Archivo de la categoría: Santoral

16 de abril. Santa Bernadeta de Soubirous (1844-1879)

El jueves 11 de febrero de 1858 su madre la envía a recoger leña a orillas del Gave acompañada por su hermana menor y la amiga de ambas, Jeanne Abadie; es entonces cuando la niña, de catorce años, débil complexión y sufriendo asma, ve a una bella Señora en la gruta de Massabielle. «Soy la Inmaculada Concepción», le dirá la Virgen. Es la primera de las dieciocho apariciones que se sucederán hasta el 16 de julio.

Empieza un calvario de desconfiados interrogatorios, amenazas, coacciones e insultos. Bernadette lo resiste todo con una dignidad y una paciencia que acaban por impresionar a sus jueces; hasta que Lourdes se convierte en un hecho de dimensiones universales. A los veintidós años ella se retira a convento de las hermanas de la Caridad de Nevers convirtiéndose en sor María Bernarda. Continúan importunándola («Vienen a verme como un bicho raro»), pero la hija del humildísimo molinero Soubirous será una monja más, siempre luchando contra el asma («Mi trabajo es estar enferma»), hasta que muere tras una dolorosa enfermedad a los treinta y cinco años.

La privilegiada Santa Bernadeta desaparece en seguida en lo oscuro mientras Lourdes pasa a ser el mayor centro de peregrinaciones de los tiempos modernos, dejando toda la luz, la gran estela de milagros, para la Virgen; ella se oculta en la insignificancia y muere besando el crucifijo para vencer su miedo a la muerte «¡Cuánto se tarda en llegar al Cielo»!

15 de abril. San Telmo (1190-1246)

Por su nombre y apellidos, Pedro González Telmo, apenas se le reconoce, pero llamándole simplemente San Telmo en seguida se recuerda a un santo de gran devoción entre la gente del mar, que dicen ver su figura en las ráfagas luminosas que aparecen durante las tormentas sobre los mástiles.

Fue hombre de tierra adentro, leonés, quizá de Astorga. Hizo brillantes estudios en la Universidad de Palencia, y, bajo la protección de su tío el obispo, se ordenó sacerdote para ser posteriormente, canónigo y deán. En suma, un eclesiástico con buen rumbo, y por ello, muy presumido. Un día de Navidad, cuando formaba parte de una cabalgata entre la admiración de los palentinos, su caballo resbaló en la nieve y Pedro acabó en el fango en medio de la rechifla general.

Este episodio de vanidad humillada, en el que la arrogancia y su lujo tienen una especie de camino de Damasco, le hizo reflexionar, ingresó en un convento y, una vez convertido en el más humilde de los frailes, fue por obediencia un gran predicador itinerante de su orden. Aún tuvo tiempo de estar con las tropas de San Fernando en las campañas del sur. Recorrió Castilla, Portugal y Galicia. Se asentó en Tuy, donde murió después de dedicarse al apostolado de los marineros. Su tumba en la catedral de la villa gallega obró infinitos milagros.

Fuente. La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

14 de abril. Santa Liduvina (1380-1433)

La más paciente de todo el santoral y con una biografía terrible que espeluzna, Liduvina (Lidvina, Lydvid o Lidia), era de Schiedam, cerca de La Haya. De padres pobres y con ocho hermanos. Hasta los quince años parece que gozó de una salud normal, pero a partir de un accidente en el que se rompió una costilla, se acumularon en su pobre cuerpo todas las desgracias imaginables: llagas, calenturas, huesos desencajados, fortísimas jaquecas, continuos vómitos de sangre, dolores por todo el cuerpo… un largo martirio sin tregua, inmovilizada en el lecho.

La que había sido una atractiva jovencita no era más que piel y huesos, la cara cenicienta y tumefacta por las lágrimas, en un quejido incesante sin que los médicos acertasen a aliviarla. Un sacerdote le indicó cual creía que era su misión, sufrir para completar la Pasión de Cristo, y desde entonces sus tormentos se transfiguraron espiritualmente.

El venerable Tomás de Kempis y otros de sus primeros biógrafos describen sus milagros, profecías y visiones, y ella misma decía que se olvidaba de su penoso estado cuando veía el rostro del ángel de la guarda, lo cual la hacía suponer cuál no sería la hermosura del rostro de Dios. Sus reliquias están en Santa Gúdula de Bruselas.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol

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13 de abril. San Hermenegildo (… – 585)

Hijo del rey Leovigildo, Hermenegildo era gobernador de la Bética en 573 cuando influido por su mujer y por el arzobispo San Leandro, abjura del arrianismo y se hace católico. Luego, se rebela contra su padre, pide ayuda a los suevos y a los bizantinos, y se titula rey. Los aliados le abandonan, Leovigildo toma Sevilla, Hermenegildo cae en sus manos y, tras resistirse heroicamente a renunciar a su fe, es asesinado en Tarragona.

En tan remoto laberinto, sólo se advierte una luz clara; alguien muere por la fe de la Iglesia. Así lo proclama mil años después Sixto V al canonizar a San Hermenegildo, y Góngora apela a toda la fastuosidad de su lenguaje para describir la gloria celestial del mártir: «En tanto que tú alcanzas ver a Dios, vestir luz, pisar estrellas».

Fuente. La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

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12 de abril. San Sabas el godo (… – 372)

Al parecer, Sabas fue lector en la iglesia, no debía ser considerado como una lumbrera. Cantaba y decía los oficios del culto divino, pero no era muy elocuente en palabras. Sí, en cambio, en testimonio, en ejemplo.

Durante una persecución fue prendido y soltado al poco tiempo por juzgársele persona insignificante; no valía la pena ensañarse con un infeliz como él, de cortas luces y de muy escasa instrucción. Un don nadie en la comunidad cristiana de aquella turbulenta tierra del norte del Danubio, posiblemente Tirgoviste, en la actual Rumania.

Prendido por segunda vez le azotaron y al ver que su actitud era de mansedumbre y de alegría, una fe tan elocuente exasperó a sus verdugos que le torturaron hasta dejarle por muerto. Una piadosa mujer le desató de noche y le llevó a su casa, pero volvió a caer en manos de sus perseguidores. Se le exigió que comiese manjares sacrificados a los ídolos a fin de que se convirtiera en un apóstata. San Sabas Se negó y aceptó el martirio. Se le ató a un tronco y murió ahogado en el río Buzau.

Fuente. La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

11 de abril. San Estanislao de Cracovia (1030-1079)

De origen polaco, estudió en París, regresó a Polonia y una revolución interior cambió sus planes de saber y conocimiento. Estanislao se ordenó sacerdote y más tarde, en 1072, fue elegido obispo de Cracovia.

Desde su diócesis, tuvo que enfrentarse al rey Boleslao II el Atrevido, de vida desordenada, de vicios monstruosos, para quien no había depravación ni atropello que no considerase lícito. El obispo le amonestó una y otra vez, siendo por ello objeto de escarnios y humillaciones. Como aquel no se doblegaba ante el poder regio, provocó la cólera de éste que hacía temblar a toda Polonia. Cuando Boleslao fue excomulgado, se dio la orden de matar al insolente que desafiaba su poder. Nadie se atrevió a cumplir los deseos del monarca, siendo éste mismo quien dio muerte al prelado.

San Estanislao murió ante el altar, estaba celebrando misa en la iglesia de San Miguel de Cracovia. Su cadáver, lleno de sangre y despedazado a golpes de espada, se expuso como escarmiento en plena calle. El asesino partiría después hacia el destierro, donde murió. El mártir, nueve siglos después, permanece en la memoria de los polacos como símbolo de la verdad indomable que no se silencia y que hace libres a quienes la proclaman.

Fuente. La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol

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10 de abril. San Dimas (siglo I)

Es el Buen Ladrón, crucificado a la derecha de Jesús en el Gólgota. Dimas, patrón de los ladrones, debió de ser alguien poco recomendable, un salteador de caminos, un criminal; desde luego un individuo del que desconfiaríamos y al que no invitaríamos a nuestra casa. Y esto es, precisamente, lo que hace Jesús, invitarle a su casa: «Hoy estarás conmigo en el Paraíso».

Para ello bastó arrepentirse, reconociendo que era justo su castigo, y pedírselo al Señor: «Acuérdate de mi cuando llegues a tu reino». ¡Qué oración tan sencilla, tan pura! Dimas no pidió nada terrenal, a diferencia del otro ladrón, Gestas, no pide que se le salve de la cruz. Dimas tampoco invocó ningún merecimiento personal, como acostumbramos a hacer en nuestras plegarias.

San Dimas, el bandolero ajusticiado, que inspiraría horror o tal vez compasión a cualquier cristiano honorable, resulta que sabe rezar mejor que nosotros. Y Jesús, que aún en su agonía seguía abriendo corazones, primero el de Dimas, luego el de Longinos, le promete a aquél lo que no prometió a nadie tan explícitamente, la gloria eterna. Por saber pedir, cuando todo estaba perdido, con infinita humildad y con gozosa esperanza.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

9 de abril. Santa Casilda de Toledo (siglo II)

Se supone que era hija del rey moro de Toledo, Aldemón o Almamún. Casilda, adaptación castellana del árabe «Casida», era una princesa muy compasiva que se apiadaba de la suerte de los cautivos cristianos. La tradición cuenta que daba de comer a los presos llevándoles comida en los pliegues de su vestido. Al sorprenderla su padre y preguntarle qué ocultaba entre sus ropas, ella dijo que rosas, y en flores se convirtieron las viandas. Así la inmortalizó Zurbarán en un bello lienzo.

Era ya cristiana de corazón por el trato con aquellos cautivos, pero ¿cómo iba a bautizarse en Toledo? Comenzó a padecer flujos de sangre que ningún médico acertó a curar. Una voz del cielo dijo a Casilda que sólo sanaría bañándose en el lago de San Vicente que hay en tierras de Briviesca. Aldemón consintió el viaje de su hija y ésta tras bañarse y sanar su mal, se bautizó e hizo construir una ermita en aquel mismo lugar donde vivió santamente hasta su muerte.

«La virgen mora que vino de Toledo», muy venerada en Burgos, reposa en aquel cerro que domina un valle, lugar de peregrinación durante siglos y que no deja de frecuentar la piedad de nuestros contemporáneos. Santa Casilda se invoca contra el flujo de sangre, y dicen que basta que una mujer pruebe las aguas del lago y eche una piedra en él para tener asegurada la descendencia.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol

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8 de abril. San Dionisio de Corinto (siglo II)

Mucho menos vistoso y popular que su homónimo de París, de éste San Dionisio sólo sabemos que fue griego, obispo de Corinto hacia el año 171 y que escribió varias cartas pastorales, algunos de cuyos fragmentos hoy se conservan.

Destacó por sus dignidad episcopal y por su encendido celo por comunicar la verdad, por escribir y escribir. Escribió a los lacedemonios con el título de La paz y la unidad sobre la doctrina católica; a los atenienses sobre la vida evangélica que deben observar, a la iglesia de Nicomedia contra las herejías de Marción, y también a los cristianos de Candía y del Ponto.

No solo se ocupó de los fieles de su diócesis, sino también exhortaba a los de regiones más apartadas, considerándose a sí mismo responsable de ellos. Apóstol sin fronteras que viaja sin moverse de Corinto por obra de la pluma y el papel, su voz se oye en todo el Mediterráneo para que sea mar de nuestra fe.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol,

7 de abril. San Juan Bautista de la Salle (1651-1719)

Hijo de un magistrado de Reims, con quince años, a Juan le regalan una canonjía para que disfrute de una buena carrera eclesiástica. Pero el joven se ordena sacerdote y empieza a complicarse la vida. Se pone a trabajar en escuelas populares, enseñando a los pobres de los que nadie se ocupaba. Funda la congregación de Hermanos de la Doctrina Cristiana. Pero eso ya es demasiado, ha ido peligrosamente lejos según su familia, que ve defraudada sus esperanzas de que fuera ascendiendo cómoda y seguramente los peldaños de la cumbre de la diócesis.

La oposición que recibe es violenta, con pleitos, calumnias, persecuciones, ataques… Hay que hacer frente a la rivalidad de los que tienen por profesión la enseñanza. Incluso la autoridades eclesiásticas le ponen trabas y sufre desaires de su obispo. Para sacar adelante aquella empresa, que necesitaba mucho dinero, San Juan Bautista de la Salle, comete el absurdo que caracteriza a la santidad: renuncia a lo material; renuncia a la canonjía y a sus bienes personales: O su obra se pone exclusivamente en manos de Dios o no es de Dios.

Con ese despropósito tan humano, pero tan divino, se hace tan pobre como sus compañeros a los que quiere ayudar. ¿En quién hay que confiar, en el dinero o en la voluntad divina? ¿Hay que vivir por sí mismo o por otro? Por algo es el patrón de los educadores: dar todo lo que tiene a los demás.

Fuente. La casa de los Santos. Un santo para cada día. Carlos Pujol.