, encomendándole que curase a enfermos y llevase a cabo otros prodigios.

Hoy somos más severos con ella que el santo párroco francés, pero tampoco existe una prueba decisiva de que aquella Filomena romana a quien se deseaba la paz hace dieciocho siglos, no fuese una santa, Santa Filomena, una cristiana cuya intercesión se manifiesta entre nosotros por la fe ardiente de las almas ajenas al estudio de la arqueología y de la historia. Por eso, le damos la bienvenida en el santoral.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

10 de agosto. San Lorenzo (… – 258)

El más famoso de los mártires antiguos: durante la edad Media hasta treinta y cuatro iglesias en Roma, tenían su nombre. La actual San Lorenzo in Panisperna se levanta sobre el lugar de su martirio. En España, El Escorial también se dedica a su recuerdo con la forma del instrumento de su suplicio, la parrilla.

Aragonés de Huesca, como San Vicente, Lorenzo fue en Roma uno de los siete diáconos del Papa Sixto II ocupándose de la administración de los bienes eclesiásticos y tenía a su cargo unas mil quinientas personas, entre pobres, ancianos, huérfanos y enfermos. Después de decapitar al pontífice, el emperador Valeriano le exigió que le entregase las riquezas de que disponía la comunidad romana, y al cabo de unos días el santo le presentó una turba de necesitados diciéndole: «Estos son los tesoros de la Iglesia».

Fue martirizado a fuego lento en unas parrillas y según San Ambrosio aún tuvo entereza para bromear, ese rasgo de humor negro tan hispánico, desafiando a los verdugos, a los que dijo: «Ya está asado, dale la vuelta y come». Venerado en toda Europa como mártir arquetípico, San Lorenzo es patrón de los pobres, de los bibliotecarios, bibliófilos y libreros, porque los libros sagrados se confiaban a la custodia de los diáconos, y naturalmente, protector de los que más expuestos están a los peligros del fuego, como los bomberos.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

9 de agosto. Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein) (1891-1942)

Nació hebrea en Breslavia, pero esta fe la abandona a los 14 años. Tras sus estudios universitarios y cautivada por el «volvamos a las cosas mismas» de Husserl, Edith se convierte en discípula del filósofo. En Gotinga el contacto con Max Scheler y Adolf Reinach, ambos colegas católicos, derriba los muros de sus prejuicios racionalistas para presentarle la fe.

Logra el doctorado en filosofía, pero por ser mujer se veta su condición de docente universitaria. Más tarde es vetada por ser judía. Pero su sed insaciable de verdad nadie puede impedírsela. La encuentra tras pasar una noche entera leyendo Vida de Santa Teresa de Jesús. Al terminar el libro exclama «¡Esta es la verdad!». Compra un catecismo y un misal, los estudia. A los pocos día acude a misa y pide bautizarse. Regresa a casa y lo cuenta: «Soy católica, mamá». Ambas lloran.

Traduce a Santo Tomás, da clases, publica estudios filosóficos y defiende la igualdad de la mujer. El 14 de octubre de 1933 ingresa en el Carmelo de Colonia. Sor Benedicta de la Cruz escribe el ensayo Ser finito y ser eterno y estudia a San Juan de la Cruz. Al estallar la II GM comprende su destino. «Ven, Rose, hagámoslo por nuestro pueblo», dice a su hermana también carmelita tomándola de la mano. Santa Edith Stein Muere en el campo de exterminio de Auschwitz.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol

8 de agosto. Santo Domingo de Guzmán (1171-1221)

Un joven escolar de Palencia, apasionado de los libros y del estudio, un día vende sus códices laboriosamente anotados para aliviar el hambre que hace estragos en la comarca. Se llama Domingo y es de Caleruega, al sur de Burgos. En la ciudad, quedan asombrados de aquel desprendimiento insólito en una época en que los manuscritos son bienes tan preciados.

Otra estampa más: siendo canónigo en la catedral de Osma, acompaña a su obispo en una misión a Dinamarca para concertar la boda del hijo del rey Alfonso VIII; la unión no se celebrará nunca, pero a su paso por Provenza los españoles se horrorizan ante el gran foco herético que hay allí, y se quedan en el Lenguadoc para convertir a los albigenses. Los príncipes quieren convertir por la espada. Domingo dando ejemplo de caridad y de probreza, con el rezo del Rosario y la persuasión.

Tras el paso de los años, empieza a cobrar cuerpo una orden de predicadores, sacerdotes de sólida formación intelectual, ligados con votos, viviendo en la pobreza y dedicados a la tarea de predicar y enseñar. El Papa aprueba la iniciativa en el 1216 y los dominicos se extienden por toda Europa. Su fundador, Santo Domingo de Guzmán, muere extenuado en Bolonia.

La estampa final se pinta en los frescos de la Capilla de los Españoles en Santa María la Novella de Florencia: allí vemos la gloria de la Iglesia militante y triunfante, servida por los Domini canes, los perros del Señor que, con hábito blanco, en honor de la Virgen, y capa negra, defienden con uñas y diente la fe contra los lobos de la herejía. Sus emblemas son una estrella y un perro con una antorcha en la boca.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol