Archivo de la categoría: Santoral

26 de abril. San Isidoro de Sevilla (560-636).

Su familia era hispanorromana y de Cartagena, pero él y los suyos, huyendo de los bizantinos, se instalaron en Sevilla, donde su hermano Leandro iba a ser arzobispo y terminaría, como Isidoro, siendo santo. Educado a la sombra de éste, Isidoro fue monje y luego abad de un monasterio, pero siempre atraído por la ciencia, la lectura, la escritura, en suma, los libros.

Alrededor del año 600, sucede a su hermano en la sede sevillana y casi eclipsa a tan ilustre antecesor. Preside concilios, el cuarto de Toledo, de enorme importancia, funda escuelas erige iglesias, es mentor de reyes y escribe muchísimo, consciente de que en sus manos puede estar la salvación de una cultura que nunca se disocia de la verdad divina. En sus Etimologías, vasta enciclopedia del saber antiguo que tanto se manejó en la Edad Media, los conocimientos se acumulan sin ningún afán de originalidad ni exhibicionismo, como un valioso y humilde pedestal de sabiduría humana que ha de acercarnos un poco más a las alturas del secreto de Dios.

Dante, el mayor poeta de todos los tiempos, dice en el canto X del Paraíso que ve «llamear el espíritu ardiente de Isidoro». Y así, flamígero, hombre de fuego en la palabra y en la acción, San Isidoro ha pasado a la historia como una gran luminiaria de piedad y de saber en siglos oscuros.

Fuente. La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

25 de abril. San Marcos (siglo I)

Judío de Jerusalén, sin duda helenizado, Marcos, sin ser uno de los apóstoles, perteneció al círculo de los primeros seguidores de Jesús. Quizás hable de sí mismo cuando cuenta en su evangelio el prendimiento de Jesús en Getsemaní y dice que «cierto joven le seguía envuelto en una sábana y trataron de apoderarse de él, más él dejando la sábana, huyó desnudo», rara anécdota que no se molesta en explicar.

Posteriormente, acompañará a Pablo y a Bernabé, su primo, a Chipre y a Asia Menor, hasta que por razones oscuras, abandona y vuelve a Jerusalén. Es la segunda vez que le vemos huyendo. ¿Cansancio, cobardía o discrepancia con la actitud de Pablo, quizá por se más fiel a la tradición mosaica? San Pablo, resentido, no le admitió en otro de sus viajes, pero él volvió a Chipre con su primo Bernabé. Luego viajará a Roma, junto al apóstol de las gentes, que le llama en sus cartas su «colaborador» y su «consuelo». Aunque Marcos estaba más cerca de Pedro, de quien será intérprete y portavoz en el primero de los evangelios. Por eso es patrón de notarios y escribas.

Más tarde fundó la iglesia de Alejandría y se supone que murió mártir, pero nada de ello se sabe con certeza. En el siglo IX unos mercaderes llevaron sus reliquias a Venecia, ciudad de donde es patrón, le erigió una grandiosa basílica y paseó por los mares su emblema de león alado. San Marcos pasó de antiguas huidas a grandes viajes de misión.

Fuente. La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

24 de abril. San Fidel de Sigmaringa (1578-1622)

Abogado que renunció al mundo para hacerse capuchino, Markus Roy, hijo del burgomaestre de Sigmaringa, era un joven muy inteligente que ya cursando sus estudios de Leyes en Friburgo de Brisgovia, llamaba la atención de todos por sus dotes intelectuales. Empezó a ejercer como abogado en Alsacia, pero tras tristes experiencias en su profesión la abandonó en 1612.

Como fraile, nuevas dudas, más atormentadoras aún: ¿no estaría desperdiciando los talentos que le había confiado Dios y de los que algún día se le pedirían cuentas? Markus, ahora Fidel de Sigmaringa, pide que se le encomienden misiones de predicación en tierras de protestantes, Suiza, Austria, sur de Alemania, fue elegido guardián de los conventos de Feldkirch y Friburgo, mostró abnegado heroísmo durante una epidemia de peste, y convirtió a muchos calvinistas con una caridad que desarmaba a sus adversarios.

Las guerras de religión no se hacían precisamente por medios caritativos, y en la campaña del archiduque de Austria, Leopoldo, por el país de los grisones, los misioneros eran blanco de las iras de muchos. San Fidel, conocidísimo en la región, poco después de bajar de un púlpito, fue asesinado de un mazazo y de una puñalada.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

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23 de abril. San Jorge (¿siglo III o IV?)

Junto con Santiago apóstol y el arcángel San Miguel es una de las figuras más belicosas del calendario, santo guerrero a quien acompaña el fragor del combate por la buena causa y que parece encarnar la dura frase del Evangelio «Yo no he venido a traer la paz, sino la guerra».

Su popularidad en todo el orbe cristiano es inconmovible: en Oriente, los griegos le llaman «el gran mártir», su culto se extendió muy pronto por la Europa occidental, las cruzadas contribuyeron en gran manera a difundirlo, y es aún el santo patrón de Inglaterra, Portugal, Cataluña y Génova.

San Jorge es el caballero que mata a un dragón para salvar a una doncella, y así lo ha representado durante siglos la iconografía, sereno y gallardo, con armadura, lanza y espada, aniquilando al monstruo en el que la fe ve el símbolo del Mal, para salvar a la princesa que es la Iglesia de Cristo. El pueblo fiel celebra jubilosamente la fiesta del caballero, eternamente juvenil como la primavera, el más bizarro de los santos, que nos trae la guerra por la salvación.

Fuente. La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol

22 de abril. San Sotero (… – 175)

Uno de esos lejanísimos papas de los primeros tiempos de los que muy poco se sabe y que raramente figuran en las enciclopedias, si acaso como una escueta mención en una lista general desde San Pedro hasta nuestros días. Sotero fue coetáneo de Marco Aurelio, el filosófico perseguidor de los cristianos, y reinó ocho años. Quizá sufrió martirio, pero no hay pruebas históricas.

Lo que sí resulta seguro es su oposición al rigorismo de Montano, quien, secundado por unas insensatas féminas, Maximila y Priscila, propagaba una herejía seudoangélica, según la cual, al suponer cercano el fin del mundo, había que exigir a todos que renunciaran obligadamente al matrimonio, buscaran el martirio y cuidaran de no caer en pecado grave: homicidio, adulterio o apostasía. Montano justificaba este irreal estado en que la Iglesia carecía de la facultad del perdón. Sotero, cuyo nombre en griego significa protector y salvador, protegió de ese inhumano disparate con la enseñanza evangélica del perdón inagotable, reafirmando un optimismo cristiano en el que la perfección no excluye la cordura.

San Eusebio de Cesárea nos cuenta también que «como padre que ama tiernamente a los suyos» San Sotero proporcionó «socorros abundantes a los santos», derrochando caridad con los pobres, que eran sus preferidos. La veneración de los fieles hacia este santo surge del sencillo compendio de la fe y de la caridad que muestra su figura.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

21 de abril. San Anselmo (1033-1109)

Doctor de la Iglesia y uno de los grandes teólogos medievales, Anselmo nació en Aosta y profesó como monje benedictino en la abadía normanda de Bec, de la que fue abad, y a la muerte de su gran amigo y compatriota, Lanfranco de Pavía, también originario de Bec, le sucedió como obispo de Canterbury. Su nombre se relaciona con la célebre prueba ontológica sobre la existencia de Dios. Asimismo, defendió la Inmaculada Concepción de la Virgen, por lo cual es con San Bernardo uno de los «capellanes» de Nuestra Madre y Señora.

Su personalidad estaba nutrida de paradojas; así, el monje piadosísimo, dulce y humilde, será de hierro en la enconada pugna con los reyes ingleses Guillermo II y Enrique I por la cuestión de las investiduras; por ello, fue desterrado en dos ocasiones y gracias a él, dicen que retrasó en varios siglos la separación de Roma. Y como teólogo, que es todo sensibilidad y calidez afectiva, será el primero, abriendo el camino a la escolástica, que requiera el uso de sistemático de la razón para completar la fe cristiana.

El místico es más duro que nadie cuando hay que serlo, el santo de las tiernas efusiones cordiales opina que es negligencia desdeñar las luces humanas, pues también son dones de Dios para iluminar la fe. San Anselmo murió en Canterbury sobre un lecho de cenizas.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

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20 de abril. Santa Inés de Montepulciano (1268-1317)

Agnese Segni forma con Catalina de Siena y Rosa de Lima el gran trío de las santas dominicas. Era toscana de nacimiento, entró en un convento a los nueve años y a los diecisiete era ya fundadora y superiora de una nueva comunidad en Proceno, cerca de Orvieto. Pero el nombre con que se la recuerda se debe a la fundación de Montepulciano, ciudad donde, sobre las ruinas de unas casas de lenocinio, en un lugar de pecadoras, sin nada, solo contando con la Providencia, junto con dieciocho doncellas funda un monasterio en el que iba a vivir el resto de sus días, poniéndose bajo la tutela de los dominicos.

Raimundo de Capua cuenta los prodigios que se vinculan con Santa Inés a su paso por la tierra: las flores que nacían donde ella se arrodillaba o el favor que le concedió la Virgen poniendo en sus brazos al Niño Jesús. Llevó una mortificada vida que iluminaron éxtasis, visiones y milagros.

Santa Catalina de Siena, que era muy devota de esta santa, hizo una peregrinación a su tumba, y en su Diálogo pone en boca de Jesucristo un conmovido elogio de Inés de Montepulciano: «La dulce virgen Santa Inés, que desde la niñez hasta el fin de su vida me sirvió con humildad y firme esperanza sin preocuparse de sí misma». Con pocas palabras queda resumida mucha santidad.

Fuente: La vida de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

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19 abril. San León IX (1002-1054)

Papa alsaciano de noble familia, Bruno de Egisheim-Dagsbur destacó como sacerdote por sus virtudes hasta el punto de ser conocido como «el buen Bruno», capellán de su primo el emperador Conrado II, más tarde obispo de Thoul y, por fin, elegido papa a mediados del siglo XI.

Muy activo y enérgico, León IX peregrinó por media Europa corrigiendo abusos, oponiéndose a herejías, defendiendo la supremacía pontificia, impulsando la reforma de Cluny, sentando las bases de lo que será el Derecho canónico y llamando a su lado como canciller al gran Hildebrando.

Una trayectoria ejemplar de padre que defiende la pureza de la fe y de las costumbres, y la independencia de la Iglesia interviniendo en la política mundial para poner paz con un talante de bondad evangélica que desarmaba a sus mismos enemigos. Un gran papa, pero su trayectoria se vería empañada por la imprudencia, el fracaso y el error de la polémica iniciada con el patriarca de Constantinopla que conduciría después de su muerte al cisma de Oriente, y su desafortunada guerra defensiva contra los normandos en el sur de Italia concluyó con una derrota y con el cautiverio del propio San León IX.

Fuente. La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

18 de abril. San Perfecto (… – 850)

Primero de los mártires de la Córdoba califal, reinando Abderramán II, Perfecto tuvo como biógrafo a San Eulogio, quien lo presenta así: «Presbítero de venerable memoria, cordobés, instruido en la basílica de San Acislo, muy versado en las ciencias eclesiásticas, bien impuesto en las letras humanas y bastante docto en la lengua de los árabes».

Iba Perfecto por las calles de Córdoba cuando unos musulmanes le detuvieron para hacerle preguntas acerca de Jesucristo y de Mahoma. El expuso elocuentemente el poder divino de Cristo, diciendo que era Dios de todos, pero para no ofender a sus oyentes prefirió callar su opinión sobre el Profeta. No obstante, ante la insistencia de los interrogadores, les dijo finalmente lo que pensaba de Mahoma: un embustero dado a los falsos ritos y esclavo de los deleites carnales.

Fue llevado ante el cadí, juez mahometano, que aunque honrado y virtuoso, pero a causa de la denuncia, no tuvo más remedio que condenarle a muerte, siendo decapitado un 18 de abril al otro lado del Guadalquivir, en el llamado Campo de la Verdad. Nombre adecuadísimo para este mártir tan sincero como imprudente al que hoy en nuestra listeza llamaríamos tonto. San Perfecto nos interpela con un ejemplo que los listos no solemos seguir: El de un hombre que cuando abre los labios sólo sabe decir la verdad.

Fuente. La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

17 de abril. San Esteban Harding (1050-1134)

Inglés, del condado meridional de Dorset, formado en la abadía de Sherborne, Esteban Harding pasó al continente siendo muy joven y se hizo monje en Molesme, en la Borgoña, donde San Roberto buscaba fórmulas de observancia más estrictas de la regla benedictina. Insatisfechos con los resultados, Esteban, Roberto y otros se trasladaron a Citeaux, no lejos de Dijon, para fundar una nueva comunidad. Así, nacería el Císter, los monjes de hábito blanco por contraste con el negro del entonces floreciente hasta el anquilosamiento de Cluny.

En 1109 San Esteban fue durante veinticinco años el tercer abad del Císter, siendo maestro de un novicio, San Bernardo, que daría horizontes más amplios al ideal cisterciense. Redactó la Carta de caridad, una nueva regla que lleva su sello personal, con una espiritualidad austera y exigente.

«Siempre alegre en el Señor», según dice de él su primer biógrafo, es el santo que en toda situación sabe estar en su sitio; buscando mayor rigor y perfección cuando el alma lo pide, gobernando cuando hay que gobernar, eclipsado en cierto modo por el brillo genial de San Bernardo, con la humildad sin lucimiento al servicio de Dios.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.