Archivo por meses: septiembre 2024

21 de septiembre. San Mateo (siglo I)

Publicano, recaudador de contribuciones, mal visto, réprobo entre los suyos que le equiparaban en bajeza a las meretrices. Así era Leví, hasta que Jesús, al pasar frente a su mostrador donde se alineaban las monedas de los tributos, le dice: «Sígueme». Y él lo deja todo, dinero, oficio, vida, para hacer lo que se le acaba de mandar. Ya no se llamará Leví, sino Mateo, que significa don de Dios.

Mateo será, primero, un apóstol oscuro entre los demás, de los que parece que nunca hablan, que no piden, que no protestan, que no tiene iniciativas. Escucha al Maestro, le sigue, pero no destaca por nada. Un hombre más en el colegio apostólico, sin realce ninguno. Luego, Mateo será el primer evangelista, el primero en reunir dichos y hechos del Señor muy poco después de su muerte para los hermanos que no le conocieron.

Su escritura es de estilo sobrio, ordenado, bien medido, como un hombre que pesa monedas y palabras y que sabe que no hay que malgastarlas vanamente. Un cronista minucioso que escribe en la misma lengua que usaba Jesús, el arameo, aunque sólo nos haya llegado su traducción griega, que levanta acta pegándose a las mismas palabras que había oído, respetuoso al máximo con todo aquello de lo que había sido testigo privilegiado. San Mateo se convierte en el eco fiel de la Encarnación y de la Redención.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

20 de septiembre. San Eustaquio (¿sigo II?)

Se le supone un general del emperador Trajano llamado Plácido, idólatra pero muy caritativo, que un día que andaba de caza por los alrededores de Tívoli persiguió a un ciervo que al verse acosado se volvió hacia él mostrando una cruz luminosa entre las astas (algo semejante se cuenta de San Huberto).

Plácido se convierte junto con su esposa y sus dos hijos, y cambia de nombre por el de Eustaquio, pero el descubrimiento de la fe va unido a un alud de desgracias que se abaten sobre la familia: pierden todas sus riquezas, tienen que salir de Roma, los esposos se ven separados en dramáticas circunstancias y en antiguo general da por muertos a sus hijos.

Tras aceptar la voluntad de Dios, vive dedicado a humildes quehaceres hasta que tiempo después el emperador le reclama para ponerle al frente de su ejército con el que consigue dos grandes victorias: una, militar, la otra personal: se reencuentra con toda su familia que estaba a salvo. Roma le recibe en apoteosis, pero al negarse a quemar incienso ante los dioses, San Eustaquio y los suyos sufren martirio y perecen. Lo que empezó por la práctica de una virtud natural conduce a un torbellino en el que habrá que darlo todo por lo que se cree.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol

19 de septiembre. San Jenaro (…- ¿305?)

Las reliquias de San Jenaro, en su capilla de la catedral de Nápoles, han provocado una identificación del santo con su ciudad, de la que viene a ser la sombra tutelar; él ha protegido a los napolitanos de su amenazador vecino, el Vesubio, de pestes y naufragios. Todo comenzó por el martirio de un obispo de Benevento llamado Januarius junto con seis compañeros de Pozzuoli.

Pero hoy hay más aún. ¿Qué ocurre con las dos ampollitas de sangre del mártir que se conservan allí? Que varias veces al año, y de un modo especial en el día de hoy, 19 de septiembre, la sangre que contienen esos frasquitos, de ordinario seca, solidificada y de color terroso, se vuelve líquida adquiriendo una tonalidad rojo intenso, cambiando incluso de peso y volumen. El prodigio, repetido a fecha fija desde hace siglos, ha sido analizado científicamente: es sangre humana y el fenómeno se produce por causas que se ignoran.

San Jenaro está en el centro de este misterio provocador que se rodea una pompa barroca y meridional que contribuye a exasperar a las mentes racionalistas. No se trata, claro, de una verdad de fe, sólo de un hecho hasta ahora inexplicable suyo simbolismo se recubre de un humor celestial que gusta de escandalizar sobrenaturalmente.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

18 de septiembre. San José de Cupertino (1603-1663)

Muy ignorante, a duras penas sabía leer y escribir, cerrado de mollera y además torpe. Aprender los trabajos más sencillos le costaba meses: le llevó mucho tiempo, se dice, distinguir el pan blanco del negro . Personaje simplón y ridículo, además de enfermizo y enclenque. Se llamaba a sí mismo, fray Asno. Los demás también le llamaban así, cuando no le colgaban unos sambenitos peores.

Cómo pudo ordenarse fue un milagro de la Providencia. Fue una verdadera calamidad, una de las personas más inútiles que se había visto en los conventos por donde pasó. Los capuchinos, que tuvieron la debilidad de aceptarle, acabaron por deshacerse de él, y los franciscanos, con quienes se quedó, se hacían lenguas de aquel caso inaudito de bobería. Pero Fray Asno sólo sabía obedecer, ser humilde, paciente, enamorado de Dios y devotísimo de la Virgen.

Negado para los estudios, pero a su alrededor florecían prodigios que atraían a multitudes y despertaban las suspicacias de la Inquisición. ¡Qué fraile más raro! ¡Un hombre que estaba continuamente en éxtasis elevándose en el aire ante multitud de testigos! Oía pronunciar el nombre de Jesús o de María, y fray José levantaba el vuelo. Es el funámbulo de la santidad, el santo aéreo. Patrón de los parias, de los que no sirven para nada, de los que no tocan con los pies en el suelo. Con su vida, San José de Cupertino quizá nos reproche ser tan útiles, hábiles y listos como nos empeñamos en parecer.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol

17 de septiembre. Santa Hildegarda de Bingen (1098-1179)

Nacida en Bermersheim, en el alemán Valle del Rin, Hildegarda («audaz en la batalla»), es la menor de diez hermanos siendo consagrada desde su nacimiento a Dios por decisión paterna. Vive desde niña entre oración y silencio, en el monasterio benedictino de Disibodenberg. Comienza a tener visiones, pero un día, con cuarenta y tres años, durante una sus visiones escucha una voz: «Di pues estas maravillas, y escríbelas tal y como te son enseñadas y dichas». Ella obedece y escribe.

Scivias, «Conoce los caminos», es su primera obra tras una década de escritura. En ella recoge lo que experimenta en sus visiones. Algunos fragmentos llegan a ser leídos por el Papa Eugenio III en el sínodo de Tréveris. Pero, además de continuar escribiendo, Hildegarda despliega una trepidante actividad: funda y dirige dos monasterios, atiende a enfermos y visitantes gracias a sus conocimientos médicos, dirige a sus hermanas monjas con entrega y dedicación, fruto de una ternura maternal, mantiene correspondencia con laicos y religiosos, prelados y gobernantes (el emperador Federico Barbarroja), compone música y realiza cuatro grandes viajes de predicación.

Todo en Santa Hildegarda resulta insólito: la fuerza de sus visiones, su inagotable espiritualidad y sus profundos conocimientos. Ella, que se había definido como indocta, es desde 2012 Doctora de la Iglesia, título otorgado por el Papa Benedicto XVI. Hoy continúa sorprendiéndonos por su inabarcable y perenne sabiduría.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

16 de septiembre. San Cornelio (…-253) y San Cipriano (200-258)

Dos contemporáneos de vidas convergentes. Uno, papa, romano, cristiano de cuna. Otro, obispo, cartaginés, converso a los cuarenta tras una vida poco edificante. A mediados del siglo III ambos, Cornelio como obispo de Roma, Cipriano como obispo de Cartago, colaborarán en la solución del drama de los apóstatas.

Las persecuciones habían hecho flaquear a miles de creyentes. Tras ellas, había que decidir cuál era la buena actitud con tanto apóstata. El clérigo Novaciano sostenía que era un pecado imperdonable y que la Iglesia no tenía poder para absolver y reconciliar a quienes tras haber renegado de su fe se decían arrepentidos. Dura sentencia. ¿Hay pecados imperdonables? El Papa Cornelio, interpretando el espíritu del Evangelio, se opuso a tal doctrina. Desde Cartago, Cipriano le apoyó con su autoridad y con su elocuencia de antiguo retórico. Gracias a ellos, las tesis de Novaciano no prosperaron y sin menoscabo de la fe se salvó la caridad para todos. En el fondo de la polémica se barruntaba la rebeldía del hijo fiel cuando el padre de la parábola sale a medio camino a recibir al pródigo.

Incomprendidas figuras las de los dos, hombres generosos de caridad sin distingos. «Que cojan sus armas los que han conservado intacta la fe, que los que cayeron se armen también para reconquistar lo perdido». Ambos en la prueba tuvieron la entereza de los fuertes: San Cornelio murió inflexible en el destierro. San Cipriano fue decapitado; antes ordenó dar veinticinco monedas de oro al verdugo por su trabajo.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

15 de septiembre. Santa Catalina de Génova (1447-1510)

Genovesa, de la ilustre familia de los Fieschi e hija del virrey de Nápoles, Catalina se vio casada a los dieciséis años con un noble, Giuliano Adorno, marido colérico, poco virtuoso, disipado e infiel que la hizo vivir replegada en sí misma en medio de una profunda tristeza. Pero ella obedece a quienes le dicen que su deber de esposa es seguir a su marido en la vida mundana propia de su condición, y durante cinco años, Catalina frecuenta salones aristocráticos, asiste a fiestas y acepta el inevitable juego social. Persiste su inquietud y concluye que ella no está hecha para aquello.

Hacia 1473, acaece el gran cambio: nada de aceptar las reglas del mundo. Es ella quien impondrá las suyas desde fuera del mundo, pase lo que pase. Penitencias, ayunos rigurosísimos, largas oraciones, mientras se dedica a los enfermos más repugnantes y abandonados, como los que padecen en el hospital de Pammatone. Todos aseguran que el matrimonio se romperá porque Giuliano se exasperará con tal actitud. Todo lo contrario, el marido se convierte en un hombre muy piadoso, que ayuda a su esposa en sus obras de caridad y se hace miembro de la orden tercera de San Francisco.

No hay lógica en todo eso, ni tampoco en el torbellino interior de Santa Catalina, del que surgen visiones y estados místicos como los que se reflejan en el Tratado del Purgatorio y el Diálogo espiritual. Es patrona de Génova y en sus imágenes lleva en la mano un corazón traspasado.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

14 de septiembre. Santa Notburga (1265-1313)

Tirolesa de Rattenberg, hija de labriegos sin fortuna, Notburga fue cocinera en el castillo del conde Enrique de Rothenburg, y más tarde sirvió en una casa de labranza de un granjero de Eben. Como ella pedía hacer una pausa en su labor para rezar el Ángelus, y como el tal granjero se negó a concederle unos minutos para sus devociones, la hoz que manejaba Notburga quedó milagrosamente suspendida en el aire.

Como también Santa Zita, Notburga es patrona del servicio doméstico sólo que en el Tirol y la Baviera. Nos la imaginamos con las manos agrietadas y callosas entre las ahumadas paredes de las cocinas de antaño, en la pocilga o en el corral, si no dedicándose a las rudas tareas del campo. Sin duda para ella lo de que Dios también anda entre los pucheros fue algo más que una metáfora.

Sus restos, muy venerados en la región, descansan en una capilla de Eben. A Santa Notburga se la suele representar vestida de campesina tirolesa, y sus atributos son la gavilla, la hoz y una cántara de leche.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

13 de septiembre. San Juan Crisóstomo (347-407)

Uno de los mayores oradores de la humanidad, Juan era llamado el de la Boca de Oro o Pico de Oro, además de doctor de la Iglesia griega. Era hijo de un general del imperio bizantino, fue un hombre brusco, violento, poco diplomático. Una voz sin contemplaciones en aquella Constantinopla que hervía de intrigas, lujos y vanidades. Siendo discípulo del retórico Libanio, comenzó una nueva vida convertido por la fe. Se retiró al desierto porque para aprender a hablar antes hay que aprender a callar y a escuchar el silencio, lección que no aprendió de Libanio, sino del Espíritu Santo.

Luego fue arzobispo de Constantinopla, conoció el exilio y el retorno. Pronunció grandes discursos mezclados de vigor y ternura, violencia y persuasión, pasión por la causa de Dios y arte de la oratoria, defensa de los oprimidos y verdades de la fe. Cuando Satanás, irritado por sus triunfos, volcó su escritorio, el santo mojó la pluma en su propia boca y la sacó con tinta de oro.

San Juan Crisóstomo morirá en el destierro rodeado por fin de silencio, lejos de las multitudes de Constantinopla, solo y haciendo homenaje de su elocuencia al silencio de Dios. Su emblema es una colmena de abeja, alusión metafórica a su oratoria, dulce como la miel y sustento de los fieles.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

12 de septiembre. San Guido de Brabante (950-1012)

Campesino brabanzón de Anderlecht, modelo de trabajo y de piedad, que por sus altas virtudes fue requerido para prestar sus servicios como sacristán en la iglesia de Nuestra Señora de Laeken, muy cerca de Bruselas. En un momento dado a Guido le tentó el comercio, y en una operación desafortunada perdió todos sus ahorros. Entonces, se impuso a sí mismo siete años de penitencia, durante los cuales se dedicó a peregrinar, estando en Roma y dos veces en Tierra Santa.

Murió poco después de su regreso como alguien completamente desconocido y fue enterrado en Anderlecht. Pero los numerosos milagros que ocurrieron en torno a su sepultura hicieron que se veneraran sus reliquias y que su culto llegara a ser rápidamente popular. Es patrón de campesinos, sacristanes y campaneros, sin olvidar que también podría ser patrón de los malos inversores.

Se le presenta como peregrino con bordón y esclavina, pero su atributo es un buey de labranza, y así une en su figura dos aspectos que parecen contradictorios: el de la vida sedentaria con trabajo de la tierra, y el de los afanes del viajero espiritual, sin raíces, buscando rastros de Dios por todo el mundo. La Iglesia hace así de San Guido un símbolo de las dos vertientes complementarias de la actividad cristiana, la de Marta y la de María, a las que podríamos añadir su solicitud cuidando del culto divino como sacristán.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.