Archivo de la categoría: El Imparcial

El incongruente

Las mayores críticas a un Gobierno de coalición PSOE-Podemos sostenido por el apoyo de separatistas han sido pronunciadas por socialistas. No solo por ilustres veteranos del PSOE, no solo por sus barones autonómicos, no solo por ministros del propio Gobierno; también por el mismísimo Pedro Sánchez, quien no podía conciliar el sueño con miembros de Podemos sentados en el Consejo de Ministros. El progresismo tiene en la hemeroteca a su peor enemigo y en la incongruencia a su mayor vicio.

A finales del XIX, Angel Ganivet dirigiéndose a Miguel de Unamuno escribe en El porvenir de España que “la alianza entre regionalismo, socialismo y lo que se llama carlismo popular suena a cosa incongruente y, sin embargo, es la forma política en la nueva generación y es practicable dentro del actual régimen”. Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo, decía George Santayana. Para ello debiera servir la memoria histórica. Aprendizaje para cerrar y no reabrir heridas.

Este Gobierno contrahecho no era deseado por la mayoría de los ciudadanos, “el 95% de los españoles”, según el presidente incongruente. Más de 11 millones lo rechazan de plano. De entre los votantes socialistas, gran número de ellos no lo hubieran sido, de haber conocido las intenciones del candidato de la incongruencia a presidir una pesadilla de Gobierno. Muchos de quienes se abstuvieron o votaron en blanco o nulo, otros 11 millones de españoles, ya habrán reparado en lo gravemente perjudicial que para el conjunto de la sociedad puede resultar mostrarse indiferente frente a cualquier extremismo que altere equilibrios conseguidos tras duras experiencias. Son más los españoles responsables que aquellos a quienes les “importa un comino la gobernabilidad del país”.

Lo peor no es tener un presidente del Gobierno huérfano de verdades y nutrido de embustes e incongruencias, para quien el fin justifica los medios. Más grave aún es soportar a un Gobierno para destruir más que construir; dividir más que unir, retroceder más que avanzar, despilfarrar más que economizar. Un Gobierno para el cual palabras como “España”, “Monarquía”, “Constitución” o “Poder judicial” son tabú. Ante las elecciones generales del 2015, Pablo Iglesias afirmaba su deseo de ganar aquellos comicios con el objetivo de “iniciar un proceso constituyente para abrir el candado del 78 y poder discutir de todo”. El comunismo, que tiene fases de calma e inactividad que solo los avisados saben que son aparentes, siempre ataca la libertad al propugnar una subversión total de la sociedad utilizando a su conveniencia formas democráticas.

Una vez instalado en el poder los comunistas toman todas las medidas necesarias para que nadie pueda desalojarlo de él. Hay que resistir y defender la libertad ante la agresión de este tipo de fuerzas políticas, lo mismo si se realiza abiertamente, que por medio de una penetración sutil. Vienen tiempos de muchas lecturas y poca televisión, de denuncia constante ante el mínimo quebranto de derechos y libertades, de crítica elegante pero acerada a la incongruencia y, también son tiempos de abundantes plegarias.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 12 de enero de 2020. https://www.elimparcial.es/noticia/208863/opinion/el-incongruente.html

El clásico

La ETA ha pasado de dar el tiro en la nuca en los años del plomo a dar una de cal y otra de arena en la época del buenismo y del pacifismo blandengue, ambos propensos a la claudicación. Haría bien el Gobierno de España en propinar a los asesinos etarras el palo y la zanahoria hasta que rompan a arrepentirse, pedir perdón, reparar el dolor a las víctimas y tanta barbarie a la ciudadanía y, por supuesto, entregar todas las armas, hasta las blancas y las de fogueo. Ojo a esos ingenuos proclives a ceder ante la sirena etarra, que se disfraza de paloma de la paz.

Hablan de desenterrar los zulos, sus arsenales bajo tierra. Hubo un ministro del franquismo que prometió perseguir a los etarras hasta el mismo centro de la tierra. Empezó por los zulos; los mismos que ahora quieren descubrirnos. Cuando los soviéticos estaban a punto de tomar Berlín, las juventudes hitlerianas escondían sus armas entre los árboles del Tiergarten para luego iniciar lo que ellos creían que sería la reconquista de la capital alemana. Da igual la geografía. Los engreídos de ser raza superior siempre han apelado a lo telúrico, a la tierra. Por eso, hay que echar a la ETA y a sus planes por tierra, no echar tierra sobre los crímenes de ETA. Que a la ETA se la trague la tierra y no que nuestro Gobierno tenga que decir: ¡Tierra trágame!

Cuenta el ex futbolista Marcos Alonso, el Pichón, que disputando un partido como colchonero contra la Real Sociedad de San Sebastián en el ya desaparecido estadio de Atocha, ganábamos cero a dos, cuando desde el césped oímos disparos provenientes de las gradas. Más preocupados por el ruido que por el juego, terminamos desentendiéndonos del balón para acabar el encuentro empatados a dos. Una manera de elevar la presión y condicionar el resultado del fútbol. Afortunadamente, hoy el fútbol se condiciona por un error arbitral. Un clásico en el Clásico.     

El terror en España tiene un nombre: ETA, un clásico del terrorismo. No basta con cambiarse de collar y pretender pasar página persistiendo en ser los mismos perros. Desgraciadamente, ETA es una pieza sin la cual no es posible completar el puzzle de la España de los últimos cincuenta años. Hoy a los etarras se les llena la boca de paz. Pero ninguna definición mejor de ETA como tiranía y de su paz como anonadamiento. No es admisible una paz a cualquier precio, que es el anhelo de algunos, atemorizados por las dificultades y los sacrificios que exige la obtención de la paz justa. No una paz a toda costa como propugnan unos, ignorando u ocultando que “a toda costa” puede significar “aún a costa de la justicia”. No deseamos la paz ni aún a costa de la justicia. No hay paz si sobre ella se prolonga el rencor de la lucha. No hay paz sin desarme psicológico. No existe paz posible allí donde la víctima es humillada.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 9 de abril de 2017. https://www.elimparcial.es/noticia/176376/el-clsico.html

Fuente gráfica: Araba Press. Patxi Corral

El pueblo

La última vez que unos políticos levantaron la falsa bandera de la defensa del pueblo lo entregaron luego atado de pies y manos al lager y al gulag (totalitarismos nazi y soviético). El pueblo es a la ciencia política lo que el perejil a la gastronomía: está en todas las salsas. Pero apenas se nota su protagonismo, que se levanta gigantesco como las olas para caer de inmediato y desaparecer; y el movimiento, que hubiera entusiasmado desde el primer momento, acaba por decepcionar.

Como si fuera un efecto dominó, Europa habla del pueblo y contagia a los USA. Marine Le Pen, aspirante a ballotage, se consagra como youtuber hablando en nombre del pueblo. Al otro lado del Atlántico ¿vínculo transatlántico? Donald Trump dice que la prensa no habla en nombre del pueblo. Es nombrar al pueblo, y agarrarse a la cartera o sacar el revólver a lo Goebbles. Nuestra democracia también padeció su desvarío con Rumasa pal pueblo, de Alfonso Guerra, quién antes había suicidado a Montesquieu y el ideal de la división de poderes, que algunos pensaron que eran el Madrí y el Barça repartiéndose trofeos. No, eran los jueces y la televisión, que Guerra siempre representó a las élites, con el café de mi enmano de por medio, legado del CAFÉ de la Falange y del café para todos del azul Suárez.

Del pueblo como sujeto político pasamos a la gente como sujeto recipiendario del bienestar que pretende Pablo Iglesias (Virgencita que me quede como estoy), con un Podemos podado tras la purga de los Kadetes errejonistas. Cómo nos recuerda ese estilo de pijos decrépitos de los dirigentes de Podemos al grupo Viva la gente, aunque luego sería María Ostiz (Un pueblo es) la que volvería a encumbrar a la ciudadanía como agente de acción política. Si bien Los Panchos (Me voy pal pueblo) lo emplearon, no como arma ideológica, sino como locativo. Su alma, corazón y vida es una trilogía de valores inquebrantables rechazada por el popular (de pueblo) Rafael Hernando, quien realiza su gran aportación al pensamiento conservador de Cánovas, Maura y Gil Robles, ¡si levantaran la cabeza!: Un partido no puede tener valores inquebrantables. ¿Tampoco el valor de la palabra dada, del Ius romano? Los programas están para no cumplirlos (Tierno Galván). Donde dije digo digo apaciguamiento. Sabemos dónde está el bien y dónde está el mal y cuál es la zona peligrosa en la que con evidente daño para el pueblo, se han refugiado quienes, sin credo definido, fecundan la confusión y pretenden conciliar pensamiento y marketing, términos antitéticos como la luz y la sombra.

Deambula por ahí un pueblo que prefiere serlo de ciudadanos y no de partidos. De buenos administradores y no de comisarios. Que sabe que no son las buenas leyes sino las buenas prácticas las que transforman los pueblos convirtiéndolos en vivos y actuales con un puesto en el mundo. Es la diferencia entre pueblo organizado y masa, de la que habló Pío XII. De eso ya nadie habla.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 19 de febrero de 2017. https://www.elimparcial.es/noticia/174747/opinion/el-pueblo.html

Fuente gráfica: Dani Gago.

Españoles

Agotada nuestra capacidad de asombro ante la inhibición estatal y una vez superada la inicial perplejidad y la inmediata desolación por una incomprensible política de indecisión, que describe los males pero no propone remedios, el orgullo de ser español sobrevuela ya y es acunado sobre cada palmo de tierra española. Los falsos campeones de la democracia han perdido el apoyo de las conciencias libres y ya no engañan a nadie. Y al fin, resurge justamente el honor de los leales y dignos defensores de la ley y el orden.

Ante la indigencia de soluciones estábamos los españoles como dolidos y desanimados, pero no desesperados, hasta que las palabras de nuestro Rey, símbolo de la continuidad de la nación y valor superador de las pugnas partidistas, nos han devuelto la notable victoria del sentido común. Felipe VI decidió salvar la unidad contra los fermentos de división y de discordia de unos pocos que tanto daño y dolor están provocando a muchos. Su discurso, copioso racimo de verdades, fue pronunciado con la serenidad de una homilía y la solemnidad propia de un senador romano. A los españoles nos ha servido como estímulo y aglutinante, pero también fue aldabonazo en las conciencias de aquellos que por ahora han renunciado a asumir el puesto rector que la sociedad esperaba de ellos. Aquellos que, llegando a destiempo y con retraso a ser una posibilidad nacional, practican una política sin vuelos, táctica y verbalista cuando las circunstancias están exigiendo a diario e imperiosamente una misión resolutiva contra el golpismo y la antipatria. Y es que mientras se carga la escopeta, la perdiz queda fuera de tiro.

Los remolinos y corrientes de la opinión pública demuestran que hay energías nacionales latentes y, en ningún caso, muertas. Hoy Cataluña está en España, pero España toda está también en y con Cataluña. Ciudadanos sencillos, modestos con sus virtudes cívicas calladas, anónimas, pero también decididas y valerosas ondean en Barcelona la conciencia inalterable del deber, que no comulga con un malentendido espíritu de apaciguamiento justificado en esa ya cansina diferenciación entre acción cívica y acción política. Ciudadanos que claman por posiciones claras y actitudes fuertes contra esa humareda de egoísmo, odio y sedición que es el independentismo, contra esa heterogénea coalición gubernamental que si coincide en algo es en sus fanáticas fechorías y sus métodos antidemocráticos, y contra esa miserable política de mala voluntad saturada de prejuicios y victimismo encarnada en unos dirigentes vocingleros, pomposos, petulantes y teatrales que chillan como gallinas perseguidas cacareando que España nos roba. Que sepan que la falta de escrúpulos ante la legalidad tiene un límite cuando enfrente existe quien sabe contestar y está decidido a hacerlo con todo el peso de la ley. Y a partir de ahora renuncia a la independencia, plena adhesión a la Constitución, respeto a los derechos de todos los catalanes y que tanto la escuela como los medios de comunicación en Cataluña cesen en su vastísima siembra de ignorancia y odio.

Momentos son también de serenar los nervios ante una campaña flanqueada por el odio de unos y la tolerante condescendencia de otros. Voceros de la opinión que intentan enturbiar las aguas apelando al diálogo y confundiendo a tantos ingenuos proclives a ceder ante la sirena populista disfrazada de paloma de la paz. Dialogar con quienes han transgredido la ley equivaldría a entregarles los picos con que echarán abajo el edificio constitucional. Someterse a su coacción es perecer. Solo cabe un diálogo civilizado, amistoso y caballeroso dentro de nuestra Constitución. Hora es ya de que los miopes abandonen su partidismo estrecho y cicatero y dejen de priorizar las cuestiones minúsculas de partido sobre las nacionales si no quieren incurrir en mentalidad de Frente Popular. También es ocasión propicia para que ciertos prelados, recluidos en paganas adoraciones nacionalistas, den un verdadero testimonio de la expansión universal del mensaje salvífico de Jesucristo.

No debemos permitir que se pierda aquella gran suma de sacrificios y esperanzas que fue la Transición, sino proseguir agrupándonos sobre cimientos firmes y no movedizos y sin rivalidades ni odios en el hogar común que es España, aunque con más y mejores realizaciones que tan benéficos resultados pueden darnos. Es necesario un esfuerzo restaurador común y un diálogo entre hermanos con alteza de miras y perspicacia histórica. Es difícil la solución pero hay que buscarla para el bien de todos en aquél justo término donde siempre resultan inmensas las ventajas y pequeñas las imperfecciones. Hay niebla sí, pero peor son las tinieblas. Somos un pueblo vivo y actual con un puesto en el mundo instruido por esa maestra dolorosa que llamamos experiencia y sabedor de que son las buenas leyes pero también las buenas prácticas las que transforman las sociedades. Quizás la esperanza resulte hoy pequeñita, pero es alentadora.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 8 de octubre de 2017. https://www.elimparcial.es/noticia/182291/espaoles.html

Virgen de Europa

Ha tenido que incendiarse la grandiosa catedral de París para que propios y extraños recuerden los orígenes cristianos de Europa. Toda la cultura europea está impregnada de Cristianismo porque “la fe se hace cultura”. El continente europeo se teje a través de rutas religiosas como el Camino de Santiago, y comerciales como el río Danubio. El pensamiento filosófico se concibe fecundamente en las Universidades europeas para luego descender posteriormente al terreno de la política en clubes, cafés y parlamentos diseminados por las naciones de Europa. Se forja una unidad espiritual y cultural cuyo hilo central es la fe religiosa.

El patrimonio europeo contiene ingredientes propios de la filosofía griega, del Ius romano y del Cristianismo. La primera se pregunta ¿Qué es el hombre? El segundo convierte a éste en sujeto de relaciones jurídicas. El Cristianismo supera a aquellos al hacer del hombre un ser libre. Mejor es depender del cielo que de los hombres, decía Chateaubriand, quien en su obra El genio del cristianismo está presente como lema vivo y luminoso “religión y libertad”. Para el autor francés, el cristianismo es el pensamiento del porvenir y de la libertad humana, es una religión de libertad, ante la cual se puede inclinar la frente sin vileza.

La trascendencia judeocristiana siempre defendió en Europa y en todo el orbe la libertad para abolir la esclavitud, rectificó las nociones de lo justo y lo injusto, sustituyó la duda por la afirmación y abrazó a toda la Humanidad. Europa debe volver a sus raíces. “Sé tú misma”. Su drama es que ha perdido su identidad y se halla extraviada e insegura. Siente miedo ante el extraño. Desconfía del extranjero. No acoge, sino rechaza. Europa debe volver a defender la libertad y la dignidad frente a quienes incendian la convivencia, prenden fuego a libros, parlamentos o templos. Solamente a base de la triple tradición griega, romana y judeocristiana es posible levantar la estructura de una Europa nueva. Todo intento de reconstrucción exclusivamente político o económico no tardará en desmoronarse.

La desgracia o gracia de Notre Dame ha sido una señal. ¿Cómo Dios permite esto? ¿Dónde está Dios? Dios permanece ausente y en silencio, se dice. No. Dios está entre nosotros y nos habla pero el griterío del hombre impide escuchar su palabra. Ante la cerrazón de Europa, la llama clara y dulce de la verdad y la caridad cristianas permanece alumbrando a los hombres que buscan los fundamentos espirituales y morales de una convivencia pacífica. La conciencia cristiana de los pueblos no está todavía muerta. Lo único que une, enlaza y perpetua lo que llamamos en su esencia lo europeo es la tradición cristiana. Y de eso, precisamente, nadie quiere hablar. Lo esencial y lo moderno parece ser encontrar cualquier solución o fórmula que postergue la idea cristiana. Lo que Europa ha llegado a ser lo ha sido bajo la Cruz. Si se aparta de la Cruz, dejará de ser Europa. María estaba junto a la Cruz. Y Jesucristo ha resucitado.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 21 de abril de 2019. https://www.elimparcial.es/noticia/200552/virgen-de-europa.html

Sin madres, la bomba

La bomba de relojería activada contra España no es el nacionalismo separatista con su discurso del odio, tampoco la enésima crisis económica con gobierno socialista de turno, ni siquiera un pésimo sistema educativo incapaz de impartir enseñanza en castellano en regiones del territorio nacional. La bomba que estallará en pocos años y hará estragos entre los españoles es la nula natalidad que padece nuestra demografía. La cifra de nacimientos es la más baja en veinte años. El ámbito rural ya está despoblándose. En unos años serán las zonas urbanas las que padezcan el envejecimiento de la población por la falta de relevo generacional. Las consecuencias serán económicas, por la caída del sistema de la Seguridad Social y su incidencia en la sanidad pública, sociales, por el aumento del número de personas en situación de dependencia, y estrictamente humanas y afectivas, por cómo afrontar el drama de la soledad y sus variantes depresivas, lo que acarreará más gasto sanitario.

Vienen tiempos aciagos para la natalidad y también para la familia. La Fundación Renacimiento Demográfico analiza desde hace tiempo el problema del “invierno o suicidio demográfico” que sufriremos en pocos años por la drástica reducción del número de nacimientos. El origen del mismo se sitúa en 1981, año en que la tasa de reemplazo de la población era ya levemente inferior a 2 hijos por mujer. Hoy no se llega a 1´4 hijos. Las causas son varias: cifra de matrimonios a la baja por rupturas matrimoniales o renuncia al compromiso matrimonial, bodas tardías que ponen en riesgo la fertilidad de la mujer, dificultad de conciliar vida laboral y vida familiar y, sobre todo, el aumento de abortos. La inmigración ha ralentizado el declive pero no lo impedirá. Las muertes ya superan los nacimientos.

De los políticos poco cabe esperar. En los últimos treinta años, con el problema ya en ciernes, ningún Gobierno ha alumbrado políticas estables y duraderas de estímulo a la natalidad y de apoyo a la familia. Solo con la proximidad de períodos electorales, los partidos suelen acordarse de Santa Bárbara. Pero lo grave no es la inacción del Estado en este frente. Lo corrosivo es la mentalidad contraria a tener hijos que se ha instalado en algunos sectores sociales y de la opinión pública. Ello es en parte fruto de una tendencia en los jóvenes a vivir alegre y cómodamente sin ataduras, lo cual raya el egoísmo y la insolidaridad. Pero también es el resultado de una ideología agresiva y contraria al hombre, al matrimonio y a la propia mujer en su condición de madre, que se está extendiendo entre el feminismo más radical.  

El repudio a la maternidad o maternofobia es una actitud netamente retrógrada ya que supone renunciar al progreso de la Humanidad por ansiar el propio progreso de una misma. Es justo lo contrario de lo que dijo el astronauta Neil Amstrong: es un gran salto para mí, y un pequeño paso para la Humanidad. Paso sí, pero atrás.  

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 23 de junio de 2019. https://www.elimparcial.es/noticia/202613/opinion/sin-madres-la-bomba.html

La anomalía

Si bajo los adoquines estaba la playa, bajo la cripta de Cuelgamuros están los votos. Eso debió pensar Sánchez cuando observaba absorto por televisión a la turbamulta independentista arrasar las calles de Barcelona. Se arrellanó cómodamente en su sillón sabedor de que sacando al dictador del Valle de los Caídos remontaría en escaños. Una salida a discreción y no con discreción. Carmen Calvo dixit and pixit. Cautivo y desarmado ante el independentismo golpista, Sánchez intentaba mostrarse altivo y blindado ante el cadáver de Franco. A la izquierda española le supera esa irrefrenable tendencia a sacar a los muertos de sus tumbas. Lo hicieron de forma incivilizada unos perturbados milicianos en el 36 y continúa haciéndolo el líder del PSOE en pleno siglo XXI.    

¿Qué nos ha ocurrido tras los últimos 40 años? En 1979 quien estaba en contra de la Constitución y la democracia era un facha. En 2019 quien defiende la Constitución y la democracia es un facha. La respuesta está en Zapatero. Por su causa nuestro régimen del 78 padece una anomalía: un socialismo infiel a la obra de la Transición y a la reconciliación entre españoles que se ha echado al monte y prefiere ser cazador furtivo a guarda forestal. Un socialismo empeñado en mirar atrás y reabrir heridas. No es extraño que con los mihuras que tiene por delante: el desafío independentista, una nueva crisis económica, el paro y la pobreza, Sánchez intente revivir el pasado como cantera de votos. Todo menos volver a la Universidad a reescribir una tesis de su puño y letra.

La gran mayoría de los españoles no son extremistas. Desean estabilidad política y prosperidad económica. Por eso, censuran vías expeditivas que retuercen o avasallan la legalidad y decisiones populistas fruto de la discordia y la revancha que avivan rescoldos. Alejada de radicalismos y extremismos, esa amplia mayoría ha contribuido decisivamente a mejorar España en las últimas décadas logrando la concordia civil y el bienestar social. En tiempos convulsos como los actuales, corremos el riesgo de que la sociedad española se desencante de la democracia haciendo seguidismo de extremos antagónicos. Históricamente, el desencanto en las clases bajas ha derivado en comunismo; en las clases medias, en fascismo. Podemos resbalarnos por una peligrosa pendiente y situarnos en los umbrales del totalitarismo echando a perder la gran obra de reconciliación nacional que fue, con sus luces y sus sombras, la Transición, que en vez del todo o nada prefirió el poco a poco, el día a día.

El drama de Sánchez es que tras más de una año gobernando aún no ha tramitado ni una sola ley. En la historia, a los Gobiernos siempre se les recuerda por su obra legislativa. La de este Gobierno es nula y se resumirá en un rencoroso desandar la Transición desde Cuelgamuros a Mingorrubio, soberbiamente engreído y jactancioso de que con Sánchez empiezan la democracia y las libertades en España. Tras el aquelarre televisado, toca trabajar en pos de una libertad sin ira.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 24 de octubre de 2019. https://www.elimparcial.es/noticia/206268/la-anomalia.html

Idolos

Quienes vomitaron en las redes sociales su nauseabundo regodeo ante la muerte de un torero corneado por un toro, no han manifestado ni la más mínima satisfacción por la muerte de un criminal, que al volante de un camión ha segado la vida de decenas de personas y ha malherido a dos centenares. Para algunos la vida de un cuadrúpedo vale más que la de seres humanos.

Tanto la Epopeya de Homero como la Teogonía de Hesíodo crearon dioses que eran hombres. Con fina observación psicológica, el filósofo presocrático Jenófanes advertía que si los caballos y leones pudieran, formarían dioses de su misma especie. Lo que el sabio griego no imaginó es que veinticinco siglos después, algunos hombres venerarían al toro considerándolo un dios y se mofarían del hombre como si fuera un demonio. Quien sí lo previó en el siglo XIX fue el Santo Cura de Ars: “Dejad a un país sin sacerdotes y acabará adorando a las fieras”. Surge un nuevo paganismo: el animalismo, que reverencia a los animales convirtiéndolos en ídolos superiores al ser humano. Esta emergente idolatría, que dispone de una legión de sacerdotes y sacerdotisas, apóstoles y cofrades, es consecuencia del humanismo ateo o humanismo sin Dios, del que nos alertaron Maritain y Henri de Lubac en el siglo pasado. El hombre elimina a Dios para quedar de nuevo en posesión de la grandeza humana. Y cuando el hombre no cree en Dios se talla un ídolo. El genial novelista ruso Dostoievski escribe en su obra El adolescente: “El hombre no puede vivir sin arrodillarse. Si rechaza a Dios, se arrodilla ante un ídolo de madera, de oro o simplemente imaginario. Todos esos son idólatras, no ateos; idólatras es el nombre que les cuadra”. “Quien no cree en Dios, creerá en cualquier cosa”, dice Chesterton. El paganismo, con su idolatría politeísta, es una alternativa religiosa al cristianismo, siendo uno de los rasgos más marcados en el dirigismo cultural de nuestros días. Es la vida propia de los que obran como si Dios no existiera. El hombre, o es miembro de una religión o es idólatra. La actitud idolátrica es una constante en la historia religiosa de la humanidad. Quizás en la aberración inevitable de los que pierden, y sobre todo, niegan a Dios, este culto a los animales se suscite para llenar ese hondo abismo que en el alma deja la ausencia divina. 

Vivimos tiempos de menosprecio y tiempos de ídolos. Abundan el desprecio por la naturaleza humana y la fascinación desorbitada por el naturalismo colectivo. Algunos minerales están más protegidos que un embrión. El hombre se ha convertido en un muñeco entre el imperio de la técnica y su creciente deshumanización. Volvemos a los mitos y a esa panacea de la diosa Gaya. Concepciones incompatibles con la existencia de un Dios creador y eterno. En los sanfermines cunde la creencia de que los toros son criaturas de Dios sometidas al hombre. De los monstruos de Pokemon, hablaremos otro día.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 17 de julio de 2016. https://www.elimparcial.es/noticia/167282/opinion/idolos.html

Feliz y Santa Navidad

Todo sucedió de forma muy corriente, con absoluta normalidad. Un matrimonio joven consciente de que Dios les está marcando el camino; unos esposos seguros de que Dios no los abandonará y de que por muy complicadas que se pongan las circunstancias siempre habrá una sencilla solución para resolverlas. Qué sencillo fue aquél Hecho: “en un pesebre, porque no encontraron sitio en el alojamiento” (Lucas 2,7).

Es esa normalidad la que, en ocasiones, nos falta en nuestras vidas. La hemos sustituido por una complejidad próxima a la confusión que nos acarrea ceguera e inquietud. Las luces deslumbran; la luz alumbra. Las voces confunden; la voz orienta. El mirar o escuchar las cosas con naturalidad y con sosiego nos facilita mucho nuestra misión en la vida. Sin agitación ni apasionamiento, sin recelos ni desconfianzas; con reposada reflexión, con extraordinaria sencillez. Muchas veces, el riesgo está en vivir hacia el exterior y no mirar dentro de uno mismo. En toda utopía, el hombre aspira a ser el soberano absoluto. Por eso las utopías fracasan.  

El verdadero sentido de la Navidad es celebrar y rememorar el gran acontecimiento histórico que tuvo lugar en Belén: el Nacimiento de Jesús; el Dios-Hombre, símbolo de la nueva humanidad y de la vida nueva. La Navidad es una afirmación. Se afirma un hecho histórico de trascendencia universal: el nacimiento del Salvador, que es el Cristo y Señor nuestro. Es, además, un símbolo de la total renovación que Jesucristo trae a la tierra. Porque la transformación del mundo se realiza por la suprema virtud del Mesías, pero con la positiva cooperación de los hombres. De ahí el canto de los ángeles invocando a la colaboración humana: “Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”.

La Navidad es la solemnidad de la familia, pero es también la fiesta de la universalidad. Aunque la Pascua se concentra en la intimidad del hogar, no debemos olvidar el sentido ecuménico que tiene la acción salvadora del Hijo de Dios, propiciando la unidad de la estirpe humana. Salta del hogar a todo el planeta, sorteando todas esas creaciones temporales con que los hombres han parcelado el mundo. Nada más hogareño y nada menos nacionalista que la Navidad. Cuando Cristo nació, los pueblos se desconocían entre sí. Parecía una utopía el pensar en un mensaje para todo el orbe. Cristo es el primero que lanza su doctrina sobre las fronteras y envía a sus discípulos a establecer “su reino” hasta el último confín de la tierra.

Que la Venida del Niño Dios renueve profundamente nuestro interior. Revalidemos nuestra fe y desechemos las utopías. Hagamos de un pesebre un magnífico hogar y un cálido templo para la adoración del Niño Dios nacido en Noche Buena. “Si alguno me ama…, haremos morada en él” (Juan 14,23). Limpiemos nuestros corazones para que El pueda morar en nosotros, y pueda hacerse presente. Un Niño envuelto en pañales. “Y el Verbo se hizo carne y habitó en medio de nosotros”.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 22 de diciembre de 2019. https://www.elimparcial.es/noticia/208236/opinion/feliz-y-santa-navidad.html

Maestros

Durante la campaña electoral la política centrará la vida cotidiana y los españoles oiremos un sinfín de promesas… y de insultos. El protagonismo será de los políticos hasta que pasen las elecciones; al día siguiente, ellos se olvidarán de nosotros y nosotros de la política. Pero el problema crónico de España persistirá: la falta de maestros.

El maestro es la clave del arco del sistema educativo. Este se derrumba si la figura del maestro se debilita. La piedra angular del aula lleva tiempo agrietándose y amenaza ruina. Su firmeza, su autoridad, su dignidad como docente se está perdiendo. Cuando falta el buen profesor, difícilmente sobresalen los buenos alumnos. El buen profesor no es aquél que sabe mucho, sino aquél que sabe enseñar y, además, lo hace contagiando en el alumno la pasión por aprender y la curiosidad por saber. El maestro goza sacando al otro de la ignorancia y llevándole al conocimiento; también se preocupa en “mover” y estimular al alumno, que cuando sabe responder al estímulo alcanza un fecundo aprendizaje. Ser maestro es una vocación para compartir el conocimiento, la verdad, con el discípulo. Así, la acción de educar se convierte en un servicio a otro; en una aventura apasionante: para unos, enseñar; para otros aprender. Educar es el oficio que permite capacitar a las personas en todo su valor, no solo para ellas, sino también para los demás. Y el verdadero titular de ese oficio es el maestro, artesano de la enseñanza.

Hay quienes sostienen que la falta de autoridad en la escuela tiene origen en la falta de autoridad en el hogar y en la familia. Massimo Recalcati, autor de La hora de clase, explica que el pacto generacional entre docentes y padres se ha roto. El maestro como extensión de la paternidad en el aula suponía una soldadura de la alianza entre generaciones. Hoy, los padres se han aliado con los hijos y han abdicado de sus responsabilidades como padres. Son los profesores, quienes a veces humillados y en la soledad más absoluta, están haciendo de padres de los alumnos. La nueva alianza entre padres e hijos desactiva, según Recalcati, toda función educativa por parte de los adultos, que, en vez de apoyar el trabajo del profesorado, se han convertido en sindicalistas de sus propios hijos. Con el fin de asegurar a éstos una vida sin traumas, fácil y exitosa, los padres exigen la abolición del obstáculo y de la dificultad que ponen a prueba a sus hijos. Denuncian la carga excesiva de deberes, culpan a los profesores de los fallos de los alumnos y ven en las sanciones e, incluso, en los suspensos ramalazos de autoritarismo, justificando su reclamación ante el claustro. Los padres, absorbidos por un falso igualitarismo, se confunden con sus hijos y acaban por aislar al cuerpo docente.

Hubo un tiempo en que se hacía el silencio en clase cuando un profesor asomaba por la puerta. Hoy la algarabía y el ruido han disuelto la auctoritas del maestro. No solo nos faltan estadistas, también maestros.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 3 de marzo de 2019 https://www.elimparcial.es/noticia/199006/maestros.html