Archivo por meses: mayo 2024

22 de mayo. Santa Joaquina de Vedruna (1783-1854)

Barcelonesa, nacida en la calle Hospital, no lejos de las Ramblas, y bautizada en Santa María del Pino, iglesia de San José Oriol, a los doce años Joaquina quiere hacerse carmelita, pero no la aceptan por su corta edad. Su vida será muy diferente, y en 1799 casa con Teodoro de Mas, hacendado de Vic y procurador de los tribunales.

Siguen diecisiete años de matrimonio, durante los cuales nacen ocho hijos (cuatro hijas serán religiosas de clausura), y en el curso de la guerra de la Independencia, en la que su marido participa activamente, corre grandes peligros y ha de ocultarse en el macizo de Montseny. Tras enviudar, piensa de nuevo en retirarse al claustro, pero bajo la dirección de un capuchino, fray Esteban de Olot, da un rumbo inesperado a su vida y funda una orden para la enseñanza y la asistencia a los necesitados, las Carmelitas de la Caridad, que desde 1826 se extiende por toda España a pesar de la persecución de ciertos ambientes liberales. Incluso, Joaquina conocerá la cárcel: «Unos días de retiro sentarán muy bien a mi alma».

Durante la guerra carlista la comunidad es disuelta y ella tiene que exiliarse a Francia sin recursos. «Viviremos a costa de la señora más poderosa que hay en el mundo, la divina Providencia». En 1843, retorna a España y restaura la Orden. A su muerte en la Casa de Caridad de Barcelona, víctima del cólera, Santa Joaquina había fundado una treintena de casas con más de trescientas monjas. Fue canonizada por Juan XXIII en 1959.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

21 de mayo. San Hospicio de Niza (siglo VI)

Santo eremita «vestido de áspero cilicio, rodeado de cadenas de hierro y atado a una de ellas dentro de una torre, comiendo sólo un poco de pan con dátiles y algunas raíces de hierbas, y bebiendo sólo agua», así nos habla un hagiógrafo sobre San Hospicio. Junto a la torre había un monasterio que, a pesar de tener un prior, se regía por los consejos espirituales de aquel siervo de Dios, admiración de la ciudad entera y de toda la comarca, que no eran otras que Niza y lo que hoy llamamos la Costa Azul.

La región sobre la que actuó el santo no suele evocar penitencias duras y heroicas, y es posible que ya en aquel lejano siglo los nizardos no se distinguiesen por la práctica de las más altas virtudes. De hecho, según San Hospicio, tenían muy enojado a Dios con su «infidelidad, poca reverencia a los templos, poco amor a los pobres y otros vicios infinitos». De ahí que profetizara la llegada de unos bárbaros que iban a destruir la ciudad y sus alrededores como castigo divino. Los longobardos hicieron realidad el anuncio del eremita, quien desde su torre y encadenado como siempre predicó a los invasores, convirtiendo al parecer a no pocos de ellos.

El extremo de la península de Cap Ferrat lleva aún su nombre, pero, ¿qué pensará hoy San Hospicio en su gloria de sus paisanos de Niza, de la Costa Azul y de los nuevos bárbaros que acuden, más o menos pacíficamente, a broncearse al sol del sur?

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol

20 de mayo. San Bernardino de Siena (1380-1444)

Es el gran predicador que no quiso ser obispo porque decía «toda Italia es mi diócesis». Bernardino iba de un lado a otro hablando a las gentes en iglesias, plazas públicas, al aire libre, reuniendo a multitudes que le escuchaban durante cuatro o cinco horas. Se negaba a escribir, a confesar, lo suyo era la palabra de Dios.

Este franciscano de desastrado aspecto había nacido de una noble familia sienesa, los Albizzeschi, y antes de hacerse fraile había sido un heroico cuidador de enfermos durante la peste de 1400. Luego, repartió sus bienes entre los pobres y abrazó la vida de los más estrictos seguidores del Santo de Asís.

Predicaba de modo risueño y violento, familiar y tempestuoso, hablaba de un modo natural e irresistible, colorista y duro. Se empeñaba en que no hubiera güelfos ni gibelinos, enemigos mortales, sino cristianos que levantaran el emblema de Jesús. Por eso sus diatribas contra las discordias civiles eran devastadoras y eficaces.

Hubo sabios que le acusaban de hereje, hasta que el Papa Martín V declaró su absoluta inocencia. En uno de sus interminables recorridos por toda la península italiana, con una alforja de pan duro al hombro y en la mano una esportilla de libros desencuadernados, San Bernardino de Siena encontró la muerte.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

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19 de mayo. San Celestino V (1214 -1296)

Caso único en la historia: Un Papa que abdica cinco meses después de haber sido elegido. Se llamaba Pietro Angeleri, y aunque era un monje benedictino llevaba ya mucho tiempo como superior de un grupo de solitarios en los Abruzzos, donde había fundado una orden de eremitas llamados celestinos en su honor. Vivía en Monte Morrone aureolado de fama de santidad, y en el momento de su elección contaba ochenta años.

A la muerte del Papa Nicolás IV, el cónclave no se ponía de acuerdo en designar nuevo pontífice. Se consideró como solución de compromiso designar al bueno de Pietro, que lleno de zozobra, aceptó obedientemente siendo consagrado obispo de Roma como Celestino V. Dicen que sus primeras decisiones fueron desastrosas, convirtiéndose en un juguete de la política de Carlos II de Anjou. El Papa, consciente de su incapacidad y añorando su antigua vida de ermitaño, abdicó quizá siguiendo el consejo de cardenal Gaetani, quien le sucedería a los pocos días con el nombre de Bonifacio VIII.

Por temor a un cisma, el nuevo papa le hizo recluir en el castillo de Fumone («Lo único que quería en este mundo era una celda, y una celda me han dado»), y allí murió diez meses después. A veces, la Iglesia santifica el fracaso y, por ello canonizó, a San Celestino V con su deslucido papel.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

18 de mayo. San Félix de Cantalicio (1513-1587)

Había sido mozo de labranza y pastor por las tierras de su Umbría natal, hasta que un día oyó la lectura de unas vidas de santos y entendió que él quería ser como ellos. Félix ingresó, así, como hermano lego en el convento de Capuchinos que había en Città Ducale en 1543.

Dos años más tarde es enviado a Roma y allí hace de limosnero hasta su muerte. Conocido por el «hermano Deogracias», porque era lo que decía al recibir una limosna, fue muy popular en la ciudad de los papas, barbudo, siempre sonriente y con su talego al hombro. Sentía predilección por los niños a quienes enseñaba el Catecismo con su proverbial sentido del humor, humildad y paciencia.

En el convento no había fraile más mortificado y con más horas dedicadas a rezar que él. Cuando su amigo Felipe Neri y el gran cardenal Carlos Borromeo pidieron consejo a aquel pobre lego acerca de la proyectada reforma del clero diocesano, San Félix recomendó solamente que los curas rezaran con devoción el oficio divino.

«Los ojos en la tierra, el espíritu en el cielo y en las manos el Rosario», como gustaba de repetir a San Félix de Cantalicio al mismo tiempo que recogía limosnas y daba gracias a Dios por todo y rezaba por todos.

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17 de mayo. San Pascual Bailón (1540-1592)

Nacido en el pueblo aragonés de Torrehermosa, en la diócesis de Sigüenza, hijo de humildes colonos, Martín Bailón e Isabel Jubera, Pascual fue hasta los veinte años un extraño pastor que llevaba en el zurrón una breve biblioteca de libros piadosos y bajo la cruz del cayado una imagen de la Virgen tallada en madera.

En 1561 entra como hermano lego en un convento valenciano de la Orden de San Francisco, y allí es portero, cocinero, hortelano y limosnero; pero es tan humilde, tan seráficamente bondadoso, obediente y servicial que se lo disputan muchas comunidades, y en el curso de los años pasa por conventos de Valencia, Elche, Játiva, Villena y Jerez.

Tiene alguna rareza que escandaliza: a veces, después de ordenar la cocina y una vez concluido el trabajo, se pone en oración y de pronto se levanta como movido por un resorte invisible, balbucea loco de alegría, y baila ante una imagen de la Virgen (por eso muchos creen erróneamente que Bailón es apodo y no apellido).

Su rasgo más característico es su devoción a la Eucaristía. Pasaba todo el tiempo posible ante el sagrario. Además, cuando andaba por caminos o pelaba berzas para la cena de los frailes no dejaba de prorrumpir en jaculatorias de adoración al Santísimo Sacramento. Murió en el convento del Rosario de Villarreal de los Infantes, en tierras de Castellón, donde hoy se levanta en su honor un templo votivo eucarístico.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

16 de mayo. San Andrés Bóbola (1591-1657)

Polaco de familia oriunda de la Bohemia, es uno de los símbolos de la martirizada Polonia. Cada vez que en la historia reciente la nación polaca se ha visto sumergida por invasiones y ha sido víctima de desmembramientos, la defensa de la fe y la esperanza en el futuro se han concretado en hechos milagrosos por intercesión de San Andrés.

Se educó con la Compañía de Jesús, en la que solicitó ingresar, y en 1622 fue ordenado sacerdote en Vilna, en donde destacó como predicador, director de conciencias y hombre de caridad inagotable atendiendo a enfermos y moribundos, en especial, durante la peste de 1625.

Por su carácter impulsivo y fogoso, prefería los lugares de mayor riesgo, y desde 1633 hasta su muerte fue uno de los misioneros más activos en la parte oriental de lo que entonces era Polonia, una región disputada por los rusos y con una gran mayoría de habitantes que vacilaban entre el cisma ortodoxo y la Iglesia romana. Durante un cuarto de siglo Andrés Bóbola vivió en esta azarosa frontera de la catolicidad, mientras a su alrededor se sucedían guerras, matanzas de religiosos, devastaciones y amenazas de todo de orden.

En mayo de 1657 fue apresado por los cosacos que lo mataron tras salvajes torturas, siendo considerado su martirio uno de los más cruentos en toda la historia de la Iglesia. Fue canonizado en 1938 y sus restos mortales se veneran en Varsovia.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

15 de mayo. San Isidro labrador (1080-1130)

Debió de nacer en Madrid, quizás en la parroquia de San Andrés, Isidro era jornalero en los alrededores de aquella diminuta población del siglo XII; tal vez en Torrelaguna contrajo matrimonio con María Toribia, (Santa María de la Cabeza según la tradición), tuvo por hijo a San Illán y se cree que estuvo al servicio de Juan de Vargas. Un santo labriego de vida muy nebulosa, que conocemos a gracias a un texto del siglo XIII de Juan Diácono, que inspiraría a Lope de Vega una infinidad de versos con más fervor que sustancia histórica.

Su piadosa leyenda se adorna con anécdotas y prodigios: hace brotar una fuente de un golpe de azada, da a un pobre la sopa que cocía en el fuego y la marmita se llena otra vez milagrosamente para que la familia no se quede con hambre… La familia, que en la fe popular reproduce a escala madrileña las virtudes de la Sagrada Familia de Belén y Nazaret, resulta un elemento importante en la historia de San Isidro, que se santifica conjuntamente con todos los suyos en un rasgo de santidad coral.

Pero el caso más célebre que se le atribuye es el de que al interrumpir a menudo su trabajo para rezar, un ángel se hacia cargo de la yunta de bueyes y seguía abriendo surcos en la tierra mientras él se entregaba a sus oraciones. El ángel es ese plus de ayuda práctica ni siquiera pedido por el santo, pero que se promete en el Evangelio como añadidura a los buscadores del Reino de Dios.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

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14 de mayo. San Matías (siglo I)

Es el apóstol del recambio, el sucesor de Judas Iscariote, a quien después de la Ascensión se elige echando suertes. Los apóstoles tenían que seguir siendo doce, y para llenar el hueco que ha dejado el traidor elegirán a este Matías, de quien muy poco se sabe.

Tal vez evangelizó la Judea y se supone que murió lapidado y decapitado ante el Templo de Jerusalén. Sobre sus reliquias hay dudas: ¿Llevadas a Roma o a Tréveris? Matías es un apóstol de escaso perfil, del que sólo conocemos la anécdota de su elección. Hombre llamado para taponar el vacío del mal con la santidad. Él ocupa modestamente esta vacante sabiendo que no puede competir en reputación con el estruendo maligno.

Silencioso y oscuro, San Matías, decimotercer apóstol que representa la humilde cristianización de los puestos que el mal ha hecho famosos y que han de ser redimibles. Todo el mundo se acordará siempre de Judas y muy pocos de Matías, pero para eso está, para emplearse en el bien allí donde se le elige.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol

13 de mayo. San Pedro Regalado (1390-1456)

Conocido como el San Francisco de Asís de Castilla, Pedro era de Valladolid y a los trece años ingresó en un convento franciscano de la ciudad, que como muchos otros de la época, se caracterizaban por una vida poco austera y una disciplina muy relajada. Si bien, pronto otro Pedro, y también vallisoletano, iba a poner orden en esta situación: Fray Pedro de Villacreces, antiguo profesor en la Universidad de Salamanca y convertido en ermitaño, que con más de sesenta años, inicia la reforma de la orden franciscana para sujetarla a la estricta observancia. Su discípulo será un muchacho de quince años, que le sigue fielmente a todas partes: Pedro Regalado.

Ambos fundan el convento de La Aguilera, en Burgos, y allí el joven Pedro es limosnero, sacristán, pinche de cocina, encargado de atender a los pobres, y cuando en 1415 se trasladan a la nueva fundación de El Abrojo, cerca de Valladolid, se le nombra maestro de novicios. Al morir el reformador, el discípulo será vicario de todos los novicios existentes en las tierras castellanas.

San Pedro Regalado, patrono de Valladolid, humilde y espiritual como el Poverello de Asís, fue también un admirable taumaturgo del que cuentan muchos prodigios, entre los más populares el de apaciguar con su bendición a un toro desmandado en una plaza pública, razón por la cual se le considera el abogado de los toreros. En La Aguilera descansan sus restos mortales en un sepulcro de alabastro que le hizo construir la reina Isabel la Católica.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol