Archivo de la categoría: Santoral

13 de septiembre. San Juan Crisóstomo (347-407)

Uno de los mayores oradores de la humanidad, Juan era llamado el de la Boca de Oro o Pico de Oro, además de doctor de la Iglesia griega. Era hijo de un general del imperio bizantino, fue un hombre brusco, violento, poco diplomático. Una voz sin contemplaciones en aquella Constantinopla que hervía de intrigas, lujos y vanidades. Siendo discípulo del retórico Libanio, comenzó una nueva vida convertido por la fe. Se retiró al desierto porque para aprender a hablar antes hay que aprender a callar y a escuchar el silencio, lección que no aprendió de Libanio, sino del Espíritu Santo.

Luego fue arzobispo de Constantinopla, conoció el exilio y el retorno. Pronunció grandes discursos mezclados de vigor y ternura, violencia y persuasión, pasión por la causa de Dios y arte de la oratoria, defensa de los oprimidos y verdades de la fe. Cuando Satanás, irritado por sus triunfos, volcó su escritorio, el santo mojó la pluma en su propia boca y la sacó con tinta de oro.

San Juan Crisóstomo morirá en el destierro rodeado por fin de silencio, lejos de las multitudes de Constantinopla, solo y haciendo homenaje de su elocuencia al silencio de Dios. Su emblema es una colmena de abeja, alusión metafórica a su oratoria, dulce como la miel y sustento de los fieles.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

12 de septiembre. San Guido de Brabante (950-1012)

Campesino brabanzón de Anderlecht, modelo de trabajo y de piedad, que por sus altas virtudes fue requerido para prestar sus servicios como sacristán en la iglesia de Nuestra Señora de Laeken, muy cerca de Bruselas. En un momento dado a Guido le tentó el comercio, y en una operación desafortunada perdió todos sus ahorros. Entonces, se impuso a sí mismo siete años de penitencia, durante los cuales se dedicó a peregrinar, estando en Roma y dos veces en Tierra Santa.

Murió poco después de su regreso como alguien completamente desconocido y fue enterrado en Anderlecht. Pero los numerosos milagros que ocurrieron en torno a su sepultura hicieron que se veneraran sus reliquias y que su culto llegara a ser rápidamente popular. Es patrón de campesinos, sacristanes y campaneros, sin olvidar que también podría ser patrón de los malos inversores.

Se le presenta como peregrino con bordón y esclavina, pero su atributo es un buey de labranza, y así une en su figura dos aspectos que parecen contradictorios: el de la vida sedentaria con trabajo de la tierra, y el de los afanes del viajero espiritual, sin raíces, buscando rastros de Dios por todo el mundo. La Iglesia hace así de San Guido un símbolo de las dos vertientes complementarias de la actividad cristiana, la de Marta y la de María, a las que podríamos añadir su solicitud cuidando del culto divino como sacristán.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

11 de septiembre. San Pafnucio (280-350)

Llevaba una vida solitaria como monje del desierto, fue discípulo de San Antonio abad y se le atribuye la conversión de la cortesana Tais, introducida en el santoral el 8 de octubre. Pafnucio tuvo que abandonar su vida solitaria al ser nombrado obispo de la Tebaida superior. Durante una persecución de cristianos fue objeto de tales torturas que perdió un ojo y resultó mutilado en una pierna.

Estos padecimientos por la fe explican que se le tratara con especial deferencia en el primer Concilio de Nicea (325), el que condenó a los arrianos, y durante el cual se dice que el emperador Constantino se honraba en besar la órbita vacía del santo. Diez años después participó también en el Concilio de Tiro.

En Nicea San Pafnucio manifestó criterios más equilibrados y abiertos que otros muchos padres conciliares que ni habían sido monjes en la Tebaida ni habían sufrido en sus carnes la persecución como él. Mientras algunos trataban de imponer a los obispos, sacerdotes y diáconos que estaban casados, la obligación de separarse de sus esposas para continuar con su ministerio, el santo abogó por mantener la disciplina existente hasta entonces, que prohibía contraer matrimonio después de la ordenación.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

10 de septiembre. San Nicolás de Tolentino (1245-1305)

Nacido en Fermo, cerca del Adriático, en la marca de Ancona, Nicolás recibió este nombre por la devoción que sus padres tenían a San Nicolás de Bari. Perteneció a la orden de San Agustín, y residió la mayor parte de su vida en el convento de Tolentino, cerca de su lugar de nacimiento.

Santo muy popular por su fama de milagrero «santo de los milagros», le llama Lope de Vega en una de sus comedias. También es conocido como abogado de las almas del Purgatorio y protector de la Iglesia. Hombre de grandes mortificaciones, ayunaba de forma casi perenne, predicador ilustre, contemplativo y objeto de insólitas manifestaciones de la predilección de Dios: se dice que una estrella nunca vista iluminaba de cielo de Tolentino anunciando su futura gloria, y que seis meses antes de morir, todas las noches, a la hora de maitines, le daban música los ángeles con lo cual él entendió que se acercaba su muerte.

Durante el proceso de canonización, aquellos a quienes San Nicolás había confesado, declararon que era un confesor muy misericordioso, se reservaba la severidad y los malos tratos para sí mismo, pero con sus penitentes era todo benevolencia. Imponía penitencias muy leves, ya que él se ofrecía a reparar los pecados de los demás disciplinándose y ayunando por ellos.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

9 de septiembre. San Pedro Claver (1580-1654)

Nacido en un pueblecito catalán llamado Verdú, Pedro se hizo jesuita. En Palma de Mallorca, Alonso Rodríguez, el santo portero, reconoció en él la santidad aconsejándole que marchase a América porque «allá en las Indias tendría que padecer mucho». En Cartagena de Indias fue «esclavo de los esclavos», dedicándose treinta y tres años de servicio a los seres más desheredados, los esclavos negros que traían de África, ignorantes, enfermos, moribundos, cuidándoles y evangelizándoles con una solicitud heroica que provocaba el asombro incomprensivo.

A él todo le parecía poco por socorrer a aquella pobre humanidad, a los negros, a los pobres de la Inquisición, a los extranjeros que capturaban las naves españolas, y cuando no se desvivía por los demás , rezaba y adoraba por la noche al Santísimo Sacramento. Cuando las damas españolas insisten en que las confiese, se resiste y sólo accede después de haber confesado a todos los negros: las cosas claras, todos no somos iguales, los que sufren y los despreciados tienen prioridad.

«La vida que más me ha impresionado después de la de Cristo«, dijo el Papa León XIII cuando lo canonizó. En los últimos años de su vida, el hombre más activo de América está condenado por una enfermedad a no moverse de un rincón, y le cuida un esclavo negro que lo maltrata. Es hora de que la imitación de Cristo se convierta en paciencia y sonrisa, hasta que San Pedro Claver muere desvivido por el afán de ser como Él.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

8 de septiembre. Natividad de la Virgen

La Virgen de septiembre es fiesta muy antigua que empezó a celebrarse en Oriente y que ya antes del año 700 era en Roma una de las solemnidades marianas. Conmemora el primer episodio de la Redención, a la que anuncia, como dicen con garbo popular los versos de Lope de Vega:

Canten hoy, pues nacéis vos,

los ángeles, gran Señora,

y ensáyense desde ahora

para cuando nazca Dios.

La Virgen nace discretísimamente, con serena majestad, sin olvidar los detalles cotidianos. Así pinta su nacimiento Giotto en la capilla paduana de los Scrovegni, como queriendo transmitir la lección del hecho trascendental que irrumpe en la vida común sin turbarla. Un himno anónimo, del siglo VII, el Ave maris stella, explica con mucha sencillez lo que empieza en este día: Santa Madre del Verbo, perpetua Virgen, puerta feliz del Cielo, y en seguida pide: Monstra te esse matrem, Demuestra que eres madre. Virgo singularis, Oh doncella única, libres ya de pecados haznos buenos y puros, y en un inciso proclama el gran elogio: Inter omnes mitis, Benigna como nadie. Más llanamente: Tú sí que eres buena.

María nació con un fin que no puede estar más claro: Ut videns Jesum, semper collaetemur. Para que viendo a Cristo siempre nos alegremos.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

7 de septiembre. Santa Regina (… – 251)

Nacida en la ciudad de Alissia o Alesia, hoy Alise-Sainte-Reine, en la Borgoña, lugar célebre por la derrota de Vercingetórix a manos de César, Regina fue una doncella galorromana que a los quince años descubrió la fe en Cristo y se bautizó ofreciendo a Dios su virginidad.

Según el padre Ribadeneira, eran tan hermosa que pasando cierto día por Alissia el prefecto Olibrio y viéndola se enamoró de ella. La llamó a su presencia y sabiendo por ella misma que era cristiana, la retuvo en una cárcel, advirtiéndola que él iba a un viaje, y que si al volver de él no había mudado de religión experimentaría su rigor. Regina se niega a sacrificar a los dioses, es sometida a tortura y tormentos, se producen prodigios (un terremoto, voces celestiales, una paloma que acude a consolarla y que sana sus heridas) que hacen que se conviertan a la fe ochocientos cincuenta gentiles. Por fin, Santa Regina es degollada.

Como tantas otras historias de mártires antiguos, ésta parece cándida e inverosímil, pero sus exageraciones son como el aderezo hiperbólico de un drama bien real, dar la vida por la fe que se tiene, y una cosa así justifica los excesos de cierta desmesura, tampoco vamos a regatear un poco de imaginación con un tema así.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

6 de septiembre. San Eleuterio (siglo VI)

Abad del monasterio de San Marcos Evangelista en Espoleto, todo lo que sabemos de este Eleuterio se debe a su amigo el Papa San Gregorio el Grande, que conversó con él en Roma, donde murió. «Fue de tanta virtud, dice el pontífice, que con sus oraciones resucitó un muerto». Asimismo, el propio Papa le atribuye al santo la curación de una enfermedad que él padecía, bastando con una bendición del santo abad para que San Gregorio no volviera a padecer los efectos de su mal.

Pero si Eleuterio es conocido no fue por sus méritos, que debían ser muchísimos, sino por una debilidad que nos aproxima más a él; no es el santo impecable, sino el que es víctima de un momento de flaqueza. Ciertas monjas le encomendaron la custodia de un niño atormentado por el Diablo, y como tras muchos días el Maligno no se manifestaba, el abad comentó a sus monjes con cierta vanidad: El Diablo se burla de las religiosas pero conmigo no se atreve. Al instante el Demonio volvió a apoderarse del niño.

San Eleuterio comprendió que sus palabras habían incurrido en vanagloria. Reconoció su culpa, lloró por ello amargamente y pidió a todo el monasterio que orase e hiciera penitencia. La soberbia hizo que el Diablo volviese a sentirse en terreno propio. Se necesitó la colaboración de todos para echarle.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

5 de septiembre. Santa Teresa de Calcuta (1910-1997)

Hija pequeña de una familia «con posibles», Agnes Gonxha Bojaxhiu nació en Skopie, capital de Macedonia del Norte. A los dieciocho años ingresó de postulante en las Hermanas de Loreto. Tras hacer los votos en 1931, fue profesora del Colegio Santa María de Entally, al este de Calcuta. Por su devoción a la santa de Lisieux, pidió ser llamada Thérèse, pero al haberlo escogido antes otra mujer del convento, castellanizó su nombre por el de Teresa.

En 1946 sintió que Dios le pedía algo nuevo. Ella mismo lo definió como una «llamada dentro de la llamada». Una misión de caridad extrema frente a los leprosos, lisiados, ciegos, huérfanos…, a los que se entregó completamente desde 1948, primero en Calcuta y luego en todo el mundo. La Santa Sede dio autorización jurídica a las Misioneras de la Caridad para dedicarse a «los pobres de entre los pobres», como dijo su fundadora.

Abandonó su antiguo convento con cinco rupias en el bolsillo. La congregación empezó con trece miembros, y fue creciendo con mucha fe y hondos sacrificios (económicos, pero también de aridez espiritual íntima, calumnias, malentendidos) hasta sobrepasar los cinco mil. La fama de la Madre Teresa sólo fue comparable a la de dos amigos suyos, Lady Di y San Juan Pablo II, que la beatificó en 2003. Esta frase de Santa Teresa de Calcuta refleja su santidad: «Jamás he visto cerrárseme ninguna puerta. Creo que todos ven que no voy a pedir, sino a dar. Hoy día está de moda hablar de los pobres pero, por desgracia, no lo está hablar con ellos».

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

4 de septiembre. San Moisés (siglo XIII a. de C.)

Figura capital del Antiguo Testamento. Depositario de la promesa, fuerte varón que aguanta sobre sus hombros la Ley. Profeta, guerrero, legislador y libertador. El que habla con Dios en las tempestuosas alturas y saca al pueblo elegido de la esclavitud en medio de prodigios estupendos.

Dios ha elegido a aquella gente entre todas las razas, la guía y la protege, la hace libre y le anuncia cosas inimaginables. pero ellos murmuran y se quejan: «Al menos cuando éramos esclavos en Egipto comíamos todos los días». Echan de menos el cautiverio. A Moisés esta debilidad, mediocridad y cobardía le sublevan. Es un titán airado y sublime que sujeta las Tablas de la Ley que recibió en el Sinaí. Es un caudillo con una talla moral muy superior a la de la mayoría de los israelitas que le sigue.

Y como siempre la santidad está marcada por un intenso contraste para recordarnos lo que somos, y San Moisés morirá contemplando la tierra prometida desde el otro lado del Jordán. «Verás de lejos la tierra, pero no entrarás en la tierra que voy a dar a los israelitas». El signo final y humano de este gran capitán es la frustración. Dios permite que lo pueda todo salvo lo que más deseaba, y antes de ver a su Señor sin velos conoce el sabor del fracaso.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.