4 de septiembre. San Moisés (siglo XIII a. de C.)

Figura capital del Antiguo Testamento. Depositario de la promesa, fuerte varón que aguanta sobre sus hombros la Ley. Profeta, guerrero, legislador y libertador. El que habla con Dios en las tempestuosas alturas y saca al pueblo elegido de la esclavitud en medio de prodigios estupendos.

Dios ha elegido a aquella gente entre todas las razas, la guía y la protege, la hace libre y le anuncia cosas inimaginables. pero ellos murmuran y se quejan: «Al menos cuando éramos esclavos en Egipto comíamos todos los días». Echan de menos el cautiverio. A Moisés esta debilidad, mediocridad y cobardía le sublevan. Es un titán airado y sublime que sujeta las Tablas de la Ley que recibió en el Sinaí. Es un caudillo con una talla moral muy superior a la de la mayoría de los israelitas que le sigue.

Y como siempre la santidad está marcada por un intenso contraste para recordarnos lo que somos, y San Moisés morirá contemplando la tierra prometida desde el otro lado del Jordán. «Verás de lejos la tierra, pero no entrarás en la tierra que voy a dar a los israelitas». El signo final y humano de este gran capitán es la frustración. Dios permite que lo pueda todo salvo lo que más deseaba, y antes de ver a su Señor sin velos conoce el sabor del fracaso.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

3 de septiembre. San Gregorio el Grande (540-604)

Todo parece derrumbarse: El Tíber se desborda, la peste diezma la ciudad, brotan las herejías por todas partes, desde el norte los lombardos amenazan con engullir Italia entera y los bizantinos resultan amos orgullosos e incómodos. Roma, humillada y desmoralizada, entre ruinas y grandes recuerdos, cree ver acercarse su final. Pero el pueblo elige por aclamación a un papa y santo llamado Gregorio.

Tiene cincuenta años, de familia patricia, perfectus Urbis, pero lo deja todo para hacerse benedictino. Más tarde será nuncio de Constantinopla, buena experiencia de la tortuosa diplomacia de Bizancio. Cuando lo eligen Papa, su primera reacción fue sobornar a unos mercaderes para que le ayuden a huir de Roma. No hay escapatoria. En estos tiempos de desolación y catástrofe («este mundo es una antorcha ya apagada» nos dice) será un Papa tan grande que adopta el título de «siervo de los siervos de Dios» para subrayar la humildad servicial del que ocupa la Silla de Pedro, y que rige la Cristiandad de un modo firme, inteligentísimo y eficaz.

Pacta con la fuerza bruta de los lombardos y para los pies a la altivez de Constantinopla, sofoca cismas, manda misioneros a Inglaterra, socorre a los desvalidos, exige piedad y pobreza a los religiosos, adoctrina a los fieles y ejerce muy bien la autoridad. Aunque su nombre va unido al canto llamado «gregoriano», sin embargo en la historia de la santidad San Gregorio el Grande representa sobre todo la primacía de lo espiritual que conlleva el secreto de manejar admirablemente las desdeñadas cosas terrenales.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

2 de septiembre. Santa Teodora de Alejandría (¿Siglo V?)

En su ciudad natal de Alejandría de Egipto, Teodora era una dama irreprochable de costumbres hasta que la tentó con su pasión un joven que al no conseguir sus propósitos recurrió a una vieja hechicera endiablada que con sus falsas razones la engañó y pervirtió para que consintiese. Tras el pecado, quedó tan triste y afligida que sólo pensó en hacer penitencia.

Se vistió de hombre y se fue a un monasterio donde suplicó al abad que la admitiese para purgar sus culpas. Allí, con el nombre de Teodoro, admiró a todos por el rigor de sus mortificaciones. Sin embargo, la moza de una posada cercana al monasterio acusó al falso monje de ser el padre del hijo que ella había tenido con un viajero. Teodora no quiso negarlo y el abad expulsó al supuesto monje. Ella se hizo cargo del niño y lo crió en soledad.

Siete años después se la volvió a admitir en la comunidad, aunque sin permiso para salir de su celda. Allí murió la penitente Santa Teodora y entonces, ante el estupor general, se descubrió su verdadera condición femenina. El niño que ella crió llegó a ser con el tiempo abad del mismo monasterio.

Fuente. La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

1 de septiembre. San Josué y San Gedeón (Antiguo Testamento)

Dos caudillos que consiguen grandes triunfos para el Pueblo de Dios. Josué, el casto varón según las Escrituras, acumula prodigios victoriosos gracias a la Ayuda del Altísimo; Gedeón, juez de Israel, es el vencedor de los madianitas. En ambos casos las batallas las gana Dios, los hombres sólo contribuyen con su fe, a la que secunda el esfuerzo.

Josué derriba las murallas de Jericó con cánticos y detiene el curso del sol para que los suyos puedan imponerse al enemigo. Hay que dar vueltas a la ciudad cantando, hay que librar la batalla, pero es Dios quien hace el prodigio. La historia de Gedeón es aún más asombrosa. A Yavé le sobran tropas: «Es demasiada la gente que tienes contigo para que Yo entregue en tus manos a Madián, y se gloríe luego Israel contra mí diciendo: Ha sido mi propia mano la que me la librado». Yavé da todas las facilidades para que los combatientes abandonen, los selecciona hasta quedarse sólo con trescientos soldados de los treinta y dos mil iniciales. Así no cabe duda de quién gana la batalla. El Dios de Israel se ríe de las estadísticas, escarnece el cálculo de probabilidades, pisotea la lógica, no cree en el número, en la cantidad tranquilizadora, sino en la calidad de la fe de las almas. Esta calidad es patente en San Josué y San Gedeón.

Quizás en el número, en lo cifrable hay siempre una tentación diabólica, la de la seguridad humana, ¿Cuántas divisiones tiene el Papa? pregunta Stalin, pregunta diabólica y en el fondo necia, como todo lo diabólico.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol

31 de agosto. San Ramón Nonato (1200-1240)

Lleva un extraño sobrenombre, «el que no nació «, que parece significar «el que no existe», porque se le extrajo del vientre de su madre ya muerta. Por eso es el santo patrón de las parteras y comadronas, las que ayudan a nacer y luego se eclipsan porque ya no son necesarias. En la Cataluña de principios del siglo XIII, Ramón será un hombre oscuro por las circunstancias, alguien que no está destinado a brillar, sino a cumplir una misión sacrificadísima y silenciosa. Po ello se sabe poco de él, pareciendo una humilde sombra que se oculta a sí mismo, una existencia poco vistosa, casi malograda.

Después de ingresar en la orden de la Merced, se dedica a redimir cautivos de manos de los piratas berberiscos, lleva su celo hasta el punto de quedarse en rehén cuando falta el dinero, y en las cárceles del norte de África se le apalea y se le cierra la boca con un candado para impedirle predicar su fe.

Por fin, cuando llega su rescate, puede regresar y el Papa Gregorio IX le crea cardenal, reconociendo sus virtudes y su caridad heroica, pero va a morir muy pronto, antes de cumplir cuarenta años, sin tiempo siquiera para acudir a Roma. Dícese que a falta de sacerdote, el propio Cristo le administró el viático, premiando así su gran amor eucarístico. A San Ramón se le suele representar con una custodia en la mano derecha.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

30 de agosto. San Pamaquio (340-410)

Curiosa figura de seglar que gira en la órbita de San Jerónimo, de quien fue compañero de estudios en Roma, Pamaquio, fue miembro del senado, inmensamente rico, con grandes propiedades en el norte de África, parece que cristiano desde siempre y primo de Marcela, una de las damas del Aventino que dirigía el santo.

Contrajo matrimonio con Paulina, una de las hijas de Santa Paula. Años después la esposa moría de sobreparto y el viudo Pamaquio recibió dos cartas de pésame escritas por San Paulino de Nola y su antiguo condiscípulo San Jerónimo. Por éste sabemos que dedicaba sus riquezas a obras de caridad: «Me entero de que has edificado en el puerto romano un albergue para forasteros».

Pero «por el paterno amor con que te amo», le recuerda que «no se trata sólo de ofrecer a Cristo tu dinero, sino a ti mismo. Fácilmente se desecha lo que sólo se nos pega por fuera, pero la guerra intestina es más peligrosa, si ofrecemos a Cristo nuestros bienes con nuestra alma, los recibe de buena gana, pero si damos lo de fuera a Dios y lo de dentro al Diablo, el reparto no es justo». A San Pamaquio, ese gran señor, creyente y caritativo, que quizá reserva para sí el último reducto de la intimidad, Jerónimo le previene contra el orgullo, y le aconseja más que dar, darse.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

29 de agosto. Pasión de San Juan Bautista (siglo I)

El tetrarca Herodes había encarcelado a Juan el Bautista porque éste le reprochaba que viviese con Herodías, la mujer de su hermano Felipe, pero no le había hecho matar quizá temiendo la reacción de sus súbditos que lo tenían por profeta. Hasta que llega la gran escena que la literatura, las artes plásticas y la música se han complacido en adornar, trenzando estéticamente un manojo de pasiones: miedo, rencor, venganza, orgullo, lujuria (Juan está en el centro de este torbellino, pero solo como un eco que no calla, encadenado en una mazmorra, pero obsesionando a todos). En el cumpleaños del tetrarca, su sobrina Salomé danza para él y, entusiasmado, Herodes jura darle lo que le pida.

Y así comienza el drama que relatan escuetamente, sin comentarios, dos evangelistas, Marcos y Mateo, y del que el historiador Flavio Josefo trata también. Herodías hace que su hija pida la cabeza de Juan en una bandeja de plata, y el verdugo presenta el trofeo, aún sangrante. El cuerpo del Bautista es arrojado a un barranco de donde lo recogen sus discípulos para darle sepultura. La fiesta sigue.

Herodes, Herodías y Salomé siguen sus vidas. San Juan Bautista, una vez cumplida su misión de anunciar a Cristo, desaparece en este horrible episodio en el que el poder y el placer se quitan súbitamente la máscara consiguiendo un simulacro de triunfo que también utiliza a su modo la Providencia.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

28 de agosto. San Agustín de Hipona (354-430)

El más próximo de todos los Santos. El más humano porque vibró con todas las pasiones, inquietudes, curiosidades y anhelos de los hombres. Tal vez, la mayor inteligencia del santoral, así como su pluma más sensible y expresiva. Sólo hay un Agustín en toda la historia del mundo.

Africano de Tagaste, como su madre, Santa Mónica, muy pronto destacó por su especial talento, «muy elocuente y doctísimo», fue zarandeado por las tentaciones de la carne (vivió catorce años con una concubina con la que tuvo un hijo, Adeodato). Sus búsquedas intelectuales le hicieron extraviarse en el maniqueísmo, y cuando se traslada a Italia, como profesor de retórica en Roma y Milán, está confuso y atormentado. Su conversión, en la que influyeron su madre y San Ambrosio, contada inimitablemente en sus Confesiones, uno de los libros capitales de la Humanidad, le devuelve a África, donde funda un monasterio en el que vive un tiempo, luego el sacerdocio, se le elige obispo de Hipona, y como tal será durante treinta y cuatro años una de las lumbreras mayores de la Iglesia.

Interviene en concilios combatiendo las herejías más variadas, predica, es solícito con su grey, se ocupa de los pobres, administra justicia, aconseja a los dudosos en sus cartas, se muestra ejemplar en su vida y acude con sus escritos donde hace falta una visión profunda y espiritual de las cosas (como en su Ciudad de Dios). San Agustín, gran doctor de la Iglesia, es un genio que mezcla la claridad de la altura con un temblor humano que le hace fraternal.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

 

27 de agosto. Santa Mónica (331-387)

Es la madre de San Agustín, quien en su gran libro de las Confesiones hace una emocionada descripción de Mónica. El santo, pecador y converso, no hubiera sido lo que fue sin ella, quien «tenía un corazón excepcionalmente bueno». La Iglesia honra en ella a todas las madres cristianas.

Nacida en Tagaste, hoy Argelia, de padres cristianos, casó con un pagano llamado Patricio, que la hizo sufrir mucho con sus infidelidades y brutalidad. Pero con humor, que también es virtud, y paciencia conquistó el «respetuoso afecto y la admiración de su marido», quien se hizo bautizar antes de morir.

El mayor de sus tres hijos, Agustín, era un joven brillantísimo y de inteligencia privilegiada, sin embargo, desesperó a su madre al verle perderse en la herejía maniquea y tomar una concubina. En el 383 madre e hijo viajan a Italia, y en Milán, gracias a San Ambrosio, se produce la tan esperada conversión. Santa Mónica no tardará en morir («mis esperanzas en este mundo ya se han cumplido»), y en las Confesiones el hijo narra el coloquio final de ambos en Ostia, junto al Tíber, «solos ella y yo frente a una ventana que daba al jardín de la casa donde vivíamos». El pintor romántico francés Ary Scheffer retrató la escena de aquel diálogo de alta espiritualidad con una belleza melancólica pues la madre estaba al borde la muerte.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

Las apariencias engañan

Es opinión muy extendida afirmar que España lleva camino de parecerse a la Venezuela del tirano Maduro. Sí es cierto que la patrimonialización del poder perpetrada por el sanchismo sobre instituciones cruciales en un sistema democrático, además de corromper la democracia y el Estado de Derecho, está restando legitimidad de ejercicio al Gobierno y situándolo en los umbrales del autoritarismo. Asimismo la designación por el propio Sánchez, de personas de su absoluta confianza, en suma, de amiguetes para ocupar cargos sin ostentar la necesaria preparación, se revela como un rasgo inherente a regímenes alérgicos a los controles democráticos.

Sin embargo, una diferencia muy relevante entre Venezuela y España consiste en que allí todos levantan la misma bandera y hablan un idioma común. Allí no padecen los gérmenes disolventes que debilitan la vida nacional. No, en Venezuela no se cuestiona la unidad nacional. En España sí hay separatistas que pretenden la independencia territorial. De consumarse el pacto fiscal entre Sánchez y ERC, surgiría una relevante distinción más entre el país hispanoamericano y nosotros: la desigualdad entre españoles por razón territorial, y no por razón ideológica como ocurre en Venezuela. Maduro ha creado una gran desigualdad entre los venezolanos: los poderosos, sus seguidores, y los menesterosos, sus opositores.

Con el concierto catalán, Sánchez creará una desigualdad muy singular: los ricos y los pobres. Rico será un catalán que vote a VOX. Y pobre será un votante sanchista que resida en Extremadura o Andalucía, por ejemplo. La discriminación sería mayor para las minorías sexuales: Un tranx gerundense gozaría de privilegios a los que no podrá acceder un tranx de Cáceres. Claro, que no sabemos cómo viven los tranx en la Venezuela de Maduro.