Conocido también como San Antonio de Egipto (nacido en el año 251 en Come, al sur de Menfis, en el alto Egipto central), o San Antonio del Desierto (se fue al desierto para seguir un consejo de Cristo), o, incluso San Antonio el Grande (por el inmenso influjo de su ascética). De vida longeva, murió a los 105 años, y entregado en cuerpo y alma a la oración, al estudio, a la penitencia y hasta al trabajo manual para ganarse el sustento. Antonio fundó el monacato y es el maestro de los anacoretas del antiguo Egipto, el padre de los cenobitas, aquellos que prefirieron llevar en común la vida ascética contemplativa, de ahí, lo de abad, que significa padre.
Debió de nacer en familia acomodada, y siendo aún muy joven, vendió todas sus pertenencias retirándose al desierto y habitar un sepulcro abandonado para centrarse en la presencia de Dios. También mostró su caridad ante aquellos cristianos condenados a las minas o a las cárceles de Alejandría, en año 311, en las persecuciones de Maximino Daya.
Como quiera que las tentaciones merodeaban en su entorno, se adentró aún más en busca de mayor soledad. Continúan las asechanzas diabólicas y nueva retirada en el año 312 hasta el fin del desierto, en Monte Colzum, cerca ya del Mar Rojo, lugar donde hoy un monasterio copto del siglo IV nos recuerda a San Antonio abad, un hombre cuyo rostro siempre resplandeció de alegría, al que paganos y cristianos se acercaron como fieles seguidores de su regla viva.
Un gran confidente y biógrafo de San Antonio será San Atanasio, obispo de Alejandría, quien consiguió del abad ya centenario que instruyese a esta urbe en la fe del Concilio de Nicea. Su popularidad taumatúrgica llegará a invocarse, no sólo en beneficio de los hombres, sino también de los animales. Con la bendición de San Antonio muchas familias alimentarían en común un lechón porcino para los pobres; que, distribuído el día de San Antón, terminará acompañando la imagen misma del Santo abad.
Tras visitar a San Pablo el ermitaño, murió de viejo días más tarde en el año 356. La tradición le ha convertido en protector del ganado y de los animales domésticos.
Fuente. La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol y Los Santos, noticia diaria. Valeriano Ordóñez , S.J.
San Mariano
En un cementerio de los arenales de Roma, ayudaba como diácono al presbítero San Diodoro, durante la celebración de una solemnidad martirial. De pronto, los perseguidores les ciegan la salida con arena; y así se unen a los mártires, el año 257, en tiempo del Papa San Esteban I.
Santa Rosalina
En el siglo XIV aparece en la Provenza, como priora del convento de religiosas cartujas de Celle-Robaud, no lejos de Frejus, fallecida en fragancia de santidad el 17 de enero de 1329.
Los Santos, noticia diaria. Valeriano Ordóñez , S.J.

