Archivo de la categoría: Santoral

14 de agosto. San Maximiliano Kolbe (1894-1941)

Fines de julio de 1941. En Auschwitz ha habido una fuga, y como represalia se elige al azar a unos cuantos prisioneros para que mueran de hambre. Uno de los designados es el sargento polaco Franciszek Gajowniczel, padre de familia. Entonces, alguien se adelanta ofreciéndose a ocupar su lugar. Soy «sacerdote católico», dice. Se llama Maximiliano María Kolbe. Días después, tras habérsele inyectado un veneno, muere consolando a sus compañeros agonizantes en vísperas de la fiesta de la Asunción.

El preso número 16670 de Auschwitz era un franciscano polaco nacido en Zdunska Wola, cerca de Lodz, que se ordenó en Roma en 1918 y que posteriormente se dedicó en su país al apostolado mariano: la revista El caballero de la Inmaculada y otras iniciativas análogas. La Gestapo le detuvo en 1939, a los pocos meses fue puesto en libertad y en 1941 se le volvió a detener para deportarle Auschwitz.

San Maximiliano Kolbe, de canonización tan próxima (octubre de 1982), es un contemplativo de los que parecen dedicados a lo que el mundo llama músicas celestiales. El llamado Loco de la Inmaculada se encontró en un lugar donde la historia se hace tragedia, y fue él, el fraile que vivía en las nubes, quien cambió su vida por la de un hombre desconocido que iba a morir. De no haber dado un paso al frente, nadie se lo hubiera reprochado. «Mártir de la caridad», como le llamó Pablo VI, no podía conformarse con rezos y palabras, el amor tenía que probarlo, como dice el Evangelio, dando la vida por sus amigos.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

13 de agosto. San Juan Berchmans (1599-1621)

Nacido en Diest, en lo que hoy es Bélgica, cerca de Lovaina, Juan era muy devoto, con un ambiente familiar que debió de ayudarle en este sentido (su padre y dos de sus hermanos se hicieron religiosos también). Estudió en Malinas, donde en 1616 ingresó en la Compañía de Jesús, forjándose ambiciosos proyectos misionales: quería ir a China. Para completar sus estudios se le mandó a Roma.

Era un novicio rebosante de bondad y serenidad, jovial y cumplidor, aunque sufriendo mucho por los rigores de la vida comunitaria, que él llamaba «mi mayor penitencia». Era un muchacho que tenía mucha prisa. «Si no me hago santo ahora que soy joven no lo seré nunca», decía, como si supiera que iba a tener poco tiempo. A los veintidós años un resfriado degeneró en una grave enfermedad, y en pleno mes de agosto, abrazado a la cruz, al Rosario y al libro de la orden («¡Con esto moriré contento!») moría del modo más edificante.

San Juan Berchmans es patrón de la juventud, en unión de los otros dos jóvenes santos jesuitas, San Luis Gonzaga y San Estanislao de Kostka. No nos cansamos de mirar el impresionante retrato, hecho sobre su mascarilla mortuoria, que se conserva en el convento romano de las benedictinas de Vía di Tor de Specchi. La gravedad de la mirada y la finura de los rasgos lo alejan de cualquier imagen convencional de piedad ñoña: tiene como un reflejo luminoso interior por el que se asoma a la cara algo tan profundo que convierte el rostro de un adolescente en espejo de lo invisible.

Fuente: La Casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

12 de agosto. Santa Clara de Asís (1194-1253)

A los Condes de Sasso Rosso les sobraban buenos partidos para su hija Clara, pero la joven quería seguir las huellas de aquel extraño loco espiritual que había escandalizado a todo Asís, Francisco, el hijo del pañero Bernadote. Clara, doce años menor que él, fue a verle en secreto para pedir su ayuda, y una noche de primavera, junto con su prima Pacífica, se presentó en la Porciúncula, donde Francisco le cortó solemnemente los cabellos antes de que la acogieran las benedictinas de Bastia.

Luego se les unió la hermana de Clara, Inés, y eran dieciséis hermanas las que se instalaron en San Damiano, en el mismo Asís, con una regla muy parecida a la de los frailes que Francisco escribió para ellas. La orden segunda se aprobó en 1215, Clara recibió el título de abadesa de San Damiano y las «señoras pobres», como se las llamaba, se extendieron por toda Europa. Las clarisas querían ser como mendigas para vivir sólo de limosna, y aun de limosnas de poca consideración, rechazando los panes enteros y sin aceptar más que mendrugos. Cuando el Papa quiso suavizar esas normas, Clara defendió apasionadamente su pobreza como otras hubieran luchado por conservar el mayor de los bienes.

Santa Clara rigió su comunidad cuarenta años con un espíritu de humildad, de fervor y de servicio que admira a sus biógrafos. A su muerte le asistieron León, Ángel y Junípero, tres de los más auténticos franciscanos, y fue canonizada muy pocos años después.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

11 de agosto. Santa Filomena (¿siglo II?)

Esta santa es una de las más improbables del calendario, siendo objeto de un recelo especial por parte de los hagiógrafos y la Congregación de Ritos suspendió su culto en 1961. ¡Se sabe tan poco de ella! En 1802 se descubrieron en la catacumba de Priscila los restos de una cristiana del siglo II protegidos por humildes tejas, con los símbolos habituales del ancla y la paloma y una inscripción: PAX TECUM FILOMENA, que la paz sea contigo, Filomena. Nada más.

Por suposición se creyó que era una mártir, sus reliquias se cedieron al pueblo de Mugnano, cerca de Nápoles, y allí fueron veneradas, atribuyéndose a la santa numerosos milagros. No obstante, la gran popularidad de que gozó Filomena se debió a la predilección que sentía por esta santa el cura de Ars, San Juan Bautista Vianney, quien en su parroquia hizo construirle una capilla especial y le atribuía todas las gracias extraordinarias que recibía, encomendándole que curase a enfermos y llevase a cabo otros prodigios.

Hoy somos más severos con ella que el santo párroco francés, pero tampoco existe una prueba decisiva de que aquella Filomena romana a quien se deseaba la paz hace dieciocho siglos, no fuese una santa, Santa Filomena, una cristiana cuya intercesión se manifiesta entre nosotros por la fe ardiente de las almas ajenas al estudio de la arqueología y de la historia. Por eso, le damos la bienvenida en el santoral.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

10 de agosto. San Lorenzo (… – 258)

El más famoso de los mártires antiguos: durante la edad Media hasta treinta y cuatro iglesias en Roma, tenían su nombre. La actual San Lorenzo in Panisperna se levanta sobre el lugar de su martirio. En España, El Escorial también se dedica a su recuerdo con la forma del instrumento de su suplicio, la parrilla.

Aragonés de Huesca, como San Vicente, Lorenzo fue en Roma uno de los siete diáconos del Papa Sixto II ocupándose de la administración de los bienes eclesiásticos y tenía a su cargo unas mil quinientas personas, entre pobres, ancianos, huérfanos y enfermos. Después de decapitar al pontífice, el emperador Valeriano le exigió que le entregase las riquezas de que disponía la comunidad romana, y al cabo de unos días el santo le presentó una turba de necesitados diciéndole: «Estos son los tesoros de la Iglesia».

Fue martirizado a fuego lento en unas parrillas y según San Ambrosio aún tuvo entereza para bromear, ese rasgo de humor negro tan hispánico, desafiando a los verdugos, a los que dijo: «Ya está asado, dale la vuelta y come». Venerado en toda Europa como mártir arquetípico, San Lorenzo es patrón de los pobres, de los bibliotecarios, bibliófilos y libreros, porque los libros sagrados se confiaban a la custodia de los diáconos, y naturalmente, protector de los que más expuestos están a los peligros del fuego, como los bomberos.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

9 de agosto. Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein) (1891-1942)

Nació hebrea en Breslavia, pero esta fe la abandona a los 14 años. Tras sus estudios universitarios y cautivada por el «volvamos a las cosas mismas» de Husserl, Edith se convierte en discípula del filósofo. En Gotinga el contacto con Max Scheler y Adolf Reinach, ambos colegas católicos, derriba los muros de sus prejuicios racionalistas para presentarle la fe.

Logra el doctorado en filosofía, pero por ser mujer se veta su condición de docente universitaria. Más tarde es vetada por ser judía. Pero su sed insaciable de verdad nadie puede impedírsela. La encuentra tras pasar una noche entera leyendo Vida de Santa Teresa de Jesús. Al terminar el libro exclama «¡Esta es la verdad!». Compra un catecismo y un misal, los estudia. A los pocos día acude a misa y pide bautizarse. Regresa a casa y lo cuenta: «Soy católica, mamá». Ambas lloran.

Traduce a Santo Tomás, da clases, publica estudios filosóficos y defiende la igualdad de la mujer. El 14 de octubre de 1933 ingresa en el Carmelo de Colonia. Sor Benedicta de la Cruz escribe el ensayo Ser finito y ser eterno y estudia a San Juan de la Cruz. Al estallar la II GM comprende su destino. «Ven, Rose, hagámoslo por nuestro pueblo», dice a su hermana también carmelita tomándola de la mano. Santa Edith Stein Muere en el campo de exterminio de Auschwitz.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol

8 de agosto. Santo Domingo de Guzmán (1171-1221)

Un joven escolar de Palencia, apasionado de los libros y del estudio, un día vende sus códices laboriosamente anotados para aliviar el hambre que hace estragos en la comarca. Se llama Domingo y es de Caleruega, al sur de Burgos. En la ciudad, quedan asombrados de aquel desprendimiento insólito en una época en que los manuscritos son bienes tan preciados.

Otra estampa más: siendo canónigo en la catedral de Osma, acompaña a su obispo en una misión a Dinamarca para concertar la boda del hijo del rey Alfonso VIII; la unión no se celebrará nunca, pero a su paso por Provenza los españoles se horrorizan ante el gran foco herético que hay allí, y se quedan en el Lenguadoc para convertir a los albigenses. Los príncipes quieren convertir por la espada. Domingo dando ejemplo de caridad y de probreza, con el rezo del Rosario y la persuasión.

Tras el paso de los años, empieza a cobrar cuerpo una orden de predicadores, sacerdotes de sólida formación intelectual, ligados con votos, viviendo en la pobreza y dedicados a la tarea de predicar y enseñar. El Papa aprueba la iniciativa en el 1216 y los dominicos se extienden por toda Europa. Su fundador, Santo Domingo de Guzmán, muere extenuado en Bolonia.

La estampa final se pinta en los frescos de la Capilla de los Españoles en Santa María la Novella de Florencia: allí vemos la gloria de la Iglesia militante y triunfante, servida por los Domini canes, los perros del Señor que, con hábito blanco, en honor de la Virgen, y capa negra, defienden con uñas y diente la fe contra los lobos de la herejía. Sus emblemas son una estrella y un perro con una antorcha en la boca.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol

7 de agosto. San Cayetano de Tiena (1480-1547)

Hijo de condes y natural de Vicenza, Cayetano tenía un gran futuro cuando estudiaba Derecho en la Universidad de Padua, y luego, tras recibir la indispensable tonsura, cuando era protonotario apostólico de la Curia romana en la época del Papa Julio II. Enzarzado éste en guerras y ambiciosas empresas de política, Cayetano se ordena a los treinta y seis años. Por entonces, se construye San Pedro del Vaticano, Miguel Angel pinta y Lutero está a punto de levantar su grito rebelde.

Pero Roma se queda estupefacta ante una piedad que no es frecuente entre los clérigos. Este santo celebra misa todos los días, recomienda que se comulgue a menudo, se mortifica y atiende a los necesitados. Con el obispo Caraffa, posteriormente Paulo IV, funda en 1524 una congregación de clérigos regulares, los teatinos (de Teate, nombre latino de Chieti, la sede de Caraffa), cuyo apostolado tiene por medios la misa, los sacramentos, la sencillez de la predicación y el cuidado de enfermos, pobres y presos.

La originalidad de la orden es que no pueden pedir limosna, fiándose de aquella Providencia que los puede entender sin que la hablen. El instituto crece con enormes dificultades, pero se desarrolla al tremendo impulso del que llamaban «el santo de la Providencia» o «el cazador de las almas». Extiende su labor a otros puntos de Italia y radicándose en Nápoles, allí muere una vez iniciado el concilio de Trento, a cuya orientación tanto había contribuido con su santidad.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

6 de agosto. Santos Justo y Pastor (… – 304)

Son los hermanos mártires de Alcalá de Henares, la antigua Complutum, que murieron durante la gran persecución de Diocleciano, cuando el prefecto Daciano recorría España y se esforzaba por ahogar en sangre los testimonios de fe. Vicente de Zaragoza, Eulalia de Mérida y tantos otros fueron víctimas suyas cuyos nombres perpetúa el santoral. Y también Justo y Pastor, dos niños de corta edad, se cree que de unos siete o nueve años, quizás degollados en las afueras de la población, donde hoy se levanta una basílica.

Dos corderos al cielo sacrifica,

primicias ya de innumerables santos

dice un soneto de Lope de Vega, cantor de los patronos de Alcalá y de toda la diócesis de Madrid, aunque su culto se propagó también por el resto de España e incluso más allá de los Pirineos. Prudencio en su Peristéfanon, Venancio Fortunato, San Isidoro, San Ildefonso y otros muchos nos dejaron encendidos elogios de estos pequeños mártires. De San Justo y San Pastor en realidad sólo conocemos su gesto, todo los demás es fervor y leyenda, retórica más o menos loable.

El hecho de que fueran unos parvulillos sin duda influyó en su popularidad, y entre miles de mártires anónimos ellos han traspasado la frontera de los siglos, negándonos más explicación que la que puede aportar su muerte, como si toda existencia, su verdad y su fe se concentrasen en el misterio de escoger el martirio para que hoy nos acordemos de ellos y de lo que significaron.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

5 de agosto. Santa Afra (… -304?)

Descrita como una joven de Augsburgo, en la Baviera, que al igual que toda su familia se dedicaba a comerciar con su cuerpo. Se dice que cuando la persecución de Diocleciano, Afra acogió en su casa a un obispo extranjero, San Narciso, creyendo que era un cliente más; el santo varón le aclara el motivo de su presencia allí, ella se convierte y cierra el burdel, lo cual provoca iras y una denuncia a las autoridades por cristiana.

¿Cómo es posible que sea prostituta y cristiana?, le preguntan, y le exigen sacrificios a los dioses. La respuesta es fría y razonable: Mi cuerpo ha pecado, que sufra las consecuencias, pero no corromperé mi alma con la idolatría. Fue quemada viva en una isla del río Lech.

Los Cielos no piden antecedentes de honorabilidad antes de abrir sus puertas. Santa Afra, la Africana, patrona de meretrices y arrepentidas, lo es también de las almas del Purgatorio porque murió en una hoguera, símbolo del fuego de las pasiones, entre cuyas llamas volvió a nacer como el Ave Fénix de sus cenizas.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.