Archivo de la categoría: Santoral

2 de julio. San Proceso y San Martiniano (siglo I)

Según una tradición muy romana, eran dos soldados que custodiaban a Pedro y a Pablo cuando los apóstoles estuvieron presos en la cárcel Mamertina; los milagros que presenciaron les movieron a la conversión, se les bautizó allí mismo y más tarde, firmes en su nueva fe, sufrieron martirio por ella y fueron decapitados en la Via Aurelia.

Fueron muy venerados en la Edad Media, y sobre ellos se conserva una homilía de San Gregorio Magno que pondera los innumerables milagros hechos por su intercesión. Ambos tienen un altar en la basílica de San Pedro, honor poco frecuente que indica el respeto de la Iglesia por su recuerdo. Como el centurión Longinos, también en la basílica de San Pedro, Proceso y Martiniano cumplían órdenes, tropezaron inesperadamente con Dios, y ahí les tenemos en un rincón del santoral y en la primera iglesia de la Cristiandad.

Estos humildes soldados montando guardia en la tenebrosa cárcel Mamertina, que hoy visita fugazmente horripilado el turismo, debieron presenciar escenas grandiosas e inolvidables que transformaron sus vidas. San Proceso y San Martiniano, santos por contagio, estaban allí, cumpliendo su deber, y la Gracia hizo todo los demás. Sólo fueron dóciles a la evidencia interior de la fe, camino seguro que recorrieron hasta el martirio.

Fuente. La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

1 de julio. San Simeón el loco (…-590)

Una de las figuras más extrañas del santoral la de este hombre de Oriente que en su juventud abandona a su madre para hacerse anacoreta. Apariencia de filósofo cínico, rasgos de perturbado, chistes tremendos que desconciertan a todos, paradojas que desarman. Simeón, llamado «Salo», el lunático, debería ser el santo de los clowns y de los humoristas, con sus ocurrencias grotescas y transcendentales que anticipan le mundo contrastado, irreverente a la manera sublime, de los personajes de Dostoievski.

Profeta, taumaturgo, excéntrico escandaloso, payaso, comparte su vida con las prostitutas, los mendigos, los desechos de la sociedad, riéndose de todo y de todos, saboteando la lógica de los que le rodean con una rara alegría inexplicable que viene de arriba; así escarnece Simeón las seguridades de nuestra vida y se transforma en caricatura de nuestra precaria fe, tan envarada y solemne.

¿Para qué estar tan serios, para qué tomarnos tan en serio, para qué respetar tantas normas y convenciones? Todo es como una gigantesca broma que sólo tiene sentido si sabemos vivirla con humor, porque la voluntad de Dios y su Providencia, vista con ojos humanos, es un absurdo, y nuestras certezas, a la luz de Dios, deben de ser de una suprema comicidad. El más sensato de los hombres, que vuelve al revés todo prejuicio, San Simeón el loco, nos valga a la hora de tomarnos a burla a nosotros mismos y a los demás, para ser fieles, para corresponder con abandono y humor a la sonrisa del Cielo.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

30 de junio. Protomártires de la Santa Iglesia romana (año 64)

En el verano del año 64 se declaró en la capital del Imperio un enorme incendio, «el más grave y el más atroz de cuantos han sucedido en Roma, según palabras de Tácito, «no se sabe hasta ahora si por desgracia o por maldad del príncipe», Nerón, quien para acallar el rumor popular de que él era el responsable de la desgracia, «dio por culpados de ella y empezó a castigar con exquisitos géneros de tormentos a unos hombres aborrecidos del vulgo por sus excesos, llamados comúnmente cristianos».

Según el historiador de los Anales: «El autor de este nombre fue Cristo, el cual imperando Tiberio, había sido ajusticiado por orden de Poncio Pilato, procurador de la Judea; y aunque por entonces se reprimió algún tanto aquella perniciosa superstición, tornaba otra vez a reverdecer, no solamente en Judea, origen de este mal, sino también en Roma».

«Fueron, pues, detenidos al principio los que profesaban públicamente esta religión, y después, por delaciones de aquellos, una multitud infinita, no tanto por el delito del incendio que se les imputaba, como por hallarse convictos de aborrecimiento al género humano. Añadióse a la justicia que se hizo de éstos la burla y escarnio con que se les daba la muerte».

«A unos vestían de pellejos de fieras, para que de esta manera los despedazasen los perros; a otros ponían en cruces; a otros echaban sobre grandes rimeros de leña a los que pegaban fuego para que ardiendo con ellos sirviesen de alumbrar en las tinieblas de la noche». Por primera vez se persigue y se aniquila a esos hombres «aborrecidos del vulgo por sus excesos», esos exagerados del amor de Dios.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol

29 de junio. San Pedro y San Pablo (siglo I)

Las dos caras de la medalla de la Iglesia: el discípulo y el converso, el hombre que vivió día a día con Cristo y el que solo le oyó en la ceguera del camino de Damasco; el pescador y el intelectual, el judío fiel a la tradición de sus mayores y el judío abierto al universo entero; la llave y la espada, la piedra y el viento. Y en ambos la culpa, traición y persecución, que reparar. Y los nombres distintos: Simón, Pedro, Saulo, Pablo.

¡Qué extraños fundamentos! La fidelidad del que fue débil en la prueba y el ardor proselitista del que había sido perseguidor. El que se entierra en Roma, piedra angular del edificio de la Iglesia, y el que esparce por el mundo el Evangelio para ir a morir a Roma. Pedro crucificado boca abajo por humildad, y Pablo haciendo el prodigio póstumo con su cabeza recién cortada, que brinca tres veces sobre el suelo, incansable después de la muerte y alumbrando tres fuentes. Ambos contribuyen a a la alegoría de la salvación. Todo es alegoría y ambos forman las dos vertientes complementarias de la fe: permanecer en el arraigo y dispersarse para la multiplicación.

San Pedro y San Pablo ilustran así la historia de la Iglesia con sus contrastes, incluso con sus divergencias, como su enfrentamiento en Antioquía. ¿Hay que hacerse judíos para ser cristianos? Ésta es la cuestión que les enfrenta. Y entonces la amplitud de criterio de Pablo da nombre a su iglesia naciente: católica, universal. Los hermanos se reconcilian en ellos, y en el calendario esta fraternidad en Cristo se sella en el mismo día festivo, emparejados eternamente en la Gloria.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

28 de junio- San Ireneo (130-202)

Procedía de Asia Menor y en Esmirna fue discípulo de San Policarpo, cuyas enseñanzas, dice, «atesoro no en el papel, sino en mi corazón, porque lo que se aprende en la niñez forma parte de nuestra alma». De su maestro que había conocido a San Juan Evangelista, recibe una doble lección apostólica, la de la fidelidad y la manera de ser fiel siendo bueno.

Sin duda estuvo en Roma y más tarde fue enviado a Lyon donde la persecución se ensañaba con la joven Iglesia, y en el 177 lleva al Papa una carta de los cristianos lioneses encarcelados, lo cual posiblemente le salvó de la hecatombe en la que iba a perecer el obispo San Potino. A su regreso de Lyon será su sucesor, haciendo renacer de sus cenizas las comunidades de las Galias, sin dejar de vigilar el depósito de la fe, como cuando escribe contra los herejes gnósticos, «deshaciendo a sus tinieblas y errores», lo cual le convierte en el primer teólogo de la Iglesia.

Es dudosa la tradición que le supone mártir, pero sí está atestiguada la delicadeza y el tacto de sus afanes por la unidad y el bien de las almas. Media con el Papa Víctor, que se disponía a excomulgar a los orientales por celebrar la Pascua en la misma fecha que los judíos, y recomienda someterse a la costumbre romana, pero usando procedimientos de persuasión y concordia. El pontífice atendió su ruego.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

27 de junio. San Cirilo de Alejandría (380-444)

En el año 412, cuando sucede a su tío Teófilo como obispo de Alejandría, le vemos con una intransigencia poco simpática: expulsa a los judíos, cierra los templos donde ha habido brotes de herejía, aplasta a los rebeldes, y, más aún, se enemista con multitud de monjes e incluso con el prefecto imperial. Evidentemente lo suyo no era la diplomacia.

Y en el Concilio de Efeso (431) hace condenar la doctrina de Nestorio, patriarca de Constantinopla que declaraba inaceptable el término de Theotokos o Madre de Dios. Efeso se pronunció solemnemente sobre el misterio de la Encarnación contra Nestorio, y nuestro Cirilo pasa a la historia como el gran defensor de la maternidad divina de María. Empezamos a comprenderle: no se discutía un bizantinismo teológico sino algo fundamental que todos recordamos en el Avemaría: «Santa María, Madre de Dios».

Fue, sin duda, mejor teólogo que obispo, es posible que hubiese podido defender de igual manera la ortodoxia sin ser tan extremado en sus actitudes, pero es que los santos distan mucho de ser impecables, y sus defectos, sus exageraciones son la garantía de su condición humana. En Efeso, San Cirilo tenía miel en los labios al hablar de Nuestra Señora.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

26 de junio. San Josemaría Escrivá de Balaguer (1902-1975)

Al principio, no era santo ni se llamaba Josemaría ni se apellidaba de Balaguer. Toda santidad depende del desbordamiento de la Gracia de Dios, pero San Josemaría la buscó a conciencia, con ahínco, por las bravas, a la aragonesa. Hijo legítimo de su siglo XX, comparte con los mejores filósofos, poetas y científicos de su siglo el interés analítico de sus propios ámbitos: la gnoseología, la metapoesía, la filosofía de la ciencia… San Josemaría predica una metasantidad.

En 1928 funda el Opus Dei, camino de santificación, explícitamente. Se alcanzaría, en la parte que nos toca, gracias al cumplimiento de los deberes ordinarios del cristiano en la vida civil, en los puestos de trabajo, ya fuese el despacho de un ministro o un taller mecánico, da igual, sin dejar de ser contemplativos en el fragor de la acción. Se trataba de una locura. El cardenal Ratzinger lo retrató: «Se atrevía a ser algo así como un don Quijote de Dios. ¿O acaso no parece quijotesco enseñar, en medio del mundo de hoy, la humildad, la obediencia, la castidad, el desprendimiento de las cosas materiales, el olvido de sí?».

De su vida a apostolado quedan innumerables testimonios y un reguero insondable de almas en las que sembró y siembra las ansias más altas de cumplir la voluntad divina por todos los caminos de la Tierra.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol. E.G.-M

25 de junio. San Guillermo de Vercelli (1085-1142)

Nacido en la ciudad piamontesa de Vercelli, Guillermo inició una vida errante a los catorce años. Peregrinó a Santiago de Compostela descalzo y cargado de cadenas. Posteriormente se hizo eremita en Monte Virgiliano, hoy Monte Vergine en Nápoles, y con los discípulos que se arremolinaron a su alrededor fundó una comunidad de monjes vestidos de hábito blanco que se regían por la regla de San Benito y daban especial importancia al trabajo manual. Se fundaron nuevos monasterios dependiendo de Monte Vergine, pero Guillermo como hombre de soledad continuó sus andanzas penitentes y piadosas por el sur de Italia hasta su muerte.

La anécdota más conocida que se cuenta de él es la tentación carnal que provocaron unos cortesanos de Palermo mandándole una dama de escasa virtud que se dijo enamorada del santo y dispuesta a compartir con él su lecho aquella noche. San Guillermo hizo encender en el patio una enorme pira y se tendió entre las llamas invitando a la mujer a que se acostase a su lado tal como había prometido. Al ver que el fuego no le hacía ningún daño, la pecadora cayó de rodillas, se convirtió y más tarde quiso ser monja.

En el comienzo de los calores del estío, evocar la figura de este incombustible del fuego invita a ver en él su naturaleza ígnea, como instalado en el corazón de la infinita hoguera del amor de Dios, haciéndose insensible a cualquier otra llama, material o metafórica, que debía ser como una candela comparada con el sol.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

24 de junio. San Juan el Bautista (siglo I)

Era hijo de Zacarías, un sacerdote del Templo, y de Isabel, prima de la Virgen, y aún antes de nacer, en el episodio de la Visitación, fue el primero en saludar gozosamente al Mesías; Juan siempre va por delante, siempre es el primero tanto en manifestarse como en desaparecer.

A diferencia de los demás santos, la fiesta de San Juan se celebra no el día de su muerte sino el de su nacimiento, y se acompaña en muchos lugares con un alegre ritual de fogatas. Este es un santo de fuego, de severa figura, que viste ropas tejidas con pelos de camello y se alimenta de langostas y miel silvestre. Es un predicador itinerante y solitario. Jesús se hizo bautizar por él y le dedica un inmenso elogio: «No hay entre los nacidos de mujer profeta más grande que Juan».

Por fin será decapitado como venganza de la verdad que no puede callar «la voz que clama en el desierto». La Redención estaba en puertas, y Juan, que sólo debía allanar los caminos, voceando la presencia y la excelencia del que estaba a punto de manifestarse, desaparece una vez cumplida su misión. Le matan, sus discípulos se unen a los de Jesús y su vida entera se convierte en prólogo. En los umbrales del Cristianismo, El Bautista es, pues, el arquetipo de todos los santos, los que se niegan a sí mismos para representar a Cristo.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

23 de junio. San Jacob (Antiguo Testamento)

Uno de los grandes patriarcas de la Biblia, nieto de Abraham, hijo de Isaac y de Rebeca, y padre de los que darán origen a las doce tribus de Israel. El es quien da nombre al pueblo elegido. El Génesis le describe como «hombre apacible y amante de la tienda» ¡caramba, menos mal que era apacible! pues se nos presenta como un «suplantador ladino y astuto, prototipo de un jeque beduino aprovechado» dirá un comentarista católico sin pelos en la lengua.

Se aprovecha del hambre del palurdo de su hermano Esaú para que le venda la primogenitura por un plato de lentejas, luego, valiéndose de una superchería, le suplanta en la bendición de su padre, y más adelante con su suegro Labán tampoco es demasiado escrupuloso en sus procedimientos.

Pero el episodio más misterioso y atractivo es el de Penuel, donde, durante una noche entera pelea con un ángel, que al no poder vencerle le da un golpe en la articulación del músculo. «Ya no te llamarás Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con hombres y has vencido.

Delacroix pintó la escena en la iglesia parisiense de Saint-Sulpice como un cuerpo a cuerpo entre atletas que se disputan el Absoluto. Este ambicioso que subvierte el orden humano con estratagemas es vencido por el ángel y se incorpora al plan de Dios. «He visto a Dios cara a cara y sigo con vida», dice. Pero sus afanes, hasta ahora muy terrenos, van a ser utilizados por Dios para un grandioso designio que está muy por encima de todo cuanto él pueda imaginar.

Fuente. La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.